FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.



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jueves, 22 de diciembre de 2011

LOBITA EN EL PAÍS DE LOS BEBÉS

No, no es que finalmente haya logrado que la bizarrería hiciera de mí un imán de accidentes anormales y haya terminado yo encerrada en un cunero. Se trata de una tierna (bueno, ni tanto) historia que comencé el post anterior y que hoy termino para su deleite.
Verán ustedes, hace mucho tiempo, en una galaxia no muy lejana llamada preparatoria, a cierta maestra nuestra se le ocurrió que lo más prudente era enseñarnos la responsabilidad de un asuntillo muy delicado: la paternidad.
Resulta que esta maestra nos puso por parejas al azar, apuntando primero los nombres de todas las mujeres y, sobre èstos, colocó un papel blanco dizque para que no vieran los nombres y los chicos escribieran sus propios nombres sobre los nuestros. Yo había tenido la "audaz" idea de escribir mi nombre hasta abajo, para ser madre soltera, pero quiso la mala suerte hacerme una jugada y terminé emparejada con mi mejor amigo, Alejandre. De hecho, muchas parejas quedaron terriblemente disparejas, como por ejemplo:
-Fer Jonas y el maniático pseudo científico loco nerd videojuerguista.
-Lupe la Histérica y el muchacho más ido del salón.
-Ellie y Dan, el lunático ex inquisidor general (actualmente sé de buena fuente que ingresó al ejército O.o)
En otros casos, pareciera que el cielo había destinado a la gente a permanecer junta por siempre, como los de los novios que terminaron emparejados para el experimento. Como desagravio a las chicas, la maestra nos permitió elegir el sexo del bebé. Yo, que ya en casa tenía un bebito de plástico que físicamente se notaba que era niña, lidié con el padre (o, como dijimos en secreto, el "idiota que mantenía al fruto del amor entre nosotras y el hombre de nuestra elección" -imaginarán a quién le atribuí la 'paternidad' de la nenita -) para ponerle un nombre. Y la pequeñuela terminó llamándose Victoria Rachel.
Esa muñequita de arriba fue mi hija por casi un mes (la idea era traer a los críos por dos semanas, pero la Física en esa escuela es tan inestable como si estuviéramos sobre un agujero negro así que...).
Desde el primer día hubo broncas aterradoras: madres desesperadas vs padres irresponsables, desconocimiento total de cómo cambiarle un pañal a los niños, competencia por saber qué bebé tenía el mejor guardarropa, guerra de biberones, gritos, llantos, problemas maritales (¡no, en serio, hubo unos que querían divorciarse!) y quién sabe qué tanto jaloneo más.
¿Y yo? Yo vivía en un paraíso. Claro, el paraíso me costó trabajo porque el dichoso padre de Victoria no veía mal andar cargando los bebés de las huevonas madres solteras que suspiraban por él ¬¬ y mientras tanto yo lidiaba con la mochila, el pañalero, los biberones, la criatura y el lonche. Por suerte, Abby, que tiene una vena maternal tan fuerte que decidió estudiar Docencia, me ayudó a superar el pequeño trauma del padre tonto.
Hubo muchos eventos memorables, como:
*Fin de semana de padres e hijos, y las madres fuimos libres, ¡liiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiibreeeeeeeeeeeees!
*Guardería cuando íbamos al laboratorio, porque el profe de Informática se rindió la quinta vez que sacó a ocho madres por cambiarles el pañal sobre el teclado de la PC.
*El asunto de la tortuga: resulta que por un trabajo, unos muchachos llevaron una tortuga gigante inflable. Durante el recreo, pusieron a todos los bebés encima de la tortuga y los bajaron así para tenerlos bien resguardados. Me cae que los niños, de haber sido reales, se habrían divertido como nunca.

La bebé de la izquierda es Génesis, hija de una de las del salón; la de la derecha es, claro la pequeña Lobeznita Victoria, precisamente el día de la tortuga inflable gigante.
Tambien, a causa de este experimento, me era imposible separarme de la criatura, a tal grado que Mamá Loba me exigió acondicionar una silla para convertirla en cuna (momento flashback, porque cuentan que cuando yo nací no tenía cuna, y por lo tanto dormía en una silla... sniff, soy pobre...) y el día que Fer me invitó a comer a su casa, tuve que ir con todo y niña en el camión. Aquí descubrí dos cosas, la primera, que el bebé hace contrapeso cuando vas parad@ en el camión, y la segunda que nunca falta la vieja lonjuda fea y baquetona que usará todo su trasero para que no te sientes en el asiento de al lado aunque (como en mi caso) te vea con un bultito envuelto en mantas que seguramente es un bebé.
Pero por fin, esta historia finalizó.


En la primera foto pueden ver a todos los de mi grupo con sus pequeños, el día de cierre de experimento. En la segunda, están los orgullosos "padres". El tipo de la izquierda con dos bebés y chaleco negro fue mi pareja del experimento -.- Y luego, de izquierda a derecha y de arriba abajo están: Toño, Paco, Noé, Dan, Gustav, Jez, Dante, Ramses, Hector, Rafael, Aguirre, Hugo y Diego (ah caray, me faltó gente O.o).
Cuando hicimos el cierre, hubo lágrimas, llantos y moqueos; literalmente sollozamos sobre los pobres bebés de juguete e hicimos sesión en la que por poco nos echábamos a cantar kumbaya o algo así. Y después de liberados de aquella ardua carga, en que aprendimos muchas cosas sobre nosotros mismos y sobre los demás...
JEZ: Guerra de bebés!!
Y los bebés volaron sobre nuestras cabezas.
Y esa fue la historia de cómo Lobita fue madre por casi un mes, y de muchos pormenores enloquecedores por causa de ello. Ustedes, ¿se atreverían a hacer ese experimento?
Adiosito!!

