FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.



martes, 4 de febrero de 2014

EL CAMINO HACIA LA POPULARIDAD EN INTERNET

Supongo que esta entrada se las debo luego de deprimirlos con la anterior... de corazón lo siento pero necesitaba soltarlo y, de nuevo, he recordado que tengo un blog donde traumatizar a los cibernautas con mis líos.
El día de hoy les traigo una crónica, esta vez no de algo anunciado sino de un caso peculiar cuyo transporte se considera el idóneo para conquistar el mundo en mayor o menor escala: el internet. Justin "forever a douche" Bieber lo hizo, Germán Garmendia lo hizo y muchos pueden hacerlo, el problema viene en saber cómo hacer que funcione. Como dice un viejo dicho, todos los caminos llevan a Roma. Y este día, como dije, les traigo la...
CRÓNICA DE UNA POPULARIDAD NO ANUNCIADA *permiso SEGOB en proceso*

Todo comenzó un día en que jugando en los submundos de DeviantArt me encontré un juego de dress-up en que se pueden diseñar personajes con apariencia chibi (en japonés, "pequeño", sinónimo en muchos casos de "jodidamente lindo"). En un momento de inspiración diseñé con dicho programa una serie de muñequitos que... bueno.. júzguenlos ustedes mismos:
Lo que están viendo es una edición chibi-humanizada de algunos países (hice una segunda versión con otros países que en ese momento no diseñé, pero les pediré que se concentren de momento en esta). En la cuenta de una servidora en la misma página se subieron los diseños y recibieron críticas, tanto buenas como malas, y hasta ahí todo iba bien.
No auguré que, como Madero, había liberado un tigre. Peor aún: un tigre tierno y a la vez ligeramente controversial en internet.
El resultado fue lento pero imparable porque de súbito todos conocían la existencia de estas versiones. Comenzando en Facebook, donde páginas de diversos tipos subieron la imagen como una curiosidad excéntrica más y que, como plaga, se extendió al puro estilo electrónico llegando a lugares bizarros como... Taringa.
Pero la cosa no se reduce ahí. Ustedes pueden buscar la misma imagen en el eterno reino de Google con sólo escribir "latinoamérica en anime" o "países latinoamericanos hetalia", formando parte de las primeras opciones de respuesta.
Sin embargo, la costumbre empírica nos ha dicho que algo no es popular hasta que recibe el toque "británico estilo siglo XVI", alias "piratería", o también conocido como "extensión popular no electrónica", algo así como el Ultima Thule en este mundo de lo que es popular y lo que no. Pues bien, el tigre se volvió carne y hueso... o porcelana en este caso, cuando en Chile apareció esto:
Lo que están viendo es una taza vendida en un típico puesto de ventas frikis con mi diseño en ella. Conseguí la exclusiva de la foto gracias a una amiga, y así entendí el alcance de mi pequeña y aburrida jugarreta.
Así que, señores y señoritas, señoras y lo-que-sean, Lobita consiguió demostrar que con un simple momento de iluminación se pueden crear maravillas que asombren, desagraden e interesen a todos. Amén por eso.

P.D Irónicamente una imagen de estilo "definición gráfica de Thor 2", que yo quería hacer popular, no ganó tantos adeptos... irónico en verdad.

viernes, 31 de enero de 2014

CAFÉ Y CIGARROS (EPÍSTOLA PÓSTUMA)

Seguro más de uno se preguntará qué pasó conmigo, que dejé de publicar a partir de Octubre para (a todas luces) jamás volver. Más probablemente se preguntarán el tono serio en que estoy escribiendo pero, como ciertas ocasiones contadas, lo amerita. Esta es la historia del último capítulo negro de un calvario que parecía no conocer fin y de cómo, los sobrevivientes, tuvimos que continuar con el peso de la duda y el silencio.

Recordarán que hace ya algún tiempo, cuando el blog estaba igual de vivo que universitario en fiesta, les hablé de un vikingo, un vikingo que se tomó la molestia, en sus últimos días de claridad, el relatarme con pelos y señales los pormenores y fantasías de sus viajes, de su vida en familia, de sus conocimientos aprendidos, como toda criatura del mundo antiguo, por el empirismo de la experiencia y que había visto, con sus propios ojos, la transformación de un país recién librado de las luchas revolucionarias hacia un abismo neoliberal sin freno y aún en sus buenos tiempos, fascinante.

Después de eso todo fue negrura. Un círculo vicioso entre la felicidad y la tristeza, la desesperación y la calma, la enfermedad y la salud que, como era de esperarse, llevaban al descenlace más temido y, a la vez, anhelado. Los vikingos que no mueren en batalla no verán jamás el Valhalla, y tal vez eso le pasó por la cabeza en un último esfuerzo, frustrado obviamente, por retomar las riendas de su drakkar de ruedas y hacerse a la carretera, volviendo aún más intensa su amargura y su temor. Dejó de hablar, al menos de hablar con coherencia, y todos contuvimos la respiración preguntándonos si llegaría el día en que todos despertáramos, menos uno.

