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lunes, 29 de diciembre de 2014

Brevísimo Resumen del 2014: 360º

Las sorpresas de los años son cosa que no nos encontramos precisamente en esas publicaciones que empiezan a partir de ahora a aparecer en las redes sociales (en serio, a nadie le hace gracia ver esas cosas de "¡2015, sorpréndeme!" o "Página 1 de 365"). Sin embargo, como habrán notado los que aún se pasean por aquí con alguna esperanza de ver algo publicado, este año estuve en relativo silencio porque el mundo exterior consiguió absorberme, pero por suerte también tuve tiempo para expander mis conocimientos en otros lugares. Les explicaré con sumo detalle.

ENERO-MARZO DE 2014: SI YA SABEN CÓMO ME PONGO...
El mes más helado y aburrido de todo el año lo pasé literalmente enrollada en una cobija, con la cruda física y moral de un año pésimo (2013 en donde le perdí la fe a mi carrera, varias mascotas y a mi padre vikingo) y al ritmo de la música que un amable y comprensivo vecino decidió poner... a las 7 de la mañana, hora en que los crudos activos y pasivos de la Nochevieja aún intentábamos dormir. Mis protestas no sirvieron de mucho y seguí con mis asuntos más o menos aburridos hasta principios de febrero cuando volví a la U de L para encontrarme con varias sorpresitas desagradables... entre ellas que mi horario era horroroso, las clases planas y que mi ansiada beca camionera (llegar ahí, actualmente, se ha convertido en una especie de logro desbloqueable del tipo "Maratón", "Tiempo Récord" y "Esquivar Trocas", literalmente) fue rechazada por un proceso burocrático del que jamás fui informada (¿viva el sistema educativo de mi estado?).
Para colmo, una enfermedad rara que ya había padecido antes (pero de un modo menos, digámoslo así, homicida) me atacó y me vi en la necesidad de... *chan chan CHAAAAAAAAAN* abandonar la carrera de abogada del diablo... que igual tiene mucha tela que cortar y que escribiré en su debido momento.
Así, el mes de febrero amenazaba mi integridad mental y emocional al estar en el limbo del aburrimiento, y comenzaba a sospechar que la idea de hacer una maletita y huir a algún país civilizado para sobrevivir del sistema consular era más acertado que rodar por el piso, y la cosa siguió hasta casi marzo cuando, un poco más recuperada de la cruda, comencé una especie de micronegocio: cosmaker.

MARZO-MAYO DE 2014: DOÑA GENOVEVA NO ES UNA ANCIANA PACIENTE.
Doña Genoveva es una dama ya bastante antigua (si nos atenemos a su acta, nació allá por 1926, lo que le da un estatus de sobreviviente al tiempo que nadie que yo conozca posee), y como tal su carcasa está algo arruinada. Para colmo, es de esas viejitas ideáticas que saben cómo conseguir hacer su voluntad aún en contra de su dueña, que en este caso y al término de esta publicación lo soy yo. Pero no se sorprendan, esta anciana en realidad es... una máquina de coser, herencia de mi abuela, con la que comencé a hacer mis primeros y traumáticos trabajos de costura.
Ahí aprendí por las malas cómo acomodar hilos, cómo aceitar máquinas, cómo apretar tornillos de bandas y cambiar agujas (en mi primer trabajo me cargué dos); y mientras tanto, la máquina parecía gozar con mi frustración por tardar más de dos semanas en completar una prenda, hasta que poco a poco comencé a domarla... Por suerte, el sufrimiento comenzó a mermar, pero en plena primavera la idea de sentarme a acabarme las manos y con una rigidez de espalda no era mi idea de cómo quería entrar al mundo de los adultos que había estado esquivando durante tres años.