P.D El de Derecho Romano ya subió calificaciones, ¿y saben cuánto me sacó el malnacido? ¡¡70!! ¡¡70 de calificacion por todo mi bendito esfuerzo!! ¬¬ que se J-O-D-A.

miércoles, 10 de agosto de 2011

DANCE ME INTO THE NIGHT UNDERNEATH THE FULL MOON SHINING SO BRIGHT

He aquí una coleccion de mini-poemas que escribí en un día maniaco-depresivo-romantico-suicida-briago.

DANCE ME INTO THE NIGHT
Dancing over the moon
Flying like a swan without clue
Waiting the sun shine
Crying the falling bright
Dancing forever, dying in heaven
A swan, a seagull, a  raven
Who care who I am? Or what I am?
Underneath the moon light
I'm just a dancer... without light.

WALTZ FOR CHRISTINA (aja, ¿se acuerdan del cuentito que subí llamado "Cristina"?)
Underground rest my love
Underground rest my hope
My sweet Christina, my soul
The brightest light in all the home
The sleeping angel, the purest shine
They doesn't know you were my life
My sweet Christina, my lost young wife
You're now sleeping in heaven's light.

XIBALBA (de otro cuentito mío llamado "Retorno" que se los subiría con gusto si no estuviera taaaan largo).
Buscad, viajero incansable
En donde yace la ceiba encantada
Donde el farol de la muerte se apaga
Y renace la luz y la esperanza.
Ve y busca, donde ha sentado su trono
La incansable y descarnada Parca
En la casa del llanto y la pena amarga
La llave de la puerta, la puerta a Xibalba.
Que las nubes de seda y las luces doradas
Envuelvan completas las inocentes almas
Y se abra la puerta que a la Tierra llama
Que vuelvan a salvo, que vuelvan a casa.
Y al umbral que cruzas, dulce viajero
Jamás le guardes temor ni añoranza
Que el viaje que llevas es de larga andada
Hasta que llegues de nuevo a casa.
***
Bueno, ¿qué les pareciò?
Adiosito!!

domingo, 31 de julio de 2011

LACRIMOSA DIES ILLA QUA RESURGET EX FAVILLA

NOTA: Para los débiles de corazón y almas sensibles hasta a ver una mosca sin alas, mejor sáltense este blog y redúzcanse a comentar: "mi sincero pésame".
Porque hoy me toca a mi vestirme de luto ante el desafortunado evento que tuvo lugar ayer. Lo que comenzó como un momento de dicha y esperanza finalizó (como suele ocurrir) en tragedia.
El réquiem de hoy va dedicado a dos angelitos que poseían, cada uno, cuatro patitas, un par de orejas, una larga colita peluda y esponjosas barriguitas. ¿De quienes hablo? de los cachorros de mi querida Maya, que hoy descansan en el Más Allá mientras los del Más Acá no encontramos explicación aparente para tan desagradable desgracia.
Resulta que mi pequeña Maya estaba embarazada y justamente ayer inició el trabajo de parto con la normalidad que uno espera. Pero las horas se alargaron sin que los cachorros dieran señales de salir. Finalmente en un acto desesperado tuvimos que llevarla al veterinario, donde las horas se volvieron mas angustiosas cuando una blanca colita se asomó dando señales de vida. Los esfuerzos por extraer al bebé fueron inútiles, y al final, con medio cuerpo aún dentro de su madre, el pequeñito expiró.
Si esto no fuese poco, cayó la noche. Maya llevaba casi doce horas luchando por explusar a sus pequeñines, y en medio de su agotamiento fue incapaz de dar a luz al segundo, que murió en su interior, y se dejó caer agotada sobre el suelo de mi cuarto.
Tuve pesadillas casi toda la noche, llorando y temiendo hasta por la vida de mi gatita que suspiraba, casi agónica, en el suelo sin que yo tuviera idea de cómo ayudarla. Pasaron las horas y el llanto, llegó el día, tan estival como hubiera deseado que fuera si acaso los pequeñitos se hubiesen salvado. Una segunda visita al médico y por fin, el pequeño cadáver del segundo cachorrito salió y encontró su sepultura en un vulgar bote de basura. A ella, mi Maya, la tuvieron que intervenir quirúrgicamente, de otro modo, este réquiem habría sido para ella también, y yo no hubiera hallado consuelo alguno.
Tan amargas palabras no habían sido pronunciadas por mí desde hace casi siete años, cuando mi esponjoso cachorro y amigo de la infancia me fue arrebatado y arrojado a yo no sé qué sitio lejano. Su fantasma me persiguió por largos años desesperados, en que busqué el consuelo de su pérdida en cuanto perro o gato o pez o pájaro se me cruzara por el camino, sin hallar en ninguno sus dulces ojos ni su alegre ladrar. Hasta que claro, el cielo me entregó, medio herida pero viva, a mi hermosa gatita. Imaginen, pues, lo mucho que sufrí al saber que esa pequeña adoración mía estaba luchando entre la vida y la muerte, conmigo mirándola desde lo alto atada de manos y sin saber qué hacer.
Lacrimosa dies illa
Qua resurget ex favilla
Judicandus homo reus

¿Y cómo perdonarme yo el daño sufrido por ella, cuando ni yo misma sabía cómo actuar? Me reduje a mirar como los adultos, con sus cabezas metidas en todos sitios menos en donde debían, luchaban entre el corazón y la cabeza haciendo cuentas mentales de cuánto dinero les costaría salvar una vida inocente.