Finalmente, una tarde alegre de domingo, o tan alegre como puede ser una tarde otoñal con sus luces doradas y rojizas sobre las hojas que se secan, pasó lo que tenía que pasar. No murió en casa, sino en el lugar más temido por mi persona, la cama de un hospital. Lo único que supe por dos horas fue que había sido una muerte súbita.

-No sufrió. -ese fue el único consuelo cuando nos llegó la noticia, poco antes de las cinco de la tarde. Al principio reí, una de esas risas huecas y extrañas que sueltan los dementes en los asilos; luego grité, un solo grito, y me desplomé en el piso con sentimientos encontrados que todavía no puedo deshilachar correctamente: miedo, alivio, rabia, desesperación, duda. Todo eso junto en tanto los minutos pasaban y el pronto anochecer cubría la casa con su manto de oscuridad. Se venía la noche más larga.

Me culpaba de no haber estado presente, en gran parte movida por el miedo que le tengo a los hospitales y más aquéllos donde se aglomeran los agonizantes, pero al fin me repuse, me vestí de negro y al retorno de Mamá Loba, que trataba de mantenerse en sus cabales, me marché con ella a la capilla de velación, a una hora de distancia de mi cómoda cama donde no me asolaban los susurros de los espíritus pero también lejos de mi culpa.

No dije mucho mientras, a la capilla solitaria, aparecían las siluetas de dos amistades de la viuda, presentando con solemnidad y timidez sus condolencias y permaneciendo ahí mientras mi madre  y yo mirábamos alrededor. La capilla era pequeña, apostada en lo que hace muchas décadas debió ser un saloncito privado en la casona que ahora funge como funeraria. Una ventana estrecha y alta con balcón apostada al lado del serapeum, vigilado por dos altos obeliscos donde se enclavaban las luces que suplían a las velas, tres sillones largos de cuero en cada muro y una araña de cristal pequeña eran nuestra única compañía. Esa noche sin embargo no estábamos solos, en la capilla mayor otra familia (compuesta, como imaginé, por parientes directos, vástagos de cada rama y tal vez familia política y amigos) se conglomeraban haciendo un estruendo mudo de animales caminando. Ninguno de nosotros vivía, estábamos en un limbo extraño, un limbo donde vivos y muertos conviven pero donde no pueden hablarse, pues el velo del silencio sacro separa lo material de lo inmaterial y solo deja una pobre imitación de un recuerdo que se evapora aprisa entre el fuego y la tierra.

Poco después de medianoche y cuando estábamos presentes ya unos pocos familiares más, llegó el féretro. Mi primer impulso fue abrirlo para comprobar con mis propios ojos que el hombre fuerte que me llevara en brazos a las ferias y las tiendas ya no estaba en calidad de hacerlo; mi segundo impulso, cuando se colocó en el serapeum y abrieron la puerta superior, fue desmayarme, pero mi cuerpo no era capaz de tanto y todo lo que pude hacer fue emitir un silbido bajo, dejando que se me escapara todo el aire antes de respirar de nuevo y empezar a llorar, en silencio, buscando unos ojos hermanos que me dijeran que no era la única conmocionada. Una mano amable me tendió una servilleta para limpiarme la cara, y me arrebujé en el sillón más próximo al ataúd murmurando como loca "Lo siento... lo siento tanto..."

Las próximas horas me creí separada, muerta también. Todos, para matar el tiempo, hablaban entre sí tratando de darse ánimos luego del primer y tristón rosario de rigor; yo me dedicaba a levantarme, andar con paso torpe a la cafetería, coger una taza bien cargada y volver a mi sitio, olfateando el aroma común de las zonas ocupadas por la muerte, café y cigarros. Eran parte del limbo, como las voces y el frío que se colaba por la ventana pero yo lo único que sentía era lo último, el frío, el abandono. La proximidad de alguien que está ahí pero no lo está realmente, la impresión de la muerte acariciando con su mano huesuda mi cabeza esperando, esperando, divertida con el revuelo de sus presas esa noche lúgubre.

Dos y media de la mañana. Me acurruqué como pude en uno de los asientos, junto a la ventana y en meridiano con el ataúd, de modo que no podía verlo de frente pero sí por debajo, cerrando mis ojos a pesar del entumecimiento y el frío de la ventana porque no llevaba yo más abrigo que un suetercito negro que cogí al vuelo antes de marcharnos. Dormité, despertando a intervalos de una hora a lo sumo, así hasta que dieron las seis y media de la mañana; me sentía extraña, a esas horas y luego de un sueño reparador debía estar preparándome para la escuela, y sin embargo seguía en ese limbo donde no hay escuela, ni trabajo, ni casa, donde todo lo que hay son susurros inciertos y vivos viviendo entre difuntos antes de morir con ellos en su última despedida.

