La monotonía de la que tanto les hablé la última vez parece haberse roto, y muy abruptamente por cierto. Por fortuna en esta ocasión les traigo una...eh...iba a decir que explicación científica pero dudo mucho que lo que les contaré guarde algún parecido con la ciencia.
Verán, la necesidad poética (literalmente) me llevó a navegar cual vikingo sin casco cornudo por los peligrosos mares del Internete (remito a ése hermoso post de "cuando no necesitábamos tanta información"), y llegué a una simpática página cuya dirección no recuerdo donde estaba ubicado el Loka Tattur (uno de los tantisimos poemas apócrifos que circulan en Escandinavia); como su nombre lo indica (Loka -> relativo a Loki, en nórdico antigui la "a" se usa como una extensión para describir el verbo "ser o estar", como la "s" en inglés) el poemita hablaba de Loki y su (hasta ahora registrada) única cosa bondadosa que hizo sin recibir nada a cambio (el abrazo grupal NO cuenta como pago). Con lo que su servidora no contaba es que este era uno de los muchos, muuuuchos espacios en internet donde se habla sobre cultos paganos. Total que lo que logré extraer de la larga explicación que ofrecieron fue que:
·¿Se te perdio algo? Rezale a Loki.
·¿No te funciona bien la computadora? Rézale a Loki.
·¿Tienes un problema que puede atentar con tu vida o simplemente con tu salud? Adivina...aja, rézale a Loki.
·¿Tu casa tiene MUCHOS elementos inflamables? No le reces, puede que no sobrevivas a la experiencia.
Total que su servidora se rio bastante con esas chifladas ideas...con una pizca de pánico, dado que la página de internet parecía insinuarme que acacaban de darle nombre y apellido a la razón de que me pasen siempre accidentes bizarros. Todo quedó en calma...Hasta que...
LUNES:
Además del incidente de los gusanillos revoltosos que aparecieron prácticamente de la nada en la cocina, ésa noche mientras volvía de la escuela al camión se le ocurrió descomponerse, dejándonos a unas 30 personas varadas a media avenida a las diez de la noche. Minutos después, un aguacero espectacular cayó en la ciudad y volví hecha una sopa a casa.
MARTES:
Curioso incidente en la escuela, en el cual finalmente la profesora de Metodología perdió la (poca) cordura y se puso a lanzar reclamos a diestra y siniestra. Además de eso me temo que sufrió un lapsus psicoticus, o mas bien un delirium tremens, porque empezó de la nada a reirse sola de chistes incomprensibles y a cambiarnos los nombres. ¿Diagnóstico, doctor? Un ciclo lunar o dos en el manicomio. Por nada.
MIÉRCOLES:
La falta de perseverancia escolar no fue lo más loco del día (ya no se considera novedad) sino el hecho de que, en casa, esta misma falta de perseverancia contribuyó a que TODOS termináramos tomando siestas involuntarias. Fue una suerte que lograra levantarme minutos antes de la hora en que debía estar ya tomando el camioncete.
JUEVES:
Aparentemente este había sido un día tranquilo, hasta que... Bueno, el camión en el que yo iba chocó con un auto, volándole literalmente un espejo retrovisor. La cosa se puso color de hormiga y yo opté por aplicar la ninja y bajarme discretamente para ver si a pie lograba cortar el trecho. El problema es que el "trecho" es de casi cuatro calles enteras (lo que equivale a unas 15 cuadras) en medio de la noche cuando la zona se pone peor que pelicula de terror y sin más que dos o tres paradas de camión a la redonda; si la cosa no iba ya mal, cuando por fin llegué a mi casa (me rendi a las 6 cuadras y tome un camión que me dejaba igual de cerca) descubrí que la calle entera estaba a oscuras. ¿Porqué? Uno nunca lo sabrá...
En fin, asi han sido las cosas en una sola semana. Por si fuera poco mañana tendré examen de français y solo Dios sabe si sobrevivo, en caso de que no... *se pone de rodillas*:
LOBITA: Jesus, Alá, Mahoma, Buda, Monesvol, Zeus, Odín, Tonatiuh, Visnú, los amo a todos!!!
Okno XD solo queria expresarlo en voz alta.
Asi que ya saben, cuidense, la supertición puede matar...o descomponer camiones. Adiosito!!!
P.D En el próximo post subiré el segundo capítulo de la novela. Bueno, eso si no le gana en competencia mi post de "cómo leer runas" que estoy preparando :P no apto para gente suceptible a los idiomas raros.
FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.
jueves, 31 de mayo de 2012
DIAS DE TRUENO
Palabras clave de mis desgracias
accidentes,
anécdotas,
escandinavia,
escuela,
estrés,
familia,
mitologia,
momento de histeria,
quiero a mi mami,
terror
martes, 22 de mayo de 2012
LAS RELIQUIAS DE LOS DIOSES (Cap. 1)
1
EL ARCO
El despertador hizo acto de presencia, como siempre, en la mejor parte del sueño. Mirando con rencor el ruidoso aparatito, Nina le dio un golpe firme para silenciarlo, y salió del agradable interior de sus sábanas; tocó con los pies descalzos el suelo, encantada con su tacto refrescante que en aquéllos días de primavera ansiaba tanto, y apenas estuvo fuera del lecho, se dispuso a vestirse.
Nina se miró aburridamente frente al espejo, con un dejo de frustración dibujado en la cara. Odiaba intensamente aquél uniforme, desde su pequeño suéter azul marino hasta su ridícula falda tableada en tonos grises y azules, pero lo que más odiaba eran los ridículos zapatitos escolares. Mientras los miraba, pensó melancólica en cómo suplicó a sus padres para que le compraran un par de zapatos más femeninos, con un poco de tacón quizá, para no tener un aspecto tan aniñado en comparación con el de sus compañeras.
Pero eso no había sido posible, se dijo a sí misma. Mientras estuviera recluida en esa escuela no tendría posibilidades de usar zapatos con tacón, ni de acortarse un poco la falda (que poco faltaba para que le alcanzara las rodillas), ni de hacerse algo en el pelo (tomó entre sus dedos un largo y negro mechón fuera de su lugar), de hecho, mientras no cumpliera aún los dieciocho años, estaba perdida.
-Ya falta poco, amiga. –se animó frente al espejo, y bajó para desayunar.
Lo único bueno de ése día era que tendrían una excursión; lo malo era que la excursión no estaba planeada para ser cómoda. En la costa de aquélla región existía un monumento natural, un archipiélago muy famoso por la cantidad casi increíble de elementos antropológicos que en él se habían descubierto desde hacía casi un siglo atrás. Puntas de flecha, cuchillos, grabados y relieves de origen aún desconocido, y lo más magnífico de todo: un gigantesco arco de piedra. Se alzaba, majestuoso, a unos tres metros del suelo, y se perfilaba solitario frente al archipiélago desde la cúspide de un acantilado.
La multitud parloteaba en el autobús; Nina, silenciosa, se trenzaba el cabello mirando a la calle, y luego, a sus compañeros. Suspiró al descubrir que Alicia, aquélla beldad de cabellos azabache y labios rojos como la sangre, estaba sentada al lado de Edmundo. Los ojos de Nina se entrecerraron, mirando fijamente a aquél alegre muchacho de pelo castaño y rizado, de sonrisa fácil y risa franca; era habitualmente muy reservado y callado, por eso le sorprendió ver cómo Alicia lo manejaba perfectamente dentro de su enredosa plática.
Sacudiendo la cabeza, Nina se dispuso a seguir mirando por la ventana, intentando acallar el dolor en el pecho que sentía por saber que ella jamás podría llamar la atención de alguien así.
El autobús se estacionó frente a una caseta de madera, con el rótulo de “Información” sobre la entrada; afuera de la puerta ya los esperaba el guía, un muchacho de aspecto lánguido y ojos grandes, que sostenía a la vez un altavoz, una radio, un botiquín de primeros auxilios y un sombrero para protegerse del sol. Uno a uno, los estudiantes bajaron del autobús y se detuvieron frente a la caseta.
-¡Buenos días! –exclamó el guía usando su altavoz, lo que le alteró los nervios al pobre maestro Monclova, que de por sí se ponía nervioso hasta con el claxon de una bicicleta. –Bienvenidos todos al Parque Escandinavo; deben saber que este lugar es un monumento natural y cultural…
Los ojos de Nina se perdieron en el horizonte. Estaban rodeados por dos grupos inmensos de árboles que agitaban bellamente sus hojas con la leve brisa de viento, que no era suficiente para calmar el calor de la atmósfera; todos se abanicaban frenéticamente, y los pocos que habían llevado suéter lo dejaban abandonado a orillas del autobús mientras el guía seguía hablando y hablando.
-Ahora todos, les recuerdo que deben tener mucho cuidado; aquí el llano es muy plano y es muy difícil accidentarse, pero todo cambiará cuando lleguemos al acantilado. Hay muchas piedras sobre éste, y aún más por las laderas. Nosotros tenemos una escalera especial para que podamos descender e ir a los islotes que forman el archipiélago, pero cualquier cosa puede ocurrir. Así que por favor anden con cuidado y no se separen del grupo, ¿entendieron?
-¡Sí! –respondió el grupo a coro.
-Excelente. Entonces adelante.
Todos se movieron como una curiosa marabunta azul y gris. Nina se amarró el suéter a la cintura y los siguió; miraba fascinada las sombras verdes proyectadas por las hojas de los árboles, y apenas escuchaba fragmentos de la explicación que daba el guía. El profesor Monclova parecía al borde de un ataque cardíaco. Vestido ridículamente con su chaqueta de profesor pero con unos pantalones de boy scout desentonaba con todos los demás; peor aún, con los anteojos redondos colgando al lado de sus binoculares y con su sombrero de explorador calado en la pelona, el nervioso maestro de Historia era blanco de las burlas discretas de sus condiscípulos.
Finalmente, luego de unos metros caminando cuesta arriba, llegaron al acantilado. Una ovación de sorpresa general salió de los labios de todos; debajo de ellos, se extendía prodigiosa una playa de piedrecillas, y entre sus claras aguas, perdidas como fragmentos de un rompecabezas, estaban los míticos islotes, ninguno mayor en tamaño que un patio escolar. Y más allá, se veían las islas de mayor tamaño de aquél inmenso lago, que más parecía un mar interno con aquéllos exquisitos aditamentos naturales.
-Hermoso, ¿cierto? –dijo el guía. –Por lo menos treinta kilómetros hasta donde los ojos alcanzan a ver. Y si miran sobre este mismo acantilado, se encontrarán con el monumento más misterioso de todo este lugar: el arco.
