FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.



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sábado, 30 de marzo de 2013

SIN IMAGINACIÓN

Segurito que se preguntarán porqué no he hecho posts desde febrero siendo que ya casi se acaba marzo. Pues la triste verdad es que entre la U de L y estar tratando de redactar una novela de un buen volumen de hojas están prácticamente devorándose mi imaginación. Sin embargo, como quiero hacer un hiatus decente, les informaré de los últimos y breves detalles bizarros de mi vida:
1) Como sabrán, mi cumpleaños fue este mes. ¿Recuerdan cuando les dije que soy de ésa clase de personas que estando en medio de la nada le podría llover un pez del cielo? Pues ese tragicómico domingo se cumplió mi maldición: apenas cumplí los veinte años me festejó el organismo con una gastroenteritis que me tuvo en cama casi dos semanas echando el alma por la boca y comiendo como conejo. El resultado fue que actualmente peso 50 kilogramos y eso estaría bien de no ser porque mi metabolismo no me permite subir de peso con facilidad, en resumen, bajé de peso en forma contraproducente.
2) El asunto este de los nazis me sigue insistiendo. Ahora, la novedad es que ya no solo me llueven libros, sino también películas y cosas más bizarras. El otro día mientras volvía en el atascadero con ruedas que normalmente llaman "camión", pasamos delante de un conjunto de casas y, delante de una, había una camioneta de color verde oscuro con una feliz esvástica sobre sus costados, así como las que se ven en películas de guerra para llevarse judíos al parque de diversiones Auschwitz... Sí, aún no sé de dónde carajos salió ese automóvil.
3) Mi suerte como La Parca acabó con la vida de mis dos hámsters, los primeros que he tenido desde que a los doce años me prohibieron tajantemente tener uno. El primero halló la paz en manos (o dientes) de mi gatito Watson, quien seguro lo ha confundido con una rata por su color de pelo, y el segundo ha caído así, nada más de sopetón. Feliz inicio de año, supongo.
4) Durante un breve arranque de locura, me ha dado por estudiar alemán por mi cuenta. Me he medio rendido... ahora voy con el ruso. Y lo peor, le entiendo más al ruso .___.
5) He descubierto que, o me estoy volviendo hermitaña, o mi subconsciente ha decidido que la época de secundaria se reduce solo a tres cosas y nada más. ¿Porqué? Porque en mi Facebook me he topado con excompañeros míos de ese tiempo, todos muy amables y correctos pidiéndome aceptar sus solicitudes y... bueno, me he vuelto para adentro sin tener concha y me he hecho la sorda. Aún no averiguo porqué lo hago, pero algo me dice que está relacionado con mi cada vez más bajo interés en el noble arte de la fanaticada y más en el de la investigación política.
6) Como todos sabemos, hay un riesgo de una posible Tercera Guerra Mundial. ¿Mi predicción? Ni será tan divertida como la Segunda ni tan melodramática como la Primera, Latinoamérica tendrá que salir vivo por su cuenta y EUA perderá su hegemonía. Ah, y China lo resentirá. Mucho. A ver, que venga y me alegue mi maestra ultracomunista que me odiaría a muerte de no ser porque entrego redacciones decentes.
7) Hablando del tema, he hecho una especie de conteo escolar respecto a las ideologías sociopolíticas. La mayoría son rojillos en definitiva, otros son comunistasliebers, es decir, dicen serlo pero actúan como capitalistas, y un reducido grupo de nosotros, imperceptibles porque los gritos cada día más comunes de "¡Por la Revolución Troskysta!" nos dejan un poco fuera de foco, somos nacionalsocialistas. Viva la mezcla.
8) He visto completa por primera vez "Lo Que el Viento se Llevó". Me ha parecido excelente y el final muy prometedor, casi casi como para segunda parte, pero la verdad es que eso dañaría el producto.
9) Me he echado en un solo día un manga llamado "Saint Onii San", también llamado "Saint Young Men" que técnicamente se trata de la vida como gente "normal" (si la gente normal acaso despide auras luminosas y convierte las piedras en pan de centeno) de Jesucristo y Buda como roomies en Japón. Como tengo ciertos prejuicios aún los miré con cuidado, pero la verdad es que están muy monos y le dan otro sabor a la religión, menos inflexible y más humano, así que si quieren reírse un ratito pueden leerlos.
10) Sigo con mi guerra sin fin contra el baño del segundo piso. La buena noticia es que luego de haber echado literalmente vinagre y cloro puro por el drenaje ya no me han salido "sorpresas". Eso sí, la araña que vive en el hueco de la pared me mira con mucho odio...
11) Lobeznito está a un paso de volverse un "friki" como se dice normalmente, o mejor dicho un "gamer". Eso estaría bien de no ser porque estamos cumpliendo con el estereotipo virtual de hombres y mujeres. Le hemos intentado apartar de la computadora con libros pero... bueno, ya veremos a finales de mes si el ejercicio funcionó.
12) Por fin, luego de casi quince años, he logrado averiguar de qué es la misteriosa camioneta que pasa todas las tardes con la musiquita alegre y rara de piano. Es un camión de helados. En mi ciudad bicicletera con sueños guajiros de pseudocapital. Me he alegrado de que sea un detalle tan bonito, pero tambien tengo nostalgia porque ya no habrá más ilusiones infantiles, el último círculo se ha cerrado.
13) Tambien sigo con las clases de piano... bueno, sigo practicando con el piano virtual pero es casi lo mismo, ¿qué no?

Así que, con este hiatus, les digo: no dejaré de publicar, pero serán posts más cortos hasta que pueda subir algo decentemente largo y digno. ¡¡Adiosito!!

sábado, 21 de enero de 2012

UN COMIC ORIGINAL DE LOBITA NOCTURNA!!!

NOTA: Para evitarnos las frustrantes molestias de las laaaaaaaaaaaaaargas entradas producidas por los relatos que subi aquí capítulo tras capítulo, anuncio que la continuación del relato de "El Misterio de la Bella Cigarrera" lo subiré en mi cuenta de fanfiction, así que l@s interesad@s pidan aquí sus links. Gracias.
En segunda hoy les presento la primera versión digital de un cómic que llevo dibujando desde el año pasado, fragmentado en pequeñas viñetas y titulado simplemente "Poe y Yo". Les cuento de qué trata: un día, Evey se encuentra entre sus cosas un reloj de bolsillo de plata, en el cual estaba escondido el fantasma de Edgar Allan Poe (para Evey, que es más sarcástica que yo, por cierto, esto no tiene mucho sentido). A partir de entonces Evey debe acostumbrarse a vivir con el fantasma de Poe adherido a ella, lo que ocasiona muchas disputas, en parte porque Evey no quiere tener que compartir sus horas libres de soledad con nadie (aunque lleve mas de 160 años muerto) y Poe no deja de provocar estragos cada que usa algún objeto cotidiano de la vida moderna (en un capítulo inconcluso, Poe se queda solo en casa de Evey y desactiva sin querer el servicio de cable) o simplemente porque se la pasa haciendo preguntas. Por suerte para Evey, nadie a excepción de ella puede ver a Poe, pero eso no es de gran ayuda.
Otros personajes mencionados (pero que rara vez aparecerán) son:
LIZZIE ELLET: Chica popular de la secundaria a la que Evey asiste. Basada en el personaje real de Elizabeth Ellet, quien en vida fue un dolor de cabeza para Poe.
SEÑOR CUTTHROAT: Dentista local que tiene la costumbre de llamar a Evey "Berenice". Está obsesionado con los fantasmas y los sucesos paranormales. Su apellido literalmente significa "corta tráqueas" (y qué bueno, porque los dentistas son unos sádicos).
KATHERINA: Gatita blanca con una mancha negra de medialuna en su ojo derecho. Mi tributo personal a mi difunta gatita Maya.
SR. Y SRA. PORTMAN: Padres de Evey. La madre es profesora de kinder y el padre es contador público en una oficina. Le tienen fobia a la lluvia, a la oscuridad, a los insectos y muy especialmente al "poltergeist" que vive en su casa (en realidad es Poe cada que friega un artículo eléctrico).
Así que aquí tienen la primer viñeta: "Preludio de un Fantasma". (click en la imagen para verla más grande).
¿Qué les parece? ¡¡Adiosito!!

jueves, 19 de enero de 2012

EL CUMPLEAÑOS DEL CUERVO

Como todos por aquí de seguro ya saben, hoy es el cumpleaños 203 del escritor Edgar Allan Poe, nacido en Baltimore allá por 1809. Y este año, para conmemorar su cumple, me tomé la seria libertad de escribir una especie de fanfic sobre él y una de sus historias más extrañas: el misterio de Marie Rogêt. ¡¡Disfrutenlo!!

1
Era una noche helada. Una niebla pálida se arrastraba lastimeramente por el suelo, oscureciendo los callejones más lúgubres y tragándose en su interior las luces de las calles.
En una de las casitas más pobres de la zona, una débil luz de vela se reflejaba en los cristales. Adentro, sobre un escritorio sencillo de madera oscura, cabeceaba medio adormilado un hombre, que intentaba en vano escribir sobre un pequeño papel amarillento. Su cuerpo entero se mecía sin control alguno en la silla, y los ojos, grandes y de un color imposible, casi violetas a la luz, se abrían y se cerraban bruscamente a cada momento. Estaba agotado, había trabajado locuazmente por casi un mes, con muy poca comida y casi nada de sueño; para contrarrestarlo, había ingerido cantidades enormes de oporto, pero solo había empeorado su situación actual. Estaba completamente deshecho, y si no se ponía a escribir nada, muy pronto su pequeña y pobre familia se quedaría sin comer.
La vela dejó caer una pequeña gota de cera sobre la mano del hombre. Éste, demasiado sensible por culpa del oporto, se puso en pie de un salto, agitando vigorosamente la mano para calmar el dolor. Se arrancó la costra de cera y se llevó la mano a los labios, chupando el pequeño círculo enrojecido de la quemadura; al fondo, sobre una mecedora, un gato negro de enormes ojos amarillos lo observaba aburridamente.
Calmado el dolor, el hombre volvió a su asiento, mirando como hipnotizado la hoja de papel, limpia de tinta, limpia de ideas salvadoras. El hombre tomó la pluma, empapada en tinta tan negra como sus revueltos cabellos, pero aburridamente comenzó a hacer garabatos sin sentido. No se le venía a la cabeza ninguna idea interesante de la cual escribir, ni una sola crítica, ni una historia. Suspiró, mirando los dibujos extraños que acababa de trazar, que iban desde un gato en su cesto hasta ramas de árboles, listones y ojos de mujer.
-¿Hasta cuándo? –gimió. Abandonó la hoja y alargó la mano hacia una botella de oporto y un vaso. Destapó la botella y procedió a servirse. Pero cuando unas cuantas gotas apenas habían caído en el interior del vaso, unos golpes en la puerta lo sorprendieron.
Intrigado, dejó el vaso y la botella, y miró como distraído hacia la entrada de la habitación, aguzando el oído. Los golpes regresaron. Alguien llamaba a la puerta de su casa, pero… ¿quién?
Se levantó pesadamente y se echó encima la chaqueta negra, tomó la vela y bajó las escaleras murmurando:
-¿Quién será a ésta hora?
Llegó a la entrada a tiempo para escuchar unos golpes más. Abrió la puerta y dio un salto atrás, asustado.
Una figura vestida de negro, con el rostro cubierto por un grueso velo oscuro, estaba de pie frente a él. Ambos se quedaron inmóviles y silenciosos por unos segundos, y aunque el hombre no podía mirar la cara de la persona desconocida, sintió su mirada clavada en él.
-Perdone. –dijo la desconocida figura con una voz susurrante. -¿Vive aquí el señor Allan Poe?
El hombre, aún asustado por aquélla visión, repuso:
-Sí. Soy yo.
-¿Podría pasar, por favor? –suplicó la figura. El aludido se la pensó dos veces, no le atraía la idea de dejar a “ésa cosa” entrar a su casa. Pero el tono de ruego terminó por convencerlo, y le cedió el paso.
Condujo a la oscura silueta hasta la sala de estar, donde sólo había unas butacas, la chimenea y un piano abandonado.
-Siéntese, por favor. –le dijo. La figura se dejó caer suavemente sobre una butaca, y el hombre se apresuró a encender la chimenea. Acto seguido, y mirando de reojo a aquélla figura (quieta como si fuera un adorno más), se acercó a la mesita y tomó de ahí una botella de licor y dos vasos. Luego de servidos, regresó al lado del visitante y le tendió un vaso antes de sentarse frente a éste, en la butaca disponible junto a la chimenea.
-¿A qué debo el honor de ésta visita? –preguntó, revolviendo calladamente su vaso.
La figura se llevó las manos (también ocultas bajo unos guantes negros y raídos) a la cara y se arrancó el velo, que cayó sobre la desgastada alfombra. El hombre miró detenidamente a su interlocutora, y sintió un escalofrío en el corazón. La desconocida era una mujer, pálida y de aspecto débil, con los grandes ojos oscuros expresivos y tristes, y los labios, pequeños y delicados como los de una muñeca de porcelana, temblorosos y casi tan pálidos como las mejillas de aquélla joven.
Acto seguido, aquélla dama se quitó también el sombrero, y dejó caer sobre sus hombros unos cabellos tan oscuros como plumas de cuervo, revueltos y sin vida, como si hubiera padecido de una violenta enfermedad. El hombre dejó de mirarla escrutadoramente, y se dijo a sí mismo que, a pesar de su debilidad y palidez, había algo en aquél rostro que mostraba una belleza perdida recientemente.
-Perdone que haya venido así. –dijo ella. Ya no hablaba en susurros, sino con toda claridad. –Sin embargo las circunstancias me han obligado a hacerlo. No puedo sino salir de noche, y con el rostro oculto, porque si mi madre se enterara de lo que estoy haciendo… bueno… me metería en un problema enorme.
-¿Quién es usted? –dijo el hombre. –Me parece… conocida. ¿La he visto antes?
-No lo creo. –ella sonrió, pero era una sonrisa increíblemente triste. –Quisiera preguntarle algo, señor Poe.
-Claro, claro.
La joven sacó de su bolso un fardo de hojas que le tendió a su interlocutor. Poe tomó aquéllas hojas y dio un breve respingo. Eran las hojas de una revista, con el título de su cuento más famoso hasta ahora, “El Misterio de Marie Rogêt”.
-Usted lo escribió, ¿no es así?
-Sí. Por supuesto. ¿Qué le ha parecido?
-No se trata de gusto literario, señor Poe. Sino de otra cosa. –Poe miró nuevamente el serio y asustado semblante de la dama. –Yo sé que esta historia está… basada… en un hecho real.
-Sólo en parte. –explicó. –Las deducciones aquí presentadas son todos inventos míos. Aunque sí, admito que trabajé arduamente para acercarme todo lo posible a la realidad.
-Lo comprendo. Es por eso que he venido aquí.
-No entiendo.
La joven se mordió los labios, antes de decir, en un susurro atemorizado:
-Estoy aquí porque este relato me atañe directamente. Yo… soy Anne Rose Rogers. La hermana menor de Mary. La persona en cuyo asesinato se basó para escribir esto.
Poe se puso en pie, mirando estupefacto a la joven dama. Ya le parecía que la había visto antes; guardaba una similitud enorme con su bella hermana, los mismos cabellos negros, los mismos ojos grandes, los mismos labios delicados… solo que jamás habría imaginado que la desafortunada cigarrera Mary Cecilia tuviera una hermana, y mucho menos que, dos años después de publicar su cuento, ésta apareciera así como así en su casa.
-Señorita Rogers… -dijo él, aún perplejo. –Si viene usted aquí a preguntarme por el caso, le juro por lo que más quiera que todo ha sido inventado. Yo en ningún momento tomé parte en investigación alguna sobre lo de su hermana…
-No vengo a recriminarle nada. –lo interrumpió Anne. –Se trata de algo más grande. Vengo a pedirle un favor. Y deseo que no me lo niegue, porque entonces todo mi esfuerzo para localizarlo a usted habría sido en vano.
-Explíquese, por favor.
Anne se puso de pie, mirando a Poe directamente a los ojos, y dijo:
-Quiero que me ayude a investigar el asesinato de mi hermana.
La sola idea sonaba tan descabellada que Poe soltó una risita nerviosa.
-Señorita Rogers, creo que usted no entiende. Yo no soy ningún policía, no sé nada de investigar crímenes, sólo soy un escritor que…
-Un escritor que se acercó más a la realidad que la Policía misma. –saltó ella. –Por favor, se lo suplico, tiene que ayudarme. Han sido dos años terribles, mi madre ha caído enferma de tristeza y desesperación, yo no dejo de sentirme culpable e inútil por no poder haber averiguado nada aún, y usted es la única esperanza que tengo.
-Lamento no poder ayudarle, señorita Rogers…
-¡Bien! –saltó. –Le pagaré. Ponga el precio que quiera, ya veré cómo le pago, pero lo haré. Por favor, haré lo que sea pero ayúdeme.
-No se trata de dinero. La investigación está cerrada, a estas alturas sería imposible obtener pistas. –dijo Poe. –De verdad quisiera ayudarla, ojalá pudiera yo hacer algo para apaciguar un poco el dolor de su pérdida, pero entienda que lo que me pide es una locura.
Anne abrió la boca como para decir algo, pero la cerró bruscamente y se mordió los labios, con el rostro lleno de una profunda tristeza. Se dejó caer pesadamente sobre la butaca y se cubrió la cara con las manos. Poe se acercó a ella, apretó cariñosamente su hombro y tomó su propio vaso para ofrecérselo al tiempo que susurraba “ya, ya”. Anne dio un pequeño sorbo y luego lanzó un sollozo. El desconcertado escritor tomó su pañuelo y se lo tendió para que se limpiara las lágrimas.
-Sé lo que se siente perder a un ser querido. –dijo. –Créame, yo he perdido a muchos. Quisiera poder hacer algo por usted, lo que fuera, para no verla en ese estado. Pero en este momento no se me ocurre nada.
-¿Le digo algo? –musitó Anne, arrugando el pañuelo entre sus manos. –Yo también había creído imposible dar con usted. Es conocido en toda la ciudad, pero nadie parecía capaz de darme pista alguna sobre usted; duré muchos días investigando, buscando alguien que me diera una dirección, y justo cuando comenzaba a desesperarme, di con su paradero. Ahora… -añadió con amargura, y nuevas lágrimas se asomaron en sus ojos. –ahora temo que mi esfuerzo haya sido inútil.
Poe se llevó una mano a la boca con un gesto de pesar. Anne aún lloraba con cierta desolación en sus gemidos, con toda la pinta de haberse quedado sin una sola gota de esperanza en el cuerpo. El escritor se puso en pie, mirando las llamas que crepitaban en la chimenea; toda su vida había querido ser alguien, y hasta la fecha ese deseo parecía no haberse podido cumplir satisfactoriamente. Ahora, y de pronto, la oportunidad de hacer algo grandioso se le había cruzado… ¿Qué hacer entonces?
De pronto miró a Anne, que continuaba llorando en silencio, y justo cuando ella tomaba su sombrero y su velo, él exclamó:
-¡Pues bien! Debo estar loco, pero lo haré.
-¿Disculpe? –susurró ella, desconcertada.
-Ya me ha escuchado, lo haré. Le ayudaré a averiguar lo de su hermana. ¿Le parece?
-¿De verdad? ¿En serio lo hará? –los ojos de Anne se iluminaron repentinamente, y se lanzó a sus pies, tomándolo de la mano derecha que besó repetidamente. -¡Gracias, mil gracias, señor Poe! ¡Nunca dejaré de deberle esto!
Abrumado por aquélla muestra de desesperada felicidad, Poe ayudó a Anne a ponerse de pie y a colocarse el sombrero.
-Pero necesitaré de su ayuda, señorita Rogers. Será difícil, pero habré de conseguirlo aunque me muera.
-No hable más de muerte. –le rogó Anne. –Haré lo que usted me pida sin con eso logramos atrapar al asesino de mi hermana.
-De acuerdo. –dijo Poe. –Creo que lo más prudente será encontrarnos dentro de un par de días en algún sitio. Necesito que me dé toda la información posible sobre cualquier acontecimiento que nos ayude con el caso de Mary, ¿entendió?
-Como desee. ¿Dónde?
-No lo sé… ¿qué le parece el restaurante que está al final del Paso Este?
-Ya sé cuál. –dijo Anne. –El Royal Horse, ¿cierto?
-Justamente. La espero ahí al mediodía pasado mañana, ¿está bien?
-Excelente. Estaré ahí.
Poe acompañó a Anne hasta la puerta, donde la joven volvió a colocarse el velo.
-Gracias, señor Poe. Muchas gracias.
-Ni lo mencione. –respondió él, y miró partir a la extraña figura, perdiéndose entre la helada niebla de aquélla inquietante noche.

P.D Este es sólo el primer capítulo, ¿qué les pareciò?

martes, 6 de diciembre de 2011

RÉQUIEM PARA LA LITERATURA

Sí, damas y caballeros, ayer mismo lo comprobé, con la tristeza del científico que ve su teoría de la destrucción volverse realidad: la Literatur se está muriendo. Anda por ahí, agonizando, abandonada en su lecho de paria, de anciano olvidado en un asilo, rodeada de sus más fervientes defensores y amantes, que con ella, están mueriendo también.
¿Y de qué se está muriendo? Quizá sea muerte natural, porque de pronto, en un mundo lleno de ruidos e imágenes, ya a nadie le atrae la idea de sentarse a leer un bello volumen lleno de hermosas palabras y emociones transmitidas desde lo más profundo del corazón. Pero lo que en verdad la está aniquilando es un enfermedad, llamada Consumismo, que no hace sino primero, destruir siglos y siglos de evolución en la letra escrita y luego, sólo así, la abandona a su suerte en una parodia de habitación fúnebre.
Desde que el mundo es mundo y el sagrado labor de escritor es eso justamente, ha habido escritores malos, peores y uno que otro que mejor debió dedicarse a otra cosa, eso es verdad, pero hubo una época en que el criterio de la gente alcanzaba para hacerle saber cuándo era una historia o poema lo suficientemente bueno, y cuando no. Luego llegaron los críticos, que en su afán de mostrar cuál era la "buena lectura" construyeron una de las piedras angulares de algo que actualmente se denomina "Estudios Literarios", que no hace sino tomar las obras, descuartizarlas, analizarlas, clasificarlas y luego, ya mutiladas, arrojarlas a un cubo específico, según sus "características".
¡Bonita forma de tratar a los libros, por Dios! No es el simple hecho de que los usen como usaría un zoólogo a una inocente y misteriosa especie de esponja de mar, sino que encima de todo van y tratan de que los mismos destructores de éstas curiosas formas de vida vayan y traten de escribir algo, de emular lo que han visto, ¡ah!, pero que no se les olvide el rígido método aprendido, para que su libro sea un éxito y gane fama y fortuna. Porque eso es lo único que importa hoy con los libros: dinero.
Ésa es otra de las causas de su agonía, una enfermedad venérea llamada Dinero. La Literatura es, en nuestros días, prostituída tan descaradamente que muchos, sin saberlo, contribuímos a que esta trata de arte se siga llevando a cabo, y así la Literatura se contagió de Dinero, como su única causa y consecuencia. Al diablo el alma, al diablo las enseñanzas, lo importante hoy es que escribas algo tan bueno que de ser posible lo lleven al cine con un montón de actores ultrafamosos para que todo el mundo se de cuenta de lo "importante" que eres.
La poesía oculta en las revistas literarias, que a su vez coquetean de cuando en cuando con la avaricia, está restringida. Los únicos dignos de ser publicados son los que tienen el dinero suficiente para pagar que pongan en papel plastificado una foto con su cara y su escritura.
Ése es, sin más, el comienzo del fin. La Literatura se muere frente a nuestros ojos. Pero tenemos cosas más graves, ¿no?
Miren qué deben hacer actualmente para que la gente los vea como grandes literatos:
-Escribir sendos libros de autoayuda, que a fines prácticos sólo ayudan al que lo escribe, ganando dinero con la mediocridad y la desesperación de los afligidos que buscan en sus páginas el significado de su vida.
-Hacer largas novelas llenas de drama y pasión, donde haya algo de paranormal o de espiritual, pero sin mencionar jamás a Dios ni darle su verdadera personalidad a los seres no-humanos que ronden por sus paginas.
-Redactar, tanto si sabes del tema como si no, polémicas críticas al gobierno, a las religiones y hasta a las personas mismas, para mostrarte como un "moderno romanticista" o un "rebelde literario".
Antes, para ser escritor sólo necesitabas hacerlo con toda tu alma. Hoy, para ser escritor, debes entrar en la burocracia y hacer un desembolso monetario muy fuerte para que te publiquen. Los mejores escritores de todos los tiempos fueron pobres, vivieron en la miseria y muchos no llegaron a ver nunca sus obras publicadas; y ahora, esos escritores reposan en un panteón digno de los dioses de la Grecia idólatra.
Los libros no son sólo un entretenimiento ni un estudio que, sin darnos cuenta, hacemos; es parte del sentir del humano, y del pensar. Al leer, nos cuestionamos muchas cosas, cosas sobre nosotros mismos, sobre nuestra vida, nuestro trabajo, nuestra alma... Pero eso no le conviene a los poderosos, y éstos nos llenan la cabeza de programas idiotas y pseudo literatura inútil y de grandes eventos ruidosos para que alejemos nuestra vista de los "peligrosos" pensamientos de Descartes, de Paz, de Nietzche.

RÉQUIEM DE LA LITERATURA
He visto, con ojos llenos de pesar
Una ciudad hundida en el ruido de la ignorancia
En los colores que disfrazan la verdad y la belleza
Y en las voces de los que gritan y no dicen nada.

He visto desangrarse en las banquetas a los grandes pensadores
Que dieron su corazón y su vida por este mundo que tanto amaban
Y, sobre sus agónico cuerpos, se sienten
Las pisadas de los usurpadores malditos
Que les arrancan las caras para fingir ser ellos.

He escuchado los gritos de la multitud enardecida
Que protesta por el mal y aclama un mal mayor
Son como criaturas ciegas y sordas de la noche de su alma
Que chican entre sí y se precipitan al abismo de las sombras.

Y entre ellos, voces más bajas y armoniosas
Como ángeles en un remoto y desconocido paraíso
Susurran los nombres bendecidos
De los que al mundo obsequiaron su labor de amor en forma de libro.

Se escucha en los olvidados cementerios literarios
Los nombres amados, los nombres olvidados
Veo las bibliotecas venirse abajo
Y las librerías llenas de libros con portadas descaradas
Y adornadas con rostros de famosillos que venden su alma.

Cuando el silencio, por fin, alcanza
Esta ciudad olvidada de la esperanza
Se alzan, en un cántico de réquiem
Los lamentos de los literatos olvidados para siempre.

¿Quién clama a Shakespeare?
¿Qué soneto recuerda a Sor Juana?
¿Qué espíritu ansioso de libertad llama a Nietzche?
¿Qué hombre y mujer que ha amado busca a las Brontë?
¿Qué soñador y aventurero exclama el nombre de Verne?
¿Qué hombre digno de mil tesoros murmura a Dumas?
¿Quién que ve en la muerte una belleza le habla a Poe?
¿Qué optimista valeroso pregunta por Dickens?

¡Insensatos! ¡Al matarme
han matado parte de su propia humanidad!
Exclama con sus últimos estertores
La literatura que, expira, a la última campanada...

Con este poema de mi invención cierro mi crítica, que tuvo su origen ayer cuando, mientras me compraba mis traspobres... ¡perdon! mis trasvales escuché a unos estudiantes de Letras protestar porque les dejaron el sencillísimo trabajo de redactar una novela corta y estaban que no sabían ni estructurar a un personaje porque "el sistema sólo les permitía hacerlo de tal o cual modo", y yo con cara de WTF.
Adiosito!! Y no lean cochinadas!!

sábado, 17 de septiembre de 2011

DE CICERÓN Y UN PEQUEÑO VERRAS

De esos días que me siento a escribir porque no tengo nada más decente que hacer :/
A veces (cuando estoy en un universo de pastillas antigripales) me pregunto cuál es el problema con los adultos.
NUNCAMÁS: Mira tú, el burro hablando de orejas.
Mira tú, el cuervo metiéndose en lo que no le importa porque no tuvo mamá ¬¬ Ya sé que legalmente pertenezco a ese lindo mundo de estrés, tarjetas de crédito, trabajos de burro y sueldos de algo más feo, pero sinceramente no me siento así. Por dentro, sigo siendo una Lobita pequeñita deseosa de ser libre en un mundo confuso que no es navegado por nadie y del que dependemos obligatoriamente, un mundo anárquico y (les guste o no) incoersible. Hmm... tal vez eso último podría sernos de gran utilidad algún día, pero hoy, no.
 A lo que me refiero es a esos adultos que parecen niños malcriados y, ¿porqué no? a ésos jóvenes que son de espiritu más viejos que Matusalen. Ahí tenemos, por ejemplo, a la siempre bienvenida Señorita Sacatripas, que como ya no puede torturarme a mí, se contenta con molestar a cuanto cristiano se le cruce. Por otro lado, Lobita tieneque lidiar con otras personas, que tarde o temprano se definirán como enemigos o aliados (aunque por el momento ¬¬ la historia no da buenos augurios). Hablo, claro, del séquito de profesores cuya labor es educarme para convertirme en la máxima jurista de Mefistófeles (muajajaja!!) y cuyas formas "subnormales" de educar espantan más que ayudan. Repasemos:
SOCIOLOGÍA JURÍDICA: Triste es el caso. Deprimente, patético, aburrido, imposible. Retroalimentativo, o mejor aún, autoalimentativo, porque delas casi cinco semanas que llevamos en clase nomás no aprendemos nada. ¿Cómo le hacemos? (o mejor dicho, ¿cómo le hace?), la respuesta es: no lo sé. Físicamente, parece una tortuga de tierra. Emocionalmente, es más triste que el Internet cuando se cae.
DERECHO ROMANO: ¿Han visto el capítulo de Los Simpson donde un maestro tiene por castigo único una tabla? Ah, pues hagamos de cuenta, solo que aquí no hay tabla, sino una sarta de rarezas que van desde expulsión del salón de clases hasta súplica en masa. ¿Y porqué? Ah pues porque el de Derecho Romano se siente ofendido hasta si estornudas durante su laaaaaaaaaaaargo (e insomprensible el 80% de las veces) discurso.
INTRODUCCIÓN AL DERECHO: Empezemos con un retraso de 3 semanas y culminemos con su forma de dar clase. Es contundente, sí, seca, objetiva, rara vez se le va el avión, fría y cruel, por decir lo menos, llena de ejemplos simples y magníficos. El único problema es que... bueno... supongamos:
LOBITA: *agitando la mano como si su vida dependiera de ello* Profe, profe, maestro, licenciado, profe, oiga, hey... ¡¡CON UN DEMONIO NO ESCUCHA O QUÉ!!
PROFE: *con una expresión de auténtico estoicismo* ¿Sí, compañera?
LOBITA: En este caso que menciona, según dice...
PROFE: *interrumpiendo abruptamente* No, no es según digo, es que así es el caso.
LOBITA: ¬¬ Bueno, entonces conforme a lo que cuenta el ca...
PROFE: Lo que estoy diciendo es que blah blah blah blah...
LOBITA: O.o... *voz baja* váyase al...
HISTORIA DEL DERECHO: Amena, alegre, tranquila, poco comunicativa eso sí, pero le resta tensión a las dos clases previas. Paz y armonía no reinan, pero aaaah *inserte cara de satisfacción no convencional... eeesa precisamente >:)* la libertad aquí tiene otro significado.
Luego de este breve repaso, notamos una triste realidad: entre más carcamal el carcamal, le bajan más de espuma al chocolate. ¿Porqué? pues eso no lo sé. El de Introducción y Derecho Romano son casos especiales en que vemos lo que se supone que debe ser un adulto, es decir, sequedad, seriedad extrema y hasta depresión semipermanente y contagiosa (por no hablar que el tipo este que se ofende hasta porque la mosca pasó volando tiene un complejo de c... Bueno ya, no insulto). Un adulto realmente DEBERÍA ser alguien responsable, práctico, y lo principal: jamás de los jamases olvidar quién fue, que hubo un tiempo en que echó petardos en el salón de clases, en que se fugó de su casa para irse a una fiesta, en que se la recordó a todos y no le importaba un soberano bledo su futuro. Que alguna vez ellos fueron así y que por lo tanto, no tienen porqué exigirnos ser algo que no fueron, más bien guiarnos para no ser lo que ellos no desean que seamos (mientras nos perjudique).
Ante esta situación, los adultos y su mundo parecen un titánico Cicerón que, desde su trono contruído de ilusiones muertas, intenta por los medios más crueles evitar que el joven y valeroso Verras se interponga en su imperio de tristeza.
Adiosito!!

martes, 6 de septiembre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS MICH!! (ALIAS MR. HYDE, ALIAS ETIÈNNE, ALIAS...)

NOTA: Si me dijeran todos y cada uno de ustedes, mis queridos Hartitos, cuándo cumplen años, también les haría su regalo (como ese del día de Navidad...). Así que por el momento tenemos solo este, un cuentito que se me ocurrió de pronto ayer cuando me enteré apenas del cumpleaños de Mich Max alias... bueno, todo lo que dije arriba. ¿Liiiiiiiiiiiiiiiistooooooooooooos?

EL PRÍNCIPE
Érase una vez, en un sitio y un tiempo ya borrados por las olas que estallan en las doradas playas del recuerdo, un campo hermoso cubierto de flores, que desembocaba, por un lado, a un hermoso pueblo, y por el otro, a un palacio señorial, de aspecto renacentista, rodeado por sus cuatro lados de un jardín hermosamente cuidado, adornado con las rosas de Castilla más hermosas y vivaces, los claveles más puros, y con bellas estatuas de mármol que retrataban en dulce armonía los más sublimes sentimientos de los hombres.
En aquél palacio señorial vivía en soledad el príncipe. Este era un hombre demasiado joven para gobernar, pero demasiado sabio para saber cómo cuidar de sus territorios; había, según muchos, cierto encanto misterioso en sus ojos negros, su perfil griego, sus manos hábiles y su voz astuta que dejaba, irremediablemente, hechizados a todos aquéllos que le vieran y le escucharan. Él no era, como podría pensarse, uno de esos príncipes crueles que usaban sus encantos para martirizar a su pueblo, ni tampoco un vulgar seductor que se divertía a costa del cariño sincero de las mujeres, pues para él esas eran cosas demasiado nauseabundas para siquiera ponerlas en práctica.
Sin embargo, el principe tenía, efectivamente, cierto gusto por las mujeres que hubiera parecido repugnante de no ser por el modo sutil en que lo llevaba a cabo. Era metódico y discreto, valiente y sagaz, y podía en igualdad declamarle un poema detallado a una campesina que murmurarle al oido un dulce cumplido a una condesa. Enamoraba, a falta de una mejor palabra para describir sus acciones, a toda mujer existente sobre la tierra, fueran jóvenes, viejas, ricas, pobres, nobles, plebeyas, sin importar su físico ni su voz ni el cómo o dónde vivían. Jamás nadie comprendió cuál era el misterio de aquélla actitud seductora, pero mientras la envidia y el recelo de los hombres de la comarca aumentaban, lo mismo sucedía con el cariño franco de las mujeres del mismo lugar.
Un día, el príncipe enfermó gravemente. Los hombres, calladamente, se alegraron al ver cómo sus continuas correrías con las damas habían tocado su final. Ancianas, jovencitas y hasta niñas elevaban sus oraciones llenas de respeto y amor por la salud de su adorado príncipe, y por muchas semanas esta fue su única labor. Sin ellas laborando con sus mismas energías alegres en el campo y en el pueblo, las flores se marchitaron, los cultivos se enfermaron, las calles de su comarca se cubrieron de silencio y de suciedad.
Los hombres maldijeron al príncipe, ¿cómo podía ser que un patán y un mentiroso de su calaña pudiese provocar tal descontento y tal descuido? Furiosos, marcharon a los campos y trataron, en vano, de continuar con las labores que las mujeres ya no hacían, pero sin resultado. Y este hermoso lugar y tiempo se convirtió en una tumba en vida.
El príncipe, en los estertores de agonía, abrió los ojos en medio de su oscura habitación y suplicó a su única criada, que había permanecido fielmente a su lado, que lo acercase a la ventana para mirar el campo. Mas al ver la tierra infértil y las flores secas, el príncipe se sintió morir y cayó desvanecido. Al despertar, su bella voz sollozó:
-¿Pero qué ha pasado con el hermoso campo de flores? ¿Qué ha sucedido con el pueblo radiante?
-Ay, mi señor. -se lamentó la criada. -Vuestras amadísimas mujeres han pasado ya tanto tiempo rezando por vos que han olvidado por completo sus labores.
Entonces el príncipe mandó un edicto: las mujeres debían de olvidar su penosa enfermedad y volver al campo y al pueblo, y no estaría su ánimo tranquilo hasta que el lugar fuera igual que antes. Las mujeres trabajaron como nunca, ante la mirada confundida y halagada de sus hombres. No pasaron más de dos meses cuando el campo reventaba de rosas de Castilla tan brillantes como un rubí y claveles puros y blancos como nubes, llenando de perfume y vida el esmeralda de sus pastos; el pueblo volvía a llenarse de alegría y de luz, y también rebosaba adornado con cientos de rosas y claveles. Y las mujeres pasaron la noche cantando y bailando en el campo, mientras los hombres escupían furiosos, alegando que el príncipe les había arruinado la vida, con sus malditos claveles y sus malditas rosas.
Y el príncipe, después de admirar a las mujeres que bailaban en su hermoso campo, falleció tranquilamente.
Cuando el funeral se llevó a cabo, los hombres marcharon a sus tabernas y sus posadas para felicitarse mutuamente por haber derrotado a ese fanfarrón príncipe. Las mujeres, todas con los vestidos de luto más hermosos, lloraban a los pies del castillo: ancianas que rezaban, niñitas que sollozaban, jóvenes que se desvanecían de dolor ante las estatuas de Eros y Psique, todas reunidad para despedir al príncipe que tanto las había amado, y ellas a él también.
La criada, que había pasado la noche entera en la soledad del palacio llorándole a su amo, quien por alguna razón jamás había utilizado sus artes de la seducción con ella, salió y leyó para las mujeres una carta, escrita por el propio príncipe antes de su muerte:
-"Sabed todas que las amo mucho, no con ese amor carnal y vulgarizado, sino con uno aún más profundo y complejo. Es el amor a vuestras cualidades, a vuestros atributos, a vuestra abnegada labor. Porque no hay mujer más hermosa ni más merecedora de cariño que aquélla que, día con día, lucha por quienes más ama, embelleciendo la vida de todos con su sacrificio y con su presencia. Os ruego que nunca vuelvan a descuidar esta, vuestra labor de amor, con la que podrán recordarme mientras vivan, y, os repito, recordad que las he querido tanto para recompensar vuestra hermosa jornada, que hace reventar de flores los campos y de dicha los corazones".
Y las mujeres lloraron de dicha y miraron al cielo bañado por la luz del sol, y volvieron a sus labores con el corazón dichoso y con el alma tranquila, haciendo rebosar eternamente el campo con sus flores y su felicidad.
Y la criada las miró alejarse, sonriendo, leyendo para sí el último párrafo, que se refería a ella y sólo a ella: "y tú, que tu labor ha sido siempre amarme a mí, os buscaré en la eternidad y marcharemos juntos allá, donde el sol derrama su calor y su belleza y las aves cantarán tu nombre".
Dejó la carta, abandonó el palacio, y se unió a las mujeres en su eterna faena en los campos, eternamente cubiertos de rosas y claveles.
FIN

¿Cómo me quedó? Adiosito!!!

domingo, 14 de agosto de 2011

UN CANTO FÚNEBRE PARA ELLA, LA DUDOSA MUERTE EN QUE MURIÓ TAN JOVEN

Creo que es el momento justo para hacerme una limpia con huevo o sumergirme en el lago Estigia o cualquier otra cosita similar, porque cada 5 minutos me pasan desgracias. El problema es que el turno hoy fue de...
Ajá... para ella:
Lamento mucho informarles que el pasado viernes 12 de agosto mi pequeña y esponjosa Maya murió por complicaciones post operatorias. :'(
Así que hoy honramos la memoria de mi gata (el único gato que he tenido y que me ha gustado de verdad, porque siempre he dicho que los gatos son de las mascotas menos agraciadas del mundo mundano) con dos obras. La primera es cortesía de MAK, que escribió este cuento hace muchos ayeres para el post 200 (y que por culpa de los Lobi Awards no se pudo publicar).

La Luna, Lobita.


Quizás era por sus grandes ojos redondos y negros, quizás por su incomparable costumbre de mirar la Luna por las noches (cuando podía), quizás era por su extraña manera de comportarse o por su cabello que se acomodaba de esa manera dotándole de un cierto aire libre, pero es que al verla a los ojos siempre se evocaba la imagen de un lobo mirándote, es por eso que todos la llamaban Lobita.


Extraña composición se apreciaba al ver a Lobita pasear a todos lados con Maya, una pequeña gatita con una gran mancha alrededor del ojo izquierdo como si tuviese un parche en él. La extrañeza sería la misma al observar un perro cuidando a un gato, o un gato protegiendo a un ratón. No imposible pero sí muy poco común.


Ambas caminaban a paso lento y acompasado cuando recién el día había muerto y era muy temprano para observar la luna, cuya aparición Lobita esperaba como si fuese un fenómeno natural maravilloso, y de cierto modo, siempre lo era.


Después de unos cuantos minutos llegaron a aquella conocida banca del pequeño parque, aquella banca única por su ubicación ya que ningún árbol con sus ramas invadía la visión de un cielo familiarmente estrellado. Tomaron asiento, Lobita recargando su cabeza en el metalico respaldo mientras Maya acomodaba su cabeza en la pierna de su compañera; ambas mirando sin ver, perdiéndose en la mar de sus ideas, las de Lobita siempre enfocadas a esa extrañeza que le parecía todo, como si viviera en un mundo que no era el suyo, sin identificarse completamente en él, sintiendo cada día el abismo que la separaba entre aquella raza y ella misma preguntándose si no se sentiría mejor siendo alguien más... o algo más.


Pasaron los minutos hasta que la Luna se alzó sobre el firmamento implantando su reinado entre sombras y luces; tan grande, tan hermosa y tan inmensa, aquella a la que Lobita tenía por el mejor tranquilizante para su alma se presentaba majestuosamente frente a ella, como si pidiera que Lobita le contase sus penas, como una bondadosa reina escuchando a sus súbditos para poder ayudarlos.


Lobita murmuró una petición desde el rincón de su mente, una petición de la que ella no fue totalmente consciente pero que deseaba de verdad y suspiro tranquilamente. Se sentía tan liviana que un suave sopor la invadió lentamente relajando su cuerpo y su mente, hasta que sus ojos se cerraron sin que lo notara.


La mitad. La visión siempre llegaba a mitades pero ya estaba acostumbrada, incluso ya no le incomodaba. Había momentos en que se olvidaba de aquella limitante visual (hacía años había perdido la vista del ojo izquierdo), Maya se levantó bostezando ruidosamente extendiendo al máximo sus miembros.


-Ay Lobita- dijo Maya acariciando al pequeño cachorro de lobo a los pies de su cama- soñé que era un gato; de hecho era tu gata.


Salió de la cama con un ágil salto posando ambos pies sobre el suelo al mismo tiempo tan sigilosamente como un gato.

Gracias a MAK por ese cuento tan lindo. Ahora sí, viene mi "canto fúnebre".

SWEET MAYA'S LULLABY
Y aquí yace, durmiente
Sus ojos azules de hielo y de mar
Cerrados, en vano queriendo mirar
Aquél Paraíso que ha ido a buscar.

Aquí duerme, callada
Su pelo de seda que no limpiará
Sus patas veloces que no correrán
Si no es hacia el cielo que quiere encontrar.

Ahí muere, soñando
Sin más alboroto la noche cruzar
Sin dulces canciones que me iba a cantar
Sin ver más mi llanto de horrible pesar.

Descansa, gatita
No sientes más frío, no sientes pesar
Por un suelo duro que te hizo jugar
Y un alma que siempre, siempre te amará.

Despierta, tesoro
En ese gran cielo que tú cruzarás
Antes de que un ángel te logre adoptar
Y antes de que yo te pueda olvidar

Olvidar, mi vida
¡Jamás!

Bueno, así las cosas. Esta de plano no ha sido mi mejor fin de semana pero... ya qué :/ adiosito!!!

jueves, 27 de enero de 2011

HOY LES VOY A CONTAR UN CUENTO

Como no me ha pasado nada emocionante durante estos días, y además falta muy poco para entrar a clases, aquí les dejo un cuento que escribí inspirado en dos historias: Ligeia y Leonora.
P.D El de Morella no, está muy macabro.

CHRISTINA
En mi juventud tuve ciertas inclinaciones por las delicadas artes de la poesía. Era mi placer caminar por el campo lóbrego de mi natal Inglaterra y ocultarme entre los árboles robustos y jóvenes de los primeros días de primavera, tomar un libro de versos y recitarlos calmadamente, protegido así con el verdor lozano y alegre del campo y escuchado únicamente por los pájaros que sobre las ramas se posaban. De tarde en tarde, mi melancolía era tal que subían a mis labios los versos entristecidos de Quevedo, y musitaba al viento, con aires de gran declamador y con el corazón oprimido:
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejaran, no su cuidado;
serán cenizas mas tendrán sentido:
polvo serán, mas polvo enamorado.
Era entonces que mi alma se nublaba de dudas, de ideas, de añoranzas. Mi padre me crió solo, porque siendo yo un niño mi madre fue entregada a la muerte luego de una agonía trágica, de la cual, por suerte, me preservaron ambos lejos de conocerla o presentirla siquiera, y aquélla hermosa mujer de cabellos rizados y castaños, de ojos dorados y sonrisa franca que tanto alegrara los días de mi padre, expiró en la más alta quietud de una noche invernal. Su repentino deceso despertó en mi progenitor una gran angustia que no logró acallar ni con todo el vino ni con todas las fiestas del mundo, y al final, él también fue arrastrado por la siniestra Parca para que compartiera la hipotética eternidad con mi amada madre. Quizá fue durante ésa época de juventud que me atrajo intensamente el deseo curioso de saber si el amor, el tipo de amor más puro y sublime que pudiese llegar a sentir un hombre, podría sobrevivir como el alma a la tumba, o si acaso, hasta las llamas más poderosas de éste amor se apagaban junto con la vida.
Dejé de pensar en eso algún tiempo más tarde, cuando ya estaba yo sobre mi quinto lustro de existencia, decidido a nunca experimentar mayor pasión que aquélla que se representara en los libros de poemas, en parte por miedo a experimentar o provocar un dolor por la pérdida del ser querido, y en parte por mi propio egoísmo, que si bien nunca llegó a traslucirse en mí, sí actuaba ante los otros como un negro velo que me cubría y me alejaba.
Precisamente, algunos años después de haber tomado esta dura decisión, salí del campo de mis nostalgias, dejé las tumbas matrimoniales de mis padres y marché a un sitio no tan alejado donde me esperaba una labor física lo suficientemente fuerte como para mantener mi alma (melancólica por naturaleza) lejos de cualquier cavilación que pudiera perturbar aunque fuese por poco las memorias que había enterrado en mi corazón.
El lugar al que llegué era una villa preciosa, y mi nuevo empleo se ubicaba en una mansión al pie de una pequeña colina alejada del pueblo, toda ella cubierta de suave y brillante pasto. Cualquier buen observador se hubiera fascinado con aquélla visión de paraíso, con sus árboles frondosos rodeando la colina y sus flores de varios colores por entre el esmeralda eterno de la naturaleza, como una precioso pintura clásica donde solo faltarían las diosas más hermosas del Olimpo para hacerlo idílico y celestial.
Al contrario que el campo que la rodeaba, la mansión tenía desde afuera un aspecto lúgubre. Era un edificio rectangular, más ancho que alto, y con unas almenas demasiado pequeñas para ser tomadas como tales. Los grandes ventanales estaban siempre abiertos, pero medio cubiertos por gruesas cortinas de colores oscuros; a primera vista, hubiera yo jurado que a familia estaba de luto, pero los amables personajes que vivían en aquélla atmósfera tan deprimente y a la vez sublime eran personas de carácter afable y sin pizca de tristeza, aunque de vez en cuando, la señora de la casa se mostraba un poco abatida; era entonces que su esposo, un hombre alto, apuesto y cabal, le apretaba brevemente la mano, le musitaba palabras de aliento que yo no lograba comprender, y entonces aquélla encantadora y triste mujer suspiraba y asentía con resignación, antes de cambiar su faz con una sonrisa que a veces me parecía ensoñadora, anhelante.
Mi trabajo en aquélla mansión consistía únicamente en labores domésticas y en ayudar al dueño con sus papeles, como si fuera un criado secretario. El resto de la servidumbre tenía labores mucho más pesadas que las mías, y la gran mayoría de ellos, necesario es decirlo, pasaron largos días mirándome con feroz desconfianza. Los señores, por el contrario, fueron desde el principio muy amables y directos, explicándome todo aquello que necesitara saber, desde horarios para cada actividad hasta algunas recomendaciones de carácter más bien personal. Ellos fueron quienes me dijeron que el pasillo del este llevaba largo tiempo deshabitado, y que sus habitaciones, aunque más amplias que las del lado oeste, estaban todas tan arruinadas que era imposible guardar algo o habitar en ellas, y me convinieron a no acercarme a ella, por mi propia seguridad. Al parecer, todos los sirvientes conocían esta premisa, porque absolutamente nadie cruzaba a aquel fantasmagórico pasillo, iluminado únicamente por la luz de las ventanas que se encontraban en el muro exterior de la casa.
Los señores no tenían hijos, excepto uno, según me explicó el caballero, que estaba estudiando en Londres y al que hacía tiempo no veían. En cierta plática que tuvimos en una tranquila ocasión, cierta tarde de verano cuando un cielo gris coronado por algunos rayos de sol cubría toda la colina, me contó que su hijo había nacido con un carácter muy peculiar, siendo desde niño muy sensible a la belleza en cualquiera de sus presentaciones y siendo, por lo tanto, un poco melancólico. Imaginé que los suspiros ahogados de la señora provenían de su deseo maternal de volver a estar junto a su retoño, pues es bien sabido el gran amor que sienten las madres por sus hijos, en especial si estos son de espíritu sensible y, en cierto modo, románticos.
Por largo tiempo me contenté con lo dicho y hecho por los señores de la mansión y por la servidumbre, que poco a poco comenzó a dejar de mirarme airadamente y a tratarme con más familiaridad, encontrando especial amistad en el viejo portero y en la amable cocinera. Pasó algún tiempo de intensa dicha, pero también de una clara monotonía que estaba a punto de hacerme pasar por uno de mis ataques de depresión tan comunes en mí desde que falleció mi madre. Sólo el arduo trabajo que desempeñaba ahí me mantenía en mis casillas y me evitaba entrar en dichas crisis, aunque de vez en cuando, estando la hora más oscura de las noches, lloraba ocultando mi rostro y mis gemidos bajo las sábanas, deseando con ansias infantiles que regresara el sol y apartara de mí aquéllos agonizantes sentimientos de soledad.
Una mañana, salí temprano de mi habitación, dispuesto a dar un pequeño paseo por los alrededores de la mansión y así disipar las sombras de la angustia, todo esto sin intención de molestar a nadie con mi partida. Salí sigilosamente de mi habitación, bien seguro de que todos dormían, pues apenas unos tímidos rayos de sol penetraban lastimeramente por las ventanas; al doblar el pasillo con dirección a las escaleras, me sorprendió mucho ver dos siluetas femeninas que caminaban hacia el pasillo este. Intrigado, me agazapé como un gato entre la hierba para examinar con ojo clínico a las dos mujeres; una resultaba ser una de las criadas, y la otra, era nada menos que la dueña de la mansión. Ambas mujeres hablaban en voz baja, y casi noté un tono de voz casi trágico en ambas, cosa que me turbó bastante, pues, ¿qué empujaba a esas dos mujeres a aventurarse al solitario y fantasmagórico pasillo lleno de habitaciones derrumbadas? Con mucha cautela, seguí a ambas mujeres a prudente distancia, protegido por las sombras de aquél pasillo siniestro, y me detuve a tiempo para ver cómo las dos mujeres llegaban frente a una puerta que estaba al fondo de aquél largo tramo; la señora tomó una llave y abrió la puerta, y sin que yo pudiera ver nada, las dos desaparecieron en su interior.
No soporté estar por más tiempo ahí escondido, en primera porque me parecía un insulto perseguir y fisgonear de ésa manera a una dama, y en segunda porque sabía bien que de nada me servía seguir agazapado entre las sombras. Me alejé del pasillo y bajé las escaleras, dispuesto aún a tomar mi paseo, aunque mi alma seguía demasiado excitada por aquélla repentina y misteriosa aventura.
Pasé la tarde cavilando, casi sin prestar atención en las charlas del señor y en los percanes que el gato de la familia estaba provocando en el salón al perseguir al esquelético papagayo que la señora tenía por mascota, toda mi alma y mi mente se encontraban flotando en el misterioso pasillo este, preguntándome en voz baja qué estaba oculto tras esa puerta, qué podía haber ahí que empujara a la señora a levantarse tan temprano y a la criada a romper sus órdenes. Me conformé con suponer que todo había sido producto de mi imaginación, exaltada durante la noche por mi avanzado estado de melancolía.
Sin embargo, en cierto momento tuve que subir para llegar a mi habitación y tomar algunos papeles, y en el proceso, me topé con la misma criada que viera en la mañana, saliendo justamente del pasillo este. Al cruzarse nuestras miradas, la mujer me observó agresivamente, como si me echara una silenciosa y siniestra advertencia. Luego de aquél breve y perturbador episodio, volví a mis asuntos y resolví aquélla misma noche visitar el silencioso pasillo y descubrir por mí mismo qué era lo que escondían en su interior. Mi cabeza, por cierto, echó a volar más allá de lo humanamente natural, alimentados mis temores por ciertas historias que leyera en mi juventud, y traté de imaginar qué quimera o secreto era demasiado precioso o demasiado peligroso para hacer que solo dos personas pudieran penetrar en dicho pasillo, donde aquélla cosa desconocida vivía oculta del resto del mundo.
Cayó la noche, y todos se fueron a dormir. Yo me quedé vestido, calzándome las zapatillas para no hacer ruido, y me quedé materialmente arrodillado frente a la puerta de mi habitación, listo para salir en cuanto todo hubiera quedado oscuro y en silencio en la mansión. Sujetaba una vela apagada en mi mano, totalmente rígido al lado de la puerta, atisbando por una minúscula rendija, apenas perceptible de cerca, para ver los pasos de los últimos criados que iban a sus propias piezas a dormir, y cuando la última vela de la mansión se apagó, yo encendí mi vela y, abriendo con cientos de precauciones la puerta, salí.
Reinaba una quietud sobrecogedora en toda la mansión. Afuera, no se oía ni el viento, ni el eco lejano del pueblo, ni un miserable suspiro extraviado; sólo era capaz de percibir el latido angustiado de mi corazón que me ordenaba concienzudamente a volver a mi recámara y dejar aquél misterio por la paz, pero yo seguí tercamente caminando despacio, con todos mis sentidos a flor de piel, listo para, ante la menor muestra de movimiento, apagar la vela de un solo soplido y refugiarme tras las cortinas hasta que el peligro hubiera pasado. Nada me detuvo en mi largo viaje, pues aunque el pasillo oeste no era muy largo, yo caminaba con mucha lentitud, tratando de imitar los callados pasos del gato para alcanzar mi destino.
Llegué, por fin, frente al pasillo este, reconocible por su atmósfera tan abatida y solitaria que la diferenciaba del resto de la mansión; ya estando ahí, sentí grandes deseos de dar la media vuelta y refugiarme en mi cómodo lecho, sin embargo, los espíritus sensibles también son muy propensos a la eterna curiosidad del explorador o del científico, y quise ver con mis propios ojos aquél singular “objeto” (usé dicha palabra para no pensar en cosas más calamitosas como “monstruo” o “fantasma”), y entré en aquéllas sombras heladas del pasillo para alcanzar la puerta. Finalmente, cuando estaba a pocos pasos de ella, recordé que la señora la había abierto con una llave, y moví la cabeza con un gesto de frustración; pero sólo por un instante, porque luego la luz de la vela me reveló que sobre la puerta y a un lado de ésta, colgaba una gran llave que debía ser muy seguramente la de ésa recámara. Tomé la llave con mano temblorosa, y mordiéndome los labios para no emitir el grito que se agolpaba contra mi pecho, abrí la puerta. Dando un par de pasos, entré.
Lo primero que hice fue cerrar los ojos, al escuchar de repente un estertor violento que parecía provenir del interior de la habitación, lo cual terminó pro exaltar aún más mis pobres nervios. Pasados algunos segundos, y viendo que no me había pasado absolutamente nada, abrí los ojos y comencé a inspeccionar la habitación.
Era una recámara amplia, con un estilo gótico francés muy marcado, pues su techo se sostenía con unas vigas que le daban el aspecto de bóveda de catedral; a lo lejos estaba una ventana, cuyas cortinas estaban abiertas y dejaban ver el cielo nocturno, adornado con miles de refulgentes estrellas, el viento rugía suavemente tras el cristal, lo que me hizo reconocer el sonido de estertor que escuché al entrar. No había mueble alguno, excepto una hermosa araña de delicados adornos de cristal que pendía de lo más alto del techo, cubierta con gruesas telarañas dando pruebas de que la habitación llevaba mucho tiempo sin ser visitada. Lancé un hondo suspiro de alivio, callados de una buena vez mis temores infantiles, y comencé a caminar hacia la ventana para disfrutar un poco del paisaje nocturno; pero a pocos pasos me di de lleno en las rodillas con un objeto duro, y la luz de la vela iluminó algo que parecía ser un enorme ataúd abierto. Retrocedí, horrorizado por la visión de una larga caja rectangular de rica madera de ébano pulido, pero sólo un instante después, tratando de apaciguar el latido aterrorizado de mi corazón, examiné cuidadosamente el supuesto ataúd y mis emociones, primero cargadas de miedo, se tornaron en un repentino ataque de verdadera melancolía, una melancolía acompañada con una sensación de infinita ternura.
Lo que había tomado por un ataúd, era en realidad una cama muy peculiar. Era nada más un enorme rectángulo de madera pulida, en cuyos costados habían tallado imágenes de hermosas flores que crecían locamente por todos lados, ascendiendo hacia la tarima, donde había un colchón de seda blanca. La cama estaba cubierta por un velo blanco transparente, y no tenía cabecera; sobre este lecho, cubierto por sábanas blancas y un hermoso edredón también blanco, bordado con pequeñas rosas rojas, reposaba una figura pequeña y pálida. Atraído por este nuevo giro en mi aventura, me acerqué para contemplar al durmiente.
Era nada menos que una jovencita, cuya belleza no era eclipsada ni aún por su sueño profundo ni por su extrema palidez. Tenía el cabello largo y negro como las plumas de un cuervo, los labios de exquisita proporción con su faz de ángel o de ninfa, teñidos por un sutil color rosa que anunciaba que aún seguía viva, mientras que sus ojos cerrados estaban rodeados por inmensas ojeras púrpuras, que contrastaban con la violenta tez blanca. Había en aquél conjunto algo de divino, algo de etéreo, como si ahí estuviera reposando no un humano, sino un hermoso ángel que espera apacible el momento de despertar y volver al paraíso. Era tal mi contemplación, que mi corazón y mi alma temblaron bruscamente, y sin poder resistir comencé a llorar amargamente, arrodillándome frente a la hermosa joven durmiente, sin prestar atención a los sonidos externos.
Fueron largos minutos de sollozos ahogados, hasta que una mano se posó en mi hombro y me sacó de mis ensimismamientos. Era nada menos que el señor de la mansión, que me observaba con gesto enfurecido, mientras a su lado su esposa no paraba de temblar. Yo también sentí un inmenso terror, y comencé a balbucear varias disculpas sin saber qué pretexto hallar para salir de aquél espantoso error cometido.
Pero el señor levantó una mano, ordenándome silencio. Luego, con una voz mucho más débil que la acostumbrada, explicó sepulcralmente:
-Así que habéis dado con la tumba en vida de nuestra hermosa hija Christina.
Christina, era ése el nombre de aquél ángel que dormitaba tiernamente en ése lecho de ensueño, y sobre la cual había derramado mi amargo llanto, llenando mi espíritu de renovadas emociones que no había creído posibles fuera de los versos de amor. Volví a balbucear una disculpa, y no tuve más remedio que explicar lo visto aquélla mañana. El caballero volvió a ordenarme silencio, y me explicó mientras su esposa se inclinaba frente a la joven, apretándole la mano que quedaba fuera de las sábanas y llorando silenciosamente.
-Ella es nuestra amada hija, Christina, antaño una jovencita alegre y vivaz, cuya inteligencia podía tanto maravillar como turbar a cualquiera que la escuchara. Pero hace pocos años, nuestra flor más hermosa y nuestro bien más preciado cayó gravemente enferma, de un mal aún desconocido por la ciencia y que día con día mermaba más su salud y su vitalidad, hasta que un día cayó en éste profundo sueño. Pero aún nuestra pequeña flor vivía, y le conservamos bien protegida en este profundo pasillo, reservándola de cualquier daño humano. Sólo da señales de vida cuando siente la presencia de su querida madre, pero no hemos podido en todos estos años arrancarle un solo suspiro ni que abriera sus ojos. Lo más que hemos logrado conseguir en mantenerla con vida gracias a cierto medicamento que nos ofreció un médico amigo mío, que le administramos cuidadosamente con ayuda de un gotero.
Vi entonces cómo la madre colocaba lo que parecía ser un embudo en miniatura en la comisura de los labios de Christina, y echaba en su interior un poco de cierto líquido de color transparente. Christina se estremeció de manera casi imperceptible, y solo unos segundos más tarde volvió a quedarse tan quieta como la magnífica estatua viviente que era. La visión de ésa hermosa criatura condenada a la muerte en vida borró mis melancolías pasadas, y las sustituyó con una tristeza endulzada, un sufrimiento gozoso, imposible de describir a quien no lo haya sentido nunca.
Mis días dejaron de ser oscuros, atraído por la presencia misteriosa de Christina, oculta tras aquéllas paredes heladas del pasillo este, como la flor que se niega a morir en lo más crudo del invierno, irradiando una luz divina que llenaba de esperanzas a sus angustiados padres, y que a mí me había arrancado de un solo y fiero golpe todas aquéllas memorias dolorosas de una infancia abatida y una juventud atormentada por los fantasmas, que ahora tomaban la forma de hermosas luces más cercanas al cielo que una estrella, y como fondo de ésa nueva y repentina felicidad, estaba un sutil y secreto sentimiento de cariño hacia aquélla criatura mítica, a ésa sílfide callada que dormía en su divino lecho de luto.
Cierta noche, me aventuré nuevamente a su habitación, como había hecho en noches anteriores, después de que la señora hiciera su visita nocturna para suministrarle el brebaje que la dejaba vivir un poco más, y me quedé contemplando intensamente aquélla silueta angelical, cuyos cabellos se desparramaban formando un lamentable sol negro detrás de su cabeza, como olas de mar moribundas que quebraban en su blanca piel. Un impulso interno de gran arrebato sentimental me hizo hacer algo que jamás, en todas aquéllas visitas, me había atrevido a hacer: extendí una mano y suavemente, casi con miedo, tomé la suya.
Duré unos segundos, fascinado por la textura de mármol de aquélla mano, cuando de pronto, noté que ésta mano pálida y fría se teñía repentinamente del color de la vida; el repentino suceso continuó, y el color se extendió hasta su rostro, coloreando sus hermosas mejillas de un rubor intenso, pintando sus labios de un tono rojizo y haciendo que su negro cabello brillara como si de una noche estrellada se tratara; entonces, un calor intenso se extendió por su cuerpo, tembló su pecho y un suspiro débil salió de sus labios. Miré impresionado aquél delirio, y me sorprendió mucho cuando la joven abrió de par en par sus ojos, los ojos más hermosos que hubiese visto. Eran tan negros como su pelo, y brillaban intensamente como si en ellos se ocultara la luna, y aquéllos ojos hermosos se posaron en los míos, observándome no con miedo ni con duda, sino con una dulzura infinita. Me perdí en aquélla mirada tierna, y era tal mi emoción que sonreí, y entonces Christina sonrió, sonrió con la inocencia de una niña y con la belleza devastadora de una mujer, como si hubiera pasado toda su vida esperando aquél instante.
Pero aquello duró sólo un momento, porque oyendo un murmullo agitado en el exterior, solté la mano de Christina; los colores recién llegados a su faz se desvanecieron, sus labios volvieron a su estado agónico, su pelo se deslució y sus ojos se cerraron. Volví a temblar, angustiado por la dicha de haber visto a Christina en la más pura de su belleza y haberla perdido nuevamente. Quise volver a sujetar su mano para comprobar que no alucinaba, pero ya mi tiempo estaba contado, y permanecer un poco más ahí era ponerme en riesgo. Salí de la habitación con el alma sobresaltada y maravillada, nadie más que yo habría de contemplar ése hermoso milagro.
Pasé un par de días, soñando despierto con aquél breve instante de dicha, y resolví volver a intentarlo en cuanto se presentara mi oportunidad. Así que, una noche, volví a deslizarme por el pasillo este y entré a la habitación de Christine; tomé su mano y miré, sorprendido, cómo le curioso milagro visto un par de día atrás se repetía. Esta vez, Christina se incorporó levemente del lecho, y susurró mirándome fijamente:
-Antes de que llegue el alba, o de que algo más interrumpa este momento, quiero decirte algo que ningún otro mortal debe escuchar. He pasado estos años soñando contigo, sin saber ni cómo ni cuándo podría verte, pero el Señor ha sido justo con nosotros, y piadoso con mi pobre alma desesperada y te ha traído hasta aquí, a mi lado. Debes saber que aunque mi corazón sea aún joven y haya sufrido tales desgracias, puedo asegurarte con la mayor de las sinceridades que siempre te querré, porque gracias a ti he logrado salir de ése abismo de sueños y sombras en que he vivido largo tiempo, y a cambio te ofrezco mi más profundo cariño.
Mientras ella hablaba, yo lloraba sin consuelo alguno, sintiendo ése mismo cariño del que ella hablaba despertar y llenar mi alma entristecida y hacerme volver a la vida, tal y como Christina había vuelto de su sueño. Sin soltar su mano, acaricié su rostro y la besé en la frente, asegurándole que volvería muy pronto a verla, y ella me juró que esperaría, con tal convicción en su voz que por poco vuelvo a romper en llanto. Luego de ésta tierna despedida, solté su mano y ella volvió a su sueño profundo y enfermo.
Así pasaron los días, y los meses. Lo que acontecía de día en la mansión era una cosa muy diferente de lo que pasaba durante la noche; de día, los suspiros tristes de la señora seguían llenando los silencios, haciéndome sentir culpable por no confesarle el milagro que ocurría con su hija amada, y de noche, conversaba largamente con Christina. Poco a poco, ese cariño que ella me profesaba creció, y yo mismo comencé a sentirlo, y por primera vez en mi vida, luego de mis repetidas acciones para alejar de mi alrededor cualquier relación que pudiera mantener, supe lo que era amar y ser amado, y fue en medio de aquéllas noches milagrosas que Christina y yo nos confesamos mutuamente el gran amor que sentíamos. Pero su situación impedía que ése amor pasara de algo idílico, intocable, tan apasionado y distante como los poemas; mas resultó que la inteligencia de Christina era verdaderamente prodigiosa, y ella encontró una solución muy práctica, aunque un poco siniestra en su momento, para que nuestro amor lograra trascender las simples palabras.
Mi vida se vio plena desde aquélla noche. Mi felicidad fue en aumento, mi vitalidad apareció, y aunque los señores seguían bajo la absurda creencia de que Christina era algo más que un cadáver y menos que un ser humano, yo conocía el tierno secreto que sólo dos personas compartían en el mundo. Jamás llegué a comprender del todo cómo fue que Christina logró despertar, al menos no lo comprendí desde el punto de vista científico, porque luego de largas discusiones que entablamos al respecto, nos conformamos con saber que el amor sigue siendo un mecanismo más cercano a lo celestial que a lo humano, y que puede hacer cosas maravillosas y misteriosas. Este amor tan peculiar, que nació en las sombras y en medio de la desesperanza, creció enormemente, aún más cuando Christina y yo nos casamos, jurando en medio de la noche al cielo que nos amaríamos por la eternidad, y de ésa manera la visité noche tras noche durante varios meses, contentos ambos por nuestra forma de vida, que alejaba cualquier inconveniente o tristeza de los matrimonios normales.
Fue entonces que una mañana, al despertar muy temprano me crucé con la servidumbre entera, toda ella apretujada en la entrada del pasillo este, dentro de cual se oían sollozos desgarradores. Me acerqué hasta ellos, sin recibir respuesta alguna, hasta que por las malas logré entrar al pasillo y de ahí, a la puerta de la habitación de Christina. La señora lloraba vivamente con un dolor indescriptible, arrodillada junto a la cama de su hija, y entonces el abatido señor me anunció que Christina acababa de morir.
No quise creerlo. No quise creerlo en ese instante. Esperé a que todos se alejaran para entrar a la recámara y comprobar por mí mismo que mi adorada Christina estaba verdaderamente muerta. Entré y tomé su mano como siempre, ignorando el frío de sus miembros y la palidez mortuoria en su faz. Tomé su mano por largos minutos, sin que la vida volviera a su rostro, ni la risa a sus labios, ni la luz a sus ojos. Comprendí, mientras llevaba su mano a mis labios, que mi amada Christina había muerto, me había abandonado cruelmente de este mundo sin darme tiempo de prepararme para su partida, y lloré amargamente la pérdida, deseando enloquecer o morir yo también.
Duré toda la tarde junto al féretro, pues el funeral no tardó tanto tiempo porque los únicos presentes éramos los que vivíamos en la mansión. Mi abatimiento era tan grande o aún más que el de los señores, que no cesaban de llorar; los sirvientes miraban con recelo el cuerpo de Christina, pero una nube de pesar nublaba sus ojos. Hice un gran esfuerzo para no llorar también, y sólo hasta que el ataúd desapareció a pocos metros a los pies de un hermoso roble en la propiedad de la familia, pude deslizarme medio débil hasta mi recámara y dar rienda suelta a mi llanto desesperado, llanto de quien pierde lo más sublime y hermoso que ha conocido en toda su vida.
Pasé la noche sin poder conciliar el sueño, turbado por yo no sé qué terribles visiones de muerte y de angustia que me asaltaron sin tregua. Quedé boca arriba sobre mi cama, tratando de relajar un poco mi turbación buscando en los recovecos de mi memoria algún recuerdo dulce que no tuviera nada que ver con Christina; entonces, Christina apareció ante mí como en un sueño, tan hermosa como la vi en vida, en la verdadera vida, sonriendo con mucha dulzura. Se acercó a mí, tomando mi rostro entre sus suaves manos, depositando un beso de despedida en mis labios y murmurándome palabras al oído que me devolvieron a la realidad con una fiebre intensa, que me hizo levantarme de golpe de la cama y echar a correr sin vestirme bien hasta el exterior de la mansión.
En medio de mi ardor, llegué hasta la tumba de Christina; junto al roble seguía apoyada la pala, y sin más comencé a quitar la tierra, haciendo caso omiso de las débiles gotas de lluvia que caían a mi alrededor. Cavé a gran velocidad, con tanta energía que en menos de quince minutos ya había quitado gran parte de la tierra que cubría la tumba de mi amada. Ya faltándome escasos centímetros, detuve mi angustioso trabajo para escuchar atentamente; palidecí al escuchar con toda claridad, aún en contra del viento y de la lluvia, un sonido largo y lastimero que era claramente el gemido de una persona. Con más fervor que nunca seguí cavando, y no tardé mucho antes de dar con el ataúd. A fuerza de tirar saqué la caja pulida y rodeada de flores, y con un sordo golpe de la pala rompí el frágil candado del ataúd, y abrí precipitadamente el féretro.
Lancé un grito de alivio. Ahí reposaba mi amada Christina, durmiendo el sueño eterno concedido por los ángeles, y junto a ella, llorando con gran angustia, una niña pequeña y hermosa. Tomé a la niña, la envolví con mi capa y la besé, bendiciendo a todos los cielos y a Christina por haberme otorgado una hija tan hermosa que apagara por la eternidad mi dolor. Tomé a la pequeña en brazos, maravillado por el delicado parecido que guardaba con su amada madre, y sin mediar palabra eché a andar colina abajo.


¿Y bien? ¿Qué tal me quedó? Adiosito!!

viernes, 16 de julio de 2010

LÁGRIMAS

Quisiera saber qué tanto miraba ella por la ventana. quisiera al menos preguntárselo, saber porqué tiene ese gesto tan triste en la mirada, porqué mira a mamá y le pregunta:
-Mamá, ¿cuándo volverá?
-¡Calla ya! -gritó mi madre, golpeándole en la cara tierna y horrorizada. Yo no entendía nada. Y ella seguía llorando.
-¡Yo quiero verla, mamá! ¡Yo quiero verla!
-Nunca más la veremos. -susurró, abrazándola.
Nunca más me verían... lo supe en el momento en que ví ese listón negro en mi fotografía. Yo me había ido para siempre, pero al mismo tiempo seguiría ahí. Hasta que mamá y mi hermana murieran, hasta que la casa se cayera en pedazos, hasta que no quedara de este mundo más que el recuerdo... ¿de quién? De nadie. Y solo así, moriría y me iría en paz.

Porque cuando estamos solos en el mundo sentimos una especie de agonía, como si fuéramos fantasmas. Rondamos, pues, en lugares tétricos buscando una mano amiga, alguien que nos ame, que nos comprenda, que nos acepte tal y como somos. Pero nunca los encontramos; ahí es cuando verdaderamente comenzamos a morir.

¡Cuántas noche de lágrimas, cuántos días silenciosos! ¡Cuánta soledad en el alma, cuyo doloroso espejo es la luna del otoño, un otoño que nos anuncia nuestra futura muerte! Porque somos seres frágiles, la vida nos cuesta trabajo, la muerte, sin embargo, llega de golpe, y no podemos caminar atrás.

Caminar... caminar largas horas por el parque, con los ojos llenos de lágrimas contenidas. Estaba tan sola, tan sola mi pobre alma... Miraba a las persona, parecían distantes. No podían pertenecer a mi mismo mundo, me dije. Su mundo estab lleno de colores, de sonidos... El mío era todo griz... y, si acaso, un tramo de luz fría... La luz que se filtra por las nubes de una lluvia que nunca cesa.

-Quiero ir a casa. -decía. -Quiero ir a casa y que todo vuelva a ser como antes.

Pero no era posible. Caminé de vuelta a ése sitio al que alguna vez llamé "hogar", mirando las losas deslucidas, sin importarme el frío que hacía. Adentro todo era igual, eran gritos, eran lágrimas... Yo no lo soportaba más.

Pasé esa noche llorando, escuchando cómo gritaban abajo, alegando que todo estaba peor que nunca. Y era verdad. Yo me estaba muriendo, ellos lo sabían, pero ignoraban que yo lo sabía también. El doctor me lo había dicho, dijo que, cuando mucho, me quedaban unos años más de vida. Lo recuerdo bien: fue el mismo día que el único ser que me amaba, mi gatito, se murió. Fue el verano más largo de mi existencia.

Entonces dije, con los ojos llorosos: pues, si iba a morir, ¿de qué me servía perecer como una patética desahuciada ahí dentro? Salté de mi cama y, silenciosamente, salí por la puerta trasera de la casa. Del otro lado, estaba un árbol hermoso. Ése árbol tenía un viejo columpio que yo usé muchas veces mientras fui pequeña. Qué dicha me dio volverlo a ver, a tocar, luego de tantos ayeres. Eran ésas memorias que deseaba tener antes de partir.

Era otoño, y el viento soplaba helado. Y pequeños copos de nieve caían. ¿Cómo? no lo sé. Pero no me importó. Así que me acosté debajo del árbol, mirando la luz de la luna filtrándose a través de sus bellas hojas. Sonreí.

Cerré los ojos, suspirando mientras sentía la nieve cubriéndome. ¡Ah, qué bella forma de morir! Me sentía plena por primera vez, plena desde quién sabe cuánto tiempo. El frío me había dejado de piedra, pero, la verdad, yo ya no lo sentía. Sólo me preocupaba ésa pesadez en el pecho, pero sabía que en poco tiempo, se desaparecería.

Con mis dedos, acaricié los brotes marchitos de las pequeñas flores que en vano habían intentado nacer bajo el enorme árbol. los sujeté, y lloré. Ellos tampoco habían logrado gozar de la vida, quién sabe porqué. Quizá porque el frío se los había impedido.

Tragué saliva, temblando. De pronto, me dieron ganas de decir algo. No había nadie ahí, así que despegué los labios y musité:

-Te quiero...

Nunca supe a quién iba dirigida la frase, pero así fue. Cerré los ojos, con la voz totalmente quebrada. Aferré con más fuerza los brotes, y me sumí en el silencio, en la oscuridad, mirando por última vez la luna brillando sobre mi cara, y el árbol que tantos recuerdos bellos guardaba...

Fue tan hermoso quedarme ahí, flotando, entre las ramas de los árboles. Mi cuerpo estaba abajo, quieto, pálido. Mi otro corazón ya no latía, pero uno nuevo, mucho más fuerte, palpitaba en mi nuevo pecho. Triné, cobijándome entre las ramas, y viendo cómo mis desconcertados padres trataban en vano de retirar mi cuerpo del árbol. No podían, las raíces de manera misteriosa me habían sujetado al suelo. Ellos no parecieron demasiado angustiados con mi muerte, pero me sorprendí al ver que el gesto de alivio en sus caras no me producía decepción, sino dicha. Ahora, ellos eran libres.

Luego, vinieron a cortar las raíces, y por fin, unos hombres consiguieron retirar mi cadáver. Me sorprendí al ver unos puntos blancos debajo de él. Esperé a que se marcharan para descender y notar cómo, en el sitio preciso donde me había acostado, habían nacido nuevos brotes blancos y pequeños.

Lloré de la emoción al descubir que, con mi muerte, había logrado tres cosas increíbles: la primera, había dejado libres a mis padres, ya nunca más volverían a pelear; la segunda, que había dejado tras de mí una nueva esperanza de vida para otros; y la tercera, que yo, por fin, estaba viviendo plenamente.

Y extendí mis alas... y así lo hice.

Porque cuando mueres con la intención de dejar atrás cualquier dolor o sufrimiento, puedes renacer a una nueva vida de dicha; y cuando, por fin, te vas para siempre de este mundo, puedes dejar a tu paso algo que le dé esperanza a otros que han olvidado vivir. Esa es la verdadera razón para vivir.

lunes, 31 de mayo de 2010

ESTE POST ES MUY MUSICAL (Y FANÁTICO)

Jajaja, pues bueno el día de hoy me han tomado en ocio. Lo que pasa es que luego de la chocoaventura del viernes, el mojon del sabado cuando bañé a mi mascota, la caminada del domingo y el dia de locos en la escuela hoy no había mucho por hacer (no, hoy no soy sarcástica) así que preferí repasar algunas cancioncillas y darles un giro fanático.
Sip, el dia de hoy aplicare la ecuación Creatividad+Fanatismo= Canciones para el bien de la humanidad (ora sí fue sarcasmoooo).
1. Canción No eres para mí.
BASADO EN HECHOS REALES: Mis amigas están total e irrevocablemente enamoradas de Chicharín (si, el wey ese que juego fucho, un deporte de animales que merece post aparte) y por lo tanto esta rola va para ellas:
CHICHARÍN NO ES PARA MÍ.
A la escuela voy llegando
Mis amigas ahí charlando
No despegan la mirada
De un póster de futbol
Me acerco bien discreta
Leo la línea de meta
Y todas las chicas mueren
Se ponen a suspirar... ay...
Que si tiene hermosos ojos
Que su voz es un tesoro
Que juega super hermoso
Y su sonrisa vale mil
Me preguntan si me gusta
Yo mejor ni les contesto
Yo niñitos pa' qué quiero
Quiero un hombre de verdad
Pero eso no
Lo entienden no
Quiero que lo sepan
Chicharín no es para mí
Chicharín no es para mí
Esta muy lelo y es futbolista
Que ni intenten de ése tipo hacerme fan
Pues no lo van a lograr
Solo adoro a Robert Downey Jr (x2)
Que si soy medio Lolita
Que si soy bien masoquista
Que si odio los deportes
Y mis gustos están mal
Que es hermoso y jovencito
Y Robert está pasado
¿Y a ellas qué les importa?
Es mi vida, recuerden
Pero ya no
Las trago yo
(Coro x2)

:P Asi que, ¿qué les parece? Luego haré una versión de Kesha (Tik Tok, basado también en hechos reales en la escuela) y de Ingrata (un accidente gravísimo). ¡Adios!

domingo, 23 de mayo de 2010

PARA ACABAR EL FIN DE SEMANA...

Esta entrada será cortita y según mis cálculos se autodestruirá en ocho minutos. No, esperen, esa no es mi calculadora... Ups, es el marcapasos de mi abuelaaaaaaaa!! Un momentito please.








Ok, ya fue mucho. Pues que les puedo contar?? Esta semana fue PESIMA, porque al mismo tiempo tuvimos exámenes y acá por mi casa los desgrrraciados de mis vecinos tuvieron literalmente fiesta DE LUNES A VIERNES de las diez a las doce de la noche con banda en vivo. ¬¬ Nuevamente recordé lo que Lau me dijo cuado hubo despedida de soltero:
-¡Echales a la policía!
-No puedo, los ampara el artículo 24 ¬¬ (no sé como, pero los ampara).
Y además, me quedé sin comer como dos días porque se zamparon mi parte (quiero contratar a Sherlock Holmes para que me ayude a averiguar quién se tragó mi espaggetti), y no olvidemos el asunto de la "Carta Voladora" y de la marcha fallida. En resumen, me siento peor que cuando me puse crudísima a los nueve años con dos vasos de tequila y sin contar el de whisky.
Hoy, con la cabeza a punto de estallar y con la película de El Solista a medio descargar (lo que me recuerda... ¡Digan no a la piratería! Las descargas no cuentan como tales, jajaja) les dejo con una cancioncita que compuse en honor a los exámenes, que es una nueva versión de Umbrella (Rihanna), P.D Solo contiene las dos primeras partes de la canción cantadas solo por Rihanna, ¿sip? Y el coro, claro.

ESCUELA (por Lobita Nocturna)

Un día llegué
Era lunes, lo recuerdo bien
Vi a mis amigos bien depres
Y les pregunté "¿Ora qué?"
Me dijeron
Hoy empieza la evaluacion
En la torre, ¡yo no estudié!
Y el primero es de mate
(¡Oh no!)
Odio la comida de la coope
Odio la evaluacion de los profes
Odio que nos hagan levantar
Cinco dias a las seis de la mañana
Odio que nos traigan de bajada
Nomas porque se les da la gana
Mejor los mandamos hasta la Nargelia
Y así se acabará la escuela ela ela eh eh eh
Y así se acabará la escuela ela ela eh eh eh
Eh eh eh

Pase con seis
Todo por no querer copiar
Los de mi salón hasta
Las respuestas me iban a fiar
El profesor
Que nos da gimnasia nunca yo
Lo he visto correr
O moverse de su sillón
(¡Oh no!)

Parece zoo mi pobre escuela
Hay changos, leones y los que vengan
Nos tratan peor que a las pobres bestias
Del circo de Federación*
Y ora resulta que está prohibido
Oir música en reseso en los pasillos
Este zoo tiene una loba
Una Lobita encerrada en la escuela ela ela eh eh eh
Cinco días ir a la escuela ela ela eh eh eh
Con cruda de domingo a cuestas, estas estas eh eh eh
Le di un infarto a mi abuela ela ela eh eh eh
Y tengo que ir a la escuela ela ela eh eh eh
Al de mate le haré una huelga, elga elga eh eh eh
Un amigo metió una chela, ela ela eh eh eh
Lo sacaron en camioneta, eta eta eh eh eh
Mis cuates saben bien joderla, erla erla eh eh eh
Los tacos son de ratas viejas, ejas ejas eh eh eh
Y ese fue un día en mi escuela, ela ela eh eh eh
Eh eh EH!!