No morí, como sospeché por supersticiosa antes de quedarme dormida, pero el cuerpo seguía ahí, cada vez más pálido, pero aún humano en todos sus aspectos, con el cabello lacio y deslucido contra la suavidad de los blancos almohadones en que lo habían acostado. Se me ocurrió que el poema estúpido que había aprendido nueve días antes ahora tenía mucho sentido:

Me pareces, oh, piano
Por tu voz lastimera una caja de lágrimas
Y tu oscura madera evoca la visita
Del primer ataúd que recibí en mi casa
En plena juventud...

Antes de que nos alcanzaran las primeras luces llegaron otros familiares, y de nuevo nos pusimos de pie (yo, borracha de frío y café) para rezar. Cuando terminamos un empleado de la funeraria se acercó a dejarnos un cesto de pan dulce. Mordisqueé... la verdad no me acuerdo, pero lo hice más por deber que por gusto, en el limbo, ¿saben ustedes? no se siente hambre. Fue cuando llegó también mi hermano, tan desprendido de la atmósfera de fatalidad que se sentó en la alfombra a parlotear con quien quisiera oírlo y luego pedir unos chicles de menta, también, imagino, para combatir el aburrimiento. Los niños son los únicos exentos del limbo, tal vez porque sus almas son demasiado frágiles todavía o porque la muerte, en su predilección por los pequeños, omite fastidiarlos a menos que decida llevárselos.

Con las primeras luces la viuda se puso de pie. Se le había olvidado la misa, y no íbamos a tirar al vikingo como proscrito sin recibir su última bendición, así que echó a buscar el teléfono de la misma iglesia donde recibí el cuerpo y sangre de Nuestro Señor y luego, juré rectitud en mi juventud acaecida cinco años atrás, apenas cinco años atrás... Mientras esperábamos, sin embargo, otro empleado nos comentó entre murmullos de respeto (la otra familia aún esperaba el coche fúnebre) que en un bendito tino del destino nos correspondía la misa en un templo cercano, uno de los más antiguos de la ciudad y también, de los más hermosos arquitectónicamente hablando, con su estilo gótico francés y sus vitrales intactos y límpidos. Tendríamos que esperar unas horas más, al mediodía, antes de que la comitiva (compuesta a esas alturas por más de diez personas, en contraste con las cinco de la velación) echara a andar al lugar indicado.

El escándalo fue tal que propició una especie de antimilagro que yo no hubiera creído de no haberlo visto, pero la cosa fue que mientras todos seguíamos mirando como hipnotizados el féretro Lobeznito volvió echando voces y gritando que alguien estaba ahí. Ese alguien era imposible tenerlo presente pues, siendo hermana del difunto, llevaba casi dos años con demencia y se le olvidaban hasta los rostros y nombres de sus parientes, pero los chillidos del menor estaban justificados pues la anciana, mucho más enclenque y delicada de lo que yo medio recordaba de otro funeral, apostada en su silla de ruedas y cerrada por una comitiva de dos vástagos, llegaba hasta el ataúd con los ojos vacíos, pero con el alma reconociendo a su sangre tendida en el ataúd plateado. Otro de los hermanos, luego de un estoicismo idéntico al de mi madre, se echó a llorar en ese preciso instante.

Otro milagro extraño ocurrió cuando, de repente, y cuando estábamos apenas tres almas en la capilla mientras el resto se iba a armar escándalo a los jardines, entró un individuo desconocido saludando con un tibio "buenos días" y se acercó al féretro. No supimos quién era hasta que la viuda regresó y se presentó como un colega de trabajo. Del cómo averiguó que estábamos todos ahí, nunca lo supe.

Por fin sonó la hora. Debíamos despedirnos del limbo, pero aún llevar al muerto con nosotros. Me puse de pie tomando la mano de Lobeznito y echamos a andar, en tropel, hacia la salida. El paracaidista amigo del difunto nos llevó hasta la explanada del templo, y entramos en silencio por la entrada lateral hasta la capilla, cóncava como la de cualquier edificio gótico, donde esperábamos por fin la última misa. Me acurruqué en un asiento delantero junto a mi madre y mi hermano mientras esperábamos, inquietas, por la entrada del féretro. Un hombre del templo me miró por unos segundos antes de soltarme:

-¿Quisiera usted hacer la lectura de hoy?