Justo sobre el borde del acantilado forrado con pasto y rocas, se alzaba, majestuoso, imponente y magnífico arco de piedra gris, que dirigía su enorme abertura diagonalmente hacia los islotes llenos de tesoros, como si los observara por encima del hombro.
-Este arco tiene una antigüedad de más de dos mil años, según pruebas geológicas; hasta ahora, ningún estudioso ha podido descifrar el porqué está ahí sobre el acantilado, ni lo que dicen las misteriosas runas que están escritas en sus bordes.
-¿Runas? –saltó de pronto Nina, llamando la atención de sus compañeros.
-Así es. Una serie de runas grabadas a lo largo del arco en relieve; no han sido aún reconocidas ni por lingüistas, ni por antropólogos ni por nadie. Hay quienes dicen –agregó el guía en tono misterioso. –que esas runas no pertenecen a ése grupo que nosotros conocemos. Hay quienes se atreven a afirmar que ésas runas sólo son conocidas… por alguien más…
Dejó que hubiera un instante de silencio dubitativo, y luego dijo:
-Ahora, sigamos hasta la próxima esquina donde nos esperan las escaleras. Tengan cuidado.
Nina hizo caso omiso de la bola de personas que avanzaban despacio, quejándose en voz alta por el fuerte sol, y miró con curiosidad infinita el arco. Cerró los ojos por un instante; recordó cómo, hacía años atrás, en su misma calle había vivido un anciano al que todos llamaban “el vikingo”; tenía de hecho toda la pinta de uno, con su barba larga y enmarañada, su aspecto descomunal tan poco común en aquéllas latitudes, y sus ojos grandes y azules. Este “vikingo” recorría las calles por la mañana, vestido con una raída chaqueta gris, y volvía por las tardes a instalarse silenciosamente afuera de su casa, sentado en una desgastada silla tejida y con libros en idiomas extraños sobre el regazo. Nina lo había visto varias veces, pero sólo en una ocasión había tenido el valor de acercársele; ésa vez, el “vikingo” la miró con ojos fieros por un instante, y luego alargó una mano para revolverle cariñoso los cabellos. A veces a su madre le gustaba decir que desde aquél día los cabellos de Nina no habían tenido arreglo alguno, y la propia joven lo llegaba a pensar seriamente.
Lo que sucedió con el “vikingo” fue por siempre un misterio. Un día, cuando Nina acababa de cumplir los doce años, vieron al hombre salir de su casa; no llevaba su habitual chaqueta, sino una especie de capa con la que se ponía al resguardo de la lluvia, y luego de echar un vistazo final a la calle, echó a andar para jamás volver. Algunos aseguraban haber visto a un hombre de veras enorme, con barba revuelta y una capa muy similar a la que cargaba aquél misterioso vecino ése día, caminando contra las fuertes y heladas ráfagas de viento que golpeaban el Parque Escandinavo, y que llegó frente al arco de piedra. Unos instantes después, el caballero había desaparecido para no volver a ser visto, ni vivo ni muerto, jamás.
En eso pensaba Nina cuando ascendía por la ladera del acantilado. Sus pies no tropezaron con ninguna de las piedrecillas que estaban sueltas, y no le importó que el sol amenazara con calcinarla a causa de su repentina cercanía; sólo cuando estuvo por fin enfrente de aquél hermoso monumento frenó su caminata.
El viento soplaba discreto sobre su cabeza, y de pronto la naturaleza parecía haber enmudecido. Nina extendió una mano para tocar el arco, y dio un respingo cuando la fría piedra tuvo contacto con sus dedos. Era una piedra maravillosamente suave, como mármol pulido, y cubierta verdaderamente de varias runas en relieve, runas en verdad misteriosas que cuando Nina acarició, le pareció que cobraban repentinamente vida. Un suspiro profundo salió de lo más hondo de su corazón, y se dejó llevar por la sensación tersa y curiosa de la roca tallada.
Luego de unos instantes, la joven se asomó por un lado y por el otro del arco, intentando entender cómo una cosa así pudo haber aparecido en aquél acantilado; se la ocurrió que quizá hubo alguna vez ahí un edificio hecho de piedra, pero nada, excepto el arco mismo, parecían hacer probable esa teoría. Como si fuera una niñita juguetona, Nina corrió alrededor del arco, dando alegres voces que esperaba no fueran escuchadas por sus compañeros, pues de otro modo su íntima aventura terminaría en un santiamén; luego se alejó a grandes pasos del arco, y se dispuso a correr hacia él y atravesarlo, sólo por diversión.
-En sus marcas… -susurró para sí. –listos…
Por un fugaz instante recordó a su abuela Lucía, quien años atrás, cuando aún vivía, le había hecho una advertencia en rima:
Si tú la vida no quieres arriesgar
A través de ningún arco deberás pasar.
Las piernas de Nina se entumecieron de pronto, al recordar aquélla curiosa frase; le sorprendió primero haberla recordado luego de tanto tiempo, sobre todo en aquéllos momentos en que se disponía a cruzar un arco. Pero después, dando un resoplido, repuso:
-Sólo lo voy a atravesar una vez y ya. No puede pasarme nada.
Volvió a tomar postura de carrera y, sonriendo, dijo:
-En sus marcas… listos… ¡fuera!
Y echó a correr en dirección del arco como si no hubiera un mañana. Sonrió al ver que le faltaban apenas tres metros para llegar a la meta, dos metros, un metro…
Apenas cruzó su pie el arco, éste golpeó con algo que parecía una piedra suelta, y al cruzar, Nina dio traspiés sobre un suelo especialmente duro y seco.
EL ARCO
El despertador hizo acto de presencia, como siempre, en la mejor parte del sueño. Mirando con rencor el ruidoso aparatito, Nina le dio un golpe firme para silenciarlo, y salió del agradable interior de sus sábanas; tocó con los pies descalzos el suelo, encantada con su tacto refrescante que en aquéllos días de primavera ansiaba tanto, y apenas estuvo fuera del lecho, se dispuso a vestirse.
Nina se miró aburridamente frente al espejo, con un dejo de frustración dibujado en la cara. Odiaba intensamente aquél uniforme, desde su pequeño suéter azul marino hasta su ridícula falda tableada en tonos grises y azules, pero lo que más odiaba eran los ridículos zapatitos escolares. Mientras los miraba, pensó melancólica en cómo suplicó a sus padres para que le compraran un par de zapatos más femeninos, con un poco de tacón quizá, para no tener un aspecto tan aniñado en comparación con el de sus compañeras.
Pero eso no había sido posible, se dijo a sí misma. Mientras estuviera recluida en esa escuela no tendría posibilidades de usar zapatos con tacón, ni de acortarse un poco la falda (que poco faltaba para que le alcanzara las rodillas), ni de hacerse algo en el pelo (tomó entre sus dedos un largo y negro mechón fuera de su lugar), de hecho, mientras no cumpliera aún los dieciocho años, estaba perdida.
-Ya falta poco, amiga. –se animó frente al espejo, y bajó para desayunar.
Lo único bueno de ése día era que tendrían una excursión; lo malo era que la excursión no estaba planeada para ser cómoda. En la costa de aquélla región existía un monumento natural, un archipiélago muy famoso por la cantidad casi increíble de elementos antropológicos que en él se habían descubierto desde hacía casi un siglo atrás. Puntas de flecha, cuchillos, grabados y relieves de origen aún desconocido, y lo más magnífico de todo: un gigantesco arco de piedra. Se alzaba, majestuoso, a unos tres metros del suelo, y se perfilaba solitario frente al archipiélago desde la cúspide de un acantilado.
La multitud parloteaba en el autobús; Nina, silenciosa, se trenzaba el cabello mirando a la calle, y luego, a sus compañeros. Suspiró al descubrir que Alicia, aquélla beldad de cabellos azabache y labios rojos como la sangre, estaba sentada al lado de Edmundo. Los ojos de Nina se entrecerraron, mirando fijamente a aquél alegre muchacho de pelo castaño y rizado, de sonrisa fácil y risa franca; era habitualmente muy reservado y callado, por eso le sorprendió ver cómo Alicia lo manejaba perfectamente dentro de su enredosa plática.
Sacudiendo la cabeza, Nina se dispuso a seguir mirando por la ventana, intentando acallar el dolor en el pecho que sentía por saber que ella jamás podría llamar la atención de alguien así.
El autobús se estacionó frente a una caseta de madera, con el rótulo de “Información” sobre la entrada; afuera de la puerta ya los esperaba el guía, un muchacho de aspecto lánguido y ojos grandes, que sostenía a la vez un altavoz, una radio, un botiquín de primeros auxilios y un sombrero para protegerse del sol. Uno a uno, los estudiantes bajaron del autobús y se detuvieron frente a la caseta.
-¡Buenos días! –exclamó el guía usando su altavoz, lo que le alteró los nervios al pobre maestro Monclova, que de por sí se ponía nervioso hasta con el claxon de una bicicleta. –Bienvenidos todos al Parque Escandinavo; deben saber que este lugar es un monumento natural y cultural…
Los ojos de Nina se perdieron en el horizonte. Estaban rodeados por dos grupos inmensos de árboles que agitaban bellamente sus hojas con la leve brisa de viento, que no era suficiente para calmar el calor de la atmósfera; todos se abanicaban frenéticamente, y los pocos que habían llevado suéter lo dejaban abandonado a orillas del autobús mientras el guía seguía hablando y hablando.
-Ahora todos, les recuerdo que deben tener mucho cuidado; aquí el llano es muy plano y es muy difícil accidentarse, pero todo cambiará cuando lleguemos al acantilado. Hay muchas piedras sobre éste, y aún más por las laderas. Nosotros tenemos una escalera especial para que podamos descender e ir a los islotes que forman el archipiélago, pero cualquier cosa puede ocurrir. Así que por favor anden con cuidado y no se separen del grupo, ¿entendieron?
-¡Sí! –respondió el grupo a coro.
-Excelente. Entonces adelante.
Todos se movieron como una curiosa marabunta azul y gris. Nina se amarró el suéter a la cintura y los siguió; miraba fascinada las sombras verdes proyectadas por las hojas de los árboles, y apenas escuchaba fragmentos de la explicación que daba el guía. El profesor Monclova parecía al borde de un ataque cardíaco. Vestido ridículamente con su chaqueta de profesor pero con unos pantalones de boy scout desentonaba con todos los demás; peor aún, con los anteojos redondos colgando al lado de sus binoculares y con su sombrero de explorador calado en la pelona, el nervioso maestro de Historia era blanco de las burlas discretas de sus condiscípulos.