MAYO-JUNIO DE 2014: Y LO IMPOSIBLE SUCEDIÓ.
Si bien esta historia requiere de mucho más tiempo para explicarla, es justo que sepan un poco del descenlace de la primera parte, y que esta historia realmente comenzó pocos meses antes, allá a finales de enero y principios de febrero con una reunión de negocios en un café de comida japonesa... Aclarado esto, continuemos.
A finales del mes de mayo la idea de algún día asistir a una de esas exóticas reuniones bimestrales llamadas "convenciones" me atrajo de tal modo que decidí improvisar un cosplay (para los desentendidos: cos-costume: disfraz, y play:juego) y usar uno de los escenarios más pintorescos de Lobolandia para probarlo. Para ello reuní un grupo reducido de amigos con quienes debía hacer el tedioso y caluroso camino, y entre los que se contaban a la buena Mi-chan, una especie de "hermana de alma" que fue también la encargada de darme el tour por Ave Costera (espero recuerden ese post inconcluso), un colado al que acá llamaremos simplemente... Míster Puff, y por último pero más relevante... Lupo.
Lupo (como se imaginarán es un alias) es una de esas personas peculiarsísimas que parecen tener una maldición encima, una marca mística o similar que les provoca tanto problemas como buenas suertes. Su talento más peculiar y reconocido se puede eufemismar (¿existe esa palabra?) como "aventurero capitalista de medios discretos", que básicamente se traduce a un devorador de humanos incautos con fines monetarios, algo así como un Monte-Cristo desentendido del sentido de la justicia. Hecho este retrato, empezarán a atar cabos de porqué es relevante en esta historia...
El dichoso viaje fue un poco tortuoso por culpa de Mister Puff, otro de los "locos tristes" de mi haber que se diferencia del resto por su molesta (invasiva) insistencia que terminó por casi sacarme de quicio, a tal punto que, simplemente, esa noche reventé y luego de dos años de silencio dije en voz alta el nombre de la última persona de quien me había quedado prendada. El tiempo continuó su curso y supuse que, como siempre, esa historia iba a irse a otra de esas páginas vacías que a ciertos escritores maldosos les encanta hacer para traumar lectores.
Sin embargo, cierto día de cierto mes veraniego la maldición que había tenido yo encima por años se desvaneció en forma de comida, y lo imposible sucedió: Lupo, que ya les dije que es bastante relevante en esta parte del relato, se pasó por el Arco del Triunfo la ceremonia de la estupidez juvenil, se instaló en la del mizuage sin intercambio carnal y se ofreció voluntario a convertirse en el danna de Lobita.
¿Y Lobita qué dijo? Supongo que eso... ya podrán imaginarlo.

JULIO-OCTUBRE DE 2014: I CAN SHOW YOU THE WORLD...
A partir de la parte anterior, comenzó la etapa de desentendimiento de ese micro/macromundo que es el internet y sus derivados lógicos, pues Lobita se vio inmersa, primero, en el acto de ser menos egoísta y compartir lo que jamás había compartido: tiempo y espacio. Los pasos torpes en el camino de "ser ya dos y no uno solo" comenzaron a rendir frutos, atreviéndose a hacer cosas tales como ir a sitios que no conocía, llegar un poco tarde a casa, comer fuera más seguido y sobre todo aprender a ser más abierto con las personas... o con una, en todo caso.
Algunos de los viajes más relevantes incluyeron un parque bastante lejano pero aún dentro de los límites de la ciudad para que Lupo pudiera tener su regalo de cumpleaños (hecho curioso: este es oficialmente el primer cumpleaños diseñado exclusivamente por mí), un balneario en el que quedó demostrado que no por ser de signo Piscis alguien puede nadar (lo más próximo era tirarse de costado y dar saltitos, estilo Magikarp) y el temido encuentro natural del individuo con la "familia alterna", alias los suegros.
También en estas fechas de manera oficial asistí a mis primeras dos convenciones. La primera fue genial y pude lucir un cosplay un poco más elaborado, la segunda... bien, lo importante fueron los artistas invitados y me reduciré a decir eso.
También para estas fecha ocurrió otra cosa relevante: Lobita por fin consiguió un trabajo. Un trabajo, dicho sea necesario, un tanto desorganizado pero que por lo menos le otorgó el alivio monetario que requería.

NOVIEMBRE-DICIEMBRE DE 2014: ¡Y LO QUE FALTA!
Enfermedades, horarios de trabajo esclavistas, líos con la máquina de coser... Los últimos dos meses fueron especialmente duros, al fin y al cabo la cuesta navideña es una de las más complicadas de alcanzar. En este tiempo pude dedicar algo de tiempo a un viejo pasatiempo: mirar animes y, también, comenzar una maratón de compra de mangas propios en los que lógicamente Lupo (a partir de aquí, Danna-Sama) fue el principal promotor. También tuve el masoquista placer de asistir por fin a una FIL, un evento anual que seguro ya conocen y por el que por falta de plata no había podido visitar jamás.
Enfermarme dos veces seguidas fue una penitencia mínima. Ver desde adentro cómo la gente comenzaba a volverse loca entre más rápido se iban los días por motivos de cualquier índole, una cosa común. Descubrir que la ciudad se estaba volviendo un hormiguero loco en favor del progreso, un dolor de cabeza y una curiosidad infantil. Y así, llegamos hasta el día de hoy.

En resumidas cuentas, 2014 resultó un año más de ganancias que de pérdidas, contrastante con el año pasado. Lobita, de buenas a primeras, se vio hundida en el regalo de un oficio que le gusta, un trabajo relativamente justo, el fin de su maldición amorosa y... Bien, muchas cosas más.

Y a ustedes, querid@s hartit@s, ¿cómo los trató el año? ¿Esperan algo del que viene? ¿Ya están preparados para padecer a sus vecinos ebrios en Fin de Año? ¡Adiosito!