Algo que caracterizó mis años de infancia junto al buen vikingo es que le gustaba tenerme apostada en una esquina de su cama leyendo en voz alta hasta que se dormía, para compensarme luego con el préstamo de su televisor (el más grande de la casa) o con unas chucherías. Acepté, más que nada por cumplir ese mandato tierno y autoimpuesto. Llegado el momento, la música seca del órgano y las voces dolientes de las coristas acabaron con los nervios de Mamá Loba y echó a llorar. Yo también, pero debía aguantar un poco más, no quería oír mi voz quebrada en ese último cuento que podría leerle. No recuerdo bien la lectura, pero hablaba eso sí, de la resurección y el pesar de la muerte en un tono solemne que me parecía vacío, pero alentador. El Valhalla en todo caso no había quedado cerrado, pese a las causas de muerte que le sobrevinieron al durmiente eterno.

En la explanada delantera, donde las columnas de cantera sujetan las imágenes de los apóstoles, hubo que despedirse una última vez. Como todo vikingo, su funeral sería por fuego, no en un barco a la deriva del mar pero sí consumido hasta las cenizas. Madre apretó su mano y dejó un beso tímido en su frente helada, yo me acerqué, mirándolo intensamente y dejando que se desprendieran las últimas gotas de afecto ingenuo de años atrás y murmuré:

-Hasta siempre.

Nos fuimos, saliendo del limbo con rudeza y sintiendo de nuevo el sol sancochándome y el crepitar de las fuentes. Adentro, acompañando hasta el final al vikingo que tantos años habíase dedicado a mí, quedaba la niña pequeña, la infantil Lobeznita que se negó a marchar conmigo, en calidad de fragmento de alma, para aferrarse a su padre y no abandonarlo jamás, muriendo también con él y dejándome a mí en una rivera de desconcierto, de vacío... y de renacer.

R.I.P
J. C. R
abril 26 de 1949 - octubre 13 de 2013




sábado, 5 de octubre de 2013

LOBOAVENTURAS EN AVE COSTERA PARTE 1: DESCRIPCIÓN

Supondrán vosotros que he muerto, pero no, sigo aquí cargada de labores universitarios (advertencia: sé que la mayoría por aquí ya son universitarios y me comprenderán, pero si no... ustedes no conocen el infierno ¬¬); pero no os preocupéis, porque para contrarrestar mi casi nula presencia en este sitio les traigo... *chan chan chaaaan* CRÓNICAS LOBUNAS DE AVENTURAS.
Verán ustedes: por cuestiones de locura colectiva (digamos que este año no he vivido nada emocionante más allá de mi guerra fraticida por alcanzar un asiento en el camión de ida a al escuela) terminé asistiendo este mismo fin de semana a un lugar muy, pero muy lejano de Lobolandia al que aquí llamaremos "Ave Costera". Ave Costera, como indica su nombre, es un pueblo pequeño ubicado peligrosamente cerca de la costa (dos ciudades más y literalmente llego al Pacífico); por su extensión uno no creería que es un poblado real, al menos no para el siglo XXI pero su gracia reside precisamente en ello, que es pequeño, y yo como buena hibernadora que soy lo encuentro adorable... eso sí, por su cercanía al mar los "cálidos" vientos del suroeste hacen mejor calefacción que las cosillas eléctricas que compran los gringos.
Para acceder a Ave Costera hay que pasar por una carretera que sufre del síndrome de José Agustín Ramírez (por aquéllo del "por los caminos del sur"~), y que una hora y algo después descubres que se acabó la civilización y comienza la travesía de la Tierra Media, mejor conocida como El Voladero por aquéllo de que una cadena montañosa se abre literalmente a tus pies, como un agujero verde y paisajista directo al infierno (de hecho cuando lo cruzamos entré en pánico y me sujeté de los asientos delanteros rezando por dentro para que no diéramos vuelta en falso por la cañada).
Ave Costera, como dije, es literalmente chibi, por lo que para acceder de la zona residencial al centro se necesitan 5... minutos de caminata. El pueblo colinda entonces con el mismo paisaje que ya describí, y con poblados prácticamente fantasma donde se encargan de labores de agricultura y recuerdan, vagamente, a los paisajes de las telenovelas de época. El lugar en sí es un lugar de comercio donde puedes literalmente hallar de todo un poco: zapatos, ropa, comida, bebidas, plantas, etc.
Más allá, en los lindes, todo lo que se ven son montañas, todas estas cubiertas por plantas de todo tipo alimentadas por la lluvia y la brisa. En el interior, la plaza principal parece de retrato, no hay más automóviles que los particulares, ni taxis ni autobuses, lo que hace más fácil la caminata, también porque no existe un atasque de gente como en ciudades grandes.
Las noches son parecidas a las de la costa, cálidas con brisas tenues que refrescan el exterior, las luces son pocas pero eso mejora la sensación de calma que de por sí ya existe. ¿Ruido? sí pero es casi toda de música y no molesta. En resumen, Ave Costera es un última thule que hace que el cruce por Tierra Media valga la pena.
Esto es, en general, el rostro de Ave Costera.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

