Entre más sube el calor, más sube también en largo de los pantalones en Lobolandia, antagonizando con la regla general impuesta por Pablo "pos me convierto" de Tarso, alias el apóstol Pablo, alias el robacámaras del Nuevo Testamento si le han echado un vistazo a ese libro que todos tenemos pero que (casi) nadie lee.
Pues sí, regresa esa época especial del año en que los ateos de internet gozan de las vacaciones bisemanales pero se les olvida que son patrocinadas por una regla religiosa, la época en que los balnearios están más allá del límite de su capacidad, en que los gringos dejan sus frías y "muricanas" tierras para reproducir Sodoma y Gomorra en las playas del noroeste del país y claro... la época en que su segura servidora se muere de hambre por causa de la prohibición de comer carne los viernes.
Welcome to... Holy Week 2014 (?)
Admito que de las dos vacaciones religiosas que tenemos al año, esta desde siempre ha sido mi favorita; como buena familia agnóstica, nuestra tirada corresponde a la de llevar a cabo el rito de adoración de una forma poco ortodoxa, respetando la vieja medida de nueve estadios de caminata (porque la casa no mide mucho, se entiende) y comiendo exclusivamente productos permitidos (hasta donde sé, El Vaticano aún no ha legislado nada contra los duritos, churros y papitas de la tienda, a Dios gracias). ¿Y porqué pasar el triste Viernes Santo, el expectante Sábado de Gloria y el magnífico Domindo de Pascua encerrados a piedra y lodo, ignorando a los niños que se mojan en la calle y la procesión del Via Crucis (que una vez se toparon las dos de las iglesias del perímetro y a la hora de la verdad no se sabía quién era el Jesús de cada quien)? Bien, la razón es bastante simple:
Películas.
Pero no películas cualquiera; si nos remontamos a la infancia recordaremos bien esa dulce época en que la televisión a cable era un lujo de los ricos y todas las semanas santas teníamos que chutarnos, a gusto o no, las mismas películas bíblicas en TODOS los canales. Pero no hay que sufrir, a su modo esas películas formaron parte de la memoria colectiva (algunas con más sangre y llagas que otras... -sí, te estoy hablando a ti, Mel Gibson-) y son una tradición, si bien no mexicana, sí muy común para la época. Es por eso que Lobita les trae algunas de sus películas semanasanteras favoritas.
1: JESÚS, EL NIÑO DIOS
En realidad la película no es propia de la fecha, es más adecuada para Navidad pero en el Galavisión suelen pasarla para los dos días (25 de diciembre y... el sábado que caiga). Una producción mexicana que tiene la gracia de incluir en su reparto a Guillermo Murray y... un montón de gente que no recuerdo haber visto en otras películas, pero da igual. La historia se centra en una de las partes apócrifas del Nuevo Testamento, la infancia de Jesús, en este caso en cuerpo y cara de un chibi cachetonsito que goza sacando de quicio a un centurión romano que, entre peras y manzanas, participa en la matanza de los inocentes con tan mal tino que el susodicho niño se le escapa. Entonces le da el síndrome de Javert y se dedica a perseguirlo por todo el desierto con la intención de darle chicharrón.
CALIFICACIÓN: 7. No está para verla cada que la pasan, pero te entretiene, más que nada por la relación de tira y afloje entre Jesusito y el pobre Claudio. Al término de esta edición Lobita no ha podido leer Caballo de Troya 2, por tanto los documentos apócrifos sobre la tierna edad parvularia de Nuestro Señor no está ni confirmada ni desmentida.
2º EL CRISTO DEL OCÉANO:
Esta vez se trata de una producción española que, en el cable, suelen pasar mucho en los canales de cine mexicano pero eso da igual. La historia habla de Pedro, un niño que queda sin madre cuando ésta desaparece un buen día y es criado por un pescador (convenientemente...just sayin'). Un día, una tormenta devora el barco de su protector y el niño, en pleno duelo, pasea por la playa hasta encontrarse un día flotando un Cristo de tamaño iglesia que oculta en una cueva, seguro que el mar se lo ha regalado. Por culpa de un chismoso acólito, le quitan la imagen para llevarla a la iglesia del pueblo, pero la imagen comienza a "emberrincharse" bajando de la cruz en que la colocan. Simultáneamente, Pedro se encuentra con un forastero de barba castaña y ojos claros que se hace llamar "Manuel", y cuya presencia provoca una serie de eventos raros, algunos cuantos milagrosos, en el pueblo.
CALIFICACIÓN: 9. A algunos no les gustará, a otros les parecerá interesante. Esta película, por cierto, es patrocinada por Mamá Loba, considerándola su favorita.
3º LOS DIEZ MANDAMIENTOS:
Quien no haya visto esta película probablemente vive en una roca... o bajo ella. La épica de DeMille es jodidamente famosa, en parte por la fama de los actores que participaron en ella, en parte por los efectos especiales, demasiado adelantados en su época. En todo caso, la historia relata la vida, obras y amores de Moisés, celado por su hermanastro Ramsés (históricamente, Ramsés II, vencedor de los hititas) y mimado por la reina Tuya y el faraón Seti antes de su expulsión de Egipto y su subsecuente encontronazo con cierta zarza ardiente. Por supuesto, es de las películas más largas de la lista y puedo asegurar con orgullo que la he visto completa.
CALIFICACIÓN: 10. Repito, es de esas películas que casi por inercia debes ver una vez en tu vida.
4º EL PRÍNCIPE DE EGIPTO
Básicamente lo mismo que la anterior, pero en versión para... adolescentes. Realmente para el año en que salió estaba avocada a un público no tan infantil (suponemos, por lo crudo de algunas cosas como... la escena de apertura con el "Libéranos" de fondo), y sin embargo las salas se llenaron de chibis como yo. La historia esta vez se avoca más a la relación de hermanos entre Moisés y Ramsés y cómo esta vale gorro cuando el primero vuelve con la novedad de que quiere liberar a los hebreos.
CALIFICACIÓN: 10. Lo mejor, aparte de la animación, son las canciones. Especialmente "Las Plagas" y "Si tienes Fé", famosas por los lugares en internet por aparecer en su edición "multilenguaje".
5º BEN-HUR:
Nos encontramos de nuevo con míster Heston en otra película de duración permanente. Esta vez la historia no tiene mucho que ver con los evangelios, en realidad trata de Judá Ben-Hur, un príncipe israelita al que la envidia de su "amigo" Mesala le juega una mala pasada y lo hace pasar de persona respetada a vil esclavo de galeras (estilo Espartaco, pue). ¿Y entonces qué tiene qué ver con la semana santa? que la historia es paralela con los últimos días de Cristo, y Ben-Hur se ve involucrado de un modo u otro con él. La escena más famosa de la película es, por supuesto, la carrera en el circo donde los bellos caballos árabes de Ben-Hur se ponen su quienvive con los demonios negro de Mesala, que esta vez se enterará de lo que es bueno.
CALIFICACIÓN: 9. En realidad no soy fan de esta película, pero los clásicos se respetan.
6º EL MÁRTIR DEL CALVARIO (alias "Beqcer en película equivocada"):
En realidad poco he visto de esta película, pero lo que sí he podido echar mano es un himno a la exageración: la reproducción (innecesaria) de cuadros sagrados (como La Última Cena) y el estilo predicador/poeta frustrado del Jesús en turno te hace dudar de si la película es autoparódica o no.
CALIFICACIÓN: 7. Lo siento, pero nadie en mi familia ha podido aún reprimir una carcajada viendo esto.
P.D En todo caso, la única reproducción en "live action" de un cuadro sacro que me ha gustado está en la siguiente película:
7º JESUCRISTO SUPER-ESTRELLA:
Vetada en su momento por los amargosos del Vaticano (y creo que medio sigue en la heladera, no me crean mucho) este musical felizmente pasado al cine en su versión más setentera y hippie también se corona como de las favoritas de Mamá Loba, y Lobita llegó a bailar varias de las canciones del musical estando aún en edad de cortar con tijeritas de punta redonda. La película cuenta los últimos días en la vida de Jesús... en edición rockanrolera y con los soldados romanos usando calzas militares, pero eso no es todo; Judas y casi todos los apóstoles llevan el clásico atuendo psicodélico de los setenta, los turbantes de los fariseos parecen más bien arrancados del Taj Mahal y a Herodes le da por bailar charleston en la única escena graciosa de la parte dedicada a la crucifixión. A Jesús lo vemos más norteado (y cabreado) que lo que nos enseñaron en catecismo, pero ahí reside una parte del encanto de la película, en la humanización de los personajes. Llegamos incluso a pensar que Judas, más que traidor, era un pobre idiota.
CALIFICACIÓN: 9. Probablemente no les guste a quienes odian los musicales, pero por lo menos el número más famoso (el que le da nombre a la obra) no se lo pueden perder.
8º LA PASIÓN DE CRISTO.