Finalmente, luego de unos metros caminando cuesta arriba, llegaron al acantilado. Una ovación de sorpresa general salió de los labios de todos; debajo de ellos, se extendía prodigiosa una playa de piedrecillas, y entre sus claras aguas, perdidas como fragmentos de un rompecabezas, estaban los míticos islotes, ninguno mayor en tamaño que un patio escolar. Y más allá, se veían las islas de mayor tamaño de aquél inmenso lago, que más parecía un mar interno con aquéllos exquisitos aditamentos naturales.
-Hermoso, ¿cierto? –dijo el guía. –Por lo menos treinta kilómetros hasta donde los ojos alcanzan a ver. Y si miran sobre este mismo acantilado, se encontrarán con el monumento más misterioso de todo este lugar: el arco.
Justo sobre el borde del acantilado forrado con pasto y rocas, se alzaba, majestuoso, imponente y magnífico arco de piedra gris, que dirigía su enorme abertura diagonalmente hacia los islotes llenos de tesoros, como si los observara por encima del hombro.
-Este arco tiene una antigüedad de más de dos mil años, según pruebas geológicas; hasta ahora, ningún estudioso ha podido descifrar el porqué está ahí sobre el acantilado, ni lo que dicen las misteriosas runas que están escritas en sus bordes.
-¿Runas? –saltó de pronto Nina, llamando la atención de sus compañeros.
-Así es. Una serie de runas grabadas a lo largo del arco en relieve; no han sido aún reconocidas ni por lingüistas, ni por antropólogos ni por nadie. Hay quienes dicen –agregó el guía en tono misterioso. –que esas runas no pertenecen a ése grupo que nosotros conocemos. Hay quienes se atreven a afirmar que ésas runas sólo son conocidas… por alguien más…
Dejó que hubiera un instante de silencio dubitativo, y luego dijo:
-Ahora, sigamos hasta la próxima esquina donde nos esperan las escaleras. Tengan cuidado.
Nina hizo caso omiso de la bola de personas que avanzaban despacio, quejándose en voz alta por el fuerte sol, y miró con curiosidad infinita el arco. Cerró los ojos por un instante; recordó cómo, hacía años atrás, en su misma calle había vivido un anciano al que todos llamaban “el vikingo”; tenía de hecho toda la pinta de uno, con su barba larga y enmarañada, su aspecto descomunal tan poco común en aquéllas latitudes, y sus ojos grandes y azules. Este “vikingo” recorría las calles por la mañana, vestido con una raída chaqueta gris, y volvía por las tardes a instalarse silenciosamente afuera de su casa, sentado en una desgastada silla tejida y con libros en idiomas extraños sobre el regazo. Nina lo había visto varias veces, pero sólo en una ocasión había tenido el valor de acercársele; ésa vez, el “vikingo” la miró con ojos fieros por un instante, y luego alargó una mano para revolverle cariñoso los cabellos. A veces a su madre le gustaba decir que desde aquél día los cabellos de Nina no habían tenido arreglo alguno, y la propia joven lo llegaba a pensar seriamente.
Lo que sucedió con el “vikingo” fue por siempre un misterio. Un día, cuando Nina acababa de cumplir los doce años, vieron al hombre salir de su casa; no llevaba su habitual chaqueta, sino una especie de capa con la que se ponía al resguardo de la lluvia, y luego de echar un vistazo final a la calle, echó a andar para jamás volver. Algunos aseguraban haber visto a un hombre de veras enorme, con barba revuelta y una capa muy similar a la que cargaba aquél misterioso vecino ése día, caminando contra las fuertes y heladas ráfagas de viento que golpeaban el Parque Escandinavo, y que llegó frente al arco de piedra. Unos instantes después, el caballero había desaparecido para no volver a ser visto, ni vivo ni muerto, jamás.
En eso pensaba Nina cuando ascendía por la ladera del acantilado. Sus pies no tropezaron con ninguna de las piedrecillas que estaban sueltas, y no le importó que el sol amenazara con calcinarla a causa de su repentina cercanía; sólo cuando estuvo por fin enfrente de aquél hermoso monumento frenó su caminata.
El viento soplaba discreto sobre su cabeza, y de pronto la naturaleza parecía haber enmudecido. Nina extendió una mano para tocar el arco, y dio un respingo cuando la fría piedra tuvo contacto con sus dedos. Era una piedra maravillosamente suave, como mármol pulido, y cubierta verdaderamente de varias runas en relieve, runas en verdad misteriosas que cuando Nina acarició, le pareció que cobraban repentinamente vida. Un suspiro profundo salió de lo más hondo de su corazón, y se dejó llevar por la sensación tersa y curiosa de la roca tallada.
Luego de unos instantes, la joven se asomó por un lado y por el otro del arco, intentando entender cómo una cosa así pudo haber aparecido en aquél acantilado; se la ocurrió que quizá hubo alguna vez ahí un edificio hecho de piedra, pero nada, excepto el arco mismo, parecían hacer probable esa teoría. Como si fuera una niñita juguetona, Nina corrió alrededor del arco, dando alegres voces que esperaba no fueran escuchadas por sus compañeros, pues de otro modo su íntima aventura terminaría en un santiamén; luego se alejó a grandes pasos del arco, y se dispuso a correr hacia él y atravesarlo, sólo por diversión.
-En sus marcas… -susurró para sí. –listos…
Por un fugaz instante recordó a su abuela Lucía, quien años atrás, cuando aún vivía, le había hecho una advertencia en rima:
Si tú la vida no quieres arriesgar
A través de ningún arco deberás pasar.
Las piernas de Nina se entumecieron de pronto, al recordar aquélla curiosa frase; le sorprendió primero haberla recordado luego de tanto tiempo, sobre todo en aquéllos momentos en que se disponía a cruzar un arco. Pero después, dando un resoplido, repuso:
-Sólo lo voy a atravesar una vez y ya. No puede pasarme nada.
Volvió a tomar postura de carrera y, sonriendo, dijo:
-En sus marcas… listos… ¡fuera!
Y echó a correr en dirección del arco como si no hubiera un mañana. Sonrió al ver que le faltaban apenas tres metros para llegar a la meta, dos metros, un metro…
Apenas cruzó su pie el arco, éste golpeó con algo que parecía una piedra suelta, y al cruzar, Nina dio traspiés sobre un suelo especialmente duro y seco.
Palabras clave de mis desgracias
escandinavia,
inspiración,
libros,
mitologia,
vikingos
sábado, 19 de mayo de 2012
LA MONOTONIA SUFRE EPILEPSIA
Si, damas y caballeros, aquí les presento otro aburrido misceláneo. Perdonarán (espero) que casi no me pasee por Bloggerlandia, pero la escuela de abogados del diablo de Leyes me exije estar machacandome en cuerpo y alma si acaso deseo sobrevivir este semestre. En fin.
Como dije, estos días han sido relativamente tranquilos. No ha pasado nada excitante desde el 27 de abril (o sea que llevo casi un mes en estado cuasi comatico porque literalmente no hay NADA bonito que hacer). Sin embargo, la monotonía actual ha tenido uno que otro altibajo, cual ataque epiléptico, que lo ha hecho más o menos tolerable. Unos ejemplos:
-Al parecer el Hades no se cansa de recolectar almas, y el paso de carrozas funerarias por la zona parece no tener fin. C'est la vie, c'est la morte.
-Hablando de la calaca, el otro día por poco la Lobita pasa a mejor vida gracias a alguien que aqui llamermos Señor Idiota con Lentes de Sol en Coche Blanco, que a pesar de ver como su segura servidora cruzaba calmadamente la calle no frenó ni le redujo la velocidad. Obviamente me tomé la amabilidad de informarle que el 10 de mayo ya había pasado, pero el susodicho aplicó la de Beethoven, o sea, se hizo el sordo.
-Desafiando la lógica y las leyes sociales, Lobita se compró un Tecolunch. Seguro se preguntarán ¿y qué es un Tecolunch? Pues es como una cajita feliz que venden en Samborn's; y a pesar de la cara de desconcierto yprofundo pánico recelo de los que ese día vagaban por la tienda del búho, no tuve ningún reparo en pedir el dichoso Tecolunch y recibir, a cambio, una figurita de Loki (sí, están dando monitos de los vengadores en Samborn's...¡¡corran por la suya porque se acaban!!).
-Mi pequeño Watson ha dejado de ser un minino. Ahora puede desaparecerse desde el crepusculo hasta el amanecer en los callejones y reaparecer maullando de una manera medio rara y apestando a gatos, muuuuuchos gatos. Me entienden, cierto???
-Mi computadora protagonizó un nuevo intento de suicidio y fue necesario repararla. Otra razón por la cual no estuve presente en el Internete durante taaaantos y taaaantos días.
Y cuentenme Hartit@s mi@s, como les ha ido en estos calurosos y horrorosos dias de primavera?? Les ha pasado algo interesanteno como a mi que el aburrimiento me mata ?? Adiosito!!!
Como dije, estos días han sido relativamente tranquilos. No ha pasado nada excitante desde el 27 de abril (o sea que llevo casi un mes en estado cuasi comatico porque literalmente no hay NADA bonito que hacer). Sin embargo, la monotonía actual ha tenido uno que otro altibajo, cual ataque epiléptico, que lo ha hecho más o menos tolerable. Unos ejemplos:
-Al parecer el Hades no se cansa de recolectar almas, y el paso de carrozas funerarias por la zona parece no tener fin. C'est la vie, c'est la morte.
-Hablando de la calaca, el otro día por poco la Lobita pasa a mejor vida gracias a alguien que aqui llamermos Señor Idiota con Lentes de Sol en Coche Blanco, que a pesar de ver como su segura servidora cruzaba calmadamente la calle no frenó ni le redujo la velocidad. Obviamente me tomé la amabilidad de informarle que el 10 de mayo ya había pasado, pero el susodicho aplicó la de Beethoven, o sea, se hizo el sordo.
-Desafiando la lógica y las leyes sociales, Lobita se compró un Tecolunch. Seguro se preguntarán ¿y qué es un Tecolunch? Pues es como una cajita feliz que venden en Samborn's; y a pesar de la cara de desconcierto y
-Mi pequeño Watson ha dejado de ser un minino. Ahora puede desaparecerse desde el crepusculo hasta el amanecer en los callejones y reaparecer maullando de una manera medio rara y apestando a gatos, muuuuuchos gatos. Me entienden, cierto???
-Mi computadora protagonizó un nuevo intento de suicidio y fue necesario repararla. Otra razón por la cual no estuve presente en el Internete durante taaaantos y taaaantos días.
Y cuentenme Hartit@s mi@s, como les ha ido en estos calurosos y horrorosos dias de primavera?? Les ha pasado algo interesante
Palabras clave de mis desgracias
aburricion,
amor,
cosas,
escuela,
infancia,
me quiero volver chango,
superheroes
martes, 8 de mayo de 2012
LOS VENGADORES, LOS HEROES MAS TAQUILLEROS DEL PLANETA (A VER NIEGUENMELO!!!)
Queridos hartitos y hartitas del mundo, les pido una soberana disculpa por mi violenta desaparición, durante la cual su leal Lobita viajó al Asgard y detuvo una vez más el Ragnarok con la ayuda de su poderoso libro de Teoría del Estado se la pasó en gran... aburrimiento. Pero en fin, hoy les vengo con la reseña que todos y todas han esperado.
Hemos sufrido, hemos llorado, hemos padecido ataques epilépticos y escenas dignas de un óscar, pero he aquí, ya llegó, ya está aquí, con nosotros: LOOOOOOOOOOS VENGADOREEEEEEES!!!
*se oye musiquita de mega fiesta de fin de curso*
Son poderosos, son famosos, son únicos, son los superheroes sobre los que Marvel depositó su esperanza luego del mega trancazo que significó perder en taquilla la franquicia de X Men y de Spiderman. Ya recorrimos cuatro años de violenta locura colectiva con Iron Man, Hulk, Thor y el Capitán América, contándonos hasta los dedos de los pies en espera de ése mágico 27 de abril cuando el orgasmo colectivo se llevaría a cabo en los cines del país.
¿Y qué pasó? Nada, que el 25 caí gravemente enferma y ya me veía yo cantando el Aleluya en un coro de ángeles guiado por san Miguel, pero ese no es el punto. El punto es que yo, Lobita Nocturna, en uno de sus muchos ataques psicóticos, me dejé inyectar penicilina durante varias ocasiones para el 27, con todo y fiebre de 37 grados, largarme al cine acompañada del siempre leal MMM (el amigo del bachillerato que parece vivir para...bueno, para muchas cosas estrambóticas).
Verán ustedes, por razones que superan el límite de la razón y la lógica, Lobita se vio obligada a asistir al cine vestida con un accesorio poco común pero por el cual muchas fangirls en el mundo pagarían una millonada. Así es, Lobita se adornó los negros cabellos con unos supergrandiosos y megavistosos... cuernos. Sí, cuernos, como los de Loki. Cuernos asi:
(Ya se imaginarán la odisea que pasé primero con el cuello erguido para que los dichosos cuernos no se me resbalaran por la frente, luego tratando de subirme al camión y después intentando ignorar a la bola de imbéciles ociosos que intentaban o ensartarme cosas en los cuernos o me gritaban "cabra loca" a cada paso).
Total que cuando llegamos por fin al cine, una fila sempiterna de padres y sus aún más numerosos niñitos se formaban para pedir boleto. La multitud también se entretuvo en comprarse los artículos promocionales (llámense vasos coleccionables de la película) y de mirar, con asombro y sobrecogimiento, cómo yo vadeaba los océanos de mocosos para pedir, todavía con los cuernos encasquetados, los boletitos requeridos.
Bueno, vayamos a lo importante, ¿de qué va la película? Tranquilos, los spoilers a estas alturas ya son más cantados que nada (sí, Tom Hiddleston, te estoy hablando a ti, boca floja):
Érase una vez un mundo donde vivían unas lindas criaturitas llamadas Chitauris, unos marcianitos horrorosos y medio primitivos que no vieron mal en aliarse con Loki (el diabólico y encantador hermanastro de Thor) a cambio de que él les devolviera una cosa llamada Tesetacto, una especie de cubo luminoso con suficiente energía para iluminar el mundo. Total que, en la Tierra, Nick Fury (Samuel L. Jackson, a.k.a "I'm sick of this motherfucking snakes on this motherfucking plane") llega con su tropa de agentes de S.H.I.E.L.D a mirar el dichoso teseracto que se encuentra en las poco habiles manos del doctor Erik Selvig (si no vieron la peli de Thor seguro que no sabrán quien es este cuate). De pronto (inserte viñetas de memes aquí) un salvaje Loki aparece, le rompe la mauser a todos, hipnotiza a Selvig y a Hawkeye (un agente de S.H.I.E.L.D y miembro de Los Vengadores), se roba el teseracto y desata el caos. Total que en este momento Fury decide convocar a los superpoderosos Iron Man, el Capitán América (mejor conocido por Tony Stark como Capipaleta), Black Widow y el siempre despistado doctor Bruce Banner, o sease, Hulk, para localizar el teseracto y romperle la hermosa cara a Loki en el proceso.
Pero las cosas no son tan fáciles, y cuando la misión parece ir bien (memes otra vez) un salvaje (y bien peinado) Thor aparece, se lleva a su hermanastro con el que tiene una de sus ya conocidísimas pláticas inspiracionales y se agarra a martillazo limpio con el hombre de hierro y el políticamente correcto capitán. Luego de esta divina escena a Loki lo meten en una jaulita de cristal y todo parece perfecto, pero solo es una trampa, una trampa que atraerá muchos problemas cuando los Vengadores se peleen entre ellos y S.H.I.E.L.D se vea amenazado y nadie sepa qué hacer. ¿Lograrán salvar al mundo o les dolerá mucho en el intento? Descúbranlo ustedes mismos.
Ahora, ¿qué es lo bueno? Hay una trama sencilla pero interesante, hay explosiones y golpes y patadas, pero no muchas, hay peleas psicológicas (usualmente provocadas y/o iniciadas por Loki), hay momentazos nerd (protagonizados por Steve Rogers), hay buena música, hay una hilación que no se interrumpe y se sostiene tan bien que no te darás cuenta de que a la mitad de la película ya llevas casi dos horas aplastadísim@ en el asiento. Además, la escena clímax está, si no para morir e irse al cielo, sí para gozarla. Un plus es que los chistes no son ni ácidos ni típicos, incluso hay escenas que son accidentalmente cómicas aunque la intención sea completamente otra. En resumen, te gusten los superhéroes o no, esta película te fascinará.
¿Lo malo? A lo mejor, si no eres muy fan del universo Marvel, no tendrá ni idea de quién diablos son los chitauri, cual es la función del Consejo y mucho menos entenderás cuál es la relevancia de la escena al final de los créditos. Otra cosa que en lo personal no me gustó (lo admito ¬¬) fue el excesivo protagonismo de Black Widow, a.k.a Scarlett Johannson. Ya sé que aparte de la agente Hill es la única chica con algo de relevancia en la historia, pero verla con su cara de heroína sufrida y traumatizada en combinación con su escote cada vez más apretado resulta chocante.Además no me hizo gracia lo que le dijo Loki porque me sonó a que asistiría a una escena digna de la película de Demi Moore...¿cómo se llama, Strip Tease?)
Y entonces, por su trama, sus personajes y también por sus actores le doy a esta película, por primera vez en la historia de este blog, un perfecto 10. Porque si creyeron una locura juntar a tanta estrella hollywoodense en una película pelomitera y de superheroes, al verla se darán cuenta de que valió la pena. Así que tomen sus escudos, sus martillos, sus reactores y su mal humor y vayan a disfrutar de la película que logró superar en su primera semana a The Dark Knight. ¡¡Adiosito!!
Hemos sufrido, hemos llorado, hemos padecido ataques epilépticos y escenas dignas de un óscar, pero he aquí, ya llegó, ya está aquí, con nosotros: LOOOOOOOOOOS VENGADOREEEEEEES!!!
*se oye musiquita de mega fiesta de fin de curso*
Son poderosos, son famosos, son únicos, son los superheroes sobre los que Marvel depositó su esperanza luego del mega trancazo que significó perder en taquilla la franquicia de X Men y de Spiderman. Ya recorrimos cuatro años de violenta locura colectiva con Iron Man, Hulk, Thor y el Capitán América, contándonos hasta los dedos de los pies en espera de ése mágico 27 de abril cuando el orgasmo colectivo se llevaría a cabo en los cines del país.
¿Y qué pasó? Nada, que el 25 caí gravemente enferma y ya me veía yo cantando el Aleluya en un coro de ángeles guiado por san Miguel, pero ese no es el punto. El punto es que yo, Lobita Nocturna, en uno de sus muchos ataques psicóticos, me dejé inyectar penicilina durante varias ocasiones para el 27, con todo y fiebre de 37 grados, largarme al cine acompañada del siempre leal MMM (el amigo del bachillerato que parece vivir para...bueno, para muchas cosas estrambóticas).
Verán ustedes, por razones que superan el límite de la razón y la lógica, Lobita se vio obligada a asistir al cine vestida con un accesorio poco común pero por el cual muchas fangirls en el mundo pagarían una millonada. Así es, Lobita se adornó los negros cabellos con unos supergrandiosos y megavistosos... cuernos. Sí, cuernos, como los de Loki. Cuernos asi:
(Ya se imaginarán la odisea que pasé primero con el cuello erguido para que los dichosos cuernos no se me resbalaran por la frente, luego tratando de subirme al camión y después intentando ignorar a la bola de
Total que cuando llegamos por fin al cine, una fila sempiterna de padres y sus aún más numerosos niñitos se formaban para pedir boleto. La multitud también se entretuvo en comprarse los artículos promocionales (llámense vasos coleccionables de la película) y de mirar, con asombro y sobrecogimiento, cómo yo vadeaba los océanos de mocosos para pedir, todavía con los cuernos encasquetados, los boletitos requeridos.