Se acabó. ¡Nos vemos!

viernes, 30 de abril de 2010

PODRÍA GANAR UN OSCAR AL PASO QUE VOY!!


Entre las mil y un estupideces que hago A LA SEMANA (no intenten contar las estupideces que hago al año, un respetado científico lo intentó y terminó más loco que Hannibal Lecter y más invalido que Stheven Hawkins o como se llame) esta hice una que literalmente, ¡podría haberme catapultado a la fama!

La idea del Óscar la saque de... no, no de una noche de resacón en la que alucine fatal, sino de algo que mencionaron en los Kids Choice Awards. Resulta (dato inútil) que el tal Justin Biber (llamado tambien Justin Bobo, Justine, Justin Buey, Juatin Babas o Little Kid) fue "descubierto" por todos los videos que subio al Internet de sí mismo cantando (se nota que el audio en la compu de su descubridor era muy pobre...) entonces me dije a mi misma: mi misma, si este wey puede lanzar gorgoritos en internet y volverse una superstar de la noche a la mañana, ¿porqué nosotras no?

Y... ¡tarán! Hice un drama que, si la hicieran película, de seguro más de uno de ustedes la vería en el cine. Se llamaría:

KISS ME, KILL ME

Sip, igualito que el post donde hable de Kiss kiss bang bang. Es que.. hmm... digamos que el show que protagonicé en internet era algo así como la segunda parte. Pasión, drama, venganza, romance, comedia.. y un final inesperado.

Ok, resulta que me hice un fake (ya saben, como las familias del metroflog y todo ese rollo) donde yo interpretaba a Harmony Lane (llámese tambien Michelle Monaghan en la vida real). Ok, el cuento fue así:

Harmony (o sea yo) volvió a L.A con Harry y Perry, porque seguía mega enamorada de Harry. Lo que ella no sabe es que... Harry y Perry son novios. Sí, leyeron bien, NOVIOS, ENE O VE I O ESE!! Ok, ella se asusta (obvio) y también se queda como en shock, pero ¡el drama no termina, sino que apenas empieza! Resulta que Perry se enoja con ella y la 'acusa' de querer bajarle al novio (aquí entre nos, Harmony tenia un plan vagamente similar), y entonces Harmony se va con Pepper Potts.

Ok, stop por un momento. Pepper es la asistente de Tony Stark, o sea Ironman. ¿Y qué hacen aquí? Fácil: en un twitter TODO PUEDE PASAR.

Ok, retomando el cuento... Al otro día, Harmony le pide chamba a Pepper, y ella acepta y hacen tratos con Stark y larala, todo muy lindo. Pero Harm trata de hablar entonces con Harry y Perry tratando de disculparse (como por centécima vez) por el agravio de la noche anterior. Sin embargo... resulta que Harry y Perry ¡van a casarse! °O° por lo que Harmony le dice a Harry un pequeño refrán: No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Al principio, consideré un poco irrelevante escribir esto, pero luego... ¡se tornó realidad! Resulta que a la chava la envenenaron (no estoy muy segura de como, pero en fin) y mientras estaba en el hospital, convaleciente y vulnerable (ah, qué dramática soy) Perry, el muy hij&%& contrata a... Deadpool!!

De nuevo, leyeron bien. Recuerden que no hay una línea seguida y cualquier personaje puede meterse en la historia. Por fortuna (¿o infortunio?) este fue el último colado en el chisme. Ok, de vuelta.

Perry contrata a Deadpool para... ¡matar a Harmony! Entonces como Stark no está presente (literalmente NO ESTUVO PRESENTE ¬¬) Pepper intenta hablar con Harry para que detenga a su "novio-celoso-psicopata-asesino", pero Harry nomás no da bola y en cuanto a Harmony... ok, se le escapa a Deadpool, pero por muy poco, llega malherida a casa de Pepper, donde le suplica al looser de Harry que la salve, él se hace de la vista gorda (lo que comprueba relativamente mi teoría dee que el amor es ciego... y estúpido) y Perry la balacea como... hmm, déjenme contar... unas ocho veces. Y, ¿qué creen? Ni en estado de agonía, Harry la perdona!! Entonces Harmony (o sea yo) muere desangrada en el suelo del apartamento de Pepper...

¡Y FIN! ¡Y POR SU EXCELENTE ACTUACIÓN DE MORIBUNDA DESILUCIONADA EL OSCAR ES PARA.... LOBITA NOCTURNA!

(Se oyen aplausos y yo subo al escenario a recibir mi premio de manos de Johnny Depp... :D)

Pues en fin, esta historia ficticia sí que sucedió... y tuvo un final espantoso... digo, para mí ¿no? Pero el pleito fue tal que yo, literalmente, morí y borré esa cuenta del Twitter que apenas tenía.. ¡24 horas de vida!

La moraleja es: en las redes sociales donde haya fakes o familias, cualquier cosa loca puede pasar.

Pero quien sabe, quizá con este curriculum pueda pedir un papel de... no sé, digamos de Violet Hunter en la película de Sherlock Holmes 2. :) hay que ser optimista, ¿no?

viernes, 16 de abril de 2010

SOY UN CASO SINGULAR... QUE ES MEJOR NO ANALIZAR

Hoy, estaba yo con mis adorados atarantados de siempre, Adrian, Josh, Toño y Al. Ellos (por hombres) estaban golpeándose, y yo (por exceso de azúcar en la sangre) también comencé a golpearlos. Suena anormal, ya lo sé, pero... ¿qué quieren? Esa es mi vida... Es lo que pasa cuando una mujer criada entre puras mujeres pero hija de una mujer que se juntaba con puros hombres se encariña con sus amigos...
Aprovecho para decirles: ¡los quiero mucho, bola de idiotaaaaaaaas
Pues a lo que iba... ¿Qué era? Oh, sí, ya recordé.
Chéquense que yo volvería loco al psiquiatra más increíble deel mundo. ¿De dónde saco eso? Pues de la verdad, soy un caso médico imposible, debería estar en el libro de los records Guinnes incluso...
¿Y porqué, querida Lobita? se preguntarán. Fácil. Estas son las palabras que, según mucha gente, me describe mejor:
-¡Idiotaaaaaa!
-Despistada
-Nerd (eso para mí equivale a un insulto)
-Loca
Pues bueno... todas son ¡un error! se los demostraré.
¿UNA IDIOTA GANA DINERO FÁCIL SIN HACER NADA?
Creen que soy algo imbécil. Quizá lo sea, no lo niego, pero díganme... ¿cuántos idiotas pueden jactarse de armar planes conforme a la situación y salir ganando? A veces me pasan cosas malas, algunas peores que otras, pero a veces el destino conspira (muy amablemente) y me salen las cosas!! Ahi es cuando digo: ¿y qué show con los ateos? Pero como esa es otra historia, pues hasta ahí le dejamos. :P
Por ejemplo: un día X, mi teacher Violet, de Inglés, me dijo que el libro de 280 $ que compré no era el indicado O.O y luego el de Literatura me dijo que el libro... ¡tampoco! ¿La solución? Le di mi libro de Inglés a la "biblioteca" (le dicen biblioteca pero... :/) y me dieron 200 $ ora sí que de indemnización :D y con esos 200 $ pensé apartar los 80 $ del libro de Literatura. Me sobraron 120$ :D
Y, se preguntarán, Lobita, ¿qué hiciste con ésa fortuna amasada de la estupidez? Yo deseaba profundamente volar a la librería y comprar Estudio en Escarlata. Fui como caminando entre nubes y...
Mi madre dijo "No, yo quiero comprar un libro de Educación Padres". ¬¬ Bueno, no se puede tener todo en la vida, ¿eh?
UN DESPISTADO NO SOBREVIVIRÍA CINCO MINUTOS ALLÁ, ¿AH?
Por razones que la ciencia (o mi mami, o mi psicólogos, o mis amigos, o la Frikipedia) no ha logrado comprender, tengo una tendencia a que se me vayan las cabras al monte terrible!!
P.D Quiero una birria de cabrito, ¡ya!
Volviendo al tema, jejeje... Un despistado literalmente ¡puede moriiiiiir! ¿A poco no?
Una vez iba yo con mi Cachorra (ella es la Cachorra y yo la Lobita, ¿captan?) caminando por una avenida de por mi jacal, tan peligrosa que le llaman algunos "El Paso de la Muerte" (ADVERTENCIA PARA HOMBRES: ¡No estoy hablando de lo que creen que hablo! Cochinones). Y total que Cachorra ya iba atravesándose como Pedro por su casa. Pero yo (en mis cinco minutos de superheroina) la jalé hacia atrás a tiempo para evitar que.. ¡una inche camioneta la dejara como calcamonía!
¿Así o más looser? (Lo que me recuerda que en la papelería de la esquina tienen unas calcomanías desde... 2002).
NERD... ¡SOLO DIFUNTA!
Usar gafas y ser aplicada (a veces) en el cole, te pone ese mote fatal. Literalmente, tu vida social puede perecer clínicamente por eso. Así que el día que me dijeron: "Lobita, eres una nerd" me dio un microinfarto y desperté en el paraíso de las Pizzas.
Y, ¿cómo me quité esa marca tenebrosa de encima? Fue duro: primer paso, inscribirte en clase de Teatro, pues aunque el Teatro es mi vida entera, la maestra era una tarada de cuarta. Segundo paso: baile sexy frente a TOOOOOOODO el colegio.
Sip, leyeron bien: baile sexy. Es que en esa clase debíamos de hacer una presentación al final de bailar y cantar y yo... Bueno, todo fue por un pleito con la maestra y una chica de ésas que matan callando (quizá algún día les cuente) y ps... ni modo, tuve que inventarme un personaje mega extravagante proveniente del Moulin Rouge y bailar la canción de Lady Mermelade frente a medio planeta.
Adiós a mi imagen de ratoncita de biblioteca. Ahora soy: una gatita intelectual. Quedó mejor, ¿no?
LOCA, LOCA TE VI, NOS GUSTAS CUANDO ESTÁS LOCA...
Según un psiquiatra cualificado, mi IQ supera la media (aparentemente por ser zurda y por la educación que tuve desde que era un mini feto en la pancita de mami); esto me volvió reflexiva desde peque, guardando conocimientos de 6° grado cuando yo iba en 2°. Según la trabajadora social, yo era...
¡ESQUIZOFRÉNICA!
Ok, ya lo sé, mi comportamiento en primaria tenía de normal lo que Robert Downey Jr tenía de sobrio célibe en los 90 (o sea, NAAAAAAAAADA, bueno, lo de célibe es relativo... ¿puedes ser célibe cuando te... ejem... "quieres mucho a tí mismo"?). Pero llamarme esquizofrénica era una acusación muy, muy seria. Los maestros me daban por mi lado y mis compañeritos desgraciados me tenían pavor. Y yo, ni en cuenta de que show.
Total que me mandaron con otra psiquiatra (más cualificada) que concluyó que todo lo que yo tenía era exceso de creatividad, un sentido de humanización más agudo que el de la mayoría de los niños (reflejado por mi libertad de llorar en público y cuidar de animales), y sip, un IQ ligeramente más alto, que ellos llamaron CAS (Con Aptitudes Sobresalientes, o sea... no te la vas a acabar, nerd ¬¬).
Bueno, mis calificaciones en mate me hacen medianamente normal, pero en fin...
En resumen, soy una personita anormal que halla placer en leerse El Conde de Monte-Cristo por decimo octava vez comiendo oreos con leche y oyendo las rolas de The Futurist y escribiendo locura y media mientras sueño despierta con una noche en la ciudad y una tarde en la playa, lejos de un mundo que no parece entender qué demonios soy. Pero me vale, yo sé lo que soy y así me quiero.
Si ser normal significa oír música que apesta, tener novios a montón y darle con tubo a tu futuro... prefiero estar bien zafada.
Adiosito!!