La más nueva de las producciones aquí presentadas (y causa de muchas bajas en el mundo, según los reportes). También en su momento fue criticada por todo el mundo: cristianos ofendidos por la crudeza de las escenas, judíos ofendidos por ser "antisemitista" y musulmanes ofendidos por... por... en realidad no sé. La querella continuó hasta que Juan Pablo II dijo que estaba bien, pero eso no evitó que se llenara de su propia leyenda negra entre los macetazos que le tocaron al actor en la vida real y las muertes repentinas durante su reproducción en varias partes del mundo. La historia se centra a la medianoche del jueves santo y todo el viernes, con flashbacks de otras escenas de los evangelios y la aparición fantasiosa del demonio buscando "picar" hasta el hartazgo a Jesús para ver si decide hacer mutis antes de que lo crucifiquen o se aguanta. La película, intraducible por órdenes de Mad Mel, está en arameo y latín vulgar, y es un festín gore que a las almas sensibles más le vale no ver.
CALIFICACIÓN: 8. Siempre me ha hecho gracia que la televisión abierta también la pasa en Navidad (en palabras textuales: "¿Apenas está naciendo el niño y los del canal 5 ya me lo están matando? no me jo..."), y como dije, no es película apta para cualquier persona. El chiste privado en casa es llamarla, en formato clave, "Ela-hahay", que en la película (y en arameo, se entiende) significa "El hijo de Dios vivo", pero por su similitud fonética a uno de los mexicanismos más usados para armar broncas (ejemplo textual: "¿Te crees muy ajajay o qué, cab...?") a mi gente le divierte.
9º JESÚS DE NAZARETH:
En realidad no es una película sino una miniserie de 3 capítulos que acostumbrábamos ver en Navidad (de nuevo, con todas las ganas de ironizar, por lo visto). Un poco de amplio espectro, cubriendo varios puntos que las otras presentadas no tocan, su último capítulo es el único dedicado a lo que es la Semana Santa per-sé. Lobita la recuerda con mucho cariño al ser la primera producción bíblica que vio.
CALIFICACIÓN: 8. Al ser miniserie, encontrarla en el mercado es como buscar una aguja en un pajar. A menos que vayas a las librerías San Pablo, probablemente ahí la tengan junto con su gemela "Mateo", otra miniserie con la misma pinta.
Y de este modo, concluyo con mi bastante larga lista de películas pascuales. Por supuesto, otros "clásicos" de la época como "El Manto Sagrado" y "Rey de Reyes" no aparecen, más que nada por no ser dignas de mi calificación, simplemente no son de mi gusto personal por considerarlas más pesadas que mochila de niño de primaria, con todo y Atlas. Así que, hermanos míos, tomad asiento, llenaros de chucherías y gozad con las delicias, a veces graciosas, a veces crudas, que la época religiosa nos trae. Amén y... adiosito.
FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.
sábado, 29 de marzo de 2014
¡SANTAS PELÍCULAS, BATM... DIGO, LOBITA!
Palabras clave de mis desgracias
caricaturas,
Jesús,
Moisés,
Pascua,
Películas,
religión,
vacaciones
viernes, 21 de marzo de 2014
LA MALDITA PRIMAVERA: HAMBURGUESAS, CINE Y COMIDA JAPONESA
En estos días he escrito narices (tradúzcase: nada), por lo que las breves notas de hoy se dedicarán a los emocionantes incidentes de finales del invierno, cuando por fin he podido desgusanarme como mariposa de debajo de mis cobijas. Así que he aquí... el recuento de los daños:
*Fui a ver "La gran aventura Lego" y si no les hago reseña ahora es porque ya pasó demasiado tiempo y la euforia ya bajó, pero puedo contarles brevemente lo importante. A pesar de su tono ingenuo, tiene mucho más en profundidad; primero, por hacer tal vez no a propósito una parodia de lo que es el mundo actual, donde para encajar debemos seguir "reglas" sociales que nos dan la falsa sensación de seguridad y alegría, no tanto el sufrimiento es para quienes deciden ver más allá y pelean a diario con las limitantes que la multitud coloca. También el plot twist fue muy extraño, pero íntimo. En resumen, es una buena opción para entretenerse y pensar un poco.
*El mismo día probé ciertas hamburguesas de una cadena famosa pero no tan viral como McDonald's y Burguer King: Carl's Jr. En mi opinión profesional (y hamburguesera, cortesía de las muchas chucherías que me dejaron consumir mi tía y mi abuelo vikingo R.I.P) digo que... son jodidamente caras, pero bien lo valen. Hamburguesas llenas, completas, dispensador de refresco, agua y té según el gusto y atención en la mesa al estilo restaurante común. No soy fan de hacer publicidad pero les recomiendo que vayan... cuando tengan al menos 200$ disponibles, claro.
*Últimamente a Lobita le ha dado por hacer comida del lejano y misterioso coloso de Oriente...
NUNCAMÁS: ¿China?
Ay no, qué asco, hablo de Japón. Cuna de la tecnología en Asia, de los bellos trajes yukata y de los otakus originales (además de un número grande de palabras raras que definen situaciones que normalmente me pasan a mí), Japón solo me gustaba por uno que otro producto importado, pero entre tanto y tanto investigar su comida me abrió el apetito y, como ya imaginarán, me aventuré en sus milenarias páginas para buscar recetas. ¿Resultado?
-Onigiris, o bolitas de arroz. En este caso, rellenas de res y finamente empanizadas para los paladares necesitados de comida. Tres horas en la cocina y varias quemaduras de aceite bien valieron la pena al final. Lobita le da al platillo la calificación de: 10/10
-Mochis, o pastelitos de arroz. Rellenos de chocolate de repostería. El resultado fue un apocalipsis y un insulto; verán, Lobita podría cocinan bullabaise y hacerla bien aunque fuera su primera vez, pero respecto a los postres... el cuento es muy distinto. ¿Y qué pasó? los mochis sabían, literalmente, a engrudo con azúcar. Lobita califica el platillo con un triste: 2/10.
-Calpico, o bebida hecha con yogurt y limón. Cocinar a baño maría y hacerle otras tantas cosas hacen de la bebida un aparente dolor de cabeza, pero bien vale la pena. Lobita le da al calpico la calificación de: 8/10
-Pescado con tempura y cerveza. Con la cuaresma encima los viernes se ha cancelado el llamado "día de riñón" (por el señor ese que se pone a vender riñón y carnitas en el tianguis de los viernes) y lo suplimos por "día de pescado". La gracia de la tempura como Mamá Loba me explicó es rebajarla con cerveza para darle un saborcito especial;sin embargo, a Lobita le ganó ese deseo tan humano por lo prohibido y...
LOBITA: Una para ti... *echa cerveza en el tempura* otra para mi... *bebe un trago* una para ti... *cerveza en el tempura* otra para mi... *bebe un trago*
Entre una Lobinta poco acostumbrada a las bebidas alcohólicas y un tempura muy fuerte, el aceite de la cazuela pasó una buena tarde quemándome en sitios de lo más raros (el ojo, por ejemplo), pero el resultado final fue aceptable. Lobita le da al platillo una calificación de: 9/10.
Y por ahora estos han sido los acontecimientos preprimaverales más relevantes en mi vida. Como dato extra puedo decirles que al menos este año pasé un cumpleaños decente, con pastel, helado y el estómago sano, no como la última vez que entendí el significado de la frase "sentir el trasero como bandera de Japón... imperial". ¡Adiosito!
*Fui a ver "La gran aventura Lego" y si no les hago reseña ahora es porque ya pasó demasiado tiempo y la euforia ya bajó, pero puedo contarles brevemente lo importante. A pesar de su tono ingenuo, tiene mucho más en profundidad; primero, por hacer tal vez no a propósito una parodia de lo que es el mundo actual, donde para encajar debemos seguir "reglas" sociales que nos dan la falsa sensación de seguridad y alegría, no tanto el sufrimiento es para quienes deciden ver más allá y pelean a diario con las limitantes que la multitud coloca. También el plot twist fue muy extraño, pero íntimo. En resumen, es una buena opción para entretenerse y pensar un poco.
*El mismo día probé ciertas hamburguesas de una cadena famosa pero no tan viral como McDonald's y Burguer King: Carl's Jr. En mi opinión profesional (y hamburguesera, cortesía de las muchas chucherías que me dejaron consumir mi tía y mi abuelo vikingo R.I.P) digo que... son jodidamente caras, pero bien lo valen. Hamburguesas llenas, completas, dispensador de refresco, agua y té según el gusto y atención en la mesa al estilo restaurante común. No soy fan de hacer publicidad pero les recomiendo que vayan... cuando tengan al menos 200$ disponibles, claro.
*Últimamente a Lobita le ha dado por hacer comida del lejano y misterioso coloso de Oriente...
NUNCAMÁS: ¿China?
Ay no, qué asco, hablo de Japón. Cuna de la tecnología en Asia, de los bellos trajes yukata y de los otakus originales (además de un número grande de palabras raras que definen situaciones que normalmente me pasan a mí), Japón solo me gustaba por uno que otro producto importado, pero entre tanto y tanto investigar su comida me abrió el apetito y, como ya imaginarán, me aventuré en sus milenarias páginas para buscar recetas. ¿Resultado?
-Onigiris, o bolitas de arroz. En este caso, rellenas de res y finamente empanizadas para los paladares necesitados de comida. Tres horas en la cocina y varias quemaduras de aceite bien valieron la pena al final. Lobita le da al platillo la calificación de: 10/10
-Mochis, o pastelitos de arroz. Rellenos de chocolate de repostería. El resultado fue un apocalipsis y un insulto; verán, Lobita podría cocinan bullabaise y hacerla bien aunque fuera su primera vez, pero respecto a los postres... el cuento es muy distinto. ¿Y qué pasó? los mochis sabían, literalmente, a engrudo con azúcar. Lobita califica el platillo con un triste: 2/10.