Bueno, vayamos a lo importante, ¿de qué va la película? Tranquilos, los spoilers a estas alturas ya son más cantados que nada (sí, Tom Hiddleston, te estoy hablando a ti, boca floja):
Érase una vez un mundo donde vivían unas lindas criaturitas llamadas Chitauris, unos marcianitos horrorosos y medio primitivos que no vieron mal en aliarse con Loki (el diabólico y encantador hermanastro de Thor) a cambio de que él les devolviera una cosa llamada Tesetacto, una especie de cubo luminoso con suficiente energía para iluminar el mundo. Total que, en la Tierra, Nick Fury (Samuel L. Jackson, a.k.a "I'm sick of this motherfucking snakes on this motherfucking plane") llega con su tropa de agentes de S.H.I.E.L.D a mirar el dichoso teseracto que se encuentra en las poco habiles manos del doctor Erik Selvig (si no vieron la peli de Thor seguro que no sabrán quien es este cuate). De pronto (inserte viñetas de memes aquí) un salvaje Loki aparece, le rompe la mauser a todos, hipnotiza a Selvig y a Hawkeye (un agente de S.H.I.E.L.D y miembro de Los Vengadores), se roba el teseracto y desata el caos. Total que en este momento Fury decide convocar a los superpoderosos Iron Man, el Capitán América (mejor conocido por Tony Stark como Capipaleta), Black Widow y el siempre despistado doctor Bruce Banner, o sease, Hulk, para localizar el teseracto y romperle la hermosa cara a Loki en el proceso.
Pero las cosas no son tan fáciles, y cuando la misión parece ir bien (memes otra vez) un salvaje (y bien peinado) Thor aparece, se lleva a su hermanastro con el que tiene una de sus ya conocidísimas pláticas inspiracionales y se agarra a martillazo limpio con el hombre de hierro y el políticamente correcto capitán. Luego de esta divina escena a Loki lo meten en una jaulita de cristal y todo parece perfecto, pero solo es una trampa, una trampa que atraerá muchos problemas cuando los Vengadores se peleen entre ellos y S.H.I.E.L.D se vea amenazado y nadie sepa qué hacer. ¿Lograrán salvar al mundo o les dolerá mucho en el intento? Descúbranlo ustedes mismos.
Ahora, ¿qué es lo bueno? Hay una trama sencilla pero interesante, hay explosiones y golpes y patadas, pero no muchas, hay peleas psicológicas (usualmente provocadas y/o iniciadas por Loki), hay momentazos nerd (protagonizados por Steve Rogers), hay buena música, hay una hilación que no se interrumpe y se sostiene tan bien que no te darás cuenta de que a la mitad de la película ya llevas casi dos horas aplastadísim@ en el asiento. Además, la escena clímax está, si no para morir e irse al cielo, sí para gozarla. Un plus es que los chistes no son ni ácidos ni típicos, incluso hay escenas que son accidentalmente cómicas aunque la intención sea completamente otra. En resumen, te gusten los superhéroes o no, esta película te fascinará.
¿Lo malo? A lo mejor, si no eres muy fan del universo Marvel, no tendrá ni idea de quién diablos son los chitauri, cual es la función del Consejo y mucho menos entenderás cuál es la relevancia de la escena al final de los créditos. Otra cosa que en lo personal no me gustó (lo admito ¬¬) fue el excesivo protagonismo de Black Widow, a.k.a Scarlett Johannson. Ya sé que aparte de la agente Hill es la única chica con algo de relevancia en la historia, pero verla con su cara de heroína sufrida y traumatizada en combinación con su escote cada vez más apretado resulta chocante.
Y entonces, por su trama, sus personajes y también por sus actores le doy a esta película, por primera vez en la historia de este blog, un perfecto 10. Porque si creyeron una locura juntar a tanta estrella hollywoodense en una película pelomitera y de superheroes, al verla se darán cuenta de que valió la pena. Así que tomen sus escudos, sus martillos, sus reactores y su mal humor y vayan a disfrutar de la película que logró superar en su primera semana a The Dark Knight. ¡¡Adiosito!!
sábado, 14 de abril de 2012
EL PROFUNDISIMO MAR AZUL (O "DE LO QUE TE PIERDES POR NO VER CINE RARO")
Las vacaciones de Lobita han tocado su fin (esperen, ¿tuve vacaciones?) y como siempre, finalicé esta extraña y medio truculenta jornada viendo lo que los críticos llaman habitualmente "cine de arte" pero que la gente común llama "películas raras que nomás los nerdazos ven". Pues bueno, no seré nerdaza, pero la cinta que vi sí me pareció muy distinta al contexto acostumbrado y por eso me fascinó. Bueno, por eso y por otras razones que les contaré... más adelante.
The Deep Blue Sea (o sease El Profundo Mar Azul, o más gramáticamente correcto, El Mar Azul Profundo) es una cinta del 2011 de ésas que hacen los cines experimentales más allá del Atlántico y que habitualmente los cines de éste otro lado del océano se pasan por el arco del triunfo, hecha por un tal Terrence Davies y en el que participan como personajes principales Rachel Weisz (Evey O'Connell en La Momia) y Tom Hiddleston (mejor conocido como Loki en Los Vengadores). Pero bueno, vamos a lo importante.
Ésta historia, ambientada muy convenientemente en el escenario más deprimente posible...
NUNCAMÁS: Clase de Derecho Procesal??
Aaaaah... no, no taaaaaaaan deprimente... Se trata de Londres allá por los años 50's. Bueno, ésta historia comienza con una chica llamada Hester CollyerDios, que nombre más feo (Rachel Weisz) quien se siente deprimida e intenta suicidarse tomándose unas pastillas. Luego de eso tenemos un breve flashback en el que nos explican su historia: Hester está infelizmente casada con un juez más ruco que cualquier profesor que ustedes tengan, que además de todo padece mamitis aguda y, aunque le da una vida aparentemente cómoda a su mujer, ella simplemente no es feliz. Entonces conoce al adorable pero infantil Freddie Page (Tom Hiddleston... sí, ya se que su apellido parece trabalenguas pero ni modo), un ex piloto militar con sueños guajiros de vida idílica, que naturalmente con su encanto y magníficos ojos bicolor (a veces verdes, a veces azules...dependiendo de la luz) la hizo caer redondita y a los 7 minutos de película ya nos estaban protagonizando una escena de... ejem... hacer bebés.
Naturalmente al poco tiempo el esposo se entera de la infidelidad de su mujer y toma la extraña resolución de dejarla largarse con el ex piloto, pero no le da el divorcio. Aqui se nos acaba el flashback y volvemos a la bizarra realidad, donde entre otras cosas asistimos a un montón de discusiones entre amantes, súplicas del esposo, cartas y cartas arruinavidas y ataque psicologicos que finalizan de la manera más deprimente posible. No les contaré el final (muajajaja) pero sí puedo adelantarles algo: creyentes leales de las Brontë y Shakespeare, favor de alejarse de esta película.
Ahora sí, la crítica: ¿Qué es lo bueno? Pues como dije, es una película medianamente rara, y muy poco conocida en estos lados del mundo (es británica), y por lo tanto no hay una mega producción hollywoodense tratando de hacerla comercial. Conserva un aire más bien melancólico todo el tiempo, con pequeños brotes de esperanza (no, no felicidad); la iluminación, tan propia del clima londinense, acentúa todavía más la sensación de intimidad en la atmósfera, como si fuéramos espectadores de un pleito novelesco entre vecinos. Lo más impactante es ver una historia de amor que, por más que odiemos admitirlo, parece el Titanic dirigiéndose a máxima velocidad al iceberg; los personajes tienen una estructura única, más humana y por lo tanto más incomprensible, desde el esposo aparentemente cobarde y masoquista, hasta la chica con problemas de bipolaridad, y el galán que es más sensible que imán a medio centímetro del refrigerador. La música también ayuda, un concierto de violín que a ratos te anima y a ratos te da el bajón, sin grandes soundtracks, tal y como hace una obra independiente.
¿Qué es lo malo? A lo mejor, como no pasa nada especialmente excitante (caso aparte la escena del minuto 7:15) puedes sentir que le pierdes las ganas a la historia, hasta puedes llegar a decir "esto ya valio mauser, mejor ni la sigo viendo". También, como dije, no es apta para ese público acostumbrado a que todo sea miel sobre hojuelas, o que al menos haya final feliz; es básicamente hora y media de agonía visual y emocional, así que a los que no les guste, o les enfade el cine de arte, mejor absténganse.
¿Y con cuánto la calificará Lobita? Fácil, con un 9.6, pues tuvo una que otra fallita menor, pero lo importante fueron las actuaciones de la Weisz y claro, del nuevo producto importado, o sease Tom Hiddleston.
Ah, y hablando de Hiddleston...
Este señorito de acá arriba viajó del noveno círculo del infierno hasta el séptimo cielo de Alighieri en un solo año. Producto importado de Gran Bretaña y apenas doce años mayor que la Lobita, este muchachito que estudió en la ultra reconocida universidad de Cambridge (y terminó sus estudios) era hasta hace poco conocido solo en sus tierras por trabajos en la T.V como la empalagosa Return to Crawford, o la estrambótica Suburban Shootouts o la serie policiaca Wallander, además de otras pelis como Archipielago y Unrelated. Pero saltó a la fama mundial haciéndola de Loki, el hermanastro dela rubia dorada Thor; sus ojitos de cachorro abandonado a la interperie le valieron las babas y lágrimas de miles de féminas alrededor del mundo, aún más que los bien torneados músculos de Chris Hemsworth, y próximamente amenaza con provocar un revuelo irónico en el cine gracias a su participación como villano principal de Los Vengadores (adivinen quién piensa asistir a la premiere aunque se quede pobre y tenga que empeñar sus libros). Pero ustedes seguro se preguntarán, y eso qué relevancia tiene para este blog??
NUNCAMÁS: Aquí viene Capitán Obvio...
Sí. Lobita ha rememorado su amor (casi parafílico) por Inglaterra y por todo lo que viene de ella (té, detectives, asesinos psicópatas, la monarquía, la ropa de la época de los Tudor...), incluyendo a los actores. No es la primera vez que me fijo en un actor británico (inserten flashback donde aparecen las caras de Daniel Radcliffe, Gary Oldman, David Thewlis y Ralph Fiennes mientras se oye de fondo una cancioncita de los Bee Gees), pero la novedad es que este no solo es el primer actor que me agrada que terminó felizmente la universidad, sino que entre su estuche de monerías sabe hablar francés (inserten cara de pedobear...no pregunten porqué), sabe bailar, conoce de memoria sonetos de Shakespeare y su mayor amor en el mundo son Los Muppets y el pudding (una especie de postre británico). ¿Lo mejor para las fans? El tipo es soltero. ¿Lo malo? Su extraño manager, que parece mirar con ojos homicidas a las fans cuando se acercan demasiado.
Si quieren ver más del trabajo de éste muchacho, chequense sin pérdida de tiempo War Horse (la película más lacrimógena de los óscares), Medianoche en París (otra joya bizarra de Woody Allen), Thor (si no les convence por ser una pelicula de superheroes, piensen que ahí verán a la hermosa Natalie Portman y a juay de rito... perdón, a Anthony Hopkins dándole con tubo a la historia) y claro, ésta última que les mencioné. Seguro que no se arrepentirán.
Adiosito!! Y preparémosnos para el próximo mugriento lunes en que volvemos al estrés escolar y/o laboral.
The Deep Blue Sea (o sease El Profundo Mar Azul, o más gramáticamente correcto, El Mar Azul Profundo) es una cinta del 2011 de ésas que hacen los cines experimentales más allá del Atlántico y que habitualmente los cines de éste otro lado del océano se pasan por el arco del triunfo, hecha por un tal Terrence Davies y en el que participan como personajes principales Rachel Weisz (Evey O'Connell en La Momia) y Tom Hiddleston (mejor conocido como Loki en Los Vengadores). Pero bueno, vamos a lo importante.
Ésta historia, ambientada muy convenientemente en el escenario más deprimente posible...
NUNCAMÁS: Clase de Derecho Procesal??
Aaaaah... no, no taaaaaaaan deprimente... Se trata de Londres allá por los años 50's. Bueno, ésta historia comienza con una chica llamada Hester Collyer
Naturalmente al poco tiempo el esposo se entera de la infidelidad de su mujer y toma la extraña resolución de dejarla largarse con el ex piloto, pero no le da el divorcio. Aqui se nos acaba el flashback y volvemos a la bizarra realidad, donde entre otras cosas asistimos a un montón de discusiones entre amantes, súplicas del esposo, cartas y cartas arruinavidas y ataque psicologicos que finalizan de la manera más deprimente posible. No les contaré el final (muajajaja) pero sí puedo adelantarles algo: creyentes leales de las Brontë y Shakespeare, favor de alejarse de esta película.
Ahora sí, la crítica: ¿Qué es lo bueno? Pues como dije, es una película medianamente rara, y muy poco conocida en estos lados del mundo (es británica), y por lo tanto no hay una mega producción hollywoodense tratando de hacerla comercial. Conserva un aire más bien melancólico todo el tiempo, con pequeños brotes de esperanza (no, no felicidad); la iluminación, tan propia del clima londinense, acentúa todavía más la sensación de intimidad en la atmósfera, como si fuéramos espectadores de un pleito novelesco entre vecinos. Lo más impactante es ver una historia de amor que, por más que odiemos admitirlo, parece el Titanic dirigiéndose a máxima velocidad al iceberg; los personajes tienen una estructura única, más humana y por lo tanto más incomprensible, desde el esposo aparentemente cobarde y masoquista, hasta la chica con problemas de bipolaridad, y el galán que es más sensible que imán a medio centímetro del refrigerador. La música también ayuda, un concierto de violín que a ratos te anima y a ratos te da el bajón, sin grandes soundtracks, tal y como hace una obra independiente.
¿Qué es lo malo? A lo mejor, como no pasa nada especialmente excitante (caso aparte la escena del minuto 7:15) puedes sentir que le pierdes las ganas a la historia, hasta puedes llegar a decir "esto ya valio mauser, mejor ni la sigo viendo". También, como dije, no es apta para ese público acostumbrado a que todo sea miel sobre hojuelas, o que al menos haya final feliz; es básicamente hora y media de agonía visual y emocional, así que a los que no les guste, o les enfade el cine de arte, mejor absténganse.
¿Y con cuánto la calificará Lobita? Fácil, con un 9.6, pues tuvo una que otra fallita menor, pero lo importante fueron las actuaciones de la Weisz y claro, del nuevo producto importado, o sease Tom Hiddleston.
Ah, y hablando de Hiddleston...
Este señorito de acá arriba viajó del noveno círculo del infierno hasta el séptimo cielo de Alighieri en un solo año. Producto importado de Gran Bretaña y apenas doce años mayor que la Lobita, este muchachito que estudió en la ultra reconocida universidad de Cambridge (y terminó sus estudios) era hasta hace poco conocido solo en sus tierras por trabajos en la T.V como la empalagosa Return to Crawford, o la estrambótica Suburban Shootouts o la serie policiaca Wallander, además de otras pelis como Archipielago y Unrelated. Pero saltó a la fama mundial haciéndola de Loki, el hermanastro de
NUNCAMÁS: Aquí viene Capitán Obvio...
Sí. Lobita ha rememorado su amor (casi parafílico) por Inglaterra y por todo lo que viene de ella (té, detectives, asesinos psicópatas, la monarquía, la ropa de la época de los Tudor...), incluyendo a los actores. No es la primera vez que me fijo en un actor británico (inserten flashback donde aparecen las caras de Daniel Radcliffe, Gary Oldman, David Thewlis y Ralph Fiennes mientras se oye de fondo una cancioncita de los Bee Gees), pero la novedad es que este no solo es el primer actor que me agrada que terminó felizmente la universidad, sino que entre su estuche de monerías sabe hablar francés (inserten cara de pedobear...no pregunten porqué), sabe bailar, conoce de memoria sonetos de Shakespeare y su mayor amor en el mundo son Los Muppets y el pudding (una especie de postre británico). ¿Lo mejor para las fans? El tipo es soltero. ¿Lo malo? Su extraño manager, que parece mirar con ojos homicidas a las fans cuando se acercan demasiado.
Si quieren ver más del trabajo de éste muchacho, chequense sin pérdida de tiempo War Horse (la película más lacrimógena de los óscares), Medianoche en París (otra joya bizarra de Woody Allen), Thor (si no les convence por ser una pelicula de superheroes, piensen que ahí verán a la hermosa Natalie Portman y a juay de rito... perdón, a Anthony Hopkins dándole con tubo a la historia) y claro, ésta última que les mencioné. Seguro que no se arrepentirán.
Adiosito!! Y preparémosnos para el próximo mugriento lunes en que volvemos al estrés escolar y/o laboral.
miércoles, 11 de abril de 2012
HADES ANTE MIS OJOS
Dicen por ahi que la curiosidad mató al gato. Bueno, a lo mejor el gato alcanzó a saltar a tiempo y se salvó por poco, pero no por eso dejará de sentirse aterrorizado al haber metido sus naricitas en lugares (y momentos) que no le correspondían.
En ésos términos, quiero dar a entender que en esta ocasión, el gato curioso fui yo.
¿Alguna vez han visto a la muerte de frente? ¿No han sentido a la vez la curiosidad casi morbosa de observar los vestigios que la Parca deja atrás cuando destroza una vida con el filo de su hoz, y al mismo tiempo el deseo irresistible de apartar la mirada y huir, por temor a invocarla? ¿Jamás han tenido la impresión de que, de lejos, ésta destrucción parece casi irreal, mientras que cuando la contemplamos, la percibimos y la respiramos, pareciera poseer por un instante nuestro ser, paralizando el cuerpo y alterando el alma? ¿No han sentido el aliento del Cerbero a su espalda o los ojos desiguales de Hela cuando saben que la Destructora acaba de cortar otro aliento en un lugar, en un tiempo, en un sitio que siempre ha sido nuestro y que creíamos seguro?
Una mañana de primavera no puede ofrecer un espectáculo más triste que el de una muerte. Y justamente eso ocurrió hoy, con el sol en su punto más alto y con vientos de esperanza revolviéndole el cabello a cualquiera, excepto a alguien, o a quien alguna vez fue alguien, que ofreció sin querer un espectáculo más digno de una novela de Poe que de una fresca poesía estival.
No es la primera vez que veo ante mí un cadaver, y dudo mucho que sea la última ocasión. Tenía catorce años cuando vi a mi primer muerto; la situación era tan truculenta y surreal que a veces me pregunto si no estaba alucinando. El hombre (creo que era un hombre joven) estaba tirado en la entrada de una iglesia; no pude ver su rostro, sólo parte de sus ropas, manchadas en sangre que formaba un charco a su alrededor en el suelo, y a su alrededor pululaban los de la SEMEFO mientras la gente (supersticiosa pero curiosa por naturaleza) mantenía prudente distancia. Yo desvié la mirada, no me atraía ésa clase de escenarios macabros y estaba dispuesta a mantenerme alejados de ella el mayor tiempo posible.
Pero nada se compara a la soledad que podía percibirse ésta, una mañana estival y alegre, cuando las súplicas de las vecinas atrayeron a la multitud apiñándose en la casa de enfrente. Mamá Loba, leal a su culto hipocrático, fue la primera en atreverse a penetrar en aquélla oscuridad, porque incluso a ésas horas alegres, en interior de la vivienda estaba cubierto de penumbras, y se respiraba el aire pesado y dulzón que te hace saber que algo, ahí, no está bien.
Seguí de cerca la silueta de mi madre y de la vecina, demasiado consternada para decir palabra, y subimos calladamente las escaleras hasta llegar a la habitación; Mamá Loba entró, ella tiene la sangre fría como reptil cuando de éstas cosas se tratan, pero yo no. Me quedé haciendo guardia (¿de qué? ¿contra qué?) en el resquicio de la puerta, desviando la mirada a todas partes. Era una recámara pequeña, con varios adornos que en la semioscuridad parecían antigüedades abandonadas a su suerte. Y sobre el lecho, lo que vi... No podría describir jamás lo que vi, y ahora que lo pienso bien lo escribo por temor a que anide en mi mente y me torture durante las noches, como ocurre con cualquier miedo infantil.
Es verdad que a veces la muerte hace sobre los cuerpos el papalote que se le antoja, y que en ésas ocasiones puede dejar tras de sí un aspecto casi inocente y dulce, ingenuo, haciendo que su víctima parezca dormir el sueño eterno; pero aquélla visión distaba mucho de ésa calma tan recitada, y aunque mis ojos no se atrevieron a buscar el rostro, sí se fijaron en los vestigios de largas semanas de agonía, resentimiento y anhelo que todos en la calle sentíamos, no sólo por quien, lentamente, se marchitaba, sino por quien le sobreviviría, y cuya carga cada insante se volvía más insoportable.
Clavé los ojos al piso; Mamá Loba, estoica como siempre, pidió un teléfono y llamó a los paramédicos. Éstos confirmaron la noticia con el mismo gesto de sobriedad que ella, mientras la otra vecina parecía al borde de un ataque de histeria y yo lidiaba con los latidos inquietantes de mi corazón. Todo estaba en silencio, no se oía ni el aire, ni el reloj, ni nada, a excepción de las voces que resonaban como en un eco eterno.