Huic ergo
Parce Deus
Pie Jesu domine

Pasando por la noche de angustia y por mis pesadillas recurrentes, mis ganas de llorar y gritar, de renegar de todo, de mi esconocimiento de la obstetricia, de los adultos, del dinero, de los veterinarios, de la Providencia que parecía dispuesta a quitarme lo que más quiero en el mundo, ¡qué noche, qué horas! El cielo no permita que ninguno de ustedes deba sufrir eso.

Donna eis
Requiem

Y ahora solamente me queda ella, dormida y tan débil como la primera vez que la cargué en mis brazos, sin importarme la deformidad de su cara provocada por la sangre, sin importarme las manchas de tierra y mugre en mi uniforme escolar, solo pensando en el frio de aquéllos días de invierno y en el desesperado dolor que me empujaba a hacer lo que estaba haciendo.
Ahora solo queda por decir: requiest in pace, pequeños ángeles peludos. Que en su cielo encuentren el consuelo y la dicha que no hubiésemos podido darles en la Tierra.

AMEN

sábado, 9 de julio de 2011

LA FALSA CENICIENTA Y LA CASA QUE NO ESTÁ

Nótese el sentido poético de la entrada, porque esto verdaderamente está de fábula: la historia de la criada que se convierte en princesa hasta a medianoche y un momento de melancolía, de esos que me dan cuando ando muy sensible.
Pasaré eternamente por alto el hecho de que por fin he terminado el bachiller, e ignoraré lo mal que la pasé sentada en un camión qu parecía auto-sardina (dos veces) usando unos ridículos zapatos negros que combinaban fatal con una toga roja de la cual ya les hablé, y claro, el hecho de que hayamos durado más de cinco horas en el dichoso evento y de que la Señorita Sacatripas haya (literalmente) echado a correr apenas ver a Mamá Loba sentada en primera fila. Lo que ocurrió al día siguiente fue aún más perturbador.
Verán: mi abuelita santa tiene por profesión ser docente en materia de la industria de la moda (o sea que enseña alta costura, pues) y para finalizar el curso había que hacer una exposición de los vestidos. Desafortunadamente la exposición incluía una pasarela obligatoria, y a falta de modelos decentemente preparadas, mi abuela no tuvo reparos en... ajá, ponerme a mí a modelar un diseño de uno de sus alumnos.
NUNCAMÁS: (escupiendo la rata que acababa de cazar) ¿TÚ? ¿MODELANDO? Dios... de verdad se acabará el mundo en el 2012...
Ay, no exageres, no me fue tan mal ¬¬
Primero fue necesario cambiarme un poco la cara, y como no se venden caras de supermodelos en las tiendas pues la maquillista tardó casi una hora en darme un aspecto humano a mi cara, alegando que mis ojos eran demasiado grandes y redondos, que mi nariz estaba rara, que mi boca tenía un color rojizo natural que no ayudaba en nada -____- y un eterno blah blah blah que creí que terminaría.. hasta que se puso a alaciarme el pelo y protestó porque era demasiado corto.
Y luego de eso... ¡a encasquetarme el vestido! estaba lindo, lo acepto, era de un color verde con adornos plateados (que afortunadamente no resaltaban) y mi patética vanidad se vio volando cuando el dichoso diseñador comentó en tono dizque confidencial a mi abuela que, de las cinco o seis "modelos" que éramos, a mí se me veía mejor el vestido. Claro, con lo ridículamente flaca que estoy... ¬¬  pero también mencionó que es muy difícil que aquél tonito de verde quedara bien con la piel de alguna persona (insinuando que mi piel sirve para colores muy raros, o como él dijo, colores "exclusivos"... ajá, como no, tan exclusivos como las fotos de las Malvadas Susanas de aquélla página de fans).
Total que la Lobita pasó de ser Lobita a Lobicienta en menos de lo que les cuento, aunque el príncipe (a.ka el diseñador) era lamentable y la calabaza (o sea el camión) se había tardado mucho en pasar, pero la tortura fue aun peor: fue casi una hora de estar parada sobre unos tacones que me estaban lastimando hasta que nos permitieran salir, todas comodamente acomodadas en un pasillo donde medio mundo cruzó y me pisaron como ocho veces y, finalmente, salimos.
¿Quieren saber qué tal me fue? Es algo ambivalente: por un lado hice el ridículo porque mientras las demás modelos daban lentas vueltas sobre la plataforma yo tuve el descaro de actuar cual actriz-cantante de ópera y lucir como cisne verde frente al jurado, y por otro me fue bien porque me aclamaron. Pero hay que añadir el hambre que me hizo comerme lo primero que me hallé (un sandwich que no sé muy bien de quién era) junto con una coca-cola (oooh, pepsi, perdóname!!!), y los kilos de fotografías que los jurados, el colegio y los espectadores en general gastaron en mí. Como dije, totalmente ambiguo.
Pero pasemos a otros temas más nostálgicos. Hoy, en nuestro "rincón de la poesía urbana", les hablaré de la casa que ya no está.
Cuando me subía al 7A para irme hasta el centro escolar, el camión daba vuelta por una zona que parecía una barranca en miniatura, era un terreno cubierto con follaje, algunos árboles y que decrecía, como un cañón, hasta el fondo cubierto de viejos troncos y el cadáver de un riachuelo que alguna vez cruzara por ahí. Sobre aquél cañón minúsculo, había una casa hecha totalmente de desperdicios, pedazos de madera, de cartón, algunos ladrillos... afuera, había un ridículo tendedero donde colgaban, como pieles agonizantes, las ropas de los que vivían ahí. Reía para mis adentros, al mirar sobre mi hombro izquierdo y ver los condominios gigantescos que le hacían frente a esa casita humilde y miserable que, no sé porqué razón, me alegraba el paseo y me llenaba la cabeza de ensoñaciones, de dudas, de futuros y de patrias perdidas.
Pero sucedió que un buen día, volví a la ruta 7A, me senté en el mismo lado, cruzamos junto al terreno y... la casa ya no estaba. Se esfumó como en un sueño silencioso, como una fantasía rota, como un canto interrumpido. En el sitio donde estuviera aquélla casa, ahora solo era visible un círculo de cenizas negras, y retazos de tela que me hicieron estremecerme. ¿Qué había sido de ese, mi castillo imaginativo, que un día estuviera ahí llevándome a soñar con letras que la ovacionarían y la engrandecerían, y que al otro se había esfumado en un montón de negrura y luto?
La casa que ya no está.. ¿dónde estará ahora?