-Calpico, o bebida hecha con yogurt y limón. Cocinar a baño maría y hacerle otras tantas cosas hacen de la bebida un aparente dolor de cabeza, pero bien vale la pena. Lobita le da al calpico la calificación de: 8/10
-Pescado con tempura y cerveza. Con la cuaresma encima los viernes se ha cancelado el llamado "día de riñón" (por el señor ese que se pone a vender riñón y carnitas en el tianguis de los viernes) y lo suplimos por "día de pescado". La gracia de la tempura como Mamá Loba me explicó es rebajarla con cerveza para darle un saborcito especial;sin embargo, a Lobita le ganó ese deseo tan humano por lo prohibido y...
LOBITA: Una para ti... *echa cerveza en el tempura* otra para mi... *bebe un trago* una para ti... *cerveza en el tempura* otra para mi... *bebe un trago*
Entre una Lobinta poco acostumbrada a las bebidas alcohólicas y un tempura muy fuerte, el aceite de la cazuela pasó una buena tarde quemándome en sitios de lo más raros (el ojo, por ejemplo), pero el resultado final fue aceptable. Lobita le da al platillo una calificación de: 9/10.
Y por ahora estos han sido los acontecimientos preprimaverales más relevantes en mi vida. Como dato extra puedo decirles que al menos este año pasé un cumpleaños decente, con pastel, helado y el estómago sano, no como la última vez que entendí el significado de la frase "sentir el trasero como bandera de Japón... imperial". ¡Adiosito!
martes, 4 de febrero de 2014
EL CAMINO HACIA LA POPULARIDAD EN INTERNET
Supongo que esta entrada se las debo luego de deprimirlos con la anterior... de corazón lo siento pero necesitaba soltarlo y, de nuevo, he recordado que tengo un blog donde traumatizar a los cibernautas con mis líos.
El día de hoy les traigo una crónica, esta vez no de algo anunciado sino de un caso peculiar cuyo transporte se considera el idóneo para conquistar el mundo en mayor o menor escala: el internet. Justin "forever a douche" Bieber lo hizo, Germán Garmendia lo hizo y muchos pueden hacerlo, el problema viene en saber cómo hacer que funcione. Como dice un viejo dicho, todos los caminos llevan a Roma. Y este día, como dije, les traigo la...
CRÓNICA DE UNA POPULARIDAD NO ANUNCIADA *permiso SEGOB en proceso*
Todo comenzó un día en que jugando en los submundos de DeviantArt me encontré un juego de dress-up en que se pueden diseñar personajes con apariencia chibi (en japonés, "pequeño", sinónimo en muchos casos de "jodidamente lindo"). En un momento de inspiración diseñé con dicho programa una serie de muñequitos que... bueno.. júzguenlos ustedes mismos:
Lo que están viendo es una edición chibi-humanizada de algunos países (hice una segunda versión con otros países que en ese momento no diseñé, pero les pediré que se concentren de momento en esta). En la cuenta de una servidora en la misma página se subieron los diseños y recibieron críticas, tanto buenas como malas, y hasta ahí todo iba bien.
No auguré que, como Madero, había liberado un tigre. Peor aún: un tigre tierno y a la vez ligeramente controversial en internet.
El resultado fue lento pero imparable porque de súbito todos conocían la existencia de estas versiones. Comenzando en Facebook, donde páginas de diversos tipos subieron la imagen como una curiosidad excéntrica más y que, como plaga, se extendió al puro estilo electrónico llegando a lugares bizarros como... Taringa.
Pero la cosa no se reduce ahí. Ustedes pueden buscar la misma imagen en el eterno reino de Google con sólo escribir "latinoamérica en anime" o "países latinoamericanos hetalia", formando parte de las primeras opciones de respuesta.
Sin embargo, la costumbre empírica nos ha dicho que algo no es popular hasta que recibe el toque "británico estilo siglo XVI", alias "piratería", o también conocido como "extensión popular no electrónica", algo así como el Ultima Thule en este mundo de lo que es popular y lo que no. Pues bien, el tigre se volvió carne y hueso... o porcelana en este caso, cuando en Chile apareció esto:
Lo que están viendo es una taza vendida en un típico puesto de ventas frikis con mi diseño en ella. Conseguí la exclusiva de la foto gracias a una amiga, y así entendí el alcance de mi pequeña y aburrida jugarreta.
Así que, señores y señoritas, señoras y lo-que-sean, Lobita consiguió demostrar que con un simple momento de iluminación se pueden crear maravillas que asombren, desagraden e interesen a todos. Amén por eso.
P.D Irónicamente una imagen de estilo "definición gráfica de Thor 2", que yo quería hacer popular, no ganó tantos adeptos... irónico en verdad.
El día de hoy les traigo una crónica, esta vez no de algo anunciado sino de un caso peculiar cuyo transporte se considera el idóneo para conquistar el mundo en mayor o menor escala: el internet. Justin "forever a douche" Bieber lo hizo, Germán Garmendia lo hizo y muchos pueden hacerlo, el problema viene en saber cómo hacer que funcione. Como dice un viejo dicho, todos los caminos llevan a Roma. Y este día, como dije, les traigo la...
CRÓNICA DE UNA POPULARIDAD NO ANUNCIADA *permiso SEGOB en proceso*
Todo comenzó un día en que jugando en los submundos de DeviantArt me encontré un juego de dress-up en que se pueden diseñar personajes con apariencia chibi (en japonés, "pequeño", sinónimo en muchos casos de "jodidamente lindo"). En un momento de inspiración diseñé con dicho programa una serie de muñequitos que... bueno.. júzguenlos ustedes mismos:
Lo que están viendo es una edición chibi-humanizada de algunos países (hice una segunda versión con otros países que en ese momento no diseñé, pero les pediré que se concentren de momento en esta). En la cuenta de una servidora en la misma página se subieron los diseños y recibieron críticas, tanto buenas como malas, y hasta ahí todo iba bien.
No auguré que, como Madero, había liberado un tigre. Peor aún: un tigre tierno y a la vez ligeramente controversial en internet.
El resultado fue lento pero imparable porque de súbito todos conocían la existencia de estas versiones. Comenzando en Facebook, donde páginas de diversos tipos subieron la imagen como una curiosidad excéntrica más y que, como plaga, se extendió al puro estilo electrónico llegando a lugares bizarros como... Taringa.
Pero la cosa no se reduce ahí. Ustedes pueden buscar la misma imagen en el eterno reino de Google con sólo escribir "latinoamérica en anime" o "países latinoamericanos hetalia", formando parte de las primeras opciones de respuesta.
Sin embargo, la costumbre empírica nos ha dicho que algo no es popular hasta que recibe el toque "británico estilo siglo XVI", alias "piratería", o también conocido como "extensión popular no electrónica", algo así como el Ultima Thule en este mundo de lo que es popular y lo que no. Pues bien, el tigre se volvió carne y hueso... o porcelana en este caso, cuando en Chile apareció esto:
Lo que están viendo es una taza vendida en un típico puesto de ventas frikis con mi diseño en ella. Conseguí la exclusiva de la foto gracias a una amiga, y así entendí el alcance de mi pequeña y aburrida jugarreta.
Así que, señores y señoritas, señoras y lo-que-sean, Lobita consiguió demostrar que con un simple momento de iluminación se pueden crear maravillas que asombren, desagraden e interesen a todos. Amén por eso.
P.D Irónicamente una imagen de estilo "definición gráfica de Thor 2", que yo quería hacer popular, no ganó tantos adeptos... irónico en verdad.
Palabras clave de mis desgracias
aburricion,
accidentes,
anécdotas,
anime,
bizarro,
cosas,
personajes,
yo
viernes, 31 de enero de 2014
CAFÉ Y CIGARROS (EPÍSTOLA PÓSTUMA)
Seguro más de uno se preguntará qué pasó conmigo, que dejé de publicar a partir de Octubre para (a todas luces) jamás volver. Más probablemente se preguntarán el tono serio en que estoy escribiendo pero, como ciertas ocasiones contadas, lo amerita. Esta es la historia del último capítulo negro de un calvario que parecía no conocer fin y de cómo, los sobrevivientes, tuvimos que continuar con el peso de la duda y el silencio.
Recordarán que hace ya algún tiempo, cuando el blog estaba igual de vivo que universitario en fiesta, les hablé de un vikingo, un vikingo que se tomó la molestia, en sus últimos días de claridad, el relatarme con pelos y señales los pormenores y fantasías de sus viajes, de su vida en familia, de sus conocimientos aprendidos, como toda criatura del mundo antiguo, por el empirismo de la experiencia y que había visto, con sus propios ojos, la transformación de un país recién librado de las luchas revolucionarias hacia un abismo neoliberal sin freno y aún en sus buenos tiempos, fascinante.
Después de eso todo fue negrura. Un círculo vicioso entre la felicidad y la tristeza, la desesperación y la calma, la enfermedad y la salud que, como era de esperarse, llevaban al descenlace más temido y, a la vez, anhelado. Los vikingos que no mueren en batalla no verán jamás el Valhalla, y tal vez eso le pasó por la cabeza en un último esfuerzo, frustrado obviamente, por retomar las riendas de su drakkar de ruedas y hacerse a la carretera, volviendo aún más intensa su amargura y su temor. Dejó de hablar, al menos de hablar con coherencia, y todos contuvimos la respiración preguntándonos si llegaría el día en que todos despertáramos, menos uno.
Finalmente, una tarde alegre de domingo, o tan alegre como puede ser una tarde otoñal con sus luces doradas y rojizas sobre las hojas que se secan, pasó lo que tenía que pasar. No murió en casa, sino en el lugar más temido por mi persona, la cama de un hospital. Lo único que supe por dos horas fue que había sido una muerte súbita.
-No sufrió. -ese fue el único consuelo cuando nos llegó la noticia, poco antes de las cinco de la tarde. Al principio reí, una de esas risas huecas y extrañas que sueltan los dementes en los asilos; luego grité, un solo grito, y me desplomé en el piso con sentimientos encontrados que todavía no puedo deshilachar correctamente: miedo, alivio, rabia, desesperación, duda. Todo eso junto en tanto los minutos pasaban y el pronto anochecer cubría la casa con su manto de oscuridad. Se venía la noche más larga.
Me culpaba de no haber estado presente, en gran parte movida por el miedo que le tengo a los hospitales y más aquéllos donde se aglomeran los agonizantes, pero al fin me repuse, me vestí de negro y al retorno de Mamá Loba, que trataba de mantenerse en sus cabales, me marché con ella a la capilla de velación, a una hora de distancia de mi cómoda cama donde no me asolaban los susurros de los espíritus pero también lejos de mi culpa.
No dije mucho mientras, a la capilla solitaria, aparecían las siluetas de dos amistades de la viuda, presentando con solemnidad y timidez sus condolencias y permaneciendo ahí mientras mi madre y yo mirábamos alrededor. La capilla era pequeña, apostada en lo que hace muchas décadas debió ser un saloncito privado en la casona que ahora funge como funeraria. Una ventana estrecha y alta con balcón apostada al lado del serapeum, vigilado por dos altos obeliscos donde se enclavaban las luces que suplían a las velas, tres sillones largos de cuero en cada muro y una araña de cristal pequeña eran nuestra única compañía. Esa noche sin embargo no estábamos solos, en la capilla mayor otra familia (compuesta, como imaginé, por parientes directos, vástagos de cada rama y tal vez familia política y amigos) se conglomeraban haciendo un estruendo mudo de animales caminando. Ninguno de nosotros vivía, estábamos en un limbo extraño, un limbo donde vivos y muertos conviven pero donde no pueden hablarse, pues el velo del silencio sacro separa lo material de lo inmaterial y solo deja una pobre imitación de un recuerdo que se evapora aprisa entre el fuego y la tierra.
Poco después de medianoche y cuando estábamos presentes ya unos pocos familiares más, llegó el féretro. Mi primer impulso fue abrirlo para comprobar con mis propios ojos que el hombre fuerte que me llevara en brazos a las ferias y las tiendas ya no estaba en calidad de hacerlo; mi segundo impulso, cuando se colocó en el serapeum y abrieron la puerta superior, fue desmayarme, pero mi cuerpo no era capaz de tanto y todo lo que pude hacer fue emitir un silbido bajo, dejando que se me escapara todo el aire antes de respirar de nuevo y empezar a llorar, en silencio, buscando unos ojos hermanos que me dijeran que no era la única conmocionada. Una mano amable me tendió una servilleta para limpiarme la cara, y me arrebujé en el sillón más próximo al ataúd murmurando como loca "Lo siento... lo siento tanto..."
Las próximas horas me creí separada, muerta también. Todos, para matar el tiempo, hablaban entre sí tratando de darse ánimos luego del primer y tristón rosario de rigor; yo me dedicaba a levantarme, andar con paso torpe a la cafetería, coger una taza bien cargada y volver a mi sitio, olfateando el aroma común de las zonas ocupadas por la muerte, café y cigarros. Eran parte del limbo, como las voces y el frío que se colaba por la ventana pero yo lo único que sentía era lo último, el frío, el abandono. La proximidad de alguien que está ahí pero no lo está realmente, la impresión de la muerte acariciando con su mano huesuda mi cabeza esperando, esperando, divertida con el revuelo de sus presas esa noche lúgubre.
Dos y media de la mañana. Me acurruqué como pude en uno de los asientos, junto a la ventana y en meridiano con el ataúd, de modo que no podía verlo de frente pero sí por debajo, cerrando mis ojos a pesar del entumecimiento y el frío de la ventana porque no llevaba yo más abrigo que un suetercito negro que cogí al vuelo antes de marcharnos. Dormité, despertando a intervalos de una hora a lo sumo, así hasta que dieron las seis y media de la mañana; me sentía extraña, a esas horas y luego de un sueño reparador debía estar preparándome para la escuela, y sin embargo seguía en ese limbo donde no hay escuela, ni trabajo, ni casa, donde todo lo que hay son susurros inciertos y vivos viviendo entre difuntos antes de morir con ellos en su última despedida.
No morí, como sospeché por supersticiosa antes de quedarme dormida, pero el cuerpo seguía ahí, cada vez más pálido, pero aún humano en todos sus aspectos, con el cabello lacio y deslucido contra la suavidad de los blancos almohadones en que lo habían acostado. Se me ocurrió que el poema estúpido que había aprendido nueve días antes ahora tenía mucho sentido:
Me pareces, oh, piano
Por tu voz lastimera una caja de lágrimas
Y tu oscura madera evoca la visita
Del primer ataúd que recibí en mi casa
En plena juventud...
Antes de que nos alcanzaran las primeras luces llegaron otros familiares, y de nuevo nos pusimos de pie (yo, borracha de frío y café) para rezar. Cuando terminamos un empleado de la funeraria se acercó a dejarnos un cesto de pan dulce. Mordisqueé... la verdad no me acuerdo, pero lo hice más por deber que por gusto, en el limbo, ¿saben ustedes? no se siente hambre. Fue cuando llegó también mi hermano, tan desprendido de la atmósfera de fatalidad que se sentó en la alfombra a parlotear con quien quisiera oírlo y luego pedir unos chicles de menta, también, imagino, para combatir el aburrimiento. Los niños son los únicos exentos del limbo, tal vez porque sus almas son demasiado frágiles todavía o porque la muerte, en su predilección por los pequeños, omite fastidiarlos a menos que decida llevárselos.
Con las primeras luces la viuda se puso de pie. Se le había olvidado la misa, y no íbamos a tirar al vikingo como proscrito sin recibir su última bendición, así que echó a buscar el teléfono de la misma iglesia donde recibí el cuerpo y sangre de Nuestro Señor y luego, juré rectitud en mi juventud acaecida cinco años atrás, apenas cinco años atrás... Mientras esperábamos, sin embargo, otro empleado nos comentó entre murmullos de respeto (la otra familia aún esperaba el coche fúnebre) que en un bendito tino del destino nos correspondía la misa en un templo cercano, uno de los más antiguos de la ciudad y también, de los más hermosos arquitectónicamente hablando, con su estilo gótico francés y sus vitrales intactos y límpidos. Tendríamos que esperar unas horas más, al mediodía, antes de que la comitiva (compuesta a esas alturas por más de diez personas, en contraste con las cinco de la velación) echara a andar al lugar indicado.
El escándalo fue tal que propició una especie de antimilagro que yo no hubiera creído de no haberlo visto, pero la cosa fue que mientras todos seguíamos mirando como hipnotizados el féretro Lobeznito volvió echando voces y gritando que alguien estaba ahí. Ese alguien era imposible tenerlo presente pues, siendo hermana del difunto, llevaba casi dos años con demencia y se le olvidaban hasta los rostros y nombres de sus parientes, pero los chillidos del menor estaban justificados pues la anciana, mucho más enclenque y delicada de lo que yo medio recordaba de otro funeral, apostada en su silla de ruedas y cerrada por una comitiva de dos vástagos, llegaba hasta el ataúd con los ojos vacíos, pero con el alma reconociendo a su sangre tendida en el ataúd plateado. Otro de los hermanos, luego de un estoicismo idéntico al de mi madre, se echó a llorar en ese preciso instante.
Otro milagro extraño ocurrió cuando, de repente, y cuando estábamos apenas tres almas en la capilla mientras el resto se iba a armar escándalo a los jardines, entró un individuo desconocido saludando con un tibio "buenos días" y se acercó al féretro. No supimos quién era hasta que la viuda regresó y se presentó como un colega de trabajo. Del cómo averiguó que estábamos todos ahí, nunca lo supe.
Por fin sonó la hora. Debíamos despedirnos del limbo, pero aún llevar al muerto con nosotros. Me puse de pie tomando la mano de Lobeznito y echamos a andar, en tropel, hacia la salida. El paracaidista amigo del difunto nos llevó hasta la explanada del templo, y entramos en silencio por la entrada lateral hasta la capilla, cóncava como la de cualquier edificio gótico, donde esperábamos por fin la última misa. Me acurruqué en un asiento delantero junto a mi madre y mi hermano mientras esperábamos, inquietas, por la entrada del féretro. Un hombre del templo me miró por unos segundos antes de soltarme:
-¿Quisiera usted hacer la lectura de hoy?