No pude más y me alejé; vi cómo Mamá Loba ponía la blanca sábana de sello sobre la víctima de Mortis y me ordenaba silenciosamente que bajara. Lo supe en cuanto la vi, ella sentía cómo algo en mí se estremecía de miedo y de horror, ante la presencia aún persistente del tiempo finalizado. Y cuando volvimos al aire frío y menos viciado de la planta alta, ahí donde la luz del sol lograba colarse, se dispusieron a hacer un auténtico atraco, en búsqueda de los papeles requeridos para el acta de defunción. Recordé al señor Valdemar, del relato de Poe, pensando en el tétrico parecido que había entre éste muerto-vivo y quien reposaba en la planta alta, y luego mi imaginación aterrizó en la novela de La Dama de Negro, mientras miraba a las dos mujeres adultas inspeccionar los papeles al mejor estilo victoriano (con media luz, como si todo fuera una farsa sarcástica) a la vez que intentaban comunicarse con la superviviente de aquél negro ambiente. El teléfono no dio señales de vida. La casa entera estaba muerta.
Por fin Mamá Loba me ordenó marcharme, sin antes dedicarme una mirada que significaba alivio, y ordenándome suavemente:
-No te asustes.
Obedecí y salí casi corriendo de la casa. El sol entibió mi piel y el viento revolvió mi cabello. Sonreí. Estaba viva. Estaba fuera del sepulcro, de ésa entrada del Tártaro donde Hades miraba indulgente a los hálitos vivientes que se movían en su nuevo reino ganado, en su nueva pieza de ajedrez.
Al término de éste post, Mamá Loba sigue allá, y yo intento relajar mis nervios y vomitar mis miedos en éste mismo sitio. Todavía percibo el aroma podrido y dulzón de la vivienda, y me muero de ganas de tomar un largo baño para echar a la Cegadora de mi cuerpo; pienso en Baglietto y su Tango de la Muerte, que me parecía tan cómico, y ahora que lo pienso me doy cuenta de la tétrica verdad ocultas en sus alegres palabras y me pregunto... ¿cuándo volverá el reloj de arena a detenerse, alterando el ciclo pacífico de nuestro mundo? ¿Cuántos más tendrán que cruzar la oscuridad de la noche para ingresar a una oscuridad mayor antes de ver la luz final?
¿Y qué hay de mí? ¿Podré reposar tranquila sin ésos ecos del más allá clamando a mis oídos: "gatita curiosa, metiste los bigotes en donde no te llamamos"?
Nunca es fácil mirar a la muerte de frente. Pero como todos la veremos algún día, más nos vale estar preparados para lo que venga.
En ésos términos, quiero dar a entender que en esta ocasión, el gato curioso fui yo.
¿Alguna vez han visto a la muerte de frente? ¿No han sentido a la vez la curiosidad casi morbosa de observar los vestigios que la Parca deja atrás cuando destroza una vida con el filo de su hoz, y al mismo tiempo el deseo irresistible de apartar la mirada y huir, por temor a invocarla? ¿Jamás han tenido la impresión de que, de lejos, ésta destrucción parece casi irreal, mientras que cuando la contemplamos, la percibimos y la respiramos, pareciera poseer por un instante nuestro ser, paralizando el cuerpo y alterando el alma? ¿No han sentido el aliento del Cerbero a su espalda o los ojos desiguales de Hela cuando saben que la Destructora acaba de cortar otro aliento en un lugar, en un tiempo, en un sitio que siempre ha sido nuestro y que creíamos seguro?
Una mañana de primavera no puede ofrecer un espectáculo más triste que el de una muerte. Y justamente eso ocurrió hoy, con el sol en su punto más alto y con vientos de esperanza revolviéndole el cabello a cualquiera, excepto a alguien, o a quien alguna vez fue alguien, que ofreció sin querer un espectáculo más digno de una novela de Poe que de una fresca poesía estival.
No es la primera vez que veo ante mí un cadaver, y dudo mucho que sea la última ocasión. Tenía catorce años cuando vi a mi primer muerto; la situación era tan truculenta y surreal que a veces me pregunto si no estaba alucinando. El hombre (creo que era un hombre joven) estaba tirado en la entrada de una iglesia; no pude ver su rostro, sólo parte de sus ropas, manchadas en sangre que formaba un charco a su alrededor en el suelo, y a su alrededor pululaban los de la SEMEFO mientras la gente (supersticiosa pero curiosa por naturaleza) mantenía prudente distancia. Yo desvié la mirada, no me atraía ésa clase de escenarios macabros y estaba dispuesta a mantenerme alejados de ella el mayor tiempo posible.
Pero nada se compara a la soledad que podía percibirse ésta, una mañana estival y alegre, cuando las súplicas de las vecinas atrayeron a la multitud apiñándose en la casa de enfrente. Mamá Loba, leal a su culto hipocrático, fue la primera en atreverse a penetrar en aquélla oscuridad, porque incluso a ésas horas alegres, en interior de la vivienda estaba cubierto de penumbras, y se respiraba el aire pesado y dulzón que te hace saber que algo, ahí, no está bien.
Seguí de cerca la silueta de mi madre y de la vecina, demasiado consternada para decir palabra, y subimos calladamente las escaleras hasta llegar a la habitación; Mamá Loba entró, ella tiene la sangre fría como reptil cuando de éstas cosas se tratan, pero yo no. Me quedé haciendo guardia (¿de qué? ¿contra qué?) en el resquicio de la puerta, desviando la mirada a todas partes. Era una recámara pequeña, con varios adornos que en la semioscuridad parecían antigüedades abandonadas a su suerte. Y sobre el lecho, lo que vi... No podría describir jamás lo que vi, y ahora que lo pienso bien lo escribo por temor a que anide en mi mente y me torture durante las noches, como ocurre con cualquier miedo infantil.
Es verdad que a veces la muerte hace sobre los cuerpos el papalote que se le antoja, y que en ésas ocasiones puede dejar tras de sí un aspecto casi inocente y dulce, ingenuo, haciendo que su víctima parezca dormir el sueño eterno; pero aquélla visión distaba mucho de ésa calma tan recitada, y aunque mis ojos no se atrevieron a buscar el rostro, sí se fijaron en los vestigios de largas semanas de agonía, resentimiento y anhelo que todos en la calle sentíamos, no sólo por quien, lentamente, se marchitaba, sino por quien le sobreviviría, y cuya carga cada insante se volvía más insoportable.
Clavé los ojos al piso; Mamá Loba, estoica como siempre, pidió un teléfono y llamó a los paramédicos. Éstos confirmaron la noticia con el mismo gesto de sobriedad que ella, mientras la otra vecina parecía al borde de un ataque de histeria y yo lidiaba con los latidos inquietantes de mi corazón. Todo estaba en silencio, no se oía ni el aire, ni el reloj, ni nada, a excepción de las voces que resonaban como en un eco eterno.
No pude más y me alejé; vi cómo Mamá Loba ponía la blanca sábana de sello sobre la víctima de Mortis y me ordenaba silenciosamente que bajara. Lo supe en cuanto la vi, ella sentía cómo algo en mí se estremecía de miedo y de horror, ante la presencia aún persistente del tiempo finalizado. Y cuando volvimos al aire frío y menos viciado de la planta alta, ahí donde la luz del sol lograba colarse, se dispusieron a hacer un auténtico atraco, en búsqueda de los papeles requeridos para el acta de defunción. Recordé al señor Valdemar, del relato de Poe, pensando en el tétrico parecido que había entre éste muerto-vivo y quien reposaba en la planta alta, y luego mi imaginación aterrizó en la novela de La Dama de Negro, mientras miraba a las dos mujeres adultas inspeccionar los papeles al mejor estilo victoriano (con media luz, como si todo fuera una farsa sarcástica) a la vez que intentaban comunicarse con la superviviente de aquél negro ambiente. El teléfono no dio señales de vida. La casa entera estaba muerta.
Por fin Mamá Loba me ordenó marcharme, sin antes dedicarme una mirada que significaba alivio, y ordenándome suavemente:
-No te asustes.
Obedecí y salí casi corriendo de la casa. El sol entibió mi piel y el viento revolvió mi cabello. Sonreí. Estaba viva. Estaba fuera del sepulcro, de ésa entrada del Tártaro donde Hades miraba indulgente a los hálitos vivientes que se movían en su nuevo reino ganado, en su nueva pieza de ajedrez.
Al término de éste post, Mamá Loba sigue allá, y yo intento relajar mis nervios y vomitar mis miedos en éste mismo sitio. Todavía percibo el aroma podrido y dulzón de la vivienda, y me muero de ganas de tomar un largo baño para echar a la Cegadora de mi cuerpo; pienso en Baglietto y su Tango de la Muerte, que me parecía tan cómico, y ahora que lo pienso me doy cuenta de la tétrica verdad ocultas en sus alegres palabras y me pregunto... ¿cuándo volverá el reloj de arena a detenerse, alterando el ciclo pacífico de nuestro mundo? ¿Cuántos más tendrán que cruzar la oscuridad de la noche para ingresar a una oscuridad mayor antes de ver la luz final?
¿Y qué hay de mí? ¿Podré reposar tranquila sin ésos ecos del más allá clamando a mis oídos: "gatita curiosa, metiste los bigotes en donde no te llamamos"?
Nunca es fácil mirar a la muerte de frente. Pero como todos la veremos algún día, más nos vale estar preparados para lo que venga.
miércoles, 4 de abril de 2012
FURIA DE TITANES, REGOCIJO DE MAMA LOBA
Damas, caballeros, hartitos y hartitas del mundo, hoy les traigo otro momento dorado que Lobita ha compartido con su Mamá Loba en ése lugar oscuro y frío que, irónicamente, puede hacerte sudar la gota gorda mientras estás cómodamente chenchad@ en tu asiento y rodead@ de palomitas y refresco. ¿De qué hablo? ¡Pues del cine, claro, bola de mensos crei que era obvio!
Así que hoy vengo a traerles la reseña reseñosa del (posiblemente) mejor trauma de Mamá Loba ever: Furia de Titanes 2... EN 3D...!!! Ah no esperen que hoy mi cupón de 3D no valió, jejeje.
*Lobita pone esta rola para escribir el post y sentirse inspirada*
¿Les gusta la mitologia griega? ¿Percy Jackson y compañía les pareció insultante? ¿Quieren ver accion, drama, locuras y hombres en faldita peleando contra monstruos milenarios... pero que no sea John Carter por amor de Dios? ¡Entonces han llegado al post indicado! Y no se angustien por los spoilers, los haré lo más indescifrables posibles.
Verán ustedes, esta linda historia comienza con el heroico Perseo, quien se ha dejado crecer las greñas y nos muestra su rizada cabellera, que vive en una comunidad tranquila junto a su hijito Helios; mientras tanto, en Dioseslandia... perdón, en el Olimpo, las deidades temen por su destino, ya que Hades parece estar planeando una maldad maldosa y Zeus (Liam Neeson a.k.a el maestro jedi de Obi Wan Kenobi para los que vieron "La Amenaza Fantasma") busca a su Perseíto para pedirle ayuda. Como de costumbre, Perseo se pone rejego y dice que na nay, y Zeus desciende al Tártaro (la prisión del inframundo, para fines prácticos) donde se encuentra con Poseidón, dios del mar, y con Ares, dios de la guerra (un tal Edgar Ramírez que me habría parecido más simpático si no me recordara vagamente a Cal, el prometido de Rose en Titanic), quienes quieren hablar con Hades (otra vez Ralph Fiennes que con este ya lleva varios villanos cinematográficos en su haber, contando al alemán loco de La Lista de Schindler -ah caray que aqui también sale Liam Neeson-, Voldemort, el asesino de Dragón Rojo -de la saga de Hannibal Lecter-, y hasta el faraón Ramsés en El Príncipe de Egipto). Pero cuando la charla pasa a ser una "charla" (o sea charla de golpes, patadas y relámpagos al mejor estilo de "Thor" de Marvel), Ares se revela como un traidor y se convierte en Miss Nenaza 2012, alegando que su traición se debe a que, como hijo de Zeus, recibe menos atención que el hijo bastardo de éste, o sea Perseo.
Sí, ese es Ares... hmmm desde esta perspectiva me recuerda más a un jovencícimo (y delgado) Val Kilmer, pero ese no es el punto... ¿en qué íbamos?
¡Ah si! Luego de la traicionera traición de Ares (amo las redundancias xD) Perseo, que sigue cantando it's a beautiful morning en casa, se ve en problemas cuando unas asquerosas quimeras ascienden del Inframundo y atacan su tranquilo pueblo. Entonces no le queda de otra que unirse al frente de batalla, comandado por (cha cha cha chán) la reina Andrómeda (la misma damisela en peligro que tuvo que rescatar en Furia de Titanes 1), y junto a ella y Argenor (otro semidios, hijo de Poseidón, al cual por cierto le entregan el tridente de éste) debe pasar por varias dificultades y luchar contra monstruosas criaturas míticas para hacer lo aparentemente imposible: rescatar a Zeus y evitar que Ares y Hades despierten a Cronos, el malvado titán y padre de los tres dioses más importantes del panteón griego, que pretende simplemente destruir a la humanidad y liberar a todos los demás titanes.
Y bueno, ¿porqué ésta película está buena? Tal vez no sientas que los momentos de tensión son de larga duración, o que éstos se interrumpen abruptamente y la película parece un columpio yendo y viniendo con cargas emocionales mixtas, pero ésos momentos resultan un sabor de boca para la gente cansada de los monstruos y peleas clichés y, sobre todo, para los que saben algo de mitología griega y entienden perfectamente qué son ésas cosas horripilantes y qué hacen (como Mamá Loba, por ejemplo). También otro punto fascinante es poder ver a los dioses lejos de su "zona de confort" y mostrándose más como humanos típicos que como grandes todopoderosos (sólo en la época pagana, damas y caballeros). Además, los efectos te provocan escalofríos mil y la historia, que al principio parece avanzar a marcha forzada, luego se amolda y ni sientes que duraste sentadote ahí durante más tiempo de el que una vejiga llena de refresco puede tolear (yo lo intenté y, adivinen, ¡lo conseguí!). Además las actuaciones de Liam Neeson y Ralph Fiennes son tan comestibles y deliciosas como un chocolate.
Se los dije, deliciosos y comestibles...
¿Lo malo? Si la entrega anterior no te gustó ni intentes ver ésta, porque de seguro sufrirás un ataque a la mitad de la sala; además, algunas escenitas te parecerán perfectamente incomprensibles, sobre todo en ésas en las que nadie se toma la molestia de explicarte qué carajos está pasando (algo me dice que el director de la película imaginaba que todos leímos a Homero y estudiamos a los griegos muuuuuy de cerca). También el final es una cosa más de lógica que de criterio, pues en lo personal me pareció un final abierto pero sin sentido, en el que olvidaron decir, quizá, un par de cosas más para aclararnos en qué piso desértico estábamos de pie.
Así que Lobita Nocturna le da una calificación de 8.9 de 10 gracias a las actuaciones de Liam y Ralph (deliciosos...deliciosos los dos) y claro, por lo feliz que se veia Mama Loba, la cual en cuestiones griegas puede darse por ofendida muy fácilmente, y si a ella le gusto, pues a todos nos tiene que gustar tambien.
Además pasaron el anuncio de Titanic en 3D y mi corazon salto como loquito al ritmo de you're here, there's nothing I fear, and I know that my heart will go on...
En fin, eso fue todo por hoy. Adiosito!!
Así que hoy vengo a traerles la reseña reseñosa del (posiblemente) mejor trauma de Mamá Loba ever: Furia de Titanes 2... EN 3D...!!! Ah no esperen que hoy mi cupón de 3D no valió, jejeje.
*Lobita pone esta rola para escribir el post y sentirse inspirada*
¿Les gusta la mitologia griega? ¿Percy Jackson y compañía les pareció insultante? ¿Quieren ver accion, drama, locuras y hombres en faldita peleando contra monstruos milenarios... pero que no sea John Carter por amor de Dios? ¡Entonces han llegado al post indicado! Y no se angustien por los spoilers, los haré lo más indescifrables posibles.
Verán ustedes, esta linda historia comienza con el heroico Perseo, quien se ha dejado crecer las greñas y nos muestra su rizada cabellera, que vive en una comunidad tranquila junto a su hijito Helios; mientras tanto, en Dioseslandia... perdón, en el Olimpo, las deidades temen por su destino, ya que Hades parece estar planeando una maldad maldosa y Zeus (Liam Neeson a.k.a el maestro jedi de Obi Wan Kenobi para los que vieron "La Amenaza Fantasma") busca a su Perseíto para pedirle ayuda. Como de costumbre, Perseo se pone rejego y dice que na nay, y Zeus desciende al Tártaro (la prisión del inframundo, para fines prácticos) donde se encuentra con Poseidón, dios del mar, y con Ares, dios de la guerra (un tal Edgar Ramírez que me habría parecido más simpático si no me recordara vagamente a Cal, el prometido de Rose en Titanic), quienes quieren hablar con Hades (otra vez Ralph Fiennes que con este ya lleva varios villanos cinematográficos en su haber, contando al alemán loco de La Lista de Schindler -ah caray que aqui también sale Liam Neeson-, Voldemort, el asesino de Dragón Rojo -de la saga de Hannibal Lecter-, y hasta el faraón Ramsés en El Príncipe de Egipto). Pero cuando la charla pasa a ser una "charla" (o sea charla de golpes, patadas y relámpagos al mejor estilo de "Thor" de Marvel), Ares se revela como un traidor y se convierte en Miss Nenaza 2012, alegando que su traición se debe a que, como hijo de Zeus, recibe menos atención que el hijo bastardo de éste, o sea Perseo.
Sí, ese es Ares... hmmm desde esta perspectiva me recuerda más a un jovencícimo (y delgado) Val Kilmer, pero ese no es el punto... ¿en qué íbamos?
¡Ah si! Luego de la traicionera traición de Ares (amo las redundancias xD) Perseo, que sigue cantando it's a beautiful morning en casa, se ve en problemas cuando unas asquerosas quimeras ascienden del Inframundo y atacan su tranquilo pueblo. Entonces no le queda de otra que unirse al frente de batalla, comandado por (cha cha cha chán) la reina Andrómeda (la misma damisela en peligro que tuvo que rescatar en Furia de Titanes 1), y junto a ella y Argenor (otro semidios, hijo de Poseidón, al cual por cierto le entregan el tridente de éste) debe pasar por varias dificultades y luchar contra monstruosas criaturas míticas para hacer lo aparentemente imposible: rescatar a Zeus y evitar que Ares y Hades despierten a Cronos, el malvado titán y padre de los tres dioses más importantes del panteón griego, que pretende simplemente destruir a la humanidad y liberar a todos los demás titanes.
Y bueno, ¿porqué ésta película está buena? Tal vez no sientas que los momentos de tensión son de larga duración, o que éstos se interrumpen abruptamente y la película parece un columpio yendo y viniendo con cargas emocionales mixtas, pero ésos momentos resultan un sabor de boca para la gente cansada de los monstruos y peleas clichés y, sobre todo, para los que saben algo de mitología griega y entienden perfectamente qué son ésas cosas horripilantes y qué hacen (como Mamá Loba, por ejemplo). También otro punto fascinante es poder ver a los dioses lejos de su "zona de confort" y mostrándose más como humanos típicos que como grandes todopoderosos (sólo en la época pagana, damas y caballeros). Además, los efectos te provocan escalofríos mil y la historia, que al principio parece avanzar a marcha forzada, luego se amolda y ni sientes que duraste sentadote ahí durante más tiempo de el que una vejiga llena de refresco puede tolear (yo lo intenté y, adivinen, ¡lo conseguí!). Además las actuaciones de Liam Neeson y Ralph Fiennes son tan comestibles y deliciosas como un chocolate.
Se los dije, deliciosos y comestibles...
¿Lo malo? Si la entrega anterior no te gustó ni intentes ver ésta, porque de seguro sufrirás un ataque a la mitad de la sala; además, algunas escenitas te parecerán perfectamente incomprensibles, sobre todo en ésas en las que nadie se toma la molestia de explicarte qué carajos está pasando (algo me dice que el director de la película imaginaba que todos leímos a Homero y estudiamos a los griegos muuuuuy de cerca). También el final es una cosa más de lógica que de criterio, pues en lo personal me pareció un final abierto pero sin sentido, en el que olvidaron decir, quizá, un par de cosas más para aclararnos en qué piso desértico estábamos de pie.
Así que Lobita Nocturna le da una calificación de 8.9 de 10 gracias a las actuaciones de Liam y Ralph (deliciosos...deliciosos los dos) y claro, por lo feliz que se veia Mama Loba, la cual en cuestiones griegas puede darse por ofendida muy fácilmente, y si a ella le gusto, pues a todos nos tiene que gustar tambien.
Además pasaron el anuncio de Titanic en 3D y mi corazon salto como loquito al ritmo de you're here, there's nothing I fear, and I know that my heart will go on...
En fin, eso fue todo por hoy. Adiosito!!
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