P.D Acuérdense de seguir votando, un post más y se acabó.

martes, 21 de junio de 2011

¿ADIVINEN QUÉ ES? ¡VERANOOOOOOOO!

Ya sé que les prometí otro post, pero... ¡¡es verano, por Dios!! ¡VERANO!


Oficialmente hoy es solsticio de verano... ah sí, y a partir de hoy faltan tres días para el cumpleaños de Mamá Loba, pero ese no es el tema de hoy (quizá luego, pero definitivamente hoy no).


Verano. Esa palabrito mágica que escuchamos en lugares felices: canciones, películas, las voces de los estudiantes hartos de lidiar con profes diabólicos, las voces de los profes que quieren huir de sus alumnos infernales, los gringos que planean su escapadita a las playas de México a ver si logran hacer algo de su S.L.S.C.A.V.V.Y (Súper Lista de Cosas que Arruinar en Verano Versión Yankee, de la que les hablaré más tarde), los vendedores de helados, salvavidas, tejuinos, nieves raspadas, micheladas, cervezas, chanclas y otros productos que se usan cuando el calor está al tope gracias a la posición solar y al calentamiento global (momento para decir ¬¬) y, en fin, en muchos lugares la palabra "verano" tiene el mismo efecto que decir "comida" en una chafa excursión donde llevas tres horas y media caminando en círculos o "excentos" en clase de Cálculo.


Cuando llega verano, todo el mundo avienta por allá los cuadernos, los libros y los trabajos, y salen corriendo como recluso en libertad bajo palabra para gozar de casi dos meses (algunos benditos tienen hasta tres meses de summer breaks, o vacas de verano) de libertad sin límites, fiestas, viajes, paseos y sobre todo: de no soportar la jeta de su profe/jefe y mentársela vía Facebook (lo más habitual) sin temor de que el susodicho se entere, porque seguramente también estará de vacaciones en algún punto lejano de la Tierra hablando pestes de nosotros.


Pero de seguro querrán saber: ¿Y qué hará Lobita en vacaciones? ¡¡Pues lo que yo diario hago en vacaciones!!


TRABAJAR.


Ajá, leyeron bien, trabajar. Trabajar como burro de carga, como judío en campo de concentración, como hormiga en túnel, como Lobeznito que por flojo tiene kilos de tarea vacacional. Trabajar por la paga más triste del mundo, después del sueldo de los que contratan empresas como Technicolor y la siderúrgica: un mísero paseo en el interior de Lobolandia, desayuno incluído, 50% pagado. ¡ASÍ ES! Soy pobre y de familia numerosa, y tengo taaaaaaaanta mala suerte que, como TODOS los veranos, voy a quedarme súper encerradota en mi mugre manicomio (perdón, casa) en vez de conocer los dulces sinsabores de una playa a seis horas de distancia (que es lo más lejos que me queda la playa más, relativamente, cercana).


Siempre he soñado con unas vacaciones así:

Pero normalmente son así:


Lo que pasa es que, como cada verano, llega un visitante indeseado a las costas del Pacífico que se encarga de joderle la vida a los bañistas que planeaban salir pitando de sus prisiones de asfalto a estas encantadoras playas: el huracán.


No, no es un huracán, es EL huracán. Llega una vez cada año a la costa y provoca un desajuste climático que provoca... ajá, lluvia. Si mi situación no era ya deprimente, descubro que mi "Primavera en la Toscana" se volvió "Halloween en Londres" y de ahí a trabajar doble turno porque hay que salir a lavar la ropa, meterla debajo de un conveniente techo cuando llueva, volverla a sacar para que se medio seque, meterla de nuevo, sacarla otra vez, rezar para que la lluvia no caiga en la madrugada porque si eso ocurre habrá que reiniciar el proceso y ufff!!! olvídate de los paseos bajo el tierno sol veraniego, habrá que fingir que vivimos en Baltimore o algo similar si queremos ser felices (es raro, solo a mí parecen gustarme los paseos bajo la lluvia, excepto claro cuando son TOOOOOOOODOS los días, que es justo lo que pasa por culpa de EL huracán).