Algo que caracterizó mis años de infancia junto al buen vikingo es que le gustaba tenerme apostada en una esquina de su cama leyendo en voz alta hasta que se dormía, para compensarme luego con el préstamo de su televisor (el más grande de la casa) o con unas chucherías. Acepté, más que nada por cumplir ese mandato tierno y autoimpuesto. Llegado el momento, la música seca del órgano y las voces dolientes de las coristas acabaron con los nervios de Mamá Loba y echó a llorar. Yo también, pero debía aguantar un poco más, no quería oír mi voz quebrada en ese último cuento que podría leerle. No recuerdo bien la lectura, pero hablaba eso sí, de la resurección y el pesar de la muerte en un tono solemne que me parecía vacío, pero alentador. El Valhalla en todo caso no había quedado cerrado, pese a las causas de muerte que le sobrevinieron al durmiente eterno.
En la explanada delantera, donde las columnas de cantera sujetan las imágenes de los apóstoles, hubo que despedirse una última vez. Como todo vikingo, su funeral sería por fuego, no en un barco a la deriva del mar pero sí consumido hasta las cenizas. Madre apretó su mano y dejó un beso tímido en su frente helada, yo me acerqué, mirándolo intensamente y dejando que se desprendieran las últimas gotas de afecto ingenuo de años atrás y murmuré:
-Hasta siempre.
Nos fuimos, saliendo del limbo con rudeza y sintiendo de nuevo el sol sancochándome y el crepitar de las fuentes. Adentro, acompañando hasta el final al vikingo que tantos años habíase dedicado a mí, quedaba la niña pequeña, la infantil Lobeznita que se negó a marchar conmigo, en calidad de fragmento de alma, para aferrarse a su padre y no abandonarlo jamás, muriendo también con él y dejándome a mí en una rivera de desconcierto, de vacío... y de renacer.
R.I.P
J. C. R
abril 26 de 1949 - octubre 13 de 2013
Recordarán que hace ya algún tiempo, cuando el blog estaba igual de vivo que universitario en fiesta, les hablé de un vikingo, un vikingo que se tomó la molestia, en sus últimos días de claridad, el relatarme con pelos y señales los pormenores y fantasías de sus viajes, de su vida en familia, de sus conocimientos aprendidos, como toda criatura del mundo antiguo, por el empirismo de la experiencia y que había visto, con sus propios ojos, la transformación de un país recién librado de las luchas revolucionarias hacia un abismo neoliberal sin freno y aún en sus buenos tiempos, fascinante.
Después de eso todo fue negrura. Un círculo vicioso entre la felicidad y la tristeza, la desesperación y la calma, la enfermedad y la salud que, como era de esperarse, llevaban al descenlace más temido y, a la vez, anhelado. Los vikingos que no mueren en batalla no verán jamás el Valhalla, y tal vez eso le pasó por la cabeza en un último esfuerzo, frustrado obviamente, por retomar las riendas de su drakkar de ruedas y hacerse a la carretera, volviendo aún más intensa su amargura y su temor. Dejó de hablar, al menos de hablar con coherencia, y todos contuvimos la respiración preguntándonos si llegaría el día en que todos despertáramos, menos uno.
Finalmente, una tarde alegre de domingo, o tan alegre como puede ser una tarde otoñal con sus luces doradas y rojizas sobre las hojas que se secan, pasó lo que tenía que pasar. No murió en casa, sino en el lugar más temido por mi persona, la cama de un hospital. Lo único que supe por dos horas fue que había sido una muerte súbita.
-No sufrió. -ese fue el único consuelo cuando nos llegó la noticia, poco antes de las cinco de la tarde. Al principio reí, una de esas risas huecas y extrañas que sueltan los dementes en los asilos; luego grité, un solo grito, y me desplomé en el piso con sentimientos encontrados que todavía no puedo deshilachar correctamente: miedo, alivio, rabia, desesperación, duda. Todo eso junto en tanto los minutos pasaban y el pronto anochecer cubría la casa con su manto de oscuridad. Se venía la noche más larga.
Me culpaba de no haber estado presente, en gran parte movida por el miedo que le tengo a los hospitales y más aquéllos donde se aglomeran los agonizantes, pero al fin me repuse, me vestí de negro y al retorno de Mamá Loba, que trataba de mantenerse en sus cabales, me marché con ella a la capilla de velación, a una hora de distancia de mi cómoda cama donde no me asolaban los susurros de los espíritus pero también lejos de mi culpa.
No dije mucho mientras, a la capilla solitaria, aparecían las siluetas de dos amistades de la viuda, presentando con solemnidad y timidez sus condolencias y permaneciendo ahí mientras mi madre y yo mirábamos alrededor. La capilla era pequeña, apostada en lo que hace muchas décadas debió ser un saloncito privado en la casona que ahora funge como funeraria. Una ventana estrecha y alta con balcón apostada al lado del serapeum, vigilado por dos altos obeliscos donde se enclavaban las luces que suplían a las velas, tres sillones largos de cuero en cada muro y una araña de cristal pequeña eran nuestra única compañía. Esa noche sin embargo no estábamos solos, en la capilla mayor otra familia (compuesta, como imaginé, por parientes directos, vástagos de cada rama y tal vez familia política y amigos) se conglomeraban haciendo un estruendo mudo de animales caminando. Ninguno de nosotros vivía, estábamos en un limbo extraño, un limbo donde vivos y muertos conviven pero donde no pueden hablarse, pues el velo del silencio sacro separa lo material de lo inmaterial y solo deja una pobre imitación de un recuerdo que se evapora aprisa entre el fuego y la tierra.
Poco después de medianoche y cuando estábamos presentes ya unos pocos familiares más, llegó el féretro. Mi primer impulso fue abrirlo para comprobar con mis propios ojos que el hombre fuerte que me llevara en brazos a las ferias y las tiendas ya no estaba en calidad de hacerlo; mi segundo impulso, cuando se colocó en el serapeum y abrieron la puerta superior, fue desmayarme, pero mi cuerpo no era capaz de tanto y todo lo que pude hacer fue emitir un silbido bajo, dejando que se me escapara todo el aire antes de respirar de nuevo y empezar a llorar, en silencio, buscando unos ojos hermanos que me dijeran que no era la única conmocionada. Una mano amable me tendió una servilleta para limpiarme la cara, y me arrebujé en el sillón más próximo al ataúd murmurando como loca "Lo siento... lo siento tanto..."
Las próximas horas me creí separada, muerta también. Todos, para matar el tiempo, hablaban entre sí tratando de darse ánimos luego del primer y tristón rosario de rigor; yo me dedicaba a levantarme, andar con paso torpe a la cafetería, coger una taza bien cargada y volver a mi sitio, olfateando el aroma común de las zonas ocupadas por la muerte, café y cigarros. Eran parte del limbo, como las voces y el frío que se colaba por la ventana pero yo lo único que sentía era lo último, el frío, el abandono. La proximidad de alguien que está ahí pero no lo está realmente, la impresión de la muerte acariciando con su mano huesuda mi cabeza esperando, esperando, divertida con el revuelo de sus presas esa noche lúgubre.
Dos y media de la mañana. Me acurruqué como pude en uno de los asientos, junto a la ventana y en meridiano con el ataúd, de modo que no podía verlo de frente pero sí por debajo, cerrando mis ojos a pesar del entumecimiento y el frío de la ventana porque no llevaba yo más abrigo que un suetercito negro que cogí al vuelo antes de marcharnos. Dormité, despertando a intervalos de una hora a lo sumo, así hasta que dieron las seis y media de la mañana; me sentía extraña, a esas horas y luego de un sueño reparador debía estar preparándome para la escuela, y sin embargo seguía en ese limbo donde no hay escuela, ni trabajo, ni casa, donde todo lo que hay son susurros inciertos y vivos viviendo entre difuntos antes de morir con ellos en su última despedida.
No morí, como sospeché por supersticiosa antes de quedarme dormida, pero el cuerpo seguía ahí, cada vez más pálido, pero aún humano en todos sus aspectos, con el cabello lacio y deslucido contra la suavidad de los blancos almohadones en que lo habían acostado. Se me ocurrió que el poema estúpido que había aprendido nueve días antes ahora tenía mucho sentido:
Me pareces, oh, piano
Por tu voz lastimera una caja de lágrimas
Y tu oscura madera evoca la visita
Del primer ataúd que recibí en mi casa
En plena juventud...
Antes de que nos alcanzaran las primeras luces llegaron otros familiares, y de nuevo nos pusimos de pie (yo, borracha de frío y café) para rezar. Cuando terminamos un empleado de la funeraria se acercó a dejarnos un cesto de pan dulce. Mordisqueé... la verdad no me acuerdo, pero lo hice más por deber que por gusto, en el limbo, ¿saben ustedes? no se siente hambre. Fue cuando llegó también mi hermano, tan desprendido de la atmósfera de fatalidad que se sentó en la alfombra a parlotear con quien quisiera oírlo y luego pedir unos chicles de menta, también, imagino, para combatir el aburrimiento. Los niños son los únicos exentos del limbo, tal vez porque sus almas son demasiado frágiles todavía o porque la muerte, en su predilección por los pequeños, omite fastidiarlos a menos que decida llevárselos.
Con las primeras luces la viuda se puso de pie. Se le había olvidado la misa, y no íbamos a tirar al vikingo como proscrito sin recibir su última bendición, así que echó a buscar el teléfono de la misma iglesia donde recibí el cuerpo y sangre de Nuestro Señor y luego, juré rectitud en mi juventud acaecida cinco años atrás, apenas cinco años atrás... Mientras esperábamos, sin embargo, otro empleado nos comentó entre murmullos de respeto (la otra familia aún esperaba el coche fúnebre) que en un bendito tino del destino nos correspondía la misa en un templo cercano, uno de los más antiguos de la ciudad y también, de los más hermosos arquitectónicamente hablando, con su estilo gótico francés y sus vitrales intactos y límpidos. Tendríamos que esperar unas horas más, al mediodía, antes de que la comitiva (compuesta a esas alturas por más de diez personas, en contraste con las cinco de la velación) echara a andar al lugar indicado.
El escándalo fue tal que propició una especie de antimilagro que yo no hubiera creído de no haberlo visto, pero la cosa fue que mientras todos seguíamos mirando como hipnotizados el féretro Lobeznito volvió echando voces y gritando que alguien estaba ahí. Ese alguien era imposible tenerlo presente pues, siendo hermana del difunto, llevaba casi dos años con demencia y se le olvidaban hasta los rostros y nombres de sus parientes, pero los chillidos del menor estaban justificados pues la anciana, mucho más enclenque y delicada de lo que yo medio recordaba de otro funeral, apostada en su silla de ruedas y cerrada por una comitiva de dos vástagos, llegaba hasta el ataúd con los ojos vacíos, pero con el alma reconociendo a su sangre tendida en el ataúd plateado. Otro de los hermanos, luego de un estoicismo idéntico al de mi madre, se echó a llorar en ese preciso instante.
Otro milagro extraño ocurrió cuando, de repente, y cuando estábamos apenas tres almas en la capilla mientras el resto se iba a armar escándalo a los jardines, entró un individuo desconocido saludando con un tibio "buenos días" y se acercó al féretro. No supimos quién era hasta que la viuda regresó y se presentó como un colega de trabajo. Del cómo averiguó que estábamos todos ahí, nunca lo supe.
Por fin sonó la hora. Debíamos despedirnos del limbo, pero aún llevar al muerto con nosotros. Me puse de pie tomando la mano de Lobeznito y echamos a andar, en tropel, hacia la salida. El paracaidista amigo del difunto nos llevó hasta la explanada del templo, y entramos en silencio por la entrada lateral hasta la capilla, cóncava como la de cualquier edificio gótico, donde esperábamos por fin la última misa. Me acurruqué en un asiento delantero junto a mi madre y mi hermano mientras esperábamos, inquietas, por la entrada del féretro. Un hombre del templo me miró por unos segundos antes de soltarme:
-¿Quisiera usted hacer la lectura de hoy?
Algo que caracterizó mis años de infancia junto al buen vikingo es que le gustaba tenerme apostada en una esquina de su cama leyendo en voz alta hasta que se dormía, para compensarme luego con el préstamo de su televisor (el más grande de la casa) o con unas chucherías. Acepté, más que nada por cumplir ese mandato tierno y autoimpuesto. Llegado el momento, la música seca del órgano y las voces dolientes de las coristas acabaron con los nervios de Mamá Loba y echó a llorar. Yo también, pero debía aguantar un poco más, no quería oír mi voz quebrada en ese último cuento que podría leerle. No recuerdo bien la lectura, pero hablaba eso sí, de la resurección y el pesar de la muerte en un tono solemne que me parecía vacío, pero alentador. El Valhalla en todo caso no había quedado cerrado, pese a las causas de muerte que le sobrevinieron al durmiente eterno.
En la explanada delantera, donde las columnas de cantera sujetan las imágenes de los apóstoles, hubo que despedirse una última vez. Como todo vikingo, su funeral sería por fuego, no en un barco a la deriva del mar pero sí consumido hasta las cenizas. Madre apretó su mano y dejó un beso tímido en su frente helada, yo me acerqué, mirándolo intensamente y dejando que se desprendieran las últimas gotas de afecto ingenuo de años atrás y murmuré:
-Hasta siempre.
Nos fuimos, saliendo del limbo con rudeza y sintiendo de nuevo el sol sancochándome y el crepitar de las fuentes. Adentro, acompañando hasta el final al vikingo que tantos años habíase dedicado a mí, quedaba la niña pequeña, la infantil Lobeznita que se negó a marchar conmigo, en calidad de fragmento de alma, para aferrarse a su padre y no abandonarlo jamás, muriendo también con él y dejándome a mí en una rivera de desconcierto, de vacío... y de renacer.
R.I.P
J. C. R
abril 26 de 1949 - octubre 13 de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
LOBOAVENTURAS EN AVE COSTERA PARTE 1: DESCRIPCIÓN
Supondrán vosotros que he muerto, pero no, sigo aquí cargada de labores universitarios (advertencia: sé que la mayoría por aquí ya son universitarios y me comprenderán, pero si no... ustedes no conocen el infierno ¬¬); pero no os preocupéis, porque para contrarrestar mi casi nula presencia en este sitio les traigo... *chan chan chaaaan* CRÓNICAS LOBUNAS DE AVENTURAS.
Verán ustedes: por cuestiones de locura colectiva (digamos que este año no he vivido nada emocionante más allá de mi guerra fraticida por alcanzar un asiento en el camión de ida a al escuela) terminé asistiendo este mismo fin de semana a un lugar muy, pero muy lejano de Lobolandia al que aquí llamaremos "Ave Costera". Ave Costera, como indica su nombre, es un pueblo pequeño ubicado peligrosamente cerca de la costa (dos ciudades más y literalmente llego al Pacífico); por su extensión uno no creería que es un poblado real, al menos no para el siglo XXI pero su gracia reside precisamente en ello, que es pequeño, y yo como buena hibernadora que soy lo encuentro adorable... eso sí, por su cercanía al mar los "cálidos" vientos del suroeste hacen mejor calefacción que las cosillas eléctricas que compran los gringos.
Para acceder a Ave Costera hay que pasar por una carretera que sufre del síndrome de José Agustín Ramírez (por aquéllo del "por los caminos del sur"~), y que una hora y algo después descubres que se acabó la civilización y comienza la travesía de la Tierra Media, mejor conocida como El Voladero por aquéllo de que una cadena montañosa se abre literalmente a tus pies, como un agujero verde y paisajista directo al infierno (de hecho cuando lo cruzamos entré en pánico y me sujeté de los asientos delanteros rezando por dentro para que no diéramos vuelta en falso por la cañada).
Ave Costera, como dije, es literalmente chibi, por lo que para acceder de la zona residencial al centro se necesitan 5... minutos de caminata. El pueblo colinda entonces con el mismo paisaje que ya describí, y con poblados prácticamente fantasma donde se encargan de labores de agricultura y recuerdan, vagamente, a los paisajes de las telenovelas de época. El lugar en sí es un lugar de comercio donde puedes literalmente hallar de todo un poco: zapatos, ropa, comida, bebidas, plantas, etc.
Más allá, en los lindes, todo lo que se ven son montañas, todas estas cubiertas por plantas de todo tipo alimentadas por la lluvia y la brisa. En el interior, la plaza principal parece de retrato, no hay más automóviles que los particulares, ni taxis ni autobuses, lo que hace más fácil la caminata, también porque no existe un atasque de gente como en ciudades grandes.
Las noches son parecidas a las de la costa, cálidas con brisas tenues que refrescan el exterior, las luces son pocas pero eso mejora la sensación de calma que de por sí ya existe. ¿Ruido? sí pero es casi toda de música y no molesta. En resumen, Ave Costera es un última thule que hace que el cruce por Tierra Media valga la pena.
Esto es, en general, el rostro de Ave Costera.
Verán ustedes: por cuestiones de locura colectiva (digamos que este año no he vivido nada emocionante más allá de mi guerra fraticida por alcanzar un asiento en el camión de ida a al escuela) terminé asistiendo este mismo fin de semana a un lugar muy, pero muy lejano de Lobolandia al que aquí llamaremos "Ave Costera". Ave Costera, como indica su nombre, es un pueblo pequeño ubicado peligrosamente cerca de la costa (dos ciudades más y literalmente llego al Pacífico); por su extensión uno no creería que es un poblado real, al menos no para el siglo XXI pero su gracia reside precisamente en ello, que es pequeño, y yo como buena hibernadora que soy lo encuentro adorable... eso sí, por su cercanía al mar los "cálidos" vientos del suroeste hacen mejor calefacción que las cosillas eléctricas que compran los gringos.
Para acceder a Ave Costera hay que pasar por una carretera que sufre del síndrome de José Agustín Ramírez (por aquéllo del "por los caminos del sur"~), y que una hora y algo después descubres que se acabó la civilización y comienza la travesía de la Tierra Media, mejor conocida como El Voladero por aquéllo de que una cadena montañosa se abre literalmente a tus pies, como un agujero verde y paisajista directo al infierno (de hecho cuando lo cruzamos entré en pánico y me sujeté de los asientos delanteros rezando por dentro para que no diéramos vuelta en falso por la cañada).
Ave Costera, como dije, es literalmente chibi, por lo que para acceder de la zona residencial al centro se necesitan 5... minutos de caminata. El pueblo colinda entonces con el mismo paisaje que ya describí, y con poblados prácticamente fantasma donde se encargan de labores de agricultura y recuerdan, vagamente, a los paisajes de las telenovelas de época. El lugar en sí es un lugar de comercio donde puedes literalmente hallar de todo un poco: zapatos, ropa, comida, bebidas, plantas, etc.
Más allá, en los lindes, todo lo que se ven son montañas, todas estas cubiertas por plantas de todo tipo alimentadas por la lluvia y la brisa. En el interior, la plaza principal parece de retrato, no hay más automóviles que los particulares, ni taxis ni autobuses, lo que hace más fácil la caminata, también porque no existe un atasque de gente como en ciudades grandes.
Las noches son parecidas a las de la costa, cálidas con brisas tenues que refrescan el exterior, las luces son pocas pero eso mejora la sensación de calma que de por sí ya existe. ¿Ruido? sí pero es casi toda de música y no molesta. En resumen, Ave Costera es un última thule que hace que el cruce por Tierra Media valga la pena.
Esto es, en general, el rostro de Ave Costera.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
PRELUDIO DESENCANTADO
Adivinen... ¡WE ARE BACK!
*ve pasar varias plantitas rodantes*
...Bueno, entiendo que me he desentendido de este lugar como nunca, pero no debéis temer, sigo con vida y rodando por el mundo que cada vez se vuelve más de cabeza en la siempre extraña Lobolandia. Pero les haré un breve repaso de mis desventuras:
*Fui a ver Iron Man 3 y por primera vez en mi vida entré a un Cinépolis (¿qué? soy gente pobre...). La sorpresa del final y del plot twist fueron casi herejes, pero tolerables a mi entender.
*Contrario a los deseos asesinos de mis detractores universitarios, sigo sobreviviendo con una calificación decente, aunque siempre podría ser mejor. Mi carrera como abogada del diablo sigue en pie.
*He tenido tiempo de repasar la saga Millenium y debo decir que es muy recomendable. En serio, por favor, lean cosas decentes, estoy mareada de ver por todos lados pululando esa tontería de 50 sombras de Grey y Cazadores de Sobras y Maze Runner.
*También he comenzado, junto con Mamá Loba, una nueva saga de libros. Un viaje en el tiempo nos lleva a una época extraña, diferente y crucial, donde los ricos son abusivos y los pobre oprimidos (...bueno esto no es novedad) y donde un hombre puede hacer la diferencia... o morir en el intento. ¿Un rey? algo así. ¿Un rebelde? hmm... indefinible... ¿un tipo con superpoderes paria de la sociedad? seguimos en la misma... Lo que estamos leyendo es el inicio de la saga de Caballo de Troya, una visión más, digamos, "familiar" de la vida, obras y menesteres poco solemnes de Jesucristo. Apto para ateos, no apto para creyentes cucaracheros que seguro encontrarán ofensivas las troleadas a los fariseos y las escenas aniñadas pero... en fin...
*También logré terminar Memorias de una Geisha, otro libro recomendable donde la historia de amor está en un segundo plano, por lo que no nos entorpecerá del todo la lectura pese a la insistencia. Ojo con las descripciones porque son excelentes.
*Me he obsesionado con hacer videos de canciones en multilenguaje, tanto así que llevo, más o menos 5 de ellos subidos convenientemente a Youtube. No, aún no me decido a hacer videoblogs.
*He descubierto una forma efectiva de saber si una mujer está embarazada o no (digo, para evitar incidentes incómodos en la calle): ¿se le nota la hendidura del ombligo o parece traer dos panzas adheridas tipo pirámide romboide? felicidades, no está embarazada.
*Mi viaje vikingo ha concluído de la mejor manera. El viaje nazi sigue en curso y cada día me llegan datos más loquillos.
*El noble cuyo Iggy ha pasado a mejor vida... literalmente porque lo doné a una granja. Ahora mi compañía sigue siendo el mismo pez caradura que desde el año pasado me insulta en griego (eso creo, las burbujitas que escupe parecen carácteres antiguos).
*Doggy boom. Seis cachorros. Todos pequeños, redondos y peluditos como los perritos del internet. No podría estar rodando en algo más mullido ni aún teniendo alfombra persa.
Y esas han sido las brevedades de mayor importancia durante estos meses de silencio. Ahora que retornamos al negocio les agradezco su fidelidad (que yo no tengo por lo visto) y les prometo más entradas, como siempre. ¡Adiosito!
*ve pasar varias plantitas rodantes*
...Bueno, entiendo que me he desentendido de este lugar como nunca, pero no debéis temer, sigo con vida y rodando por el mundo que cada vez se vuelve más de cabeza en la siempre extraña Lobolandia. Pero les haré un breve repaso de mis desventuras:
*Fui a ver Iron Man 3 y por primera vez en mi vida entré a un Cinépolis (¿qué? soy gente pobre...). La sorpresa del final y del plot twist fueron casi herejes, pero tolerables a mi entender.
*Contrario a los deseos asesinos de mis detractores universitarios, sigo sobreviviendo con una calificación decente, aunque siempre podría ser mejor. Mi carrera como abogada del diablo sigue en pie.
*He tenido tiempo de repasar la saga Millenium y debo decir que es muy recomendable. En serio, por favor, lean cosas decentes, estoy mareada de ver por todos lados pululando esa tontería de 50 sombras de Grey y Cazadores de Sobras y Maze Runner.
*También he comenzado, junto con Mamá Loba, una nueva saga de libros. Un viaje en el tiempo nos lleva a una época extraña, diferente y crucial, donde los ricos son abusivos y los pobre oprimidos (...bueno esto no es novedad) y donde un hombre puede hacer la diferencia... o morir en el intento. ¿Un rey? algo así. ¿Un rebelde? hmm... indefinible... ¿un tipo con superpoderes paria de la sociedad? seguimos en la misma... Lo que estamos leyendo es el inicio de la saga de Caballo de Troya, una visión más, digamos, "familiar" de la vida, obras y menesteres poco solemnes de Jesucristo. Apto para ateos, no apto para creyentes cucaracheros que seguro encontrarán ofensivas las troleadas a los fariseos y las escenas aniñadas pero... en fin...
*También logré terminar Memorias de una Geisha, otro libro recomendable donde la historia de amor está en un segundo plano, por lo que no nos entorpecerá del todo la lectura pese a la insistencia. Ojo con las descripciones porque son excelentes.
*Me he obsesionado con hacer videos de canciones en multilenguaje, tanto así que llevo, más o menos 5 de ellos subidos convenientemente a Youtube. No, aún no me decido a hacer videoblogs.
*He descubierto una forma efectiva de saber si una mujer está embarazada o no (digo, para evitar incidentes incómodos en la calle): ¿se le nota la hendidura del ombligo o parece traer dos panzas adheridas tipo pirámide romboide? felicidades, no está embarazada.
*Mi viaje vikingo ha concluído de la mejor manera. El viaje nazi sigue en curso y cada día me llegan datos más loquillos.
*El noble cuyo Iggy ha pasado a mejor vida... literalmente porque lo doné a una granja. Ahora mi compañía sigue siendo el mismo pez caradura que desde el año pasado me insulta en griego (eso creo, las burbujitas que escupe parecen carácteres antiguos).
*Doggy boom. Seis cachorros. Todos pequeños, redondos y peluditos como los perritos del internet. No podría estar rodando en algo más mullido ni aún teniendo alfombra persa.
Y esas han sido las brevedades de mayor importancia durante estos meses de silencio. Ahora que retornamos al negocio les agradezco su fidelidad (que yo no tengo por lo visto) y les prometo más entradas, como siempre. ¡Adiosito!
sábado, 30 de marzo de 2013
SIN IMAGINACIÓN
Segurito que se preguntarán porqué no he hecho posts desde febrero siendo que ya casi se acaba marzo. Pues la triste verdad es que entre la U de L y estar tratando de redactar una novela de un buen volumen de hojas están prácticamente devorándose mi imaginación. Sin embargo, como quiero hacer un hiatus decente, les informaré de los últimos y breves detalles bizarros de mi vida:
1) Como sabrán, mi cumpleaños fue este mes. ¿Recuerdan cuando les dije que soy de ésa clase de personas que estando en medio de la nada le podría llover un pez del cielo? Pues ese tragicómico domingo se cumplió mi maldición: apenas cumplí los veinte años me festejó el organismo con una gastroenteritis que me tuvo en cama casi dos semanas echando el alma por la boca y comiendo como conejo. El resultado fue que actualmente peso 50 kilogramos y eso estaría bien de no ser porque mi metabolismo no me permite subir de peso con facilidad, en resumen, bajé de peso en forma contraproducente.
2) El asunto este de los nazis me sigue insistiendo. Ahora, la novedad es que ya no solo me llueven libros, sino también películas y cosas más bizarras. El otro día mientras volvía en el atascadero con ruedas que normalmente llaman "camión", pasamos delante de un conjunto de casas y, delante de una, había una camioneta de color verde oscuro con una feliz esvástica sobre sus costados, así como las que se ven en películas de guerra para llevarse judíos al parque de diversiones Auschwitz... Sí, aún no sé de dónde carajos salió ese automóvil.
3) Mi suerte como La Parca acabó con la vida de mis dos hámsters, los primeros que he tenido desde que a los doce años me prohibieron tajantemente tener uno. El primero halló la paz en manos (o dientes) de mi gatito Watson, quien seguro lo ha confundido con una rata por su color de pelo, y el segundo ha caído así, nada más de sopetón. Feliz inicio de año, supongo.
4) Durante un breve arranque de locura, me ha dado por estudiar alemán por mi cuenta. Me he medio rendido... ahora voy con el ruso. Y lo peor, le entiendo más al ruso .___.
5) He descubierto que, o me estoy volviendo hermitaña, o mi subconsciente ha decidido que la época de secundaria se reduce solo a tres cosas y nada más. ¿Porqué? Porque en mi Facebook me he topado con excompañeros míos de ese tiempo, todos muy amables y correctos pidiéndome aceptar sus solicitudes y... bueno, me he vuelto para adentro sin tener concha y me he hecho la sorda. Aún no averiguo porqué lo hago, pero algo me dice que está relacionado con mi cada vez más bajo interés en el noble arte de la fanaticada y más en el de la investigación política.
6) Como todos sabemos, hay un riesgo de una posible Tercera Guerra Mundial. ¿Mi predicción? Ni será tan divertida como la Segunda ni tan melodramática como la Primera, Latinoamérica tendrá que salir vivo por su cuenta y EUA perderá su hegemonía. Ah, y China lo resentirá. Mucho. A ver, que venga y me alegue mi maestra ultracomunista que me odiaría a muerte de no ser porque entrego redacciones decentes.
7) Hablando del tema, he hecho una especie de conteo escolar respecto a las ideologías sociopolíticas. La mayoría son rojillos en definitiva, otros son comunistasliebers, es decir, dicen serlo pero actúan como capitalistas, y un reducido grupo de nosotros, imperceptibles porque los gritos cada día más comunes de "¡Por la Revolución Troskysta!" nos dejan un poco fuera de foco, somos nacionalsocialistas. Viva la mezcla.
8) He visto completa por primera vez "Lo Que el Viento se Llevó". Me ha parecido excelente y el final muy prometedor, casi casi como para segunda parte, pero la verdad es que eso dañaría el producto.
9) Me he echado en un solo día un manga llamado "Saint Onii San", también llamado "Saint Young Men" que técnicamente se trata de la vida como gente "normal" (si la gente normal acaso despide auras luminosas y convierte las piedras en pan de centeno) de Jesucristo y Buda como roomies en Japón. Como tengo ciertos prejuicios aún los miré con cuidado, pero la verdad es que están muy monos y le dan otro sabor a la religión, menos inflexible y más humano, así que si quieren reírse un ratito pueden leerlos.
10) Sigo con mi guerra sin fin contra el baño del segundo piso. La buena noticia es que luego de haber echado literalmente vinagre y cloro puro por el drenaje ya no me han salido "sorpresas". Eso sí, la araña que vive en el hueco de la pared me mira con mucho odio...
11) Lobeznito está a un paso de volverse un "friki" como se dice normalmente, o mejor dicho un "gamer". Eso estaría bien de no ser porque estamos cumpliendo con el estereotipo virtual de hombres y mujeres. Le hemos intentado apartar de la computadora con libros pero... bueno, ya veremos a finales de mes si el ejercicio funcionó.
12) Por fin, luego de casi quince años, he logrado averiguar de qué es la misteriosa camioneta que pasa todas las tardes con la musiquita alegre y rara de piano. Es un camión de helados. En mi ciudad bicicletera con sueños guajiros de pseudocapital. Me he alegrado de que sea un detalle tan bonito, pero tambien tengo nostalgia porque ya no habrá más ilusiones infantiles, el último círculo se ha cerrado.
13) Tambien sigo con las clases de piano... bueno, sigo practicando con el piano virtual pero es casi lo mismo, ¿qué no?
Así que, con este hiatus, les digo: no dejaré de publicar, pero serán posts más cortos hasta que pueda subir algo decentemente largo y digno. ¡¡Adiosito!!
1) Como sabrán, mi cumpleaños fue este mes. ¿Recuerdan cuando les dije que soy de ésa clase de personas que estando en medio de la nada le podría llover un pez del cielo? Pues ese tragicómico domingo se cumplió mi maldición: apenas cumplí los veinte años me festejó el organismo con una gastroenteritis que me tuvo en cama casi dos semanas echando el alma por la boca y comiendo como conejo. El resultado fue que actualmente peso 50 kilogramos y eso estaría bien de no ser porque mi metabolismo no me permite subir de peso con facilidad, en resumen, bajé de peso en forma contraproducente.
2) El asunto este de los nazis me sigue insistiendo. Ahora, la novedad es que ya no solo me llueven libros, sino también películas y cosas más bizarras. El otro día mientras volvía en el atascadero con ruedas que normalmente llaman "camión", pasamos delante de un conjunto de casas y, delante de una, había una camioneta de color verde oscuro con una feliz esvástica sobre sus costados, así como las que se ven en películas de guerra para llevarse judíos al parque de diversiones Auschwitz... Sí, aún no sé de dónde carajos salió ese automóvil.
3) Mi suerte como La Parca acabó con la vida de mis dos hámsters, los primeros que he tenido desde que a los doce años me prohibieron tajantemente tener uno. El primero halló la paz en manos (o dientes) de mi gatito Watson, quien seguro lo ha confundido con una rata por su color de pelo, y el segundo ha caído así, nada más de sopetón. Feliz inicio de año, supongo.
4) Durante un breve arranque de locura, me ha dado por estudiar alemán por mi cuenta. Me he medio rendido... ahora voy con el ruso. Y lo peor, le entiendo más al ruso .___.
5) He descubierto que, o me estoy volviendo hermitaña, o mi subconsciente ha decidido que la época de secundaria se reduce solo a tres cosas y nada más. ¿Porqué? Porque en mi Facebook me he topado con excompañeros míos de ese tiempo, todos muy amables y correctos pidiéndome aceptar sus solicitudes y... bueno, me he vuelto para adentro sin tener concha y me he hecho la sorda. Aún no averiguo porqué lo hago, pero algo me dice que está relacionado con mi cada vez más bajo interés en el noble arte de la fanaticada y más en el de la investigación política.
6) Como todos sabemos, hay un riesgo de una posible Tercera Guerra Mundial. ¿Mi predicción? Ni será tan divertida como la Segunda ni tan melodramática como la Primera, Latinoamérica tendrá que salir vivo por su cuenta y EUA perderá su hegemonía. Ah, y China lo resentirá. Mucho. A ver, que venga y me alegue mi maestra ultracomunista que me odiaría a muerte de no ser porque entrego redacciones decentes.
7) Hablando del tema, he hecho una especie de conteo escolar respecto a las ideologías sociopolíticas. La mayoría son rojillos en definitiva, otros son comunistasliebers, es decir, dicen serlo pero actúan como capitalistas, y un reducido grupo de nosotros, imperceptibles porque los gritos cada día más comunes de "¡Por la Revolución Troskysta!" nos dejan un poco fuera de foco, somos nacionalsocialistas. Viva la mezcla.
8) He visto completa por primera vez "Lo Que el Viento se Llevó". Me ha parecido excelente y el final muy prometedor, casi casi como para segunda parte, pero la verdad es que eso dañaría el producto.
9) Me he echado en un solo día un manga llamado "Saint Onii San", también llamado "Saint Young Men" que técnicamente se trata de la vida como gente "normal" (si la gente normal acaso despide auras luminosas y convierte las piedras en pan de centeno) de Jesucristo y Buda como roomies en Japón. Como tengo ciertos prejuicios aún los miré con cuidado, pero la verdad es que están muy monos y le dan otro sabor a la religión, menos inflexible y más humano, así que si quieren reírse un ratito pueden leerlos.
10) Sigo con mi guerra sin fin contra el baño del segundo piso. La buena noticia es que luego de haber echado literalmente vinagre y cloro puro por el drenaje ya no me han salido "sorpresas". Eso sí, la araña que vive en el hueco de la pared me mira con mucho odio...
11) Lobeznito está a un paso de volverse un "friki" como se dice normalmente, o mejor dicho un "gamer". Eso estaría bien de no ser porque estamos cumpliendo con el estereotipo virtual de hombres y mujeres. Le hemos intentado apartar de la computadora con libros pero... bueno, ya veremos a finales de mes si el ejercicio funcionó.
12) Por fin, luego de casi quince años, he logrado averiguar de qué es la misteriosa camioneta que pasa todas las tardes con la musiquita alegre y rara de piano. Es un camión de helados. En mi ciudad bicicletera con sueños guajiros de pseudocapital. Me he alegrado de que sea un detalle tan bonito, pero tambien tengo nostalgia porque ya no habrá más ilusiones infantiles, el último círculo se ha cerrado.
13) Tambien sigo con las clases de piano... bueno, sigo practicando con el piano virtual pero es casi lo mismo, ¿qué no?
Así que, con este hiatus, les digo: no dejaré de publicar, pero serán posts más cortos hasta que pueda subir algo decentemente largo y digno. ¡¡Adiosito!!
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