PRELUDIO DESENCANTADO

Adivinen... ¡WE ARE BACK!
*ve pasar varias plantitas rodantes*
...Bueno, entiendo que me he desentendido de este lugar como nunca, pero no debéis temer, sigo con vida y rodando por el mundo que cada vez se vuelve más de cabeza en la siempre extraña Lobolandia. Pero les haré un breve repaso de mis desventuras:

*Fui a ver Iron Man 3 y por primera vez en mi vida entré a un Cinépolis (¿qué? soy gente pobre...). La sorpresa del final y del plot twist fueron casi herejes, pero tolerables a mi entender.
*Contrario a los deseos asesinos de mis detractores universitarios, sigo sobreviviendo con una calificación decente, aunque siempre podría ser mejor. Mi carrera como abogada del diablo sigue en pie.
*He tenido tiempo de repasar la saga Millenium y debo decir que es muy recomendable. En serio, por favor, lean cosas decentes, estoy mareada de ver por todos lados pululando esa tontería de 50 sombras de Grey y Cazadores de Sobras y Maze Runner.
*También he comenzado, junto con Mamá Loba, una nueva saga de libros. Un viaje en el tiempo nos lleva a una época extraña, diferente y crucial, donde los ricos son abusivos y los pobre oprimidos (...bueno esto no es novedad) y donde un hombre puede hacer la diferencia... o morir en el intento. ¿Un rey? algo así. ¿Un rebelde? hmm... indefinible... ¿un tipo con superpoderes paria de la sociedad? seguimos en la misma... Lo que estamos leyendo es el inicio de la saga de Caballo de Troya, una visión más, digamos, "familiar" de la vida, obras y menesteres poco solemnes de Jesucristo. Apto para ateos, no apto para creyentes cucaracheros que seguro encontrarán ofensivas las troleadas a los fariseos y las escenas aniñadas pero... en fin...
*También logré terminar Memorias de una Geisha, otro libro recomendable donde la historia de amor está en un segundo plano, por lo que no nos entorpecerá del todo la lectura pese a la insistencia. Ojo con las descripciones porque son excelentes.
*Me he obsesionado con hacer videos de canciones en multilenguaje, tanto así que llevo, más o menos 5 de ellos subidos convenientemente a Youtube. No, aún no me decido a hacer videoblogs.
*He descubierto una forma efectiva de saber si una mujer está embarazada o no (digo, para evitar incidentes incómodos en la calle): ¿se le nota la hendidura del ombligo o parece traer dos panzas adheridas tipo pirámide romboide? felicidades, no está embarazada.
*Mi viaje vikingo ha concluído de la mejor manera. El viaje nazi sigue en curso y cada día me llegan datos más loquillos.
*El noble cuyo Iggy ha pasado a mejor vida... literalmente porque lo doné a una granja. Ahora mi compañía sigue siendo el mismo pez caradura que desde el año pasado me insulta en griego (eso creo, las burbujitas que escupe parecen carácteres antiguos).
*Doggy boom. Seis cachorros. Todos pequeños, redondos y peluditos como los perritos del internet. No podría estar rodando en algo más mullido ni aún teniendo alfombra persa.
Y esas han sido las brevedades de mayor importancia durante estos meses de silencio. Ahora que retornamos al negocio les agradezco su fidelidad (que yo no tengo por lo visto) y les prometo más entradas, como siempre. ¡Adiosito!

sábado, 30 de marzo de 2013

SIN IMAGINACIÓN

Segurito que se preguntarán porqué no he hecho posts desde febrero siendo que ya casi se acaba marzo. Pues la triste verdad es que entre la U de L y estar tratando de redactar una novela de un buen volumen de hojas están prácticamente devorándose mi imaginación. Sin embargo, como quiero hacer un hiatus decente, les informaré de los últimos y breves detalles bizarros de mi vida:
1) Como sabrán, mi cumpleaños fue este mes. ¿Recuerdan cuando les dije que soy de ésa clase de personas que estando en medio de la nada le podría llover un pez del cielo? Pues ese tragicómico domingo se cumplió mi maldición: apenas cumplí los veinte años me festejó el organismo con una gastroenteritis que me tuvo en cama casi dos semanas echando el alma por la boca y comiendo como conejo. El resultado fue que actualmente peso 50 kilogramos y eso estaría bien de no ser porque mi metabolismo no me permite subir de peso con facilidad, en resumen, bajé de peso en forma contraproducente.
2) El asunto este de los nazis me sigue insistiendo. Ahora, la novedad es que ya no solo me llueven libros, sino también películas y cosas más bizarras. El otro día mientras volvía en el atascadero con ruedas que normalmente llaman "camión", pasamos delante de un conjunto de casas y, delante de una, había una camioneta de color verde oscuro con una feliz esvástica sobre sus costados, así como las que se ven en películas de guerra para llevarse judíos al parque de diversiones Auschwitz... Sí, aún no sé de dónde carajos salió ese automóvil.
3) Mi suerte como La Parca acabó con la vida de mis dos hámsters, los primeros que he tenido desde que a los doce años me prohibieron tajantemente tener uno. El primero halló la paz en manos (o dientes) de mi gatito Watson, quien seguro lo ha confundido con una rata por su color de pelo, y el segundo ha caído así, nada más de sopetón. Feliz inicio de año, supongo.
4) Durante un breve arranque de locura, me ha dado por estudiar alemán por mi cuenta. Me he medio rendido... ahora voy con el ruso. Y lo peor, le entiendo más al ruso .___.
5) He descubierto que, o me estoy volviendo hermitaña, o mi subconsciente ha decidido que la época de secundaria se reduce solo a tres cosas y nada más. ¿Porqué? Porque en mi Facebook me he topado con excompañeros míos de ese tiempo, todos muy amables y correctos pidiéndome aceptar sus solicitudes y... bueno, me he vuelto para adentro sin tener concha y me he hecho la sorda. Aún no averiguo porqué lo hago, pero algo me dice que está relacionado con mi cada vez más bajo interés en el noble arte de la fanaticada y más en el de la investigación política.
6) Como todos sabemos, hay un riesgo de una posible Tercera Guerra Mundial. ¿Mi predicción? Ni será tan divertida como la Segunda ni tan melodramática como la Primera, Latinoamérica tendrá que salir vivo por su cuenta y EUA perderá su hegemonía. Ah, y China lo resentirá. Mucho. A ver, que venga y me alegue mi maestra ultracomunista que me odiaría a muerte de no ser porque entrego redacciones decentes.
7) Hablando del tema, he hecho una especie de conteo escolar respecto a las ideologías sociopolíticas. La mayoría son rojillos en definitiva, otros son comunistasliebers, es decir, dicen serlo pero actúan como capitalistas, y un reducido grupo de nosotros, imperceptibles porque los gritos cada día más comunes de "¡Por la Revolución Troskysta!" nos dejan un poco fuera de foco, somos nacionalsocialistas. Viva la mezcla.
8) He visto completa por primera vez "Lo Que el Viento se Llevó". Me ha parecido excelente y el final muy prometedor, casi casi como para segunda parte, pero la verdad es que eso dañaría el producto.
9) Me he echado en un solo día un manga llamado "Saint Onii San", también llamado "Saint Young Men" que técnicamente se trata de la vida como gente "normal" (si la gente normal acaso despide auras luminosas y convierte las piedras en pan de centeno) de Jesucristo y Buda como roomies en Japón. Como tengo ciertos prejuicios aún los miré con cuidado, pero la verdad es que están muy monos y le dan otro sabor a la religión, menos inflexible y más humano, así que si quieren reírse un ratito pueden leerlos.
10) Sigo con mi guerra sin fin contra el baño del segundo piso. La buena noticia es que luego de haber echado literalmente vinagre y cloro puro por el drenaje ya no me han salido "sorpresas". Eso sí, la araña que vive en el hueco de la pared me mira con mucho odio...
11) Lobeznito está a un paso de volverse un "friki" como se dice normalmente, o mejor dicho un "gamer". Eso estaría bien de no ser porque estamos cumpliendo con el estereotipo virtual de hombres y mujeres. Le hemos intentado apartar de la computadora con libros pero... bueno, ya veremos a finales de mes si el ejercicio funcionó.
12) Por fin, luego de casi quince años, he logrado averiguar de qué es la misteriosa camioneta que pasa todas las tardes con la musiquita alegre y rara de piano. Es un camión de helados. En mi ciudad bicicletera con sueños guajiros de pseudocapital. Me he alegrado de que sea un detalle tan bonito, pero tambien tengo nostalgia porque ya no habrá más ilusiones infantiles, el último círculo se ha cerrado.
13) Tambien sigo con las clases de piano... bueno, sigo practicando con el piano virtual pero es casi lo mismo, ¿qué no?

Así que, con este hiatus, les digo: no dejaré de publicar, pero serán posts más cortos hasta que pueda subir algo decentemente largo y digno. ¡¡Adiosito!!

domingo, 17 de febrero de 2013

LOS MISERABLES: CANTANDO HASTA LLORAR

Hola de nuevo, esta feliz tarde de domingo los supervivientes al 14 de febrero podrán gozar ay Dios mío cada día soy más egocéntrica de esta nueva y maravillosa reseña que les traigo de una película que gocé el viernes recién (si no hice la reseña ayer fue porque estaba en el submundo diabólico y deliciosamente italianode la dinastía Corleone... ya saben, cosas de la escuela). Así que hoy llego a ustedes con la crítica de una de las películas nominadas al Óscar este año: Los Miserables.
Para los lectores asiduos, ya saben que ésta historia es una novela histórico-dramática de Víctor Hugo, que cuenta de manera paralela la historia de Francia luego de la Revolución y de un grupo de personajes que, por X o por Y, se involucran en las batallas de barricadas.
La historia (que a final de cuentas es prácticamente una opereta porque en todo el filme no paran de cantar) nos lleva primero con Jean Valjean (Hugh Jackman, mejor conocido como Wolverine), prisionero desde que se le ocurriera volarse un pan para alimentar a su sobrino moribundo. En su esclavitud conoce a Javert (Russel Crowe, mejor conocido como Máximo, libertador de Roma en "Gladiador"), un pobre loquito que traumado con su infancia decide perseguirlo obsesivamente desde su liberación y que se carga una voz de tenor frustrado que ya la imaginarán ustedes.
Tiempecito más tarde, el buen Valjean que se ha cambiado el nombre a Madeleine y que se volvió alcalde de un pueblito asolado por la miseria, se ve involucrado en la lacrimógena historia de una muchacha llamada Fantine (Anne Hatawhay, mejor conocida como Gatúbela), quien luego de ser engañada por un tipejo y quedar embarazada trabaja arduamente día tras día para ayudar a su hijita Cosette, que se encuentra al "cuidado" de unos usureros. La mala suerte y las viboreadas de sus compañeras de trabajo la hunden en la pobreza y debe dedicarse a la protitución para pagarle a los protectores de su hija hasta que Valjean se ofrece a rescatar a Cosette y, con los talones pisados por Javert.
Luego de eso conocemos a un montón de personajes: los Thenardier, supuestos protectores de Cosette (interpretados por Sascha Baron Cohen y Helena Bonham-Carter), unos usureros de medio pelo que sólo les importa sacar cuanto dinero puedan; Marius, un hijo de papi metido a revolucionario, Gavroche, un niñito precioso y ladrón, Eponine, la hija de los Thenardier, y otros tantos que a la hora de la madriza desarrollan la lucha de la barricada. El resto, para los que ya leyeron el libro o han visto una versión anterior, es historia.
Ahora, ¡la crítica!
LO BUENO: Por ser un musical las dos horas y media no se vuelven tan pesadas como si fuera una película corrida y normal. El ver tantas caras conocidas fuera de sus zonas de confort es también muy divertido (sobre todo en los números de "Master of the House" y los pequeños solos de Gavroche). La idea es en sí no novedosa, pues los musicales de este tipo ya se habían hecho antes (Jesucristo Superestrella, por darles un ejemplo... pero no tan extremo). Y por último, lo lacrimógeno. Sólo los que no tienen alma no pueden apreciar lo dramático de la historia de Fantine y mucho menos los finales, y digo los finales porque literalmente son tres: el fin de la revolución, el fin de la historia de Cosette y el fin de la historia de Valjean.
LO MALO: Si odian los musicales, van a querer meterse un balazo apenas lleven diez minutos de película. Si encima de todo lo melodramático no es lo suyo ni por error, lo van a sufrir el doble. Quizá el único pero personal es que se pasaron muy rápidamente algunas cosas que eran esenciales en el libro, pero de seguro de haberlo hecho la película hubiera llegado a las tres horas, y nadie aguanta tanto rato.
¿Y cuánto le da de calificación la Lobita? Yo diría que, entre "pero" y "pero", se merece una nota decente así que le pondré un 9.6 porque aunque no sea una película moldeable para todos los públicos, su dirección es bastante buena y creíbles sus personajes... Además de que lloré como nenita cuando se acabó y no había llorado tanto desde Caballo de Guerra así que, ya es algo.
¡Adiosito!

jueves, 14 de febrero de 2013

LOVE IS WAR

Señores, señoritas, hartitos y hartitas del mundo, hoy yo, su desgraciada presidenta de la desgracia, vengo a insuflarles fuerza... ¿Porqué? Porque hoy, como todos sabemos, el enemigo se nos viene encima, no es un enemigo desconocido pero sí brutal, armado con la mejor tecnología facebookera, con globos y cartas y dulces y peluches, con música dulzona y cursi y sobre todo, dispuestos a no morir en el intento.
¡Señores, señoritas, ahí viene... el Ejército Rosa!
*sonidito de tambores de guerra*

Bueno, creo que exageré, pero seamos sinceros, nunca, desde hace años, he tenido un 14 de febrero decente, ya sea por X o por Y, la razón no importa, pero es aburrido ver en este día al ataque comercial y emocional al que todos nosotros estamos expuestos y, a veces, del cual también participamos.
Así que si hoy ustedes, como yo, desean sobrevivir al apocalipsis cursi, lean estos sencillos pasos de socorro y auxilio para no quedar en el medio de una caravana de enamorados fastidiosos.
MANUAL DE GUERRA DEL 14 DE FEBRERO by LOBITA NOCTURNA:
1. Como posiblemente será imposible que te quedes encerrad@ (digo, atrincherad@) en tu casa, tienes que irte haciendo la idea de que te toparás en el camión o en la calle en general con:
*Novios besuqueándose, caminando lentamente tomaditos de la mano o abrazaditos como si fueran siameses.
*Vendedores ambulantes de globos con estupenda forma de corazón y estupendamente estorbosos.
*Tiendas engalanadas para la ocasión con colores rosa. SÍ dije COLORES, Rosa Cursi, Rosa Nenita, Rosa Francés (visto en la sección donde venden condones... hmm...) Rosa Violeta (existe) Rosa Romántico, Rosa  Intenso, Rosa Friégame la Pupila...
*Flores, muchas flores, la gran mayoría serán rosas asesinas, y digo que asesinas porque como la demanda del día exige gran cantidad de ellas, algunos vendedores callejeros no ven mal en dártelas con todo y espinas... ah eso si, engalanadas en papel de china.
*Peluches también, casi todos son monitos con cara de retrasados mentales que abrazan un corazón. Lo menciono porque si por obra de un antimilagro te tropiezas arriba de un puesto, te juro que caerás en lo más pachoncito del mundo... pero probablemente un encanijado vendedor te cobre el plástico celofán en que van envueltos.
2. Si ya saliste y mientras caminabas elegantemente frente a ti se colocó una pareja siamesa (ya sabes, de ésas que van sujetas  como si fuera el fin del mundo y creen escuchar "The hills are alive with the sound of music" mientras tú oyes internamente "Highway to hell") tienes dos opciones:
OPCIÓN CABALLERO INGLÉS: Les dices con tu voz más cortés que te permitan pasar, así, como ellos van en la baba, pensarán que no han oído nada más dulce en todo el día y que respetas (y admiras) su intenso amor.
OPCIÓN TAXISTA DEL D.F EN HORA PICO: Te pasas como bestia desbocada por su lado o, para aumentar el nivel de maldad, te cruzas en el medio de ambos al grito de "Muévanse, de todos modos no durará para siempre!"
3. Hablando de cursilerías, como ya mencioné hoy hay puestos por todas partes vendiendo florecitas y peluches. Como probablemente no puedas evitarlos te recomiendo que al pasar entre éstos tomes unos auriculares y le pongas a todo volumen en tu celular, así ni tú escucharás los "bajísimos precios" de oferta de la marchanta ni tampoco los gemiditos de felicidad de las chicas al ver las "cositas monitas· que venden ahí. (Por una razón que la ciencia no ha logrado explicar, la voz femenina se vuelve un 8% más chillona este día... Menos la mia).
4. Hoy aplica la Ley de Francia: si dicen no, en realidad dicen sí. Así que por más que digas "No gracias, no quiero una paleta" o "No gracias, no me gustan los abrazos" por la fuerza te los darán.
NOTA: Ahora que, si en su defecto, estás caminando por la calle y se te cruza un francés y te dice "N' ayez pas peur" con voz ronca y seductora entonces huye... huye por tu vida y por tu pureza.
5. Pero como aquí no discriminamos y tú eres un susodicho que por razones del destino DEBES celebrar este día, y dada tu naturaleza masculina se te ha olvidado comprarle algo a tu dama y ya entraste en pánico, no temáis Harto mío, tenemos estas soluciones rápidas y baratas:
*Cómprate un moñito, pégatelo en la cabeza y dile "Yo seré tu regalo" y déjate hacer y deshacer cual vil esclavo... Sí, es cruel pero a la larga será mejor.
*Hazle una carta muy inspirada. Si tienes un arrebato comercial échale ahí un chocolatito, si ves que pone cara de "buuu" dile que no toleras que comercializen con los verdaderos sentimientos. Te verás codo pero en el momento a ella no le importará.
*Esto a muchos les sonará suicida pero funcionará: cocínale algo. ¿Qué? ¡No importa, mientras sea algo que hagas tú! Se sentirá agradecida por tu esfuerzo y saldrás mejor parado que soldado sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial.
5. ¿Quieres hacer algo malvado para que nunca ningún enamorado olvide este día? *inserta musiquita de "Una noche en el Monte Calvo"* Es muy fácil: Marqués de Sade. Busca las frases más enfermizas de sus libros, guárdalas en cartitas con un dibujo de corazoncito, ponlas en lugares random para que cuando la gente las tome y las lea se quede traumatizado de por vida. Resulta el doble de efectivo si pones en el sobre que es de un "admirador@ secret@".

Pero bueno, hablando de manera  más seria, piensa que el día es como cualquier otro, sólo más rosa. Si tienes pareja goza, si no la tienes goza más (digo, hoy no sales por las malas a la calle ni gastas, es una ventaja). Y eso es todo por hoy, ¡Adiosito!