La última vez que fui a la playa, todo resultó hermoso: un mar alborotado por el efecto de la luna llena, un hotel modesto pero civilizado, comida italiana y bebidas sin límite, que se traduce a: PEPSI, PEPSI, PEPSI, PEPSI... y más Pepsi hasta reventar. NO ES de humanos ir a lugares como Acapulco en Semana Santa, a eso yo le llamo suicidio, en verano es taaaaaan relajante ir, porque auque haya un gordo bañista por metro cuadrado, siempre habrá lugar para tu lugar (valga la redundancia).


Se los juro, solo he ido dos veces al mar, y de la primera vez ni me acuerdo porque estaba yo en pañales (Mamá Loba me aseguró que mi primera ida al mar fue también mi primer envenenamiento etílico, por culpa de mi tío contrabandista que no halló mal en ponerme seis onzas de cerveza en el biberón), así que soy muy pobre respecto a experiencias "oceánicas". Mamá Loba asegura que esa actitud anti-pro-verano es normal en mi, porque soy signo Piscis y los Piscis no soportan estar alejados del agua, razón por la cual estoy hasta el copete de artículos de procedencia marina, o en su defecto, que lo aluden, como figuras de delfines y un paquete entero de conchas.


Lo injusto en todo caso es que hay gente que va cada tres meses al mar, y a estas alturas ya no sé si van solo por costumbre o porque aplican el dicho ese de "a comer y chupar que el mundo se va a acabar", pero yo, que ni siquiera deseo unas vacaciones V.I.P, sino solo un pedazo de océano para jugar, me tengo que pasar la existencia en Lobolandia y con un futuro incierto. Una vez mi mamá se ganó un viaje VTP a cualquier playa nacional para dos adultos y dos niños, pero no quiso cobrarlo siquiera, sin darme un motivo claro (¡¡por amor de Dios si era VTP a donde se nos diera la regalada gana!!), y desde ese día la nostalgia me gana más fácilmente.


Ya dije que no quiero un gran viaje a Cancún (aunque sería buena idea, para visitar el templo de la diosa Ix'Chel), ni un Acapulco por dos semanas. Solo ruego por un par de días en la playa más triste del mundo para llorar y luego reírme, y jugar hasta que el ocaso llame a las gaviotas a dormir y yo también me vaya a despertar de ese hermoso sueño que es la vida y volver a la dura realidad.

viernes, 16 de julio de 2010

LÁGRIMAS

Quisiera saber qué tanto miraba ella por la ventana. quisiera al menos preguntárselo, saber porqué tiene ese gesto tan triste en la mirada, porqué mira a mamá y le pregunta:
-Mamá, ¿cuándo volverá?
-¡Calla ya! -gritó mi madre, golpeándole en la cara tierna y horrorizada. Yo no entendía nada. Y ella seguía llorando.
-¡Yo quiero verla, mamá! ¡Yo quiero verla!
-Nunca más la veremos. -susurró, abrazándola.
Nunca más me verían... lo supe en el momento en que ví ese listón negro en mi fotografía. Yo me había ido para siempre, pero al mismo tiempo seguiría ahí. Hasta que mamá y mi hermana murieran, hasta que la casa se cayera en pedazos, hasta que no quedara de este mundo más que el recuerdo... ¿de quién? De nadie. Y solo así, moriría y me iría en paz.

Porque cuando estamos solos en el mundo sentimos una especie de agonía, como si fuéramos fantasmas. Rondamos, pues, en lugares tétricos buscando una mano amiga, alguien que nos ame, que nos comprenda, que nos acepte tal y como somos. Pero nunca los encontramos; ahí es cuando verdaderamente comenzamos a morir.

¡Cuántas noche de lágrimas, cuántos días silenciosos! ¡Cuánta soledad en el alma, cuyo doloroso espejo es la luna del otoño, un otoño que nos anuncia nuestra futura muerte! Porque somos seres frágiles, la vida nos cuesta trabajo, la muerte, sin embargo, llega de golpe, y no podemos caminar atrás.

Caminar... caminar largas horas por el parque, con los ojos llenos de lágrimas contenidas. Estaba tan sola, tan sola mi pobre alma... Miraba a las persona, parecían distantes. No podían pertenecer a mi mismo mundo, me dije. Su mundo estab lleno de colores, de sonidos... El mío era todo griz... y, si acaso, un tramo de luz fría... La luz que se filtra por las nubes de una lluvia que nunca cesa.

-Quiero ir a casa. -decía. -Quiero ir a casa y que todo vuelva a ser como antes.

Pero no era posible. Caminé de vuelta a ése sitio al que alguna vez llamé "hogar", mirando las losas deslucidas, sin importarme el frío que hacía. Adentro todo era igual, eran gritos, eran lágrimas... Yo no lo soportaba más.

Pasé esa noche llorando, escuchando cómo gritaban abajo, alegando que todo estaba peor que nunca. Y era verdad. Yo me estaba muriendo, ellos lo sabían, pero ignoraban que yo lo sabía también. El doctor me lo había dicho, dijo que, cuando mucho, me quedaban unos años más de vida. Lo recuerdo bien: fue el mismo día que el único ser que me amaba, mi gatito, se murió. Fue el verano más largo de mi existencia.

Entonces dije, con los ojos llorosos: pues, si iba a morir, ¿de qué me servía perecer como una patética desahuciada ahí dentro? Salté de mi cama y, silenciosamente, salí por la puerta trasera de la casa. Del otro lado, estaba un árbol hermoso. Ése árbol tenía un viejo columpio que yo usé muchas veces mientras fui pequeña. Qué dicha me dio volverlo a ver, a tocar, luego de tantos ayeres. Eran ésas memorias que deseaba tener antes de partir.

Era otoño, y el viento soplaba helado. Y pequeños copos de nieve caían. ¿Cómo? no lo sé. Pero no me importó. Así que me acosté debajo del árbol, mirando la luz de la luna filtrándose a través de sus bellas hojas. Sonreí.

Cerré los ojos, suspirando mientras sentía la nieve cubriéndome. ¡Ah, qué bella forma de morir! Me sentía plena por primera vez, plena desde quién sabe cuánto tiempo. El frío me había dejado de piedra, pero, la verdad, yo ya no lo sentía. Sólo me preocupaba ésa pesadez en el pecho, pero sabía que en poco tiempo, se desaparecería.

Con mis dedos, acaricié los brotes marchitos de las pequeñas flores que en vano habían intentado nacer bajo el enorme árbol. los sujeté, y lloré. Ellos tampoco habían logrado gozar de la vida, quién sabe porqué. Quizá porque el frío se los había impedido.

Tragué saliva, temblando. De pronto, me dieron ganas de decir algo. No había nadie ahí, así que despegué los labios y musité:

-Te quiero...

Nunca supe a quién iba dirigida la frase, pero así fue. Cerré los ojos, con la voz totalmente quebrada. Aferré con más fuerza los brotes, y me sumí en el silencio, en la oscuridad, mirando por última vez la luna brillando sobre mi cara, y el árbol que tantos recuerdos bellos guardaba...

Fue tan hermoso quedarme ahí, flotando, entre las ramas de los árboles. Mi cuerpo estaba abajo, quieto, pálido. Mi otro corazón ya no latía, pero uno nuevo, mucho más fuerte, palpitaba en mi nuevo pecho. Triné, cobijándome entre las ramas, y viendo cómo mis desconcertados padres trataban en vano de retirar mi cuerpo del árbol. No podían, las raíces de manera misteriosa me habían sujetado al suelo. Ellos no parecieron demasiado angustiados con mi muerte, pero me sorprendí al ver que el gesto de alivio en sus caras no me producía decepción, sino dicha. Ahora, ellos eran libres.

Luego, vinieron a cortar las raíces, y por fin, unos hombres consiguieron retirar mi cadáver. Me sorprendí al ver unos puntos blancos debajo de él. Esperé a que se marcharan para descender y notar cómo, en el sitio preciso donde me había acostado, habían nacido nuevos brotes blancos y pequeños.

Lloré de la emoción al descubir que, con mi muerte, había logrado tres cosas increíbles: la primera, había dejado libres a mis padres, ya nunca más volverían a pelear; la segunda, que había dejado tras de mí una nueva esperanza de vida para otros; y la tercera, que yo, por fin, estaba viviendo plenamente.

Y extendí mis alas... y así lo hice.

Porque cuando mueres con la intención de dejar atrás cualquier dolor o sufrimiento, puedes renacer a una nueva vida de dicha; y cuando, por fin, te vas para siempre de este mundo, puedes dejar a tu paso algo que le dé esperanza a otros que han olvidado vivir. Esa es la verdadera razón para vivir.

lunes, 12 de julio de 2010

LOBITA PIDIENDO SERVICIO A LA COMUNIDAD (QUÉ BAJO HE CAÍDO, DIOS MÍO)

Usualmente, soy la primera persona en enterarse o en ver alguna película (como cuando vi la de Reencarnación, donde me quedó claro que Nicole Kidman no es tan tierna e inocente como algunos desearían creer, o la de Mary Reilly que me demuestra, una vez más que lo mio lo mio lo mio es el terror del romanticismo del siglo XIX y no la saga de Chafapúsculo), pero cuando se me adelantan no uno ni dos, sino hasta 10 almas en ver una inche película antes que yo, me dan ganas de tirarme de los cabellos.
No entienden mi desgracia, ¿verdad? Es igualito a cuando te encuentras con unos tenis de lujo y a un precio rebajadísimo y en el preciso momento en que entras a la tienda ¡zas! un tipo o tipa X ya los compró y andas como loco/a buscando los mismos tenis en mil sitios (desde zapaterías de lujo donde no te puedes comprar ni medio par hasta en la fayuca de dudosa procedencia) y ¡niguas que los encuentras!
Pues así me sentí yo cuando TODOS en mi salón de buenas a primeras dijeron:
-¿El Cielo se Equivocó? ¡Ah, sí, ya la vi!
Y yo con cara de °O°
Siiiiiii, porque TODO el mundo ya vio esa película... bueno, con decirles que hasta Mamá Loba ya la vio ¬¬ ¿y yo? bien gracias. Y no me mientan, ¡¡ustedes la vieron también, sé que la vieron, no me mientan, la vieron, sí, y sólo por eso los mataré, MUAJAJAJAJAJAJAJA!!
(Se oye un sartenazo y vuelvo a la normalidad).
Ejem, como sea...
Y como si esto no fuera ya suficientemente exasperante, mi mente voló hasta los más tiernos y recónditos recuerdos de mi infancia (porque sí tuve, ¿eh? a veces... hmm...) y entonces me acordé, así sin querer la cosa, del primer especial de Navidad que ví.
Siendo sinceros, a mí me gusta la Navidad. Lo que me choca es el ambiente tan estresado que se vive tiempo antes de la medianoche, es... como decirlo.. ¡frustrante! Pero cuando era una Lobitititita, osea a eso de los tres o cuatro años de edad, pues era más fácil sobrellevarlo, ¿no? Y me sentaban a ver mil especiales de Navidad. El de ley era el Christmas Carol de Dickens en CUALQUIER versión (porque existen como chorroscientas), y ya que si el especial de Navidad de los Picapiedra, de Bugs Bunny, de los Muppets, de Linda Lovely.. ¡ah no ese especial de Navidad no me dejaban verlo! jijijijiji.
Ya hablando en serio, el primer especial navideño que vi (y que recuerdo) fue uno con los Muppets que se llamaba "El Arbol Navideño del Sr. Willowby". ¿Y de qué se trataba? ¡Pues no me acuerdo bien! era de un tipo que quería un arbol de Navidad pero no tenía (árbol) y total que se arma un zandengue con todo y ratones de peluche incluídos y todos terminaban muy felices.
Y ¿porqué les cuento esto? Porque por primera vez desde que estoy aquí, quiero pedirles, suplicarles, rogarles de rodillas si es necesario que...
ME AYUDEN A ENCONTRARLAS!!!
Así que si fueran tan amables de darme links para ver online o ya de plano descargar ambas películas, los amaré por el resto de la eternidad, ¿ok? Ahí les van los títulos:
El Cielo se Equivocó (1995) título original: Chances Are.
Mr. Willowby's Christmas Tree (1995)
Me harían ese gran favor? Poooooooorfas :)

martes, 4 de mayo de 2010

ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE CON RECUERDOS DE TIERRAS LEJANAS

Fijense ustedes que hoy pensaba platicarles de mi vecino, ese que se parece un chorro a Indio Downey (es en serio, asi se llama el chamaco), pero luego como que me dio flojera. Y total que hoy les platicaré de lo que fue mi época más dichosa: la secundaria.
Porque ahora que (segun mamá Loba) soy una vieja sesentona con amoríos exóticos, uno como que se acuerda de cosas lindas, momentos padrísimos y situaciones más chéveres. OJO: no estoy diciendo que en el mugre reclusorio penal-psiquiatrico donde estudio ahorita esté del nabo, solamente digo que la secu era genial, tenía a mis mejores amigos y ps... ya ven.
Hagan de cuenta que el otro día me compré la revista OK! donde salían, entre otras cosas, fotos de mi amore Robert John Ford Elias Downey Jr (RDJ para los amigos y cualquier enamorada-psicotica-obsesiva-compulsiva-con sueño guajiro de ser famosa para conocerlo), y total que yo iba caminando por mi linda casita sin chanclas leyendo la entrevista, cuando el hijo de satanás (o sea mi hermano) pasó corriendo como diarreico directo hacia el baño bendito, y en el proceso me pisó mi dedito en el que, un par de días antes, me había desenterrado una uña. El dolor fue tal que grité así tipo la niña del exorcista y me tropecé, golpeándome la cabeza en el acto.
El resultado fue obvio. Me subí a mi jaulita (habitación) con un dolor de cabeza fatal y planeando la venganza contra mi hermano; pero en lo que hacía planes, me encontré con mi vieja caja de recuerdos de la secu, donde tengo fotos, cartas, dulces megarancios que guardé como recuerdo y mil cosas más, y mi mente viajó al último año de la escuelita, recordando a mis "bitches", que era, por alguna razón, como nos bautizó Cachorra, hasta que le dije que dejara de ver RBD y se le pasó la locura.
CACHORRA: Mi mejor amiga (o como ella decía, BFF, Best Friend Forever). Fan de RBD, High School Musical, Orlando Bloom y que soñaba con ser una Cheetah Girl. Enamorada de la vida, Babs (su verdadero nombre) ha sido de todo: regaettonera, emo, fresa... terminó siendo americanista-fresa. Buenoooo...
LUMI: Otra amiga. Esta fan de Campanita fue de hecho, ¡la primera amiga que tuve en la secundaria! y la última... wow, se oyó de telenovela, ¿no?
LLANI: Era mi chiqueada, porque la pasaba fatal. Nos quieríamos mucho ojo no piensen mal, esta advertencia va sobre todo para los hombres ¬¬). Bueno lo que se actualmente de ella es que se casó (sip, me llevaba un año y aparte era de otra religion) con un chico que ¡me gustaba! No se considera traición pq ella no sabía que me gustaba. Tengo un dibujito que ella me hizo de una flor :)
TODOS LOS ROB'S: Luis Roberto, Beto, Roberto Juan y Julio Roberto. Esos cuatro Robert's eran también de nuestro grupito de compadres, y eran como el demonio de tasmania.
WALDO: A este tipo lo conozco desde ¡kinder! En aquélla época llegaba al mini restaurante de pizzas que tienen sus padres a pedir dos rondas de pepsi, ¡y claro que me las daban! El único problema: TODO el mundo creía que éramos novios, a tal extremo que su propia hermana mayor un día me saludó hiper amable y me dijo: "Entonces... ¿soy tu cuñada?" ¡Ni muerta!
Y total que con este alegre grupito de enfermos mentales la pasaba yo de lujo: era como si, en vez de escuela, fuera a un parque de diversiones todos los días. Y claro, como en cualquier parque de diversiones, están los guardias de seguridad que nomás te friegan (los maestros) y los gandallas (todas las demás personas).
Mis profes eran ¡del nabo! Uno era un sádico por excelencia y le gustaba jorobarnos la vida dejándonos trabajos terriblemente malvados (y según recuerdo, era el de matemáticas ¬¬), otra vieja, literalmente, ESTABA LOCA, y por su culpa todo el salón fue suspendido por un día a partir de las ocho de la mañana (y según recuerdo, ese día dije "me vale" y me fui con mis amigas del alma a un paseo por toda la ciudad ^^), y otro que con solo verlo, uno se enteraba que era un pervertido O.o
Pero como toda escuela, tiene su lado bueno: en este caso el lado bueno eran... los extranjeros. ¡Sí! Cada inicio de curso entrando de vacaciones de Navidad, llegaba uno o dos estudiantes de Inglaterra a dizque apoyar las clases de inglés.
Pues bien: en tercero llegó un chico llamado Alexander que, vamos siendo francos, no estaba de mal ver, y yo como niña buena que soy (ajá, tú) me agarré de mi conocimiento del inglés y decidí hablarle. El resultado: ¡un novio!
Exactamente, porque no me crean tan extraña, he tenido novios, simplemente que con este me volé la barda debido a que me enamoré de un no-mexicano muy cotizado, ¡y amé esa época al ver las caras de envidia de todas las malditas mocosas que, tan solo unos meses atrás, se burlaban de mí y me llamaban rara! ¡Ooooooooooh, deliciosa venganza!
Lo malo fue que el gusto me duró poco, porque como siempre ¬¬ se coló una... ejem... "amistosa" chica que, yo sabía de buena fuente, tenía novio y se dejaba sabrosear por todos los hombres de su salón (¡toma!) que hizo de todo con tal de separarnos.
Lo consiguió ¬¬
Pero no se salió con la suya la muy p***!! ni crean!! Sí, nos separó porque él dejó de ponerme atención, pero ¡ella no logró hacerse su novia! a él no le interesó, así que (perdonen la palabra):
ZORRICUETA: 9.0
LOBITA: 9.5
¡Y ese fue el marcador final! :D
Así que sip, la secu fue un show como pa vender boletos y agotar la temporada, ¿ustedes se acuerdan de ella? Yo sí, y le tengo mucho cariño. Con todo y las viejas malditas que diario me fregaban por ser como soy, los maestros dementes y la vez que nos encerraron a media escuela por diez horrorosos minutos en el audiovisual, la verdad... ¡la extraño! Fue súper.

viernes, 2 de abril de 2010

NOSTALGIA




Como hoy es viernes Santo, voy a escribir un post un poquito más serio de lo habitual, ¿ok? P.D No se me depriman, la nostalgia no es tan mala.


Hoy me dí un paseo larguísimo y acabé muerta. Fui a un parque de diversiones y, entre una cosa y otra, terminé en un parquesito común y corriente. Colgada de un columpio, me agarró una melancolía fatal, y comencé a pensar en cosas que a mí me hacían feliz, que me habían hecho feliz alguna vez, y que quería recatar del estambre empuercado de mi cabeza olmeca para que no se extraviaran para siempre.


Extraño muchas cosas. La noche, no la noche cualquiera, que puedo ver desde mi ventana y meditar mientras tanto, me refiero a la noche auténtica, la que yo recuerdo de mi amado verano. Una noche llena de ruidos en la ciudad, de luces que parpadean, como solecitos extraviados, y con el viento rugiendo ferozmente y colándose por las ventanas del micro o del taxi, como si me dijeran algo que no entiendo, alentándome a dejar atrás cualquier desdicha o pesar, y siguiera adelante y volviera a reir, reir en ese momento, con la luna encima mío y el murmullo ya no de una urbe agitada que no duerme, sino de las fachadas viejas, mexicanas en toda su estampa, de familias, de canciones perdidas, de estrellas que ya no cuento porque no soy ninguna bebita. Y cuando toco tierra otra vez y me escondo en las sábanas para dormir, comienzo a extrañarla, con todo y que está, obviamente, ahí conmigo.


También extraño, y con más fuerza todavía, el mar. He ido como... dos veces nada más, y de una no me acuerdo porque era mini (1 añito apenas... ¡qué sadismo de meterme a las olas!). Pero haber estado de pie, desclanza, sintiendo la arena que, a ésas horas ya está fresca, mirando el sol que se extravía en el mar, y las últimas olas acariciando la playa abandonada... El lamento continuo de las gaviotas, y también, con suerte, algún llamado lejano de un delfín, es como una canción de cuna para mí. O algo más hermoso aún: una memoria intacta, libre de tristeza y desesperación. El eco del mar es como la nostalgia misma, potente y constante, que cada vez que viene, viene cargada de historias, y a veces lastima, sí, ¡pero es tan bella!


Extraño mis ocasos en el mar. Extraño mis noches siendo libre. No extraño, sin embargo, la libertad, porque la poseo y la gozo muchas veces. Pero el murmullo del viento entre los árboles no es más que una parodia armoniosa y amable del agua y del viento nocturno mismo.


¿Será que, algún día, pueda ser capaz de caminar bajo la lluvia y llegar hasta ésa playa tan querida y, así, volver a disfrutar del anochecer? ¿Podré volver a llorar sobre la playa y contarle mis secretos? Que se vayan esos secretos con las olas, y oír al mar cantarlos sin que nadie los oiga jamás, mientras el día va muriendo... y yo con él.