FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.



jueves, 23 de agosto de 2012

LA VUELTA A LOBOLANDIA EN 80 TORTAS

Aún no concluye oficialmente mi semana de clases y sin embargo ya me siento como si hubiera estado en medio de la pamplonada. (Nota: el blog ni su segura servidora estan de acuerdo con las pamplonadas, fiestas bravas ni nada que se le parezca. Aqui solo apoyamos el boxeo británico, el rugby en días lluviosos y las justas medievales con hombres de gran grosor como caballos). Y en un clima tan cambiante, un ambiente escolar estresante y una dificultad de hambruna por culpa del subidón en el precio de los blanquillos -mejor conocidos como huevos- he decidido alegrarles el corazón y tentarles el estómago con una delicia oriunda de Lobolandia. La exitosa, deliciosa y maravillosa...
*trtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtrtr...*
TORTA AHOGADA!!!
Contrario a la tradicional torta (o lonche en algunos estados del país) que se rellena y se pone en el comal o en el horno eléctrico, la torta ahogada tiene la rara característica de que se embulle toda ella en la salsa y hasta en chile -especialmente picante, cortesía de los preparados que hacemos con él en el estado-.
Dice la leyenda urbana que hace muchos ayeres en un puesto de tortas comunes y corrientes, al cocinero literalmente se le cayó la torta en una salsa. Resultó que al cliente de dicha torta le gustó la mezcla y desde ese entonces la torta ahogada se volvió un platillo muy común en Lobolandia (equiparable en rareza y gusto a la torta de tamal del D.F). 
Ahora, les aclaro: no en cualquier lugar o modo se puede hacer la torta ahogada. La razón es muy simple: los birotes (o bolillos, como sea que los conozcan) que se preparan aquí son mucho más duros y salados que los de otros lugares, como las bagettes que venden los supermercados; esto es necesario para que el pan no se deshaga al momento de entrar en contacto con la salsa.
Hay muchas formas de prepararlo y sus ingredientes pueden variar en algunas ocasiones. Pero hoy, Hartit@s mi@s, les traigo la milenaria y supersecreta (bueno, en realidad ni taaaan secreta) receta de Mamá Loba:
1 kg 1/2 de carne de cerdo en pedazos pequeños (en las carnicerias ya venden "carnitas" de esa indole preparadas). 
1 cebolla
3 o 4 limones
5 0 6 jitomates
1 diente de ajo
2 pimientas
2 clavos
Cominos (un pellizco)
1 cucharada cafetera de orégano
En una cacerola cocen el jitomate, el ajo, las pimientas, los clavos, el comino y el orégano. Después de cocerlo lo molerán con un paquete pequeño de puré de tomate y lo mantendrán calentito en otra cacerola. Mientras tanto, corten la carne en pedacitos y desflemen la cebolla. Si alguien aquí no sabe que es eso de desflemar les diré simplemente que usen el jugo de los limones sobre las rodajas de cebolla en una sartén y cocínenlos de ese modo hasta que la cebolla agarre un aroma fuerte. 
Y por último, consigan bolillo salado, ábranlo en canal y rellénenlo con la carne, la cebolla y échenle encima la salsa. 
NOTA: Algunos establecimientos de tortas le ponen además lechuga y pedacitos de zanahoria y chile de árbol pero eso es otra historia. Ah, y frijoles refritos como base en el interior del bolillo al gusto.
El resultado podrá ser bastante bizarro si no son de "la zona" (a.k.a Lobolandia y su hermoso estado), pero eso no significa que no les guste. Si algún día llegan a Lobolandia y tienen el valor suficiente hay muchos lugares donde venden tortas ahogadas. Mi top 5 es:
5º Tortas Toño (recomendadas por mucho, pero cuidado porque te pueden ahogar la torta en chile y no te aseguro que sobrevivas a la experiencia).
4º Las Colomos.
3º Tortas Valdos (el único problema es que para nosotros los pobres su sucursal nos queda relativamente leeeeeejos).
2º El Baja Avión (sector oficial no autorizado para Lobita).
1º El Santuario (accesibles únicamente a partir de las 8:00 p.m pero como reza el lema familiar... vale la pena!!!)
Y bueno, ese ha sido nuestro brevísimo recorrido por la comida más habitual de Lobolandia. Hubiera sido un recorrido mas largo si fuerzas mayores (mejor conocidas como tareas) no me lo impidieran. Adiosito!!! 

 

sábado, 4 de agosto de 2012

PEQUEÑAS MELANCOLÍAS LONDINENSES


Queridos hartit@s, lamento haberme extraviado por prácticamente un mes de las alegres tierras del blog, pero por desgracia los acontecimientos (en su mayoría fatalistas) que padecí no eran muy dignos de mención y sinceramente la inspiración se me había dado en fuga por algún lugar misterioso. Sin embargo, les vengo a informar sobre los acontecimientos en la mayor brevedad antes de pasar a lo (jaja) importante:
1º Un alma muy pero que muy negra se robó unos metrecillos de cable telefónico, lo que me dejó literalmente sin Internet por 24 horas, las peores 24 horas de mi inocente vida, por cierto ._.
2º Wotan y Tom, las nuevas adquisiciones, son probablemente los animales no convencionales más curiosos. Wotan, un pez beta llamado así en honor al dios germánico de la guerra, gozó de la extraña metamorfosis de llegar a casa con un espléndido color azul para, posteriormente, volverse de color rosa mexicano (?). Por otro lado, Tom, un hamster perteneciente a Lobeznito, tiene la curiosa tendencia de rodar en su hamball (bola hámster, para fines prácticos) persiguiendo sin tregua a Watson (mi gato) hasta el hartazgo.
3º Mamá Loba y Lobita fueron al cine a ver Valiente. Película simpática, predecible, aunque no con el clásico final de "princesa enamorada eternamente de un principe guapetón"; aunque el efecto secundario no fue tan agradable como la película, porque Mamá Loba no dudó en encontrar "vagas" referencias entre la princesa Mérida y yo (en español: me llamó egoista rebelde).
4º Tal vez la más desagradable de las noticias fue una que pasó ayer justamente. Siendo 3 de agosto, aniversario luctuoso de mi querida Maya, el "negro cuervo" volvió a dejar caer una pluma de un modo si cabe aun peor, pues a un familiar cercano mío lo asaltaron. El resultado del atraco fue que el "simpatico" ladron se fue con una bolsa de 3,000 pesos, 2,300 pesos en efectivos y una cartera con 5 tarjetas de banco. Ah, y un celular. No pasó a mayores el incidente, pero comprenderán el shock y la sensación de que algo, no se sabe qué exactamente, se quebró en los delicados cimientos de seguridad en casa.
5º Logre ver The Hollow Crown. ¿Que qué es The Hollow Crown, queridos mios? Ah, pues es una miniserie creada por la maravillosa BBC de Londres donde pusieron en escena cuatro (hablando estrictamente, tres) obras del famosisisisisisimo William Shakespeare: Ricardo II, Enrique IV parte 1, Enrique VI parte II y Enrique V (por mucho, la mas esperada). Les seré sincera, de todos los escritores clásicos, Shakespeare es el que menos me agrada (desbancando incluso a Jane Austen y a las Brontë), la razón de que viera dicha miniserie desde Enrque IV en adelante fue esto:

Sí, damas y caballeros, están viendo lo que creen estar viendo: un príncipe encantador en carne y hueso, con todo y blanco corcel. Sin olvidar la bandera de Inglaterra ondeando tras el y su "expresion de guerra" como dice Mamá Loba. Asimismo, les presento a Thomas William Hiddleston, al que seguramente recordarán (momento a la Troy McGlure) de películas palomiteras como Thor y Los Vengadores, joyas del Óscar como Caballo de Guerra y Medianoche en París y producciones locales deprimentes como The Deep Blue Sea. Para mayores informes consulte Twitter donde alguna vez tuvo la audacia de escribir la palabra "orgasmo" para definir lo que le pasó a una chica mientras veía Los Vengadores.
Bueno, a lo que veníamos. Aunque hoy les hablo de un misceláneo, éste está encaminado principalmente a expresarles mi inmensa anglofilia (algunos aquí, llamense los más allegados como Guerrero, por ejemplo) saben que esa pasión por el Reino Unido tiene por lo menos unos 10 años de existir en mi pequeño ser, pero en ocasiones la cosa se evidencia demasiado. Repasemos:
SINTOMA NUMERO 1: TODAS LAS PEQUEÑAS COSAS DE INGLATERRA.
Si bien Inglaterra (nombre completo: Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte) parece un país relativamente aburrido (por amor de Dios es una jodida isla gigante conectada al resto de Europa por obra de un milagro marítimo) lo que tiene por ofrecer es mucho, pero mucho mas. Magos, reyes legendarios, detectives, asesinos, rockeros, cineastas, actores, músicos... Eso y muchas cosas bizarras más que a la Lobita simplemente le encanta.
SINTOMA NUMERO 2: EXTRAÑA COMIDA (APARENTEMENTE COMESTIBLE).
Si bien el resto del mundo se queja de que en México "a todo le ponemos chile", en Inglaterra las habilidades culinarias son todavía más discutidas, pues la base de la dieta se encuentra en la carne roja. Pero esto no es un lío para la Lobita, que por sí sola ha dado una "vuelta al mundo en 80 tiendas de tortas ahogadas" y ha sobrevivido a la experiencia. Desde los misteriosos huevitos en canasta (he aquí una foto):
Hasta el platillo "rapido" mas famoso de Inglaterra. Lo que los tacos son a México, el Fish & Chips lo es a Inglaterra:
Lobita ha preparado personalmente ambas recetas, pero existe un postrecillo británico que no ha podido probar. Pero lo hará, se los jura que lo hará. Hablamos del mítico...*redoble de tambores*...PUDDING!!!
Contrario al tradicional pudín de Norteamérica, el pudding británico recuerda vagamente a un pastelito, pero su preparación es completamente distinta. De hecho y para fines prácticos, el pudding guarda un lazo familiar chocolatoso (que no sanguíneo) con los "volcanes de chocolate" de Domino's Pizza.
SINTOMA 3: ESTA MISTERIOSA LITERATURA.
Para gran placer de aquellos que suelen acusarme de malinchista, algunos de mis escritores mimados pertenecen a esta megaisla europea. Entre ellos nombrare a Oscar Wilde, J.K Rowing (sí, lei Harry Potter, Y QUEEEEEE???), William Blake, sir Arthur Conan Doyle, C. S. Lewis, y un largo etc.
SINTOMA 4: LEYENDAS URBANAS Y ALGO MAS.
Desde la historia del puente de Londres que realmente se cayó hasta la doble campana del Big Ben, Londres tiene una historia bastante rica y extensa, que a veces incluye momentos macabros y leyendas urbanas. os propios habitantes suelen hacerlas creíbles, como la creencia de que Sherlock Holmes realmente existió o e misterioso lugar de ubicación de la mítica Camelot, pasando por un tesoro que a estas alturas vale billones custodiada por un dragón en alguna región de Gales y, quizá, su evento más tétrico: Juanito Sacatripas y sus cinco alegres muertas.
Bien, el caso es que Inglaterra es un lugar fascinante, porque a donde sea que voltees siguiendo el pacífico curso del Támesis puedes encontrar aventuras o rememorar algunas que ya hayas leído o escuchado. Desde sus cuentos para niños hasta su extraña infraestructura en las grandes ciudades, Londres y el país de que es capital tiene bastante que ofrecer al mundo; y si no, recordemos la presentación de entrada de las Olimpíadas hace una semanita.
Bueno, es todo por hoy. os veré después con un (literalmente) delicioso y comestible post. Adiosito!!

miércoles, 18 de julio de 2012

RAZA COSMICA O HIJOS DE LA CHINGADA??

Así es, damas y caballeros, otro post haciendo homenaje a esas hermosas clases de Filosofía que tuve alguna vez con la maestra nazi-comunista (un saludo por si me ve!!).
Figúrense que la idea de este post se me vino porque la verdad estoy corta de imaginación por causas de fuerza mayor, o sease estas:
ELECCIONES PRESIDENCIALES 2012
Donde ya sabemos cual fue el resultado y lo que éste desató. Independientemente de que ustedes hartit@s de la comunidad, estén de acuerdo con el veredicto o no, es algo irrelevante en este momento. De lo que quiero discutir aquí, si bien está relacionado, tiene mucho más que ver con el cómo estamos actuando -como pueblo- que como situación política y partidista.
Si como yo son forever alone's y se la viven en las redes sociales, ya saben la guerra que existe en éstos medios; hay opiniones divididas, la controversia es aún peor que la de la película Filadelfia y ni hablemos de los pleitos que existen entre los opuestos (al cual tristemente diario termino entrada a los golpes con niños de entre 16 y 17 años...que legalmente todavía ni votan). Entonces luego de ocho discusiones vía Twitter, dos mesas redondas en el grupo de la U de L (Universidad de Lobolandia para los neófitos o los distraídos) y una golpiza digna de lucha en lodo con un compadre que aquí no mencionaré, tomé la decisión de discutir conmigo misma al respecto (esperando que mi otro yo no fuera ultraderechista o, en su defecto, asidua al YoSoy132 porque entonces no llegaríamos a nada neutral).
Total que el resultado de mi larga cavilación, acompañada del soundtrack de El Perfume y unos Takis con Pepsi (la comida oficial) llegué a la conclusión de que, como pueblo, estamos en un momento crítico, y no necesariamente gracias a los polacos, que de todos modos mucho muerto cargan ya, sino por nuestra propia naturaleza. ¿Les estoy hablando en mandarín? Déjenme ilustrarlos más concretamente, queriditos, retrocediendo en el tiempo, a una época donde no me dormía a la 1:00 a.m haciendo tarea ni tenía que lidiar con camiones 1/10 (de esos en donde, por cada persona que se baja, se suben otras diez), una época donde no conocía el sinsabor de los exámenes extraordinarios (ah, no les dije?? Reprobe Teoria Civil!! Y cuando hice el extraordinario saqué 100 *fuck yeah*), una época más simple llamada...el bachillerato.
Como recordarán, llevé durante un semestre Filosofía, y en una de nuestras clases discutimos dos teorías completamente opuestas sobre un tema importantísimo: la identidad como raza. Por un lado, teníamos a Vasconcelos, que afirmaba que los mexicanos éramos la "raza cósmica" pues en nuestro código genético llevamos el ADN de muchas pero muchas razas humanas, siendo la azteca y la española la principal, y que por esta razón nuestro nivel cultural era (o más bien debería ser) el más alto y enriquecido.
Pero digamos que las teorías de Octavio Paz (cuyo poema de Escrito con Tinta Verde fui obligada a memorizar en segundo de primaria) eran un tanto diferentes.
En su libro titulado El Laberinto de la Soledad, nos expone una visión de la identidad mexicana que roza con todo, menos con el paraíso suprahumano que nos mostró Vasconcelos; para Paz, nuestro máximo error como raza no es propiamente nuestra culpa, pues somos, para fines prácticos, hijos de la chingada. Osease, producto de una violación (o "cariñitos a la fuerza") cometida hacia las mujeres aztecas por parte de los conquistadores españoles. Y si la Historia nos ha enseñado algo, es que un pueblo se jode cuando se joden -valga la redundancia- a sus mujeres (verdad, Sabinas??). Cuando ocurrió esto, la subyugación del pueblo mexicano se dio a favor del conquistador extranjero, y no solo eso, sino que nosotros, el producto de dicha dominación, los mestizos, adoptamos una costumbre rara, la de negar a la madre azteca (es decir, renegar de nuestros orígenes) y tratar de imitar al padre español (adoptar otras culturas y sellos de otras partes en búsqueda de una identidad "más digna"). Un ejemplo que Paz pone desde el principio son los "pachucos", mexicanos que viven en el extranjero y aunque en apariencia aún guardan las costumbres de la tierra madre, tratan por todos los medios de no parecer lo que son.
Bueno, a estas alturas ya han de estar diciéndome, ¿y este rollo qué tiene que ver? Pues fácil. Imaginen una raza que ha sido sometida, corrompida, obligada a tomar el ejemplo de una nación extranjera sin posibilidades de defenderse, cuyo nuevo código genético les indica que no son ni una cosa ni otra y son rechazados por ambos grupos puros, y que encima sólo poseen valor mundial porque de sus tierras se extraen cosas de valor. El resultado es, psicológicamente hablando, la sensación de estar "en la nada", o sease, no ser "nada" excepto una apariencia, una reliquia robada (ja, perdón, me acordé de Thor) que sólo sirve como tapete o regalo de otras naciones, en apariencia, más poderosas. Ningún símbolo basta para unificarlas, simplemente porque reniegan de éste y de su condición, y es de éste modo que las personas comienzan a volverse mediocres, al negar lo que es suyo y exigir lo que no les pertenece. ¿Ya entendieron?
En resumidas cuentas y para no hacerles el cuento más largo, nos sentimos peor que Loki en Jotunheim (los fans de Marvel me van a entender), sentimos que estamos en un lugar que no nos pertenece y buscamos algo más que no tiene nada que ver con nosotros, y en ésa búsqueda descuidamos lo que de verdad es importante y protestamos contra otros que, para fines prácticos, no tienen nada que ver con nosotros. Ojo, no digo que las protestas sean todas malas, pero llega un punto en que la cosa se vuelve extrema y seguimos gritando para que otros, a quienes consideramos irónicamente iguales a nosotros pero diferentes (porque "pueden más") hagan lo que nosotros quisiéramos que se hiciera para avanzar, para sentirnos mejor, para tener una identidad; y mientras tanto descuidamos estudios, trabajo y ética y suspiramos de envidia deseando ser como otros países "más evolucionados" y "mejor estructurados". Ojo que así empezó el comunismo en Rusia, ¿saben?
Si mi breve (ja si como no) resumen y explicación les picó de curiosidad, acá les dejo un link para que se lean el librito de Paz, y ya después sacarán sus propias conclusiones y me dirán qué prefieren ser, si la raza cósmica de Vasconcelos, más evolucionada y mejor educada que otras, o seguir siendo los hijos de la chingada, que pelean entre ellos cual cocodrilitos hambrientos sin saber ni porqué. Adiosito!!
Link:  http://www.hacer.org/pdf/Paz00.pdf

miércoles, 27 de junio de 2012

SOMBRAS TENEBROSAS (PROBABLEMENTE NO ES LO QUE ESPERABAS)

Si alguien aquí ya se cansó de los vampiros que brillan cual bola de disco ante el sol, que observan chicas con tanta expresión facial como una tabla mientras duermen, o ya se hastiaron de hombres lobos que mientras son hombres corren semidesnudos mostrando sus bien formados pectorales, entonces esta película sea un alivio. En parte porque, para empezar, no es una película seria.
Pero bueno vayamos a lo importante, la super reseña aja si claro que su adorada Lobita les trae a ustedes directo desde Lobolandia.
Sombras Tenebrosas, la nueva graciosada de los eternos enamorados...digo, los eternos amigos Burton-Depp, está basada en una serie televisiva del mismo nombre que se transmitía hace ya muchisimos ayeres. La historia comienza en 1770 (más o menos), donde la familia Collins se muda desde la decadente Liverpool (Inglaterra) hasta EUA donde fundan un bonito pueblo y construyen una mansión épica. La bronca viene cuando su hijo, Barnabás, tiene la astucia de negarle su corazoncito a Angelique, una sirvienta que además de todo es una bruja chapada a la antigua, de ésas que te dan ganas de quemarla en una hoguera apenas verla. Bueno, la bruja literalmente hace trizas todo lo que Barnabás quiere, desde sus papás hasta su prometida Josette, y para acabarla de amolar lo convierte en un vampiro y pone al pueblo en su contra, haciendo que lo entierren vivo en medio de la nada.
Y luego hacemos un salto en el tiempo hasta 1972, donde una rama de la familia Collins ha sobrevivido y ha tomado poseción de la casona familiar, pero es la familia más disfuncional imaginable: la matriarca gusta de un férreo control, su hija muere por modernizarse (y se toca...o al menos eso dicen, si ustedes entienden); el hermano de la señora Collins es un vividor viudo, y su hijo pequeño alega ver el fantasma de su fallecida madre. Además de esto su criado es un briago de primera y la ancianísima ama de llaves no siente correr la vida, y conviven además con una doctora psiquiatra que está loca y gusta también de empinar el codo. Total que un buen día llega una dulce muchacha llamada Victoria (díganle Vicky) quien, aparentemente, percibe la cantidad de cosas extrañas que suceden en la mansión.
Pero la cosa se pone fea cuando Barnabás es desenterrado y tiene que adaptarse a las novedades...cenando sangre humana en el proceso, claro. Cuando se presenta ante la familia, nadie puede hacer otra cosa que poner cara de WTF y dejar que el viento corra.
¿Y la bruja? Se volvió rica y famosa asumiendo al menos seis personalidades diferentes y es ahora dueña de una empresa de mariscos que dejó en la ruina el antiguo negocio de los Collins. Así que la misión del vampiro es recuperar el esplendor de la familia y darle en la torre a su archienemiga. Eso sí, el final no es muy predecible que digamos, sobre todo con la cantidad de giros raros que toma.
Ahora, ¿qué es lo bueno? Como mencioné, si la mención de la palabra "Crepúsculo" ya te hace sufrir un ataque epiléptico entonces esto te gustará. Como dije, es una comedia ácida, a veces subida de tono, y que muchos novatos pensarán que es una mala broma de Burton si es que acaso no conocen de sus...ejem...otros trabajos (llámense Beetlejuice y, ¿porqué no? Marcianos al Ataque), así que no esperen felices musicales y escenas infantiles al estilo de Alicia. Es más, si vieron Sweeney Todd ya más o menos se harán la idea de ver a Depp hablando como Shakespeare y masacrando inocentes en el proceso. Además tenemos a la Gatúbela original (Michelle Pheiffer), Hit-Girl (Chloe Moretz), Bellatrix Lestrange (Helena Bonham Carter) y hasta un breve cameo de Christopher Lee. Seguro les parecerá, al menos, entretenida.
¿Y qué es lo malo? Como dije, no esperen ver algo como Charlie y la fábrica de chocolate, o peor aún, algo como El extraño mundo de Jack con vampiros. Esta no es una película familiar, por más que de la familia hable, ya que si bien visualmente casi no impacta, los diálogos sí están algo fuertecitos para un mocoso de...digamos, 7 años. Y créanme, tendrían que explicar muchas cosas entre línea y línea. Además, si ustedes ya de plano se horrorizan con la dupla Burton-Depp entonces menos gracia les hará. Gustos de cada quien.
Entonces, Lobita le da una aceptable calificación de...8.9, pues como dije, no todo el público la gozará, aunque se reirán bastantito con los chistes y las situaciones. Así que si les pica la curiosidad vayan a verla, pero no esperen una joya.
Adiosito!!!

lunes, 25 de junio de 2012

SOL DE MEDIANOCHE

NOTA: No, twilighters frustradas, no estoy hablando del efímero (bendito Dios!!) libro que Stephanie Meyer la santa patrona de las frustraciones sexuales adolescentes mediocres intentó en vano escribir. Asi que háganle un favor al mundo y LARGO DE MI VISTA!! Gracias.
Así es, otro misceláneo que hace referencia a mi actual despertar vikingo (algunas personas lo llamarían un despertar espiritual extranjero pero es un nombre largo y enredoso); el título, querid@s hartit@s, hace referencia al solsticio de verano en Noruega, época durante la cual el sol se puede ver veinticuatro horas seguidas, varios días antes de la esperada fecha. Según la tradición islándica (navegando un poco más al norte) este solsticio es una especie de época pre-fin del mundo, pues a los días posteriores al solsticio las noches se alargan y es más probable que los no tan apreciados habitantes del Utgard (llámense también trols, ogros y gigantes) hagan una repugnante aparición que será detenida por cierto pelirrojo barbón que empuña un martillo. Seguro que ustedes lo conocen.
En fin, el porqué les hablo hoy de esto es porque en mis últimos posts sólo me he reducido a subirles los capítulos de mi cuento y creo que los tengo a todos muy abandonados así que he aquí las noticias recientes:
* Una remodelación extrema se llevó a cabo en mi casa desde el jueves de la semana antepasada y apenas hoy nos hemos dado el lujo de darle acabose, pues entre las remodelaciones, la mudanza de Lobeznito a su nueva recámara y el violento ataque sufrido por mi vieja cama (les hablaré más adelante de ello) la acción aquí no conocía fin.
* Y una vez más mi computadora ha desafiado el espacio y el tiempo y ha intentado lanzarse de cara (o de pantalla, mejor dicho) al suelo en un desesperado intento de suicidio, impedido magníficamente por mi sillón puff azul.
* Le he dado el último adiós a mi hermosa guitarra, fallecida a los 13 años y con apenas dos cuerdas (una aguda y una grave) sin contar las múltiples fracturas sufridas con el paso del tiempo.
* Watson se ha superado a sí mismo cazando una paloma. No sería gran noticia de no ser porque Watson pesa como unos 2 kilos y la paloma ya superaba los 5 (!)
* La superstición se ha establecido en mi casa. Eventos que podrían considerarse propios de un poltergeist se han dado uno tras otro. Ya saben ustedes que soy muy crédula, y tengo la horrible sensación de que no debí leer aquélla invocación pagana a cierto tipo melodramático cuya mayor hazaña actual es provocar terremotos... Hmm...
* Por otro lado, he logrado terminar la escuela (YAHOO!!!) y estoy de vacaciones pensando cómo demonios le haré el próximo semestre. Una cosa sí es segura: a mis "queridos" compañeros no los quiero volver a ver ni en vil pintura...
* Tuve que ver Bella Swan vs Thor... perdón, Blancanieves y el Cazador una segunda vez y casi me quedo dormida. En una sala contigua se oía el audio digital de Los Vengadores y la envidia me carcomía.
* Aprendí a cocinar pizza del mar. Seguro ahorita se preguntan qué demonios es eso. Pues bien, es una milenaria receta que ha estado por generaciones en...
NUNCAMAS: No eches mentiras, ya sabes lo que te puede pasar!!
Bueno, bueno ¬¬ ni es milenaria ni ha estado por generaciones. En realidad la pizza del mar es una mezcla de crepas agridulces con una salsa hecha con ajo, tomate y leche a la que se le agregan trocitos de jamón. Y sabe... hmmmm delicioso.
* Descubrí que tengo instinto asesino (bueno, eso lo sabía desde hace como...10 o 12 años, pero hoy se confirmó). Las órdenes fueron claras: hay que destrozar la cama matrimonial de Lobita. Lobita tomó un serrucho y...
LOBITA: MUAJAJAJAJAJAJA!! Muere, cama, muere!!! *inserte musiquita de psicosis*
Entonces Mamá Loba opinó que la labor se haría más aprisa si cortábamos la cama con... un machete. Leyeron bien, un machete que Mamá Loba empuñó y al grito de "this is SPARTAAAA!!" le cayó encima a la pobre tarima y le dio duro, apenas quebrando un par de tablas. Pero la historia no acaba aquí, no. De pronto le cayó encima alguien a quien llamaremos Ed, un exageradamente silencioso muchacho que viene a trabajar por las mañanas en el pseudotaller de mi abuela materna y que no vio mal en destazar mi pobre cama a martillazo limpio. Por fin los humildes restos se llevaron a la cochera y serán incendiados en una hoguera para celebrar el sol de mediano...
NUNCAMAS: Tu madre te dijo que no. Ademas para ceremonias paganas con la del equinoccio de otoño que hiciste a los 13 años te basta y te sobra.
¬¬ bueno...
* La última graciosada es que, por recomendación de la fanaticada (a.k.a las Hiddlestoners, llámense también las que quedamos gravemente traumatizadas con Loki en Thor y Los Vengadores) leí un libro titulado Fifty Shades of Grey (extrañamente traducido a "Cincuenta Sombras de Grey"). La historia tenía todo el tinte de una novela juvenil, casi adulta, sin chiste alguno hasta que...
Bueno, ¿han leído al marqués de Sade? Ya pueden hacerse una idea de lo que pasa durante 300 páginas de la novela. El tono si bien resulta más suave que Justine o los 120 días de Sodoma, resulta un poco molesto, en parte porque tienes la curiosa impresión de haber recibido un pop up pronográfico a una página de BDSM que en realidad NO necesitabas ni querías pero que te quedaste viendo por 5 minutos tratando de entender qué tiene de divertido mezclar la Inquisición española con el ya conocido...ejem...acto de revolcón. Al final el libro termina siendo algo patético en lo que no sabemos si leímos Crepúsculo versión hardcore o a Von -Masoch muy suavizado. En realidad no tiene gracia alguna a menos que la morbosa curiosidad los pique.
Por ahora ha sido lo más relevante e inquietante de mi sedentaria vida (de verdad, necesito ejercicio...quizá comience en un año o dos). Así que me despido por el momento y espero que la pasen de lujo. Feliz Sol de Medianoche y adiosito!!

lunes, 18 de junio de 2012

LAS RELIQUIAS DE LOS DIOSES (cap.4)

4


EN EL FONDO DEL MAR

La luz del atardecer brillaba magnífica en el cielo, tiñendo de rojo sangre las doradas nubes que se paseaban por encima de la pacífica ciudad. Los guardias se apresuraban a encender las gigantescas antorchas, y mientras tanto, en una magnífica y pequeña habitación perfumada, Nina estaba sentada frente a un espejo, cepillándose el cabello para acomodárselo en una trenza; le encantaba todo aquello, desde la habitación hasta su ropa que parecía digno de una princesa medieval, con su delicado bordado dorado en brusco contraste con el azul pálido de la tela.

Mientras terminaba de trenzarse el cabello, escuchó un graznido en la ventana; dándose vuelta vio a uno de los gigantescos cuervos de Odín, que parecía hipnotizado con los ojos clavados en ella.

-¿Qué, ahora también me espías? –preguntó la joven. El animal ni siquiera parpadeó; Nina tuvo la sensación de estar frente a una persona de gran autoridad que la juzgaba silenciosamente por una travesura. –No voy a salir a buscar nada. No sé pelear, no sé encontrar objetos mágicos en mundos mágicos… sé que despertaré de un momento a otro, ¿sabes? Y entonces yo… yo… -se miró al espejo, brevemente, antes de añadir: -No estoy soñando, ¿verdad?

En el espejo se reflejaba el cuervo, que negaba significativamente con la cabeza. Nina lanzó un sollozo de frustración.

-¡No es justo! –susurró. –Yo no he hecho nada para merecerme este… este… castigo… Ojalá jamás hubiera cruzado el estúpido arco, ¿porqué demonios lo hice, porqué? Mi abuela me lo había advertido, “jamás cruces un arco”. No quise escucharla, creí que estaba loca… ¡Quiero irme a casa! –y ocultó la cara en las manos, dejando el llanto correr libremente por sus mejillas. Estuvo así casi cinco minutos, sin que el cuervo dejara de mirarla tranquilamente, apenas agitando un poco sus plumas; finalmente, Nina se limpió las mejillas con un pañuelo, esperando que nadie notara que había llorado, y se puso lentamente de pie, dirigiéndose con paso firme a la puerta. El banquete comenzaría muy pronto.

El salón rebosaba algarabía. La enorme mesa estaba cubierta de deliciosos platillos y adornos exquisitos, aunque algo extraños a los ojos de la jovencita, que se paseaba entre la multitud de dioses (no podían ser otra cosa, se dijo), todos vestidos con sus mejores galas e intercambiando chistes y anécdotas con todos quienes estuvieran a su lado; los criados cruzaban como flechas entre ellos, disponiendo todo de tal modo que, cuando el sol comenzaba a ocultarse y Nina empezaba a sentirse mareada por el hambre, todos los comensales tomaron su asiento y se prepararon para atacar los manjares. Había de todo un poco: dos enormes jabalíes dominaban la escena, seguidos por las aves, los pescados, las semillas (Nina se quedó algo sorprendida de ver aquéllos platos llenos de lo que parecían ser granos de trigo olorosos a aceite y que humeaban suavemente como si acabaran de salir de algún horno) y también las frutas, con manzanas a reventar en diferentes presentaciones, desde la humilde manzana fresca hasta pasteles rellenos con éstas y manzanas cocidas cuya dulce fragancia parecía enloquecer a todos. Había también una bebida que la joven no conocía, y que los criados sirvieron en copas de tamaño espectacular a los presentes.

-Ah… -Nina miró con desconfianza su copa, echándole una ojeada a la feliz multitud. –No sé si deba…

Una muchacha, alta y preciosa de largos cabellos rizados y rubios, se percató de su presencia y preguntó:

-¿Qué te sucede, no te gusta el hidromiel?

-Eh, ¿el qué?

-El hidromiel.

-Yo… es la primera vez que lo veo.

-Hmm… Cierto. –la muchacha suspiró. –Creo que es la primera vez que yo te veo aquí. No te preocupes por la bebida, criatura, no es tan mala y sólo en grandes cantidades podría llegar a embriagarte.

Nina suspiró, abatida, y se llevó la copa (más pequeña, por cierto, que la de los demás) y bebió un pequeño trago. Le gustó el sabor, y dejó la copa a su lado mientras se servía un poco de jabalí. Se sentía tan contenta que se preguntaba si de verdad aquello no era un sueño, las personas platicaban entre sí con gran alegría y cordialidad, la comida era suntuosa y magnífica, al fondo de la sala se escuchaban los músicos que con sus instrumentos (algunos desconocidos para Nina) amenizaban aún más la reunión. Y al frente de todos, riendo con todos como si no hubiera nada por lo cual preocuparse o sentir miedo, estaba Odín; a su lado estaba una mujer hermosa, cuyos cabellos parecían lanzar destellos de luz, y que también reía junto a un joven que a Nina le pareció terriblemente apuesto; tenía la faz blanca, verdaderamente blanca, los ojos destellaban dicha y bondad, su risa era sonora pero agradable, y vestía de una forma tan exquisita que a la joven no le quedó duda que aquél era un príncipe. El joven tan apuesto pareció percatarse de la mirada insistente de Nina a distancia, y dirigió sus ojos a ella; Nina se sintió cohibida, y sus mejillas se encendieron, cosa que empeoró cuando el joven sonrió.

Por fortuna en ése instante, la música y la plática se interrumpieron cuando Odín se puso de pie, copa en mano, y anunció solemnemente:

-Amigos míos, hermanos míos, grandiosos señores y distinguidas señoras, Ases y Vanes tan queridos y apreciados, esta noche una luz más poderosa que la de la misma Luna nos alumbra, y llena nuestros corazones de alivio y esperanza en éstos días de incertidumbre y oscuridad. Aún el fuego más poderoso e indomable puede encontrarse con una poderosa ola fresca que le arrastra y le controla, y aún la noche más negra tiene estrellas humildes como alivio de su siniestra sombra. Hoy deseo brindar no sólo por la esperanza y la luz, sino por quien nos ha traído estas dos cosas tan preciadas representadas en algo tan banal en comparación como un brazalete. Brindemos, amigos y hermanos, por nuestra distinguida invitada, la hija del Recinto Central, la valiente Nina.

Todos dirigieron su mirada al pequeño punto donde estaba sentada Nina, que terminaba de mordisquear el ala de un faisán; al notar las caras de los dioses ella dejó el ala por la paz, sintiéndose atemorizada, y apenas logró medio sonreír cuando todos levantaron sus copas hacia ella.

-Por la valiente Nina. –dijeron a coro.

-Por Nina, la estrella portadora de la esperanza. –continuó el rey. –La valerosa aventurera que ha de devolver a Asgard sus preciosas reliquias, y por la poderosa ola del océano del Recinto Central que apagará el mortal incendio del señor del Fuego.

Hubo un segundo brindis, y Nina se revolvía nerviosa en su asiento sin saber qué decir ni qué hacer. Lo mejor, pensó mientras todos tomaban asiento y la algarabía regresaba al mismo tiempo que llegaban los exquisitos postres a la mesa ya casi desnuda de sus platillos, era esperar a que todos durmieran, tomar sus cosas y marchar, ¿a dónde? De regreso a su propio mundo, y buscar ahí una manera de regresar a casa. Tomó su porción de postre y mantuvo la vista clavada al plato, sin desear ni siquiera volver a mirar al apuesto y rubio muchacho que tan simpático le había caído.

-Fue un precioso banquete. –dijo de pronto una voz grave y dulce. Nina levantó la mirada y se encontró de frente con aquél apuesto joven. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo entero, y apenas atinó a decir:

-Sí… ¡sí! Precioso.

El joven le sonrió, y Nina volvió a sentir que sus mejillas se coloreaban.

-Una lástima que no estuviéramos todos aquí. Le habría encantado aún más.

-¿No todos? ¿Quiénes faltan?

-Mi hermano, Thor. –el joven señaló un asiento vacío al lado de Odín. –Sólo ha venido su esposa, y se ha retirado pronto. Pobre, está muy angustiada.

-¿Dónde está él?

-Se cansó de esperar a que alguien trajera de vuelta a casa las reliquias, y se marchó a buscar su martillo. Sin él, hay aún más posibilidades de que las cosas en Asgard sigan muy, pero muy mal.

-Pero si él recupera su martillo, ¡entonces no habrá necesidad de que yo…! –pero Nina se interrumpió bruscamente al ver la expresión de desasosiego en el rostro de su interlocutor.

-No es cosa fácil. Sin su martillo, Thor es tan vulnerable como tú, querida amiga.

-Entonces no hay esperanza. –se lamentó.

-¡Oh, pero claro que la hay! Si no la hubiera entonces mi padre jamás habría convocado a los Ases y los Vanes para que esta noche en asamblea te obsequiaran los objetos que necesitarás para tu viaje.

-Pero yo… no puedo hacerlo. –dijo Nina, con los ojos llenos de horror. –No sé luchar contra monstruos gigantes, no tengo magia, ni inteligencia, ni fuerza. Antes de que logre dar un paso afuera seguro que me hará pedazos otro ogro o alguna otra cosa… Lo siento mucho, pero lo del brazalete fue pura suerte.

-La suerte no existe. Las nornas ya han trenzado tu futuro, y en él debieron ver algo realmente brillante; de otro modo, jamás habrías llegado aquí.

-¿Tú lo crees?

-¡Por supuesto! Lo veo en tus ojos. –Nina sintió cómo se sonrojaba cuando los ojos del muchacho (más azules que el cielo mismo) se posaban en los de ella. –Confío en que cuando todo termine, nos veremos de nuevo, pero en un banquete diez veces mejor, porque la felicidad y la paz estarán restauradas.

-Sí. A mí también me gustaría.

Los comensales, uno a uno, se pusieron de pie y abandonaron el salón, no sin antes despedirse del rey, de sus amigos más cercanos, y todos le dedicaron a Nina reverencias y gestos de cariño. La muchacha sintió cómo temblaban sus rodillas; el joven le dijo adiós, dándole un beso en la mano.

-Hasta pronto, querida lady Nina.

-Hasta pronto, eh…

-Balder. Mi nombre es Balder.

-Balder. –repitió ella, sonriendo radiante. Balder se retiró silenciosamente al lado de la hermosa mujer de cabellos brillantes que había estado sentada junto a Odín, y Nina desapareció por otra puerta, acompañada por una criada.

Nina tardó largo rato en conciliar el sueño. Apenas llegó a su recámara, se sentó frente a la enorme ventana, mirando la tranquila ciudad iluminada por las antorchas, y el bosque silencioso en la distancia; era una vista tan magnífica que la joven apenas podía creer que fuera verdad, y duró tanto tiempo contemplándola que hasta olvidó todo lo referente a las reliquias y a su futuro viaje, y sólo se metió a la cama (la cama más deliciosa en la que jamás hubiera dormido) cuando sintió que sus párpados se entrecerraban a cada instante.

Tuvo sueños extraños, inquietantes. Soñó con el bosque que conducía al hogar subterráneo de los enanos, con el gigantesco arco, incluso le pareció ver, mezclado en ésas imágenes idílicas, al asqueroso ogro que la había perseguido; luego, soñó con el Bifrost, cómo lo cruzaba, tranquila, de regreso a Asgard, llevando en un saco las reliquias de los dioses y canturreando de felicidad, porque por fin, en cuanto aquéllos objetos estuvieran en el palacio, ella regresaría a casa, y sería feliz… Pero entonces, el sueño se interrumpía bruscamente; el Bifrost se convertía en un simple puente de piedra, demasiado desgastado y mal hecho, y Nina veía cómo se desmoronaba a sus pies, cayendo a fragmentos en un mar agitado y oscurecido, pues unas nubes de tamaño imposible ocultaban por entero el sol y cualquier rastro de su luz. Nina corría, intentando librar aquélla mortal trampa, abrazando con fuerza el saco como si la vida se le fuera en ello, buscando el final del puente, pero como éste se despedazara a gran velocidad, temió que el tramo final estuviera ya destruido. Siguió corriendo, hasta que un pedazo del puente falló bajo su pie derecho, haciéndola tambalearse y caer boca abajo en la roca; el saco donde iban las reliquias se le escapó de los brazos y fue a parar al océano. Nina lanzó un grito de espanto, al mismo tiempo que escuchaba una risa horrible, malvada, estridente, que parecía burlarse de su desgracia en algún lugar peligrosamente cercano a ella, aunque no lograba ver a nadie más en medio de ése desastre.

Entonces, el puente se fracturó, y Nina cayó al océano lanzando un desgarrador grito de terror. Pero jamás llegó a tocar el agua, sino que se hundió en una profunda oscuridad, tan silenciosa y quieta que le dio miedo. Tuvo una sensación extraña, como si algo muy grande o muy fuerte estuviera aplastándole el pecho, dificultándole respirar; Nina luchó contra aquélla sensación, aunque sus miembros apenas respondían, y en medio de su angustiosa pelea creyó ver, frente a ella, unos ojos grandes de color verde que la miraban con una mezcla de pavor y de odio infinito… eran los ojos más terribles que jamás hubiera visto, y sintió tanto miedo que ella cerró sus propios ojos para no tener que contemplarlos más y lanzó un grito de auxilio.

Oyó como si algo muy pesado cayera y se hiciera añicos, y entonces la oscuridad se disolvió y la presión desapareció. Nina abrió los ojos lentamente, y se encontró en su habitación del palacio, completamente sola, a excepción del cuervo gigantesco que revoloteaba haciendo un ruido de espanto con sus alas, moviéndose como si estuviera persiguiendo una presa invisible. El cielo aún estaba ligeramente oscuro, pero se notaba cómo muy pronto empezaría a amanecer.

Nina se incorporó en la cama, llevándose una mano al pecho y respirando entrecortadamente; aún tenía la sensación de que algo había estado apretando su cuello y su tórax, y le costó varios minutos tranquilizarse y respirar con normalidad. Entonces, un segundo cuervo entró como flecha por la ventana abierta y se posó sobre las rodillas de Nina. Llevaba un pequeño rollo de pergamino en el pico.

-¿Pero qué es esto, amiguito? –preguntó ella, tomando el rollo y desenvolviéndolo. Era una nota que, escrita con letras claras y firmes como si fueran de molde, recitaba:

Ve al salón del trono antes del amanecer.

Nina dejó a un lado la nota, acarició el cuerpo sedoso del cuervo, éste levantó suavemente el vuelo y la joven saltó del lecho, lista para vestirse. Se preguntó qué debería usar mientras abría el ropero, y se encontró con la respuesta más obvia al ver, a un lado de sus ropas normales, una especie de vestido con mangas largas y falda corta por encima de las rodillas, de un precioso color verde oscuro y bordado de plata en los puños; unas botas de piel y una capa larga y negra completaban el cuadro.

Nina se vistió rápidamente, se volvió a trenzar el cabello y le dirigió una mirada de nostalgia a su habitación; tenía la sensación de que, quizá, jamás volvería a verla. Luego dirigió rápidamente sus pasos hasta el gran salón que viera la primera vez que entró al palacio, mientras el cielo se aclaraba un poco más.

Odín se encontraba de pie, acompañado por sus dos preciosos lobos que se paseaban alrededor del trono, y al mismo tiempo que Nina llegaba a su presencia aparecieron revoloteando los dos cuervos; uno de ellos se apoyó sobre el hombro del rey y acercó su pico al oído de éste, como si le susurrara algo; Odín pareció conmocionado por lo que fuera que le dijera el cuervo, y Nina lo escuchó murmurar:

-¡Imposible! ¿Y qué ocurrió luego? –el animal volvió a acercar su pico, y el rostro del rey se relajó. –Bien hecho… -luego dirigió su mirada a la joven, que esperaba con las manos entrelazadas. –Nina, tu misión se trata de un verdadero peligro no sólo para ti, sino para toda criatura viviente en los Nueves Reinos. Dependerá de tu astucia y velocidad que éste peligro desaparezca lo más pronto posible, pero claro está que recibirás toda la ayuda posible. Ven aquí.

La joven se acercó lentamente a él, con los ojos anhelantes. Temblaba de miedo, pero también de emoción. Odín tomó del trono lo que parecía ser una botellita llena de un líquido rojo tan brillante como la sangre.

-Éste es un cordial, será útil para curar las heridas que quizá recibas en este viaje. Y aquí –tomó una daga, cuyo mango estaba maravillosamente tallado y representaba a un lobo con las fauces abiertas. –está una de tus armas. Cuídala bien, pues tu vida dependerá de ella. También necesitarás esto –le entregó ahora una aljaba y un arco. –y esto también –tomó dos pequeños saquitos de cuero, uno de color rojo oscuro y el otro café. –el saco rojo contiene unos polvos especiales, que deberás espolvorear sobre las reliquias en cuanto las encuentres, y así ellas volverán al palacio sanas y salvas, y sin que tú te arriesgues a tenerlas contigo durante largo tiempo. En este otro saco hay unas piedrecillas mágicas, deberás arrojar una por cada fogata que enciendas sin dilación de ninguna clase.

-¿Porqué, señor?

El rostro de Odín pareció ensombrecerse.

-El fuego escucha, Nina. –la joven no entendió lo que acababa de decirle; luego recordó lo que le había contado de las reliquias y del misterioso Loki, que tenía poder sobre el fuego, y un escalofrío le recorrió la espalda al mismo tiempo que, de una forma inquietante, volvía a sentir la violenta presión en el pecho. –Y por último, necesitarás una de éstas…

Nina sintió que las rodillas se le doblaban al ver una espada; no era como las que aparecían en las películas de caballeros ni las que se exhibían, viejas y oxidadas, en los museos. Era una espada auténtica, brillante y pulida, larga y afilada, con su mango exquisitamente adornado con rubíes y zafiros, guardada en su funda.

-Pero, señor, yo no sé… cómo… -murmuró Nina.

-No te preocupes por eso. Recuerda que ninguno de estos objetos son comunes, poseen su propio sortilegio, y mientras dudes ellos sabrán cómo actuar. Cuando el tiempo pase, y te acostumbres a portarlos y a utilizarlos, entonces su sortilegio se desvanecerá y serán verdaderamente tus armas, y no habrá criatura en ningún mundo que se atreva a enfrentarte. ¿Lo has entendido?

La joven asintió.

-Ahora… Aquí tienes un mapa. –Odín le entregó un mapa muy parecido al que tenían los enanos. –Deberás ir de un mundo a otro en busca de las reliquias; habrá peligros, y por eso hemos puesto a tu disposición las mejores armas y sortilegios para protegerte. ¿Has comprendido?

-Sí, señor. –asintió.

-Ten cuidado, Nina. No todas las amenazas aparecerán en forma de monstruos terribles; no confíes en nadie, por más amistoso o galante que parezca. Vamos.

Los dos cruzaron el salón y llegaron hasta las puertas principales. Ahí los esperaban dos guardias.

-Abran la puerta. –les ordenó Odín. –Naturalmente cruzar los mundos es una tarea ardua, y por lo tanto necesita de alguien que pueda moverse a gran velocidad entre ellos.

-¿Ah, sí? –la puerta se abrió, y Nina escuchó un relincho poderoso. Esperó ver algún corcel, probablemente alado como los que aparecen en pinturas mitológicas, pero nada podría haberla preparado para ver a la criatura que sujetaba diligente un pequeño criado.

Era un caballo de tamaño impresionante, de color gris y con largas crines negras y sedosas; llevaba la cola adornada con ricas trenzas atadas con lazos de oro y sus cascos parecían estar cubiertos del mismo material; era una bestia magnífica en todo sentido, desde su cuerpo grande y musculoso hasta su brida dorada y su silla de montar forrada de terciopelo. A Nina le pareció divino, hasta que notó algo extraño. El sonido que producían sus cascos parecía demasiado ruidoso, como si fueran dos caballos los que golpearan a destiempo en el suelo, y cuando dirigió la mirada a sus poderosas patas tuvo que ahogar un grito de sorpresa. El caballo tenía ocho patas, largas, fuertes y delgadas.

-¡Dios mío! –exclamó ella. -¿Qué es eso?

-Ese es mi corcel, Sleipnir. –dijo Odín. –No encontrarás un mejor caballo en los Nueve Reinos, es tan veloz como el pensamiento mismo y no necesita cabalgar sobre tierra firme. Te lo presto, para asegurarme de que llegues pronto y a salvo a tu destino. Lleva en sus alforjas suficiente comida y agua para ambos, pero tienes que ser precavida.

-Claro… claro. –musitó Nina. Aún contemplaba con sorpresa las ocho patas que se movían sin cesar.

-Adelante. –los dos se acercaron al corcel, que dejó de patear y bufar y miró fijamente a los recién llegados. Odín alargó una mano para acariciar el hocico de Sleipnir, y luego, primero con temor y luego con más firmeza, Nina tomó entre sus dedos las largas crines, también adornadas con trenzas doradas, y le sorprendió lo suave y cálido de su tacto. La criatura relinchó suavemente.

-Bien. Ahora, Nina, comienza tu viaje. Recuerda las instrucciones que te he dado, ten mucho cuidado y… Te deseo suerte.

Nina inclinó levemente la cabeza en dirección a Odín, que le respondió con un gesto similar, y luego la joven tuvo que subirse a Sleipnir. No era tarea sencilla, porque el animal era de un tamaño mayor al de los caballos normales y porque francamente, Nina jamás se había montado a un caballo, excepto a un poni cuando tenía como cuatro años y casi no lo recordaba. Sleipnir esperó pacientemente a que la muchacha lograra, por fin, dejar de hacerse un lío con las riendas y el asiento, y cuando por fin estuvo sentada en la postura correcta, tomó suavemente las bridas y miró al frente, por entre las orejas del caballo.

-Bueno… Y ahora… ¿qué hago? –Nina estaba materialmente clavada al asiento, sin saber ni qué hacer, con las manos agarrotadas aferrando las riendas como si de ello dependiera su vida, y mirando cómo el sol comenzaba, débilmente, a aparecer en el horizonte. Sleipnir golpeó sus cascos, sacándola de su ensimismamiento. –Eh…

Nina golpeó suavemente con sus talones los costados de Sleipnir; el animal relinchó con fuerza y, para su gran espanto, se paró en sus cuatro patas traseras.

-¡No hagas eso! –exclamó, sujetándose con todas sus fuerzas; el caballo se colocó nuevamente en sus ocho patas y echó a correr hacia las escaleras. Nina esperó sentir el golpeteo cuando Sleipnir bajara los peldaños, pero éste jamás sucedió, ellos simplemente seguían avanzando en horizontal, y luego, lentamente, ascendieron.

-Sleipnir, ¿qué…? ¡AAAAAH!

Acababa de descubrir que no cabalgaban sobre el suelo, sino en el aire. Sleipnir se movía a una velocidad increíble, cruzando como si nada las nubes a su alrededor, como siguiendo lo que quedaba de la noche mientras a sus espaldas se alzaba radiante el disco solar; Nina se aferró a las riendas, mirando sorprendida de un lado a otro mientras algunas aves cruzaban veloces a su alrededor; los dos cuervos reaparecieron, y graznaron alegremente junto a ella. Sleipnir siguió su cabalgata, el cielo empezó a volverse de un hermoso color rosa y después azul, y Nina disfrutaba el paseo, deseando jamás dejar de cabalgar en medio del cielo de la mañana.

Las aves se dispersaron, los cuervos dieron la media vuelta y se escabulleron entre las nubes; Nina escuchó una especie de murmullo y pudo ver, cientos de metros por debajo de ella, el océano. ¿Aún estaban en Asgard o aquello ya era otro mundo? El ruido de las gaviotas fue su respuesta. Estaba de vuelta en Midgard, en casa.

Sleipnir relinchó con más suavidad, y se lanzó como una flecha hacia el mar, Nina tuvo que abrazarse a su cuello para no resbalarse, y unos metros antes de estrellarse contra el agua el caballo volvió a posicionarse y cabalgó a la misma velocidad. Las olas se agitaban rítmicamente a sus pies, y para gran asombro de la joven, podían verse, debajo, las siluetas de grandes animales marinos. A lo lejos, en ése mar gris y frío, escuchó el llamado profundo de las ballenas, y justo debajo de ella vio emerger un pequeño ballenato de color azul oscuro, que echaba largas bocanadas de agua por su espiráculo.

-Increíble… -musitó, sonriente, antes de que Sleipnir se elevara un poco más, dirigiéndose a gran velocidad a lo que parecía ser el norte del mundo. Poco a poco dejaron atrás a las ballenas, y aparecieron en el horizonte grandes bloques de hielo, que contrastaban magníficamente con el sol, que se reflejaba más allá. Amanecía apenas en casa, pensó la joven, y sintió una punzada de nostalgia.

El aire se tornó más frío; Nina se echó encima la capucha de la capa, esperando que Sleipnir no la llevara hasta los polos; sintió alivio al ver cómo, apenas aparecieron unos pequeños copos de nieve, el caballo descendió a tierra firme, con tanta suavidad como un ave, y sus cascos se hundieron en el hielo y la nieve.

Caballo y jinete trotaron hasta el final de un acantilado, muy parecido al que tenía en su cima el misterioso arco de piedra, e incluso se veían, no muy lejos de ahí, un bosque de abetos. Debían encontrarse, pensó Nina, en alguna parte al norte de Europa o de América, pues aunque hacía frío y había nieve, no estaba del todo congelado.

Nina desmontó a Sleipnir, quien agitó sus crines con fuerza y empezó a andar de un lado a otro, tranquilo, sin rumbo fijo.

-Sleipnir, no hagas eso. –ordenó ella. –Debemos buscar las reliquias.

Empezó a escarbar debajo de la nieve, buscando cualquier objeto que pudiera parecer valioso. No encontró nada, excepto algunas piedras y, si acaso, los primeros brotes de pasto de la temporada; dirigió una mirada al bosque, no le parecía demasiado grande ni profundo, y se encaminó a él para entrar y buscar ahí. Miró los grandes abetos escarchados, tratando de escuchar cualquier sonido que indicara vida en aquél bosque, porque si de veras los objetos estaban en manos de otros monstruos (su mano derecha se sujetó al mango de su espada con mucha fuerza) entonces era probable que aquéllas criaturas anduvieran por ahí, vagabundeando igual que el ogro, y seguro que harían un ruido espantoso con sus patas o dejarían huellas en la nieve. Se metió al bosque, dudando, buscando huellas.

Caminó durante un buen rato, el suficiente para que la débil niebla de la mañana se disolviera, esperando hallar señales de vida. Encontró nidos de aves en las partes más bajas de los árboles, pero los nidos estaban abandonados, congelados y algo destrozados; llegó a una cuevecilla y se asomó, discretamente, a su interior, procurando ocultarse entre las rocas que estaban a su entrada; tampoco había nada, aunque el lugar daba la sensación de haber guardado alguna vez un oso o dos, por las marcas de rasguños que había en las paredes. Nina continuó su caminata, y encontró vestigios de lo que, quizá, alguna vez fueron casas de humanos, casas hechas de madera y muy toscas, pero de quienes las habitaron no había rastro alguno. Le alegraba no haberse encontrado aún con ninguna criatura, pero aquélla aparente soledad comenzaba a inquietarla, no parecía normal en absoluto. ¿Qué hacían ahí esas casas, esos nidos y esas cuevas si, al parecer, nadie las había habitado? O quizá (y la joven se estremeció al pensar en ello) hubo, hace no mucho tiempo atrás, muchas criaturas viviendo en ése bosquecillo, y de alguna forma misteriosa, éstos se habían marchado.

-Pero, ¿a dónde? –pensó ella. –Estamos rodeados por el mar, y más allá sólo ha icebergs y montañas enterradas en nieve… ¿a dónde se fueron todos? A menos que algo… o alguien… se los hubiera llevado.

Dando un gritito de horror ante ésa oscura perspectiva, Nina volvió sobre sus pasos, y no se sintió aliviada sino hasta que se encontró con Sleipnir, que parecía muy entretenido en querer desenterrar algo de la nieve.

-Sleipnir, ¿qué haces? –preguntó Nina, acercándose. El caballo golpeteaba la nieve como tratando de sacar algo, y Nina se inclinó para ayudarlo. Hundió los dedos en la nieve y escarbó apenas unos centímetros cuando se topó con algo, algo frío, delgado y extrañamente pulido al tacto. El corazón de la joven se aceleró.

Nina escarbó aún con más fuerza, hasta que vio entre la nieve un delicado destello dorado; anhelante, hundió los dedos en la nieve aún más, buscando el final de aquél objeto, que parecía alargarse entre más excavaba. Al cabo de unos minutos, y con las manos entumecidas, la joven dio con una tremenda boca, que era en lo que terminaba aquélla cosa; la boca estaba bloqueada por la nieve, y Nina tuvo que sacarla toda para poder alzar el objeto. Cuando lo hizo, notó que se trataba de un cuerno, largo y pesado, que parecía hecho de oro puro; tenía talladas varias runas y hermosos relieves decorativos, y para poder cargarlo estaba atado a un cinto de cuero grueso.

-Éste es… debe ser… -Nina intentó colgarse el cuerno al hombro, pero con la aljaba eso le causaba molestia, y prefirió atarlo a la alforja de Sleipnir. De pronto, recordó lo de los polvos mágicos. -¡Ah! Casi lo olvido.

Desató el cordón del saquito de cuero rojo y miró a su interior. Era un polvo negruzco, aparentemente sin ningún valor, pero a la luz eran visibles sus destellos, verdes y violetas, y además despedía una fragancia deliciosa, que sólo había olido en el interior del palacio. Se dispuso a tomar un pellizco de los polvos cuando, de pronto, sintió como si la tierra temblara bajo sus pies.

-¿Qué…?

Sleipnir de pronto relinchó y se encabritó bruscamente, tratando de alejarse lo más posible del borde del acantilado. Nina lo sujetó de las riendas, intentando controlarlo; el mar se agitaba de una manera especialmente violenta, pero el cielo estaba en total calma, descartando la posibilidad de que se tratara de una tormenta. Aún así, Nina sintió una inquietud en el pecho, y de pronto deseó también marcharse lo más aprisa del lugar.

De pronto, se escuchó un estertor, como si algo rugiera debajo del agua. Nina, aún atrapada a las riendas de Sleipnir, miró de un lado a otro, buscando la fuente del sonido, esperando ver salir, de pronto, algún monstruo o criatura fuera de lo común. El estertor continuaba, cada vez más fuerte, más cercano, más amenazante…

Hubo un instante de silencio. Y luego… una ola enorme rompió a los pies del acantilado, y de ésta broto, primero, una especie de roca de tamaño casi similar al del acantilado, y justo detrás de ella apareció un cuerpo largo y delgado, pero gigantesco, que rodeó el acantilado formando un arco. Nina miró, mitad sorprendida, mitad atemorizada, aquélla misteriosa criatura. El ser rodeó con su cuerpo el acantilado, pasando incluso por encima del bosque de abetos, y para gran sorpresa de la joven, su enorme cuerpo se abrazó al acantilado, haciéndolo temblar; la criatura se apretaba más y más fuerte, y los abetos debajo de su cuerpo se aplastaron, y el suelo empezó a resquebrajarse.

-¡Lo va a romper por la mitad! –gritó Nina, quien saltó veloz a la seguridad del lomo de Sleipnir; el animal retrocedió lleno de pánico, a tiempo justo para evitar caer, pues el monstruoso ser marino acababa de logar su objetivo, y la mitad del acantilado se hundía a increíble velocidad en las turbulentas aguas. El grito de miedo de Nina fue inaudible a causa del estruendo provocado por el mar. Y entonces, entre las aguas revueltas, reapareció la cabeza de la temible criatura; era un rostro horrible, plano y afilado, con largos colmillos que sobresalían de su boca. Era una serpiente marina, pero era la serpiente marina de mayor tamaño y fuerza de la que Nina hubiera oído jamás. Recordó de pronto, como en un sueño, una historia sobre una serpiente, tan grande que su cuerpo entero podía rodear el mundo…

-Es… la serpiente del Midgard. –musitó, mirando fijamente aquéllos ojos horribles, mientras la serpiente alzaba un poco su cuerpo por encima del tumultuoso océano. Su horrible boca se abrió, mostrando una hilera de afilados colmillos y su larga lengua bífida, con la que hacía aquél sonido tan horroroso que tanto la había desconcertado. Su largo y escamoso cuerpo se dirigió veloz hacia Nina y Sleipnir, con las fauces abiertas de par en par; el caballo dio un salto, y quedó estático en el aire, varios metros por encima de la cabeza de la serpiente, quien chocó de frente con la nieve. Sacudiendo su cabeza, el animal dirigió su mirada al cielo, y se aventuró a embestirlos una vez más; Sleipnir dio un nuevo salto, y la criatura bufó, furiosa. Un destello asesino cruzó su mirada.

-¡Vámonos! –exclamó Nina, hundiendo sus talones en los costados de Sleipnir. El caballo echó a correr, pero la serpiente de Midgard no perdió de vista a su presa, y a cada instante hacía un nuevo intento de atraparlos entre sus horripilantes colmillos. Nina azuzaba aún más al corcel, que piafaba y corría de un lado a otro, pero rodeados como estaban por el mar eran presas vulnerables, por más que se elevaran.

Entonces, Nina fijó su vista en un lejano iceberg. Era demasiado alto y ancho, además de increíblemente grueso, y entonces una idea le cruzó por la mente.

-¡Sleipnir! –gritó por encima del eco del mar y de los bufidos de la serpiente. -¡Ve hacia allá, rápido!

Sujetó las riendas y las movió para que la cabeza del caballo apuntara directo al iceberg, y lo golpeó con suavidad en los costados. El animal entendió pronto la señal y echó a cabalgar a velocidad vertiginosa; la serpiente los seguía, apenas escasos cinco metros debajo de ellos, con la cabeza apuntando a sus presas y silbando horrorosamente. Faltaban ya unos metros para llegar al iceberg, Nina seguía espoleando a Sleipnir, la serpiente abría sus fauces, lista para el certero ataque final…

Con un inesperado giro, Sleipnir giró con la misma destreza que un ave en el aire, esquivando el iceberg y subiendo hasta su cima. Debajo, se oyó un tremendo choque y un bufido de dolor. Nina se atrevió a mirar a pesar de lo difícil que le resultaba sujetarse, y descubrió que su plan había tenido éxito; la serpiente del Midgard no sólo había chocado contra el iceberg, sino que con la fuerza de la colisión había quedado con la cabeza atrapada dentro de aquél inmenso bloque de hielo. Aún se escuchaban sus silbidos de rabia y su cuerpo se retorcía brutalmente, alzando olas de casi cinco metros de altura, pero al menos, estaban a salvo.

Dando un suspiro de alivio, Nina tiró de las riendas para detener la carrera angustiada de Sleipnir, y luego lo dirigió tiernamente de regreso al sur, dejando atrás a la desesperada serpiente marina, que siguió chillando y retorciéndose, luchando por desenterrar su horrible cabeza del iceberg.

Varios kilómetros a lo lejos, encontraron un archipiélago; las olas cristalinas chocaban con las costas de aquéllos islotes, y la tierra estaba cubierta de pasto. También podían verse, en los islotes de mayor tamaño, grandes rocas talladas y pequeños altares de cantera gris. Sleipnir aterrizó en uno de ellos, donde estaba una roca alta y delgada cubierta de runas, y que lucía en su punta el dibujo de una especie de ancla o martillo.

Nina, aún montada, sacó los polvos y echó un pellizco de éstos sobre el cuerno. Ante su sorprendida vista, el cuerno se disolvió en el aire, como si no hubiera estado nunca ahí; miró de un lado a otro en el cielo, esperando ver en él alguna señal de que la reliquia había llegado a su lugar correcto.

Entonces, el suave murmullo del mar se ahogó con el ruido largo, alegre, musical, de algún instrumento que parecía estar entre las nubes. El cuerno de Heimdall sonaba por todo el archipiélago, llenando de esperanza el corazón de Nina, que sonrió.

-Sleipnir… -desmontó al caballo. –Descansemos un poco antes de seguir.

Y se puso a descargar las alforjas con comida, disfrutando del suave viento que recorría al islote y del llamado de las gaviotas.

jueves, 14 de junio de 2012

LAS RELIQUIAS DE LOS DIOSES (Cap. 3)

3


LAS RELIQUIAS DE ASES Y VANES



El susurro del viento en los árboles acompañaba a los cantos de algunas aves misteriosas que se ocultaban en lo más espeso de las hojas, y ése era todo el ruido que se podía escuchar en el bosque; Nina caminaba con la vista clavada al suelo y las manos aferrándose al suéter, que aún llevaba atado a la cintura. Aún se sentía nerviosa al tener que pasar por ésas sendas, recordando al trol y el peligro en que estuvo por su causa.

-Esto es un sueño. –siguió repitiéndose mientras pasaba por el claro. –Un sueño trastornado. En cualquier momento despertaré, yo lo sé.

Siguió su camino y avistó de lejos el acantilado donde estaba el arco de piedra, pero más allá, caminando por la orilla misma del bosque, estaba un peñasco aún más alto, que dominaba por entero la vista del océano; era tan alto que de sólo verlo Nina se sintió mareada, pero siguió por su camino, escuchando el rumor de las olas grises y de los cantos de las aves. A cada metro, el camino se volvía más angosto y alto, el suave pasto que cubría el suelo iba disipándose hasta que la joven se encontró pisando sólo sobre un montón de piedrecillas; debajo, el mar se revolvía con más violencia que en el acantilado, y la muchacha tuvo que cerrar los ojos para continuar su camino, sólo pensando que al final del peñasco le esperaba el dulce despertar que le devolvería la cordura.

Cuando encontró la punta del peñasco, que ascendía como una diagonal cubierta de rocas afiladas, Nina dio un hondo suspiro.

-No puede pasarme nada peor ahora… -se sujetó fuerte de las primeras rocas y escaló, intentando hacer caso omiso de las olas que azotaban el peñasco a varios metros de distancia; las piernas se le entumecían por el miedo, los dedos le dolían, pero no iba a detenerse en absoluto. Siguió escalando, repitiéndose varias veces que no tenía miedo, que iba a estar bien, y cuando finalmente alcanzó el tramo final, temblando, se puso completamente de pie, mirando el horizonte oceánico y la luz que se perfilaba entre las nubes de lluvia.

-Esto es… hermoso. –parpadeó, fascinada, y luego miró hacia el cielo, vacío a excepción de las nubes que se acumulaban en él como un montón de borregos grises. Nina se cruzó de brazos, entornando los ojos en búsqueda de algo que pareciera remotamente un puente o un arco iris. Pasaron los minutos y ella seguía ahí, aburrida y con miedo de sufrir vértigo, porque el aire se alzaba con mucha más fuerza a ésa altura.

-No sé porqué tengo la sensación de que esto es una bendita pérdida de tiempo. –se lamentó, preparándose para realizar el descenso, dispuesta a tratar de volver por el arco si es que acaso aquello no era un sueño. Se inclinó y puso sus manos sobre la piedra lisa.

Y entonces un relámpago cruzó el cielo, atrayendo su atención. Nina levantó la vista y contempló, sorprendida, cómo algunas nubes se arremolinaban poco a poco, abriendo una brecha en el cielo; la brecha brilló, primero, tímidamente con una luz amarilla, y luego, la luz aumentó de grosor, hasta que tuvo el ancho suficiente para que un grupo de personas pasaran a través de él. La luz cegó por un instante a Nina, que se llevó una mano a la frente; entonces vio cómo de aquélla luminosa brecha descendía suavemente hasta posarse frente a ella un gigantesco arco iris, más colorido y magnífico de lo que hubiera imaginado. Aquél no era un arco iris como los que veía los días de lluvia, éste tenía todo el aspecto de estar hecho de algún cristal transparente y delgado; Nina extendió una mano para tocarlo, y sintió su calor abrasador, como si fuera un pedazo de hierro dejado al sol.

-Increíble. –se dijo y, como atraída por la bella luz que irradiaba el arco iris, se puso de pie una vez más y comenzó a ascender por él.

Nunca había conocido una sensación igual a aquélla. El puente era tan firme que podía sostenerla, pero podían cruzar a través de el, como si fuera sólo un espejismo de luz y de color, las aves que pasaban veloces por el cielo; Nina miró hacia sus pies, y pudo ver el tempestuoso mar varios metros bajo ella. Una sonrisa inocente le llegó a los labios, y recordó como en un suspiro las historias de su infancia y lo mucho que había soñado, alguna vez, con hacer algo como aquello.

Entre más subía, más densas se volvían las nubes, y el sol parecía apenas un lejano destello entre ellas. Un momento después, Nina se encontró atrapada por un muro aparentemente impenetrable de nubes grises que oscurecían todo y dificultaban su visión; sintió temor de que al puente terminara de pronto y se cayera al abismo, pero haciendo de tripas corazón avanzó aún más, hasta que repentinamente, la misma deliciosa luz que diera paso al arco iris apareció ante sus ojos y, con ella, la visión más maravillosa que jamás hubiera soñado.

Un alarido de sorpresa fue seguido por un suspiro de anhelo al ver una magnífica y pequeña ciudad que se alzaba, majestuosa, frente a ella. Las mansiones no solo tenían diversos tipos de colores y adornos, sino que también parecían tener piezas de oro auténtico en las ventanas y los balcones. Y más allá (Nina por poco cae de espaldas al verlo) se levantaba, majestuoso, el palacio más fantástico de cualquiera que hubiera visto. Tenía la forma de una tiara, y por su color y textura parecía estar hecho de oro puro.

Nina caminó un poco más, hasta encontrarse con el final del arco iris. Ahí, sentado y algo cabizbajo, se encontraba un hombre de larga barba castaña, que miraba aburridamente a la nada, sentado sobre un tronco viejo rodeado de pequeñas flores de colores. Al notar su presencia, Nina se detuvo en seco, preguntándose qué hacer ahora; sabía mucho de cuentos de hadas, porque había leído cientos de ellos en su infancia, pero no recordaba ninguno que mencionara un puente de arco iris con un hombre sentado en él. Tal vez había uno sobre un arco iris, pero en ese cuento había un duende y un caldero con oro.

-Disculpe… -susurró, extendiendo su mano. El hombre salió de su letargo y le dirigió una mirada sorprendida; repentinamente se puso de pie y, tomando su espada, exclamó:

-¿Quién se atreve a intentar cruzar el Bifrost?

-¡Ay! –Nina dio unos pasos atrás, abrazándose toda. El hombre seguía blandiendo la espada en forma amenazadora.

-¡Contesta ahora, criatura del Recinto Central!

-¿Y qué quiere que le diga? –repuso ella.

-Tu nombre, para empezar.

-Soy Nina. Vengo de… cómo dijeron que se llamaba… ah si, de Nidavelir.

-¿Nidavelir? –el hombre parpadeó sorprendido. –Pues… eres muy alta para ser una enana.

-No soy una enana, soy… -Nina bufó. –Ya no sé ni qué soy, la verdad. Seguramente esto es un sueño, aunque hasta el momento todo me ha parecido demasiado real.

-¿Y qué es exactamente lo que te trae a Asgard, extraña habitante de Nidavelir?

-Los enanos me dijeron que tenía que entregarle esto… -Nina sacó de sus ropas el brazalete y se lo mostró al hombre. –a su dueño. Creo que lo llamaron O… O algo.

-¡Pero qué cosa! –bramó el hombre. -¡Es nada menos que el brazalete de Odín! ¿Cómo es que tú lo tienes?

-Lo encontré. –Nina guardó el brazalete, echándole una mirada de duda. –Estaba en una roca cerca del acantilado que está allá abajo. –señaló el arco iris. –Los enanos me dijeron que tenía que traérselo a él para poder pedirle que me regresara a…

-¡Espléndido! ¡Espléndido! Pasa entonces sin temor, criatura, entra al palacio de Asgard y ahí podrás entregárselo a su legítimo dueño. Y ten por seguro que yo, Heimdall, guardián del puente Bifrost, estaré por siempre a tu servicio.

-Ah… Gracias. –Nina no supo qué contestar y pasó por el lado de Heimdall.

Pasó por entre las casas, sorprendida por el alegre bullicio que había en las altas y escasas mansiones; por las ventanas se asomaban mujeres y niños ricamente vestidos que parecían sorprenderse al verla. También pasaban por las calles caballos, jabalíes, cabras, carneros, perros y lobos con solemne calma al lado de sus dueños. El lugar estaba también rodeado, por fuera, de un bosque de fresnos y abetos; en el cielo se miraban volar varias clases de aves que Nina no podía reconocer, hasta que una de las aves cruzó el cielo como una flecha y fue a parar justamente a su cara.

-¡Hey! –el animal se recuperó pronto del golpe y se quedó aleteando frente a ella. Nina se quedó algo sobrecogida al ver que era un cuervo, un cuervo demasiado grande a su entender, que no parecía inmutarse por su presencia. –Tú, shu. –le dio un manotazo, pero el cuervo seguía revoloteando a su lado. –Vamos, vete, no estoy de humor.

El animal graznó y se puso a aletear por encima de su cabeza, señalando con su afilado pico el horizonte, justo donde se elevaba el palacio.

-Ah, quieres llevarme allá. –Nina se sorprendió mucho al ver al cuervo asentir secamente con su cabeza, y entonces éste emprendió el vuelo apenas unos metros por delante de ella, que lo siguió presurosa y haciendo caso omiso de los que la miraban todavía con desconcierto.

Justo donde terminaban las mansiones, se elevaban unos robles magníficos, uno a cada lado como dos columnas vivientes, y al cruzarlos, Nina encontró el lustroso camino que llevaba al enorme patio central del palacio. Éste, como ya se dijo, tenía la forma de una tiara, formando con sus columnas una medialuna que dejaba al aire libre un patio central, rodeado por antorchas recién apagadas y con algunos bancos de madera blanca situados al lado de mesitas redondas de patas largas donde había cestos con frutas. Al término de aquél patio circular, había unas escaleras de marfil que descendían hasta los dos robles que Nina acababa de pasar.

El solitario cuervo graznó al ver acercarse a otro cuervo, de idéntico tamaño, y estuvieron charlando animadamente (o al menos eso le pareció a la desconcertada muchacha) mientras ella ascendía por las escaleras. Por todas partes veía aparecer a personajes con ropas que parecía haber visto sólo en grabados medievales, y sospechó que debían ser los sirvientes del palacio; éstos también le dirigieron miradas extrañadas, pero Nina, mordiéndose los labios, fingió no verlos, y llegó hasta el patio. Caminó a través de las magníficas decoraciones y, por fin, llegó ante unas puertas altas hechas de hierro barnizado, con aldabas de cabezas de lobo magníficamente talladas.

Nina se retorció las manos antes de atreverse a tomar una aldaba y llamar; sintió que le temblaban los dedos al acercar su mano y temió que éstos le fallaran y no se cerraran, pero por fin, con un súbito esfuerzo, llamó tres veces y luego se retrajo, temblando de nervios, esperando.

Las puertas se abrieron, y una luz preciosa, blanquecina, la envolvió y encegueció por un instante. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luminosidad, se vio en el interior de un salón, aún más grande que el patio a sus espaldas. Las columnas a sus costados eran su único sostén, pues así entraba la luz a raudales en el salón, también dorado. Dos guardias custodiaban la puerta de hierro, y Nina, fascinada por la belleza del salón, dio un par de pasos antes de que los mismos guardias le negaran el paso, cruzando frente a ella sus lanzas.

-¡Ay!

-¿Quién eres? –preguntó uno de los guardias.

-Soy Nina. Vengo a ver a Odín.

-¿Y con qué intenciones?

-Quiero entregarle su… brazalete.

Los guardias prorrumpieron en carcajadas. Nina los miró con zozobra.

-¡El brazalete! ¡Mira qué buena broma!

-Es verdad. –y Nina les mostró el magnífico objeto. Las risas se volvieron un grito de sorpresa, y luego, los dos guardias le miraron con desconfianza.

-Bueno, ¿cuál es el truco?

-¿Truco? –musitó Nina. –Ninguno.

-Es el verdadero brazalete. –murmuró el otro guardia. -¿Cómo es posible…?

Y para gran horror de Nina, el primer guardia la apuntó directamente con su lanza.

-¿Pero qué…?

-Déjate ya de juegos. –le contestó. –El único que podría haber traído de vuelta el brazalete no es otro sino el mismo que lo robó.

-¡Pero yo no lo robé!

-Déjate de juegos, Loki, y ahora di dónde escondiste los otros.

-¿Los otros qué?

-Hazlo o te juro…

-¡Basta ya!

Una voz más grave e imponente detuvo aquélla aterradora escena. Nina miró por encima de los hombros de los guardias a un hombre de barba y cabello blanco, vestido con la armadura de un guerrero y una larga capa del color de la sangre ribeteada de piel blanca; a su alrededor volaban los dos mismos cuervos que la joven había visto afuera del palacio, y en uno de sus ojos llevaba un parche.

Los guardias se inclinaron respetuosamente ante el personaje, y uno de ellos dijo:

-Ésta muchacha dice haber encontrado su brazalete, mi rey.

Nina extendió la mano, mostrándole el dorado brazalete al hombre, temblando visiblemente.

-Yo… encontré esto en una roca, en un bosque de Midgard. Y… aquí está.

El hombre tuerto alargó una mano, tomando con suma delicadeza el brazalete y revisándolo por todos lados. Nina lo observaba, y miraba de reojo a los guardias, que parecían aún algo molestos con ella.

-Mi rey –dijo uno de ellos. –nadie podría haberlo hallado con tanta facilidad a menos que ése alguien fuera…

-Silencio, ambos. –ordenó el rey. –Déjenme hablar a solas con ésta jovencita.

Los guardias volvieron a inclinarse y se apostaron al lado de la puerta nuevamente. Nina tragó saliva, mirando con cierto temor al rey.

-Lo siento, señor, pero yo quisiera pedirle algo…

-Eso será después. Ven conmigo. Tenemos mucho de que hablar.

-Pero… -la mirada de acero del hombre bastó para hacer enmudecer a Nina, que lo siguió obedientemente. Pasaron al lado del trono que se elevaba frente a ellos, franqueado por dos lobos que dormitaban tranquilamente, y llegaron hasta una segunda puerta que llevaba a un salón más pequeño, en cuyo centro estaba una larga mesa de banquetes.

Nina y el rey anduvieron hasta el magnífico balcón que estaba a un lado de la mesa, y la joven dio un suspiro al ver desde ahí el enorme bosque que apenas había vislumbrado al final del arco iris.

-Esto es tan hermoso. –musitó.

-Bueno, hija del Recinto Central, ¿cuál es tu nombre? –le preguