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sábado, 1 de diciembre de 2012

MEMORIAS DE MIS LOCOS TRISTES

Mientras la capital de México se revuelve entre un montón de histéricos corajudos, un presidente con taras y el Centro Histórico hecho papilla, nosotros seguimos aquí dándole la bienvenida al primer día de diciembre, algunos pensando que nos quedan 20 días de vida, otros tantos pensando que son menos porque los exámenes prevacacionales son más terroríficos que cualquier profecía apocalíptica. Pero hoy, entre principios de mes y finales de un sexenio bastante bruto, platicaremos de otro tipo de disturbio que afecta a la población, una especie de daño causado por una enfermedad mortal y contagiosa mejor conocida como... enamoramiento.
Pero hoy no vengo a reiterarles lo que les vengo diciendo (que el amor apesta), sino a hacer una beve litografía de todos esos locos tristes que vieron en mi rara cara una posibilidad de yo no sé qué rayos y terminaron de un modo u otro chocando de nariz, o en su defecto, la que se rompió todo el osito bimbo fui yo. Repasemos esta tragicomedia de la vida, desde el más reciente al más antiguo, para que veamos que en estos negocios del corazón no hay nada nuevo bajo el sol. (Rayos, eso fue un verso).
EL LOCO TRISTE CONFUNDIDO:
Se da el caso que alguien te mira y de inmediato siente un "algo" por ti, mientras tú... bueno... lo miras y sientes otra cosa, pero ese "algo" definitivamente no. Tal fue la historia de alguien a quien llamaremos simplemente Sr. L. Sr. L vio ese algo en la Lobita que, para desgracia suya, jamás fue compartido, y creyó fácil pegarse cual pez payaso a anémona pensando que la teoría familiarista (ésa que dice que entre más tiempo pasas con alguien mejor se adapta a tí) podría funcionar con alguien que está a punto de pedir por correo a Japón una caparazón gigante para ausentarse del mundo y abstraerse en paz. El resultado de tan bizarra experiencia fue el equivocado, pues la Lobita se dio cuenta de que no estaba en posición de aceptar tal galanteo y, con la mayor sutileza posible, lo hizo retazos. Triste, pero necesario.
EL LOCO TRISTE ATRABANCADO:
Corría el mes de febrero. Lobita paseaba asustada entre varios tipos altos, rubios y de ojos azules (¡No, les juro que no es una fantasía adolescente, esta fue real!) que hablaban un feo idioma mejor conocido como alemán y que hacían muro humano entre la pobre servidora y una mesa llena a reventar de deliciosos canapés y trufas de chocolate que yo tanto ansiaba. En mi camino por obtener el codiciado tesoro se me cruzó alguien, a quien llamaremos simplemente Who (porque jamás supe su nombre) quien, con un marcado acento chilango, dijo:
-¡Ay, perdóname por atravesarme! Oye...¿tú eres de aquí?
Y la Lobita, con su acento de lobolondiana, le contestó lo obvio. A esot siguió una serie de preguntas dignas del FBI (¿dónde vives? ¿qué haces? ¿vas a estar aquí toda la noche?) y otras tantas más que corté del modo más sencillo y frío posible, es decir, escabulléndome entre los germanos para desaparecer de su vista y, de paso, robarme las trufas. Así terminó esa fugaz historia, pero no es la peor...
EL LOCO TRISTE DESESPERADO:
Una alegre (jaja) mañana en Lobolandia. Lobita, un museo móvil de dinosaurios...¿qué podía salir mal? Pues que un sujeto a quien llamaremos Sr. R se le atravesara y, con sus aires de hipster/hippie/punk comenzara a seguirla cual vil sombra y a murmurar en voz pausada palabras "dulces" y "halagadoras". La cosa se hubiera acabado ahí de no ser porque al atrevido Sr. R se le ocurrió tomar de la mano a la Lobita e intentó plantarle un beso. Lo que terminó plantado en su cara fue un gancho izquierdo que lo dejó viendo la constelación completa mientras Lobita, muy ofendida y riendo por dentro, desaparecía contoneándose cual dominatriz en su ambiente natural. Así concluyó esta trágica historia de amor frustrado.
EL LOCO TRISTE TÍMIDO:
Era el triste año de 2008. Mientras el silencio dominaba la escena, con el cantar estival de principios de verano y fin del ciclo de educación media, Lobita recibió una carta de amor (con despreciables faltas de ortografía) de un confeso anónimo quien, de manera atropellada, le confesó su devoción, admiración y exhaltación (o lo que fuera que todos aquéllos garabatos significaran). Buscando el origen de tan lamentable Romeo, Lobita se enteró que el susodicho era un muchacho de un salón contiguo, de mejillas hundidas y ojos aletargados que palidecía al verla pasar. Su actitud doble de enamorado fervoroso y llorón asustado terminaron por cansarla y, un buen día, Lobita no aguantó la tensión y le gritó:
-¡¿Deja de hacer eso, quieres?!
Y así fue.
EL LOCO TRISTE EXTRANJERO:
Esta historia ya se la conocen de cabo a rabo, excepto por unos minúsculos detalles: lo incluyo en la lista de mis locos tristes porque, años más tarde y analizando la situación fríamente, me di cuenta (con mucho pesar) que daba visos de enamoramiento hacia mi bizarra persona, rasgos que no se dieron a conocer en primera, porque los británicos son la gente más fría de todo ése lado del Atlántico, y en segunda, porque por las imposiciones del director, que comenzó a ver un superávit en el uso de maquillaje, escotes, minifaldas y ropa interior a la francesa desde que el fuereño apareció, amenazó con enviarlo en caja sellada de vuelta a Gran Bretaña si lo encontraba al lado de alguna de las alumnas, por lo que las visitas diarias se volvieron tema de romance prohibido digno de Shakespeare.
EL LOCO TRISTE INOCENTE:
Tal vez la historia más lamentable y melancólica sea la primera, originada cuando la Lobita tenía apenas once años. En una época donde apenas estaba conociendo los sinsabores de tener un hermano pequeño y llorón y de conocer el verdadero significado de la palabra "acné", su noviazgo fugaz con un compañero de clases resultó en falacia. Además de que es bien sabido que las mujeres maduran psicológicamente mucho antes que los hombres, el pobre muchacho, a quien llamaremos Sr. A, no tomó en cuenta el alcance del compromiso y a las dos semanas terminamos envueltos en una relación hermano-hermana que, al menos, produjo un desasociego en el corazón de quienes lo vivieron. Porque el primer noviazgo es una bobada, mas el primer amor...es un cuento muy diferente.
Así concluímos con esta historia breve y ridícula de los kamikazes que intentaron galantear a la princesa Turandot región 4 y sólo consiguieron quedar en los anales de la historia como valientes exploradores.
Pues ahora los dejo y espero poder publicar más, aunque ciertas calificaciones me dicen que quizá eso no será posible muy pronto...¡¡Adiosito!!

miércoles, 3 de octubre de 2012

EL NACIMIENTO DE LA LOBITA, O DE COSAS DESGRADABLES DEL PASADO

Ya saben ustedes y ustedas (rayos, deberían incluir esas palabras a la jerga local) que no soy muy fan de bajarme la autoestima al prójimo, prefiero hacerlo sufrir con historias macabras y esas cosas  pero hay ocasiones en que la necesidad exige que nos pongamos serios y hablemos de cosas que, en otras situaciones más pintorescas no mencionaríamos, llámenle el Holocausto, el cuento de Heminway, las calificaciones que parecen panteones dibujados...Y el bullying.
Muchos aqui (espero) están en contra del bullying. La gran mayoría de seguro conoce a alguien que ha sido o es víctima de bullying, y algunos cuantos solo se unen a la causa porque saben que es algo malo (es como el apartheid pero en versión escolar, para que se den una idea). Pero habemos algunos, muchos algunos, que estamos en contra por razones mucho más tristes, mucho más significativas. Esos alguienes entramos en dos categorías: o perdimos a alguien muy querido por culpa del bullying, o nosotros mismos fuimos víctimas.
En mi caso...(atáquense) es la segunda razón.
He aquí pues la triste historia de como una niñita llamada Itch tuvo que convertirse en una Lobita cruel, fría y fuerte para sobrevivir.
Hace ya muchos ayeres, entré a la secundaria muy contenta y emocionada, esperando que pasaran las cosas más geniales y ver si aquí, por fin, encontraba amigos (el caso es que soy antisocial desde que me acuerdo, casi siempre porque mis ideas, como de seguro ya se dieron cuenta, chocan con las de medio mundo); al principio todo era normal, tranquilo...Y al cabo de dos meses pasé ser de persona non grata a víctima directa del bullying. ¿La razón? TODOS en la escuela eran personas completamente fuera de foco, al menos para mi. Las chicas usaban escotes innecesarios, faldas excesivamente cortas, maquillaje hasta donde no se suele usar, y los chicos...bueno, su aspiración en la vida era ganar dinero fácil y rápido y tener a cuanta muchacha pudieran; todos sin excepción gustaban del reggaeton y la banda, de las fiestas y los insultos, las bromas y el pandemonium. Yo, protegida por mis libros, mi música y mi concepto de locura, no pegaba con ellos ni con cola loca, y tomaron la decision de que, si no podían convertirme en una de ellos, entonces me harían cachitos.
Durante casi dos años, el acoso fue continuo y en muchos niveles. Insultos desagradables respecto a mi miopía y a mi forma extraña de caminar (con la cabeza agachada) me regalaron apoditos tan simpaticos como "ciega" y "jorobada"; la diversión era casi románica, y la bestia a la que torturaban en su coliseo personal, o sease el salon, era yo. Golpes con papelitos, dulces y borradores eran lo común, pero si se sentían "inspirados" tenía que esquivar latas de refresco; cuando menos me lo esperaba, perdía un cuaderno o mi sueter, y solía encontrarlos en el bote de la basura; se burlaban de mi pelo, que siempre he llevado corto. Se burlaban de mis lentes y a veces me los quitaban para usarlos de pelotas de tenis (yo aun no me explico como sobrevivieron a tanto embate); a mi llanto desesperado seguía el eco de las burlas que a veces todavía me persiguen... "Miren a la ciega, esta llorando...no vas a ir con tu mami a llorar, horrorosa???" y otras cosas similares eran lo que debía soportar con estoicismo. Yo, por mi parte, no dije nada a los maestros, porque eso era echarme la soga al cuello; y, cuando éstos se dieron cuenta, no hicieron nada en absoluto. Mamá no se enteró, estaba pasando una mala racha emocional y no quería empeorársela.
Mi refugio de tanta tortura era la biblioteca. Ahí me secaba las lágrimas en las páginas de Poe, de Maupassant, de Verne. Ahí siempre había un eco del pasado que me susurraba que todo podía ir mejor. Ahí, como era terreno vedado para los otros, conocía la paz. Cuando salía de la escuela, corría a toda prisa a mi casa a tirarme en mi cama para llorar la amargura y el odio. Desee, por primera vez en mi vida, ver sucumbir a alguien en la angustia y la desgracia; quise desgarrar sus caras con mis uñas y echar carbonato en las heridas sangrantes de aquéllos que se divertían con mi dolor para hacerles sentir una milésima parte del horror que yo sentía diariamente. En mis sueños, la realidad se distorsionaba: no había golpes, no había burlas, podía escapar fácilmente de las trampas y de los encierros, y ellos se marchaban para siempre. Pero no era así, nunca fue así. Y tenía que pelear día a día por conservar la calma en ése caos enfermizo. A la pequeña lobezna que había tropezado sin querer en su lazo la apaleaban día tras día, desgarrando su piel y dejándole marcas permanentes.
Ellos no contaron con que la lobezna crecería, y con ella, también sus garras y sus colmillos.
Después de tanta soledad, tristeza y miedo, finalmente, un día, me llegó la libertad. Y no fue gracias al apoyo de nadie, sino de una amistosa mano extranjera, que no tenía deber de ninguna clase conmigo, pero que por primera vez desde que había llegado al Noveno Círculo, me hizo sentir contenta, confiada y querida. Y gracias a ésa amistad, logré sacar fuerzas. Logré salir del agujero, logré sentarme en un rincón y curar mis heridas hasta que me repuse y me fortalecí. En tercer año, el bullying continuaba por parte de unos cuantos, pero su poder se había reducido considerablemente. Sus palabras se volvieron mudas a mis oídos, sus burlas se esfumaron, sus ataques ya no dolían. Sólo era cuestión de tiempo, me dije, para formular mi venganza; y la venganza llegó, otra vez desde el otro lado del Atlántico, como un vendaval con tintes anglosajones que despertó la rabia de muchas y el desconcierto eterno de mis enemigos, que no reconocían en mí ninguna belleza física y no comprendían como alguien podía ver en mí virtudes que me hacían digna de tener una amistad. Y solamente así logré quitarme para siempre el estigma, y...¿ellos? Poco importan para mi. Sus caminos son tan opuestos al mío que no vale la pena preguntárselo, aunque sus nombres quedaron adheridos a mi mente y mi corazón con el dolor punzante que deja una vieja herida, como deben sentirse los restos de los campos de concentración en Europa, recuerdos imborrables pero que a la vez te hacen más fuerte, y te hacen ver las cosas desde otro ángulo.
Lo cierto es que no todos poseen la suerte de sobrevivir a experiencias idénticas. Muchos se quedan en el camino, desesperados y atemorizados, y terminan su vida sin asimilar que cuando salgan de ése averno en que las escuelas se han convertido todo cambiará. Por eso digo que, sin importar cual sea tu caso, ames tu vida y luches para lograr tus objetivos, sin importar cuantos esten ahi para impedirtelo.
Y bueno, así concluimos esta deprimente crónica del origen de mi acusada frialdad hacia otras personas. Espero que estén todos bien y recuerden, nunca hagan a otros el daño que no desean sufrir también. Adiosito.

miércoles, 11 de abril de 2012

HADES ANTE MIS OJOS

Dicen por ahi que la curiosidad mató al gato. Bueno, a lo mejor el gato alcanzó a saltar a tiempo y se salvó por poco, pero no por eso dejará de sentirse aterrorizado al haber metido sus naricitas en lugares (y momentos) que no le correspondían.
En ésos términos, quiero dar a entender que en esta ocasión, el gato curioso fui yo.
¿Alguna vez han visto a la muerte de frente? ¿No han sentido a la vez la curiosidad casi morbosa de observar los vestigios que la Parca deja atrás cuando destroza una vida con el filo de su hoz, y al mismo tiempo el deseo irresistible de apartar la mirada y huir, por temor a invocarla? ¿Jamás han tenido la impresión de que, de lejos, ésta destrucción parece casi irreal, mientras que cuando la contemplamos, la percibimos y la respiramos, pareciera poseer por un instante nuestro ser, paralizando el cuerpo y alterando el alma? ¿No han sentido el aliento del Cerbero a su espalda o los ojos desiguales de Hela cuando saben que la Destructora acaba de cortar otro aliento en un lugar, en un tiempo, en un sitio que siempre ha sido nuestro y que creíamos seguro?
Una mañana de primavera no puede ofrecer un espectáculo más triste que el de una muerte. Y justamente eso ocurrió hoy, con el sol en su punto más alto y con vientos de esperanza revolviéndole el cabello a cualquiera, excepto a alguien, o a quien alguna vez fue alguien, que ofreció sin querer un espectáculo más digno de una novela de Poe que de una fresca poesía estival.
No es la primera vez que veo ante mí un cadaver, y dudo mucho que sea la última ocasión. Tenía catorce años cuando vi a mi primer muerto; la situación era tan truculenta y surreal que a veces me pregunto si no estaba alucinando. El hombre (creo que era un hombre joven) estaba tirado en la entrada de una iglesia; no pude ver su rostro, sólo parte de sus ropas, manchadas en sangre que formaba un charco a su alrededor en el suelo, y a su alrededor pululaban los de la SEMEFO mientras la gente (supersticiosa pero curiosa por naturaleza) mantenía prudente distancia. Yo desvié la mirada, no me atraía ésa clase de escenarios macabros y estaba dispuesta a mantenerme alejados de ella el mayor tiempo posible.
Pero nada se compara a la soledad que podía percibirse ésta, una mañana estival y alegre, cuando las súplicas de las vecinas atrayeron a la multitud apiñándose en la casa de enfrente. Mamá Loba, leal a su culto hipocrático, fue la primera en atreverse a penetrar en aquélla oscuridad, porque incluso a ésas horas alegres, en interior de la vivienda estaba cubierto de penumbras, y se respiraba el aire pesado y dulzón que te hace saber que algo, ahí, no está bien.
Seguí de cerca la silueta de mi madre y de la vecina, demasiado consternada para decir palabra, y subimos calladamente las escaleras hasta llegar a la habitación; Mamá Loba entró, ella tiene la sangre fría como reptil cuando de éstas cosas se tratan, pero yo no. Me quedé haciendo guardia (¿de qué? ¿contra qué?) en el resquicio de la puerta, desviando la mirada a todas partes. Era una recámara pequeña, con varios adornos que en la semioscuridad parecían antigüedades abandonadas a su suerte. Y sobre el lecho, lo que vi... No podría describir jamás lo que vi, y ahora que lo pienso bien lo escribo por temor a que anide en mi mente y me torture durante las noches, como ocurre con cualquier miedo infantil.
Es verdad que a veces la muerte hace sobre los cuerpos el papalote que se le antoja, y que en ésas ocasiones puede dejar tras de sí un aspecto casi inocente y dulce, ingenuo, haciendo que su víctima parezca dormir el sueño eterno; pero aquélla visión distaba mucho de ésa calma tan recitada, y aunque mis ojos no se atrevieron a buscar el rostro, sí se fijaron en los vestigios de largas semanas de agonía, resentimiento y anhelo que todos en la calle sentíamos, no sólo por quien, lentamente, se marchitaba, sino por quien le sobreviviría, y cuya carga cada insante se volvía más insoportable.
Clavé los ojos al piso; Mamá Loba, estoica como siempre, pidió un teléfono y llamó a los paramédicos. Éstos confirmaron la noticia con el mismo gesto de sobriedad que ella, mientras la otra vecina parecía al borde de un ataque de histeria y yo lidiaba con los latidos inquietantes de mi corazón. Todo estaba en silencio, no se oía ni el aire, ni el reloj, ni nada, a excepción de las voces que resonaban como en un eco eterno.
No pude más y me alejé; vi cómo Mamá Loba ponía la blanca sábana de sello sobre la víctima de Mortis y me ordenaba silenciosamente que bajara. Lo supe en cuanto la vi, ella sentía cómo algo en mí se estremecía de miedo y de horror, ante la presencia aún persistente del tiempo finalizado. Y cuando volvimos al aire frío y menos viciado de la planta alta, ahí donde la luz del sol lograba colarse, se dispusieron a hacer un auténtico atraco, en búsqueda de los papeles requeridos para el acta de defunción. Recordé al señor Valdemar, del relato de Poe, pensando en el tétrico parecido que había entre éste muerto-vivo y quien reposaba en la planta alta, y luego mi imaginación aterrizó en la novela de La Dama de Negro, mientras miraba a las dos mujeres adultas inspeccionar los papeles al mejor estilo victoriano (con media luz, como si todo fuera una farsa sarcástica) a la vez que intentaban comunicarse con la superviviente de aquél negro ambiente. El teléfono no dio señales de vida. La casa entera estaba muerta.
Por fin Mamá Loba me ordenó marcharme, sin antes dedicarme una mirada que significaba alivio, y ordenándome suavemente:
-No te asustes.
Obedecí y salí casi corriendo de la casa. El sol entibió mi piel y el viento revolvió mi cabello. Sonreí. Estaba viva. Estaba fuera del sepulcro, de ésa entrada del Tártaro donde Hades miraba indulgente a los hálitos vivientes que se movían en su nuevo reino ganado, en su nueva pieza de ajedrez.
Al término de éste post, Mamá Loba sigue allá, y yo intento relajar mis nervios y vomitar mis miedos en éste mismo sitio. Todavía percibo el aroma podrido y dulzón de la vivienda, y me muero de ganas de tomar un largo baño para echar a la Cegadora de mi cuerpo; pienso en Baglietto y su Tango de la Muerte, que me parecía tan cómico, y ahora que lo pienso me doy cuenta de la tétrica verdad ocultas en sus alegres palabras y me pregunto... ¿cuándo volverá el reloj de arena a detenerse, alterando el ciclo pacífico de nuestro mundo? ¿Cuántos más tendrán que cruzar la oscuridad de la noche para ingresar a una oscuridad mayor antes de ver la luz final?
¿Y qué hay de mí? ¿Podré reposar tranquila sin ésos ecos del más allá clamando a mis oídos: "gatita curiosa, metiste los bigotes en donde no te llamamos"?
Nunca es fácil mirar a la muerte de frente. Pero como todos la veremos algún día, más nos vale estar preparados para lo que venga.

sábado, 9 de julio de 2011

LA FALSA CENICIENTA Y LA CASA QUE NO ESTÁ

Nótese el sentido poético de la entrada, porque esto verdaderamente está de fábula: la historia de la criada que se convierte en princesa hasta a medianoche y un momento de melancolía, de esos que me dan cuando ando muy sensible.
Pasaré eternamente por alto el hecho de que por fin he terminado el bachiller, e ignoraré lo mal que la pasé sentada en un camión qu parecía auto-sardina (dos veces) usando unos ridículos zapatos negros que combinaban fatal con una toga roja de la cual ya les hablé, y claro, el hecho de que hayamos durado más de cinco horas en el dichoso evento y de que la Señorita Sacatripas haya (literalmente) echado a correr apenas ver a Mamá Loba sentada en primera fila. Lo que ocurrió al día siguiente fue aún más perturbador.
Verán: mi abuelita santa tiene por profesión ser docente en materia de la industria de la moda (o sea que enseña alta costura, pues) y para finalizar el curso había que hacer una exposición de los vestidos. Desafortunadamente la exposición incluía una pasarela obligatoria, y a falta de modelos decentemente preparadas, mi abuela no tuvo reparos en... ajá, ponerme a mí a modelar un diseño de uno de sus alumnos.
NUNCAMÁS: (escupiendo la rata que acababa de cazar) ¿TÚ? ¿MODELANDO? Dios... de verdad se acabará el mundo en el 2012...
Ay, no exageres, no me fue tan mal ¬¬
Primero fue necesario cambiarme un poco la cara, y como no se venden caras de supermodelos en las tiendas pues la maquillista tardó casi una hora en darme un aspecto humano a mi cara, alegando que mis ojos eran demasiado grandes y redondos, que mi nariz estaba rara, que mi boca tenía un color rojizo natural que no ayudaba en nada -____- y un eterno blah blah blah que creí que terminaría.. hasta que se puso a alaciarme el pelo y protestó porque era demasiado corto.
Y luego de eso... ¡a encasquetarme el vestido! estaba lindo, lo acepto, era de un color verde con adornos plateados (que afortunadamente no resaltaban) y mi patética vanidad se vio volando cuando el dichoso diseñador comentó en tono dizque confidencial a mi abuela que, de las cinco o seis "modelos" que éramos, a mí se me veía mejor el vestido. Claro, con lo ridículamente flaca que estoy... ¬¬  pero también mencionó que es muy difícil que aquél tonito de verde quedara bien con la piel de alguna persona (insinuando que mi piel sirve para colores muy raros, o como él dijo, colores "exclusivos"... ajá, como no, tan exclusivos como las fotos de las Malvadas Susanas de aquélla página de fans).
Total que la Lobita pasó de ser Lobita a Lobicienta en menos de lo que les cuento, aunque el príncipe (a.ka el diseñador) era lamentable y la calabaza (o sea el camión) se había tardado mucho en pasar, pero la tortura fue aun peor: fue casi una hora de estar parada sobre unos tacones que me estaban lastimando hasta que nos permitieran salir, todas comodamente acomodadas en un pasillo donde medio mundo cruzó y me pisaron como ocho veces y, finalmente, salimos.
¿Quieren saber qué tal me fue? Es algo ambivalente: por un lado hice el ridículo porque mientras las demás modelos daban lentas vueltas sobre la plataforma yo tuve el descaro de actuar cual actriz-cantante de ópera y lucir como cisne verde frente al jurado, y por otro me fue bien porque me aclamaron. Pero hay que añadir el hambre que me hizo comerme lo primero que me hallé (un sandwich que no sé muy bien de quién era) junto con una coca-cola (oooh, pepsi, perdóname!!!), y los kilos de fotografías que los jurados, el colegio y los espectadores en general gastaron en mí. Como dije, totalmente ambiguo.
Pero pasemos a otros temas más nostálgicos. Hoy, en nuestro "rincón de la poesía urbana", les hablaré de la casa que ya no está.
Cuando me subía al 7A para irme hasta el centro escolar, el camión daba vuelta por una zona que parecía una barranca en miniatura, era un terreno cubierto con follaje, algunos árboles y que decrecía, como un cañón, hasta el fondo cubierto de viejos troncos y el cadáver de un riachuelo que alguna vez cruzara por ahí. Sobre aquél cañón minúsculo, había una casa hecha totalmente de desperdicios, pedazos de madera, de cartón, algunos ladrillos... afuera, había un ridículo tendedero donde colgaban, como pieles agonizantes, las ropas de los que vivían ahí. Reía para mis adentros, al mirar sobre mi hombro izquierdo y ver los condominios gigantescos que le hacían frente a esa casita humilde y miserable que, no sé porqué razón, me alegraba el paseo y me llenaba la cabeza de ensoñaciones, de dudas, de futuros y de patrias perdidas.
Pero sucedió que un buen día, volví a la ruta 7A, me senté en el mismo lado, cruzamos junto al terreno y... la casa ya no estaba. Se esfumó como en un sueño silencioso, como una fantasía rota, como un canto interrumpido. En el sitio donde estuviera aquélla casa, ahora solo era visible un círculo de cenizas negras, y retazos de tela que me hicieron estremecerme. ¿Qué había sido de ese, mi castillo imaginativo, que un día estuviera ahí llevándome a soñar con letras que la ovacionarían y la engrandecerían, y que al otro se había esfumado en un montón de negrura y luto?
La casa que ya no está.. ¿dónde estará ahora?


P.D Acuérdense de seguir votando, un post más y se acabó.

lunes, 30 de mayo de 2011

COMO CONVERTIRSE EN UN MASTER SURVIVOR... EN DOLOROSOS PASOS

Ha sido un fin de mes bastante loco, y ha incluído cosas emocionantes como:
-Cantar el opening de Dragon Ball Z en una clase, oyéndonos mejor que coro de iglesia.
-Pasar casi 8 horas fuera de casa comiendo papitas, viendo la tele y dizque haciendo tarea con mis amigas (oh sí, tengo amigas, ¿cómo la ven?)
-Un terrorífico incidente en el cual fui atacada por... una inofensiva catarina ¬¬
-Recordando mi infancia mientras veía esas series bizarras como "Aaaaah... Monstruos de Verdad!!" y "Cuentos de la Cripta", las cuales forjaron mi carácter muy... hmm... ¿psicópata, dirían ustedes? Yo digo que sí.
-Viendo mi actuación digna de un globo de oro en Youtube (fue un cortometraje de la escuela el cual me dolió como si hubiera tenido un parto).
Pero ya que estos ridículamente raros incidentes ya son cosa del pasado no tan remoto, hoy vengo ofreciéndoles una verdadera joya. Cómo sobrevivir en un ambiente tan hostil como lo es...la vida cotidiana.
Fíjense que últimamente me he aficionado a un programa llamado 100 Maneras de Morir, el cual, como indica el nombre, te muestra 1000 muertes que pueden considerarse (desde el punto de vista de un loco) como tristemente divertidos, porque en ese programa hay de todo: desde cactus que hablan sobre el mundo espiritual hasta los mundialmente conocidos orgasmos homicidas (perdon por escribir eso, pero ya están ustedes muy grandecit@s para andar con remilgos...).
Esa serie me hizo pensar en cuán frágil es la especie humana, la única criatura en la Tierra que puede morir por situaciones tan ridículas; pero también me hizo pensar que la realidad es otra, una que no dista mucho de la realidad de Camus: la muerte está siempre ahí, respirando sobre nuestros cuellos y esperando que demos un pasito en falso para llevarnos en (como diría AC/DC) la "carretera al infierno".
Lo que me recuerda... *toma una guitarra y canta* Highway to hell, highway to hell....!!
Bueno, ya, volvamos a nuestro tema.
Tomando conciencia y meditando esto con una bolsa de cheetos y viendo The Singing Detective, decidí escribir un brevísimo manual para sobrevivir a la vida diaria, tomando en cuenta que cuando llegamos al final del día... no estamo a salvo. ¿Viene? ¡Viene!
Seguid los consejos de la Lobita y viviréis un día más...

1. En cuanto te levantes escapa cuidadosamente de tu cama, no vaya a ser que se te enrede la sábana, impidiéndote moverte, y te caiga la almohada en el rostro.
2. Cuidado al cepillarte el pelo, te puedes dar muy fuerte y provocarte una hemorragia mortal. Misma cosa aplica para cortarte las uñas, raparte, sacarte la ceja y limpiarte la nariz.
3. Si tienes obligatoriamente que pasar por las escaleras, deberás tener un corazón valiente. De nada te sirve irte suelto, porque sin sostén te puedes falsear un pie y caer al mismísimo abismo del infierno, y si te agarras puedes encontrarte con un barandal babeado por tu hermanito o con unclavo suelto que si te toca te provocará tétanos.
4. No sé decirte qué lugar es más seguro: si tu casa o la calle. Quizá tu casa, porque en la calle hay una bolotototototototototota de desconocidos que quizá tengan sentimientos homicidas y tú podrías ser la siguiente víctima... claro, probablemente en tu casa haya alguien que te odie más de lo que crees y pretenda matarte fingiendo que fue un accidente... hmmm... debería ir con el psiquiatra, ¿no?
5. Al cruzar la calle corres el riesgo de ser arrollad@ por:
-Camiones
-Autos
-Taxis
-Bicicletas
En las banquetas, corres el riesgo de ser arrollad@ por:
-Peatones idiotas
-Manifestaciones
-Otras bicicletas
-Carritos sandwicheros
-Carreolas con doble pasajero
-Manada de fans (llámense Jonáticas o Beliebers, las más abundantes y peligrosas... en serio, si ves más de cinco jonaticas o diez beliebers, huye por tu vida, ¡huye, o morirás!)
-Toritos de esos que transportan chivas y media
6. La comida es un placer de dioses... y también del diablo (si no me creen, lean el cuento de Bon-Bon, que trata de un chef metafísico que... bueno... tal vez abrió la boca de más). Las comidas más mortales no son las hamburguesas y otras chatarradas, sino las comidas vegetarianas (se te puede atorar en la garganta) y la comida china (nomás te recuerdo que el sushi va crudo... y hay otros platillos exóticos que son peores que examen de cálculo).
7. Cuando estén haciendo arreglos en una calle, ¡mejor ni te acerques! te puedes caer en una zanja, o a un obrero se le puede escapar el taladro y éste podría caer en tu pie, o te puede aplastar la marcha de algún sindicato o... ¡ve tú a saber!
8. En el camión puedes: ser aplastado, sofocado, degollado, golpeado, manoseado, desesperado con la música naca que todo buen camionero escucha (menos mi santo padre que lo más naco que le gusta es... es... chin, no tengo idea de qué música le gusta... mañana le propongo que nos vayamos a tomar una nieve para platicar de esta clase de temas...) y claro, conocer el nombre del camión en alemán en 4,5 segundos: agasajan-estrujan-bajan.
9. ¡Lo olvidaba! Si el camión se atasca una de tres: o te quedas apachurradísim@ en tu asiento, o te vas volando en alguna de las puertas del camión, o te quedas LITERALMENTE en medio de tooooooodos los demás pasajeros, sin posibilidades de huir. Agrégale a esto que muchos camioneros hijosdelasremil tienen la costumbre de sellar las ventanas, así que si vas en el camión a la hora pico con ventanas selladas y un calor de 35 para arriba... pues ora sí que como dice el evangelio, encomiéndale tu espíritu a Dios porque es casi improbable que salgas con vida de ahí.
NOTA: Habemos algunas almas que hemos sobrevivido a este incidente... quizá seamos nietos de los sayayin o algo parecido... no lo sé.
10. Reitero a mi segundo peor enemigo, y a la vez, amigo más querido: el baño. El 90% de los accidentes domésticos ocurren precisamente aquí, en el baño. Nunca haber tenido un accidente en el baño te vuelve un mega master de supervivencia y Terminator y Chuck Norris juntos no podrían contigo. Porque en el baño pasa lo siguiente:
-Te tropiezas en la bañera
-Te echas encima todo lo que hay en el botiquín
-Ídem con los jabones y los champoos
-Te atoras en la taza
-Te caes de cara en la taza
-Diarrea y vómito son extremadamente habituales
-Te quedas encerradísim@ ahí
-Te quedas sin papel
-Te enredas con la cortina del baño
-Si en vez de cortina tienes vidrios de ésos que se ve la siluetita... te das de cara con ellos.
-Te descabezas con el lavamanos
-Te das un guamazo espectacular con el espejo.
-Te lastimas mientras te rasuras o te lavas los dientes, y lo que empezó como sesión de higiene termina en hemorragia de segundo grado.
-Y... hasta la fecha es todo lo que me ha pasado...
11. La cocina. Aquí también te pasa de todo: te rebanas un dedo, o cualquier otra parte del cuerpo, los hielitos de la nevera se rebelan contra tí y te caen todos encima cuando abres la puertita, se te cae algo que estaba en el refri, te sale una cucaracha, te tropiezas con algún alimento que estaba en el suelo, te atragantas con algo, te toca lavar los trastes... ¿me toca lavar los trastes? Ah sí... ¡¡AHI VOY, MAMÁ!!
12. Regla general: donde hay artículos eléctricos, hay posibilidades de darte toquecitos. En este caso no puedo ayudarte, tarde que temprano deberás sentir la corriente vital que equivale a la sangre que cruza por las venas cableadas de tu casa. ¡Gózalo!
13. Digamos que ya sobreviviste a todo: la calle, los baños, las marabuntas de gente y hasta al perro que se te atravesó cuando ibas a cruzar una avenida rápida. Digamos que sobreviviste a la ducha y a la cena y entras a tu habitación. Nooooo, no estás a salvo aún... hay alguien, alguien terriblemente peligroso aún... alguien que puede acabar con tu vida en menos de lo que canta un gallo. No, no es tu osito de peluche, tampoco tu gato (aunque se te acueste en la cara... como a mí), ni tu vecino el naco que hace fiestas cada noche... ¿quieres saber quién es? Mírate al espejo y verás a tu asesin@... así es... ¡¡TU!! Porque hablando en serio, los accidentes no ocurrirían si los seres humanos no fuéramos tan babosos, ¿o no? Si de verdad tuviéramos cultura y educación, a la muerte se le dificultaría un ch... y otro a medias la chamba, y dependería de los cataclismos naturales para llevarse a algunas cuantas almas.
En un mundo ideal, las precauciones serían casi casi como respirar. En ESTE mundo, son las armas de supervivencia más "in" que tenemos, porque hasta la fecha ningún cuidadano común y corriente (o más corriente que común) está entrenado por S.H.I.E.L.D o el FBI o vetúasaber para ser una super máquina de batalla superviviente a diez explosiones atómicas y a suegras desquiciadas, por lo que reitero, como pocas veces hago: aguas, que día a día bailamos el tango con la Calaca y en una de esas nos saca del baile al Más Allá.
Adiosito!! Oh... y cuidado con eso que está frente a tí, se ve sospechosamente peligroso y creo que te quiere matar...

miércoles, 27 de abril de 2011

PELICULAS DE MIEDO QUE SÍ DAN MIEDO... KONICHIWA, NIPPON EIGA

NOTA DE NUNCAMÁS: Jamás jamás permitir que Lobita vuelva a escribir, leer o hablar siquiera en japonés.




Lo prometido es deuda, señores, he aquí el post que les prometí desde hace uuuuuh... Nah, mentira, no fue tanto, pero para mí esta semana ha sido una eternidad. Y, naturalmente, ya que hablaremo de tierras tan (relativamente) lejanas, este post está dedicado a la chibi más niponesa de estos rincones del Blogger: mi siempre apreciada Ale-Chan, con sus zombies y sus animes.

Fíjense que Mamá Loba y yo, contrario a cualquier posible pronóstico, tenemos algo en común, y no, no es el odio natural a los que ocupan los asientos preferenciales, sino el gran amor a las películas de terror. Y entre dichas pelis, me he hallado algunas joyas niponesas dignas de mención, tan geniales y tétricas que la niña del exorcista se haría pipí...

Nuncamás: Espera, ¿qué no se hizo pipí en una escena de la película?

Sí, pájaro idiota, pero yo me refiero a que se haría pipí del susto.

He aquí una escena memorable de la vida real: el día que asusté a Lobeznito disfrazada de fantama japonés y haciendo el molesto ruido de la muchacha muerta en la peli esa de "La Maldición". Nótese que mis pantunflas de perrito eran lo único que me delataban, pero a media luz y con lluvia afuera... muajajajajaja...

P.D Mi mamá me castigó por asustar al pequeño mocoso.

En fin, aquí las tienen, las pelis más terroríficas del cine japonés:

ESTÁN ENTRE NOSOTROS.

Bueno... quedó claro, ¿no? ¡ESTÁN ENTRE NOSOTROS, HELLO! La peli nos cuenta la historia de Tun, un joven fotógrafo, y su novia, quienes una noche van en su auto y atropellan a alguien
que desaparece. Al poco tiempo, los amigos de Tun van muriendo, y en sus fotos aparece la imagen de una chica misteriosa de su juvenil y patético pasado.

No pienso contarles toda la peli, ¿eh? porque este tipo de cintas son de las que se deben ver para apreciarlas y adorarlas (¡como yo!), solo puedo adelantarles que todas estas pelis, sin excepción, tienen un final impactante, y esta en particular es para dejarte la sangre congelada. Uuuuy.

EXAMEN FINAL.

El solo título ya asusta, no?? (jaja, chiste malo) pero es mil veces peor de lo que creen. Un grupo de estudiantes van a visitar a su ex profesora, la señora Parker, que vive solita y paralítica; en un intento por traerle felicidad a la ruca, los estudiantes recuerdan lo terriblemente mal que la pasaron por culpa de ella, quien literalmente les arruinó la vida a todos. Pero si eso ya es triste, viene lo peor: de repente, algo o alguien comienza a asesinar a los estudiantes, y no hay manera alguna de escapar así que... ¿quién sobrevivirá al terrorífico examen de la diabólica profesora?

EL OJO.

Nop, no es la tarugada con Jessica Alba. Esta sí que te pone los pelos de punta, lo juro. La visión espantosa de varios extraños fantasmas que rondan peligrosamente de cerca a una mujer embarazada atormenta a dicha mujer, que además tiene broncas con su novio, un viudo con pasado cruel y un futuro incierto. Lo padre de esta película son los sinsabores que pasa la pobre chica en un intento por descubrir qué diablos son esos fantasmas, qué quieren y sobre todo: cómo librare del alma en pena que parece dispuesta a matarla.

NO ESTAMOS SOLOS.

Pim es una muchacha cuya vida idílica al lado de su marido se ve truncada cuando su madre se enferma y tienen que volver a su vieja casa para cuidarla, despertando los terroríficos recuerdos de su vida anterior, cuando su hermana Ploy vivía. ¿El problema? Pim y Ploy eran hermanas siamesas, y cuando fueron sometidas a una operación para separarlas Ploy murió, dejando a Pim con un sentimiento de culpa. Pero la cosa se pone fea cuando el espíritu de la siamesa comienza a corretear a la hermana viva y a ponerla en constante peligro. Uuuy... y yo que me quejaba de Lobeznito.

LLAMADA PERDIDA 1, 2 Y 3.

Nop, tampoco es esa tarugada yankee que bien conocemos. La película (o películas) original de Llamada Perdida te tienen comiéndote las uñas a cada instante. Es el caso repetitivo, pero no por eso aburrido, de una llamada (cuyo ringtone mortal es el favorito de Lobita, y de hecho lo descargué para mi celular descontinuado) que te muestra la manera en que morirás. Y naturalmente, si no reenvías la llamada, la profecía va a cumplirse. De esta manera, los amigos se dividen y las familias se miran con desconfianza, mientras el pobre tarado al que le tocó la llamada busca la manera de salvarse. La primera fue terroríficamente genial, la segunda, misteriosa y macabra, y la tercera, espectacular como nada.

Y bueno, ese fue mi conteo de hoy, pero no se preocupen, que pronto volveré con más temas, más misceláneos, películas y desgracias que nunca, ¡¡viva la primavera que me pone al 100!! (no como a mis amigos hombres que los ataranta aún más). Y me les borro, que voy a ver los capítulos del anime de Iron Man. Amo esa serie porque el monito se parece un chorro a Robert Downey Jr., excepto por los ojos azules pero, ¿qué más da?

Adios!!!

lunes, 3 de enero de 2011

EDGAR ALLAN POE: SI LOGRÓ DOMAR A LA LOBITA...

Otra larga historia de mi vida... y según yo, es el primer post del año. ¿Lo es?

Como sea, permitanme contarles la historia, larga y ligeramente aburrida, de cómo es que conocí a este escritor, cuyo cumpleaños, por cierto, está muy cerca.

Edgar Allan Poe nació en Boston allá por el 19 de enero de 1809, y falleció en noviembre de 1849, o sea, a los 40 años. Como su padre murió cuando él era muy pequeño, adoptó el apellido Allan de su padrastro, y entre una cosa y otra, estudió para ser periodista, cosa que por lo visto no se le daba muy bien que digamos, y no por redacción, sino por ésa manera tan rara de pensar.

Su prima, Virginia, se casó con él cuando ella apenas tenía... adivinen.. ¡¡trece años!! claro, hicieron chanchullo para que todos creyeran que tenía dieciocho, y además eran primos lejanos (Lobita cree que de ahí salió la famosa frase "a la prima se le arrima", aunque según mis estudios de Historia Antigua, es muy probable que ése refrán tenga más de unos pocos cientos de años de edad). Su esposa se murió a los 27 años de tuberculosis, y Poe le siguió a la tumba tan solo unos pocos años más tarde, aunque, como Mozart, nadie está cien por ciento seguro de qué lo mató. Unos dicen que fue también por tuberculosis, otros, por alocholismo o drogadicción, (aunque como esa información fue proporcionada por un periodista que lo detestaba, hay mucha controversia de qué tan cierto es esto). Hay quienes usan el término "congestión cerebral", que en lo personal me parece cómico porque cuando acá en mi rancho decimos que a alguien se le congestionó el cerebro, una de dos: o se le trabaron las ideas y no pudo expresarlas bien, o comió muuuuuucha nieve y se le congelaron hasta las neuronas. El caso es que jamás lo sabremos, y como por desgracia el tipo éste vivía en depresión permanente, o al menos lo aparentaba así (el llamado carácter melancólico que según los psiquiatras indica una inclinación al suicidio, otra teoría de su deceso), quizá nunca tendremos una respuesta.

Su tumba, por cierto, fue trasladada hasta Boston, donde ahora sus restos mortales languidecen junto a los de su esposa y su suegra (¡qué horror, qué castigo tan inhumano! ¿Se imaginan pasar la eternidad al lado de la suegra?), pero eso no le quita el pseudónimo de leyenda viviente. ¿Porqué? Miles de razones. La primera, y más importante, son sus relatos. Para muchos, Poe inició formalmente el género de novela policiaca con su personaje detectivesco, Auguste Dupin, acompañado de su leal amigo...

Voz de Fondo 9: ¿Watson?

¬¬ Nop. De hecho, ahí viene el misterio: el ayudante y confidente de este precursor de Sherlock Holmes JAMÁS habló en toda la historia y JAMÁS se mencionó su nombre. Aparece por primera vez en 1841 en "Los Crímenes de la Calle Morgue", y al parecer, fue fuente de inspiración para Arthur Conan Doyle, aunque, si leen "Estudio en Escarlata", Holmes desprecia a tal punto a Dupin (y en consecuencia a Poe) que parece mentira tanta arrogancia, pues dice que usaría sus relatos como manual de "lo que no hay que hacer" para los detectives novatos. Pues si él lo dice...

Lo segundo es que dicen las malas lenguas que el fantasma meditabundo de Edgar (o Eddie, como lo llamaba cariñosamente Virginia) sigue rondando por los pasillos de su casa; los que dejan volar de más su imaginacion casi afirman haber visto la sombra del poeta rondando con un cuervo en el hombro, sin saber que hace ya muchas décadas que se murió. Seguramente el pobrecillo anda buscando a su gato (hay hombres que se encariñan demasiado con sus mascotas) o un pedazo de papel para escribir algún cuentito que quedó incloncluso en su cabeza. Sea como sea, el misterio sigue vivo ahí, tan vivo y tangible como las habitaciones que no se han movido en absoluto.

Pero la importancia personal que tiene para conmigo, es el haber sido mi única compañía durante casi dos años de secundaria. Oh, sí, en la secundaria yo era el bicho raro, y simplemente nadie tenía interés en comunicarse conmigo de uno u otra forma... que no fuera lanzándome bolitas de papel ¬¬. Y en uno de ésos arranques de tristeza me metí a la biblioteca y, sin mucho interés, agarré el primer libro de terror que me hallé, y el primerísimo relato que presentaba era... El Corazón Delator.

El resultado fue... hmm, cómo describirlo... mágico, fantástico, casi irreal. Me quedé prendada de él (o sea del cuento), y cuando por casualidad me hallé otro libro con relatos únicamente exclusivos de este tal Poe, ¡menos me podían sacar de la biblioteca! y durante largo tiempo devoré esas lecturas macabras haciéndole caso omiso a las pesadillas (luego descubrí que podía manejarlas a placer, y terminé metiendo al dichoso cuervo que dice "nunca más" en el refri), y por fin me aventuré a conocer un poquitín más al sujeto este y me encantó. Fin del caso.

NOTA: ¡Ah por cierto! Quizá Poe influyó también en mi interés por Robert Downey Jr, debido a que el rumor de que éste pudiera interpretarlo en una película sonó fuerte, y ahora... estamos con las dudas.





Así que, ya saben: si quieren hacer feliz a la Lobita, simplemente háblenle de relatos de Poe, y yo estaré en mi aire que semeja a la sombra de la noche plutónica (ups!! eso lo leí).


RELATOS QUE RECOMIENDO (PARA SIMPLES INTERESADOS EN LA LECTURA):


1. El Cuervo (no leer este cuento se considera prácticamente herejía en el ámbito literario).


2. El Corazón Delator.


3. Los Crímenes de la Calle Morgue.


4. El Pozo y El Péndulo.


5. El Gato Negro.


RELATOS PARA LOS QUE SE SIENTEN MUY GALLITOS (A VER SI DUERMEN LUEGO DE LEERLOS):


1. Manuscrito Hallado en una Botella.


2. Morella.


3. Berenice.


4. Retrato Oval.


5. El Rey Peste.


6. La Verdad en el Caso del Señor Valdemar.


7. El Entierro Prematuro (con el puro nombre ya se presentó).


RELATOS PARA LOS MASTERS (SI YA SUPERASTE EL PAVOR DE LOS RELATOS ANTERIORES):


1. William Wilson.


2. El Tonel del Amotillado.


3. La Caída de la Casa Usher.


4. Los Anteojos (tráumate en la casa de tu abuelita).


5. Hop -Frog (suena cómico, pero aguas...).


Esto, aunado a una tarde o noche lluviosa, y con media luz, te garantizará dulces sueños... muajajajaja.


jueves, 4 de noviembre de 2010

TENGO FRIOOOOOOO...

Normalmente desde el mes de marzo hasta el mes de septiembre, no puedo hallar acomodo en ningún sitio: el uniforme escolar me rostiza, no puedo durar mucho con una misma pijama, prácticamente duermo en el suelo por el calor... Bueno, cientos de cosas me pasan por vivir en una ciudad donde se puede llegar a los 30 grados de noche.
Pero apenas empieza octubre, la cancioncita cambia, y mucho, como cuando los grupos de banda agarran una canción y la descomponen a placer ¬¬ y ahora me congelo!!
No hallo un sitio lo suficientemente pequeño y calentito para dormir, me pongo como cuatro o cinco cobijas encima de noche y lo único que consigo es comenzar a ahogarme leeeeeeentamente, me cuesta un trabajo levantarme en la mañanita y salir de mis tibias mantas para que, apenas salido el dedo gordo de mi pie fuera de estas, grite:
-¡AAAAAAAAAAAAAAAY! ¿Qué onda, estoy en el polo norte o qué?
Es oficial: me congelo. Y mucho. Próximamente terminaré convertida en monito de nieve, porque Lobolandia es de temperaturas patéticamente extremas: en primavera, parezco pollo rostizado (nomás me falta agarrarme a un tubo y dar vueltas) y en invierno, se me congelan hasta las ideas. Bueno, estos días desearía ser un pan, para pasar laaaaaaaaargas y deliciosas horas en un horno. Hmmm, horno....
Pero, aparte de que quedo heca un cubito de hielo, otras cosas interesantísimas pasan en invierno. La primera y principal... me deprimo. Mucho.
De pequeña fui muy apegada a la Navidad, sobre todo el modo en que la celebraban en mi casita. Pero... ¿no les ha pasado que crecen y las cosas cambian MUCHO de perspectiva? De pronto, de ésas navidades pasadas a los seis, siete años, solamente queda el recuerdo...
Me da miedo. Me da miedo perder ése cosquilleo en el fondo del estómago cuando comenzaba a escuchar los villancicos, a dejar de hipnotizarme con las luces del árbol, a dejar de arrullar al niño Dios en el nacimiento, a no volver a recuperar ni la paz ni la dicha que alguna vez estuvieron presentes en ésa época. Ahora, el invierno es muy oscuro, y mi único refugio son mis recuerdos y la esperanza de que, cuando la noche no sea tan larga, cuando las nubes grises se vayan, y cuando dejemos de mentirnos por dentro para ser felices, entonces podré ser feliz otra vez.
Sí, me duele mucho recordarme de niña y ver que las cosas eran preciosas, que de verdad se sentía lo que hacíamos. Ahora, me da miedo que llegue el 25 de diciembre, porque mis últimas memorias sólo son suspiros ahogados, súplicas silenciosas y lágrimas ocultas en la oscuridad, con las velas como únicas testigos de mis anhelos.
Invierno. El invierno se queda por dentro todo el año, y cuando llega aquí, mi verano tiembla, y a ratos parece ser un otoño imposible; es como si las heridas viejas se abrieran y me recordaran lo difícil que es, a veces, estar en un momento de felicidad y descubrir que todos solamente fingen estarlo. Y lo peor de todo es no poder hacer nada.
Echar a correr por las calles a la mitad de ésas noches heladas y contagiarme de la felicidad sincera de otros, dejarme llevar por las luces, por las canciones, por el viento, por la luna... Ya no apretar los dientes y hacerme la sorda y la fuerte, ya no escuchar frases pesimista, volver a sentir la Navidad tal y como era... No me refiero a los regalos, sino a ése sentimiento de paz tan sincero y alegre que antes tenía y ahora... ahora está extraviado. Se nos escapó a todos por una pequeña brecha.
¿Es mucho pedir un sólo día sin peleas y sin gritos? Yo creo que sí. Pero no me queda de otra más que refugiarme en el lucero eterno de las estrellas, y arrodillarme en el único sitio seguro que conozco y rogarle a Dios que por un solo día me deje descansar de tanta infelicidad. No quiero vivir en donde hay cenizas de guerras pasadas y nunca olvidadas. Cuando sea mayor y tenga a mis hijos, no voy a robarles ése pedazo de dicha, porque sería injusto ver cómo, poco a poco, se merma su felicidad y su esperanza.
Conmigo, al menos... no es muy tarde aún.









viernes, 27 de agosto de 2010

CLASE DE ARTE: CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA



En el post de Clasecita de Biología 2.0, seguro algunos de ustedes recordarán la película de animales haciendo "más animalitos" que les platiqué. Si es así, entonces pueden estar seguros de tres cosas (como Bella Swan, que de hecho esas "tres cosas" son lo único que sabe porque su cerebro no da para más):
1. Que tienen una memoria privilegiada.
2. Que me tienen paciencia, porque leer mis desviaciones requiere de gran valor.
3. Que TODO en este mundo está relacionado. Sin dudarlo.
¿Y porqué la rememoro? Porque en nuestra clase de Arte (alias "la venganza de la maestra Oli contra la Lobita) nos ha enseñado más de lo que esperábamos.
Para empezar, lo primero que aprendimos es que Oli y Lobita (o sea yo) somos las modernas Sherlock Holmes y profesor Moriarty (nomás falta que nos peleemos al pie de una cascada y listo). Somos polos totalmente opuestos, pero hay una razón casi irracional por la cual (según Mamá Loba) no nos hemos odiado eternamente.
Voz de Fondo 6: ¿Que las reglas escolares lo impiden?
Noooo, se trata de una palabrita que oímos mil veces en nuestra vida y que nunca comprendemos su significado hasta que nos pasa directamente: el respeto. El respeto que sienten mutuamente los enemigos, y una pizca de admiración por haber provocado un terremoto que haría que la Segunda Guerra Mundial se hiciera pipí en los chones y que ambas hubiéramos salido victoriosas 8pero yo más que ella, jijiji).
En fin, la segunda cosa que aprendí hoy en clase de arte es (perdonen, muchachos, nuevamente generalizo pero es la dura realidad) que los hombres no evolucionaron mucho que digamos.
Para la clase, Oli (quien guarda cierto parecido con mi peor enemiga de la primaria) nos hizo ver un documental de la BBC (salve, oh poderosa BBC) sobre la evolución del hombre, desde Lucy (el australopitechus llamado así por una canción de Los Beatles, por raro que esto suene) hasta el hombre de cro-magnon, de quien desciende directamente el homo sapiens (u homo zape, como le dicen mis Irregulares personales en el salón... auch).
Pues ¿qué vimos? al principio, changos, solo eso. Changos. Changos que caminaban erguidos. Y, ¿qué más? pues a las hembras de estos changos con instintos maternos y sí, más astucia. ¿Me creerán si les digo que se armó un pleito por culpa de uno de los machos, un pleito que acabó con la mitad de la manada? Prueba número uno de que la inteligencia masculina sólo se desarrolló en ciertos individuos, el resto, sigue siendo meramente imbécil.
Luego vimos unos pseudo changos con un harén. Dos hembras peleando por el mismo macho y que terminaron siendo amiguis amiguis (por eso advertí al inicio del post que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) y a otros changos, un poco más parecidos a los humanos, viendo morir a su carismático líder por... sí, por BABOSO. No sin antes ver a otro macho caer cómicamente de un árbol (juro que aun me río al recordarlo xD).
Luego vemos a unos monos más rasurados (por cierto que uno se parecía a un amigo mio... hmm...) hacer lo que todo hombre que piensa con el estómago hace: no esperar a que la presa esté bien muerta para destazarla. ¿Resultado? el muy bestia ahuyentó al dichoso almuerzo" y hubo que caminar más (la neta no sé porqué no le dieron un coscorrón si se vio bien idiota). Y por fin, nos encontramos con los cro-magnon que vestían pieles y... bueno, algunos hombres ya mostraban indicios de tener cerebro mientras las hembras habían evolucionado ¡50 minutos de película antes! (lo que equivale a millón y medio de años).



Y así las cosas en nuestra clase de Arte. Mucha cultura en poco tiempo (y con el mínimo de esfuerzo neuronal, se los aseguro).

Y los abandono (en primera porque tengo hambre y en segunda porque se me acabaron los chistes sarcásticos) pero antes de irme los dejo con una imagen que (sinceramente) muestra que en el fondo, la humanidad sigue siendo medio bestia. Un espectáculo que detesto y que, por lo visto, sólo usándolo contra nosotros mism@s podemos notar la realidad:

Piénsenlo...

P.D Por cierto, he dejado de tenerle miedo a Juanito Sacatripas. ¿Porqué? Gracias a la película de "Desde el Infierno", donde sale el papacito de Johnny Depp.. aaaah *suspiro idiota de adolescente con hormona alborotada*

martes, 4 de mayo de 2010

ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE CON RECUERDOS DE TIERRAS LEJANAS

Fijense ustedes que hoy pensaba platicarles de mi vecino, ese que se parece un chorro a Indio Downey (es en serio, asi se llama el chamaco), pero luego como que me dio flojera. Y total que hoy les platicaré de lo que fue mi época más dichosa: la secundaria.
Porque ahora que (segun mamá Loba) soy una vieja sesentona con amoríos exóticos, uno como que se acuerda de cosas lindas, momentos padrísimos y situaciones más chéveres. OJO: no estoy diciendo que en el mugre reclusorio penal-psiquiatrico donde estudio ahorita esté del nabo, solamente digo que la secu era genial, tenía a mis mejores amigos y ps... ya ven.
Hagan de cuenta que el otro día me compré la revista OK! donde salían, entre otras cosas, fotos de mi amore Robert John Ford Elias Downey Jr (RDJ para los amigos y cualquier enamorada-psicotica-obsesiva-compulsiva-con sueño guajiro de ser famosa para conocerlo), y total que yo iba caminando por mi linda casita sin chanclas leyendo la entrevista, cuando el hijo de satanás (o sea mi hermano) pasó corriendo como diarreico directo hacia el baño bendito, y en el proceso me pisó mi dedito en el que, un par de días antes, me había desenterrado una uña. El dolor fue tal que grité así tipo la niña del exorcista y me tropecé, golpeándome la cabeza en el acto.
El resultado fue obvio. Me subí a mi jaulita (habitación) con un dolor de cabeza fatal y planeando la venganza contra mi hermano; pero en lo que hacía planes, me encontré con mi vieja caja de recuerdos de la secu, donde tengo fotos, cartas, dulces megarancios que guardé como recuerdo y mil cosas más, y mi mente viajó al último año de la escuelita, recordando a mis "bitches", que era, por alguna razón, como nos bautizó Cachorra, hasta que le dije que dejara de ver RBD y se le pasó la locura.
CACHORRA: Mi mejor amiga (o como ella decía, BFF, Best Friend Forever). Fan de RBD, High School Musical, Orlando Bloom y que soñaba con ser una Cheetah Girl. Enamorada de la vida, Babs (su verdadero nombre) ha sido de todo: regaettonera, emo, fresa... terminó siendo americanista-fresa. Buenoooo...
LUMI: Otra amiga. Esta fan de Campanita fue de hecho, ¡la primera amiga que tuve en la secundaria! y la última... wow, se oyó de telenovela, ¿no?
LLANI: Era mi chiqueada, porque la pasaba fatal. Nos quieríamos mucho ojo no piensen mal, esta advertencia va sobre todo para los hombres ¬¬). Bueno lo que se actualmente de ella es que se casó (sip, me llevaba un año y aparte era de otra religion) con un chico que ¡me gustaba! No se considera traición pq ella no sabía que me gustaba. Tengo un dibujito que ella me hizo de una flor :)
TODOS LOS ROB'S: Luis Roberto, Beto, Roberto Juan y Julio Roberto. Esos cuatro Robert's eran también de nuestro grupito de compadres, y eran como el demonio de tasmania.
WALDO: A este tipo lo conozco desde ¡kinder! En aquélla época llegaba al mini restaurante de pizzas que tienen sus padres a pedir dos rondas de pepsi, ¡y claro que me las daban! El único problema: TODO el mundo creía que éramos novios, a tal extremo que su propia hermana mayor un día me saludó hiper amable y me dijo: "Entonces... ¿soy tu cuñada?" ¡Ni muerta!
Y total que con este alegre grupito de enfermos mentales la pasaba yo de lujo: era como si, en vez de escuela, fuera a un parque de diversiones todos los días. Y claro, como en cualquier parque de diversiones, están los guardias de seguridad que nomás te friegan (los maestros) y los gandallas (todas las demás personas).
Mis profes eran ¡del nabo! Uno era un sádico por excelencia y le gustaba jorobarnos la vida dejándonos trabajos terriblemente malvados (y según recuerdo, era el de matemáticas ¬¬), otra vieja, literalmente, ESTABA LOCA, y por su culpa todo el salón fue suspendido por un día a partir de las ocho de la mañana (y según recuerdo, ese día dije "me vale" y me fui con mis amigas del alma a un paseo por toda la ciudad ^^), y otro que con solo verlo, uno se enteraba que era un pervertido O.o
Pero como toda escuela, tiene su lado bueno: en este caso el lado bueno eran... los extranjeros. ¡Sí! Cada inicio de curso entrando de vacaciones de Navidad, llegaba uno o dos estudiantes de Inglaterra a dizque apoyar las clases de inglés.
Pues bien: en tercero llegó un chico llamado Alexander que, vamos siendo francos, no estaba de mal ver, y yo como niña buena que soy (ajá, tú) me agarré de mi conocimiento del inglés y decidí hablarle. El resultado: ¡un novio!
Exactamente, porque no me crean tan extraña, he tenido novios, simplemente que con este me volé la barda debido a que me enamoré de un no-mexicano muy cotizado, ¡y amé esa época al ver las caras de envidia de todas las malditas mocosas que, tan solo unos meses atrás, se burlaban de mí y me llamaban rara! ¡Ooooooooooh, deliciosa venganza!
Lo malo fue que el gusto me duró poco, porque como siempre ¬¬ se coló una... ejem... "amistosa" chica que, yo sabía de buena fuente, tenía novio y se dejaba sabrosear por todos los hombres de su salón (¡toma!) que hizo de todo con tal de separarnos.
Lo consiguió ¬¬
Pero no se salió con la suya la muy p***!! ni crean!! Sí, nos separó porque él dejó de ponerme atención, pero ¡ella no logró hacerse su novia! a él no le interesó, así que (perdonen la palabra):
ZORRICUETA: 9.0
LOBITA: 9.5
¡Y ese fue el marcador final! :D
Así que sip, la secu fue un show como pa vender boletos y agotar la temporada, ¿ustedes se acuerdan de ella? Yo sí, y le tengo mucho cariño. Con todo y las viejas malditas que diario me fregaban por ser como soy, los maestros dementes y la vez que nos encerraron a media escuela por diez horrorosos minutos en el audiovisual, la verdad... ¡la extraño! Fue súper.

viernes, 2 de abril de 2010

NOSTALGIA




Como hoy es viernes Santo, voy a escribir un post un poquito más serio de lo habitual, ¿ok? P.D No se me depriman, la nostalgia no es tan mala.


Hoy me dí un paseo larguísimo y acabé muerta. Fui a un parque de diversiones y, entre una cosa y otra, terminé en un parquesito común y corriente. Colgada de un columpio, me agarró una melancolía fatal, y comencé a pensar en cosas que a mí me hacían feliz, que me habían hecho feliz alguna vez, y que quería recatar del estambre empuercado de mi cabeza olmeca para que no se extraviaran para siempre.


Extraño muchas cosas. La noche, no la noche cualquiera, que puedo ver desde mi ventana y meditar mientras tanto, me refiero a la noche auténtica, la que yo recuerdo de mi amado verano. Una noche llena de ruidos en la ciudad, de luces que parpadean, como solecitos extraviados, y con el viento rugiendo ferozmente y colándose por las ventanas del micro o del taxi, como si me dijeran algo que no entiendo, alentándome a dejar atrás cualquier desdicha o pesar, y siguiera adelante y volviera a reir, reir en ese momento, con la luna encima mío y el murmullo ya no de una urbe agitada que no duerme, sino de las fachadas viejas, mexicanas en toda su estampa, de familias, de canciones perdidas, de estrellas que ya no cuento porque no soy ninguna bebita. Y cuando toco tierra otra vez y me escondo en las sábanas para dormir, comienzo a extrañarla, con todo y que está, obviamente, ahí conmigo.


También extraño, y con más fuerza todavía, el mar. He ido como... dos veces nada más, y de una no me acuerdo porque era mini (1 añito apenas... ¡qué sadismo de meterme a las olas!). Pero haber estado de pie, desclanza, sintiendo la arena que, a ésas horas ya está fresca, mirando el sol que se extravía en el mar, y las últimas olas acariciando la playa abandonada... El lamento continuo de las gaviotas, y también, con suerte, algún llamado lejano de un delfín, es como una canción de cuna para mí. O algo más hermoso aún: una memoria intacta, libre de tristeza y desesperación. El eco del mar es como la nostalgia misma, potente y constante, que cada vez que viene, viene cargada de historias, y a veces lastima, sí, ¡pero es tan bella!


Extraño mis ocasos en el mar. Extraño mis noches siendo libre. No extraño, sin embargo, la libertad, porque la poseo y la gozo muchas veces. Pero el murmullo del viento entre los árboles no es más que una parodia armoniosa y amable del agua y del viento nocturno mismo.


¿Será que, algún día, pueda ser capaz de caminar bajo la lluvia y llegar hasta ésa playa tan querida y, así, volver a disfrutar del anochecer? ¿Podré volver a llorar sobre la playa y contarle mis secretos? Que se vayan esos secretos con las olas, y oír al mar cantarlos sin que nadie los oiga jamás, mientras el día va muriendo... y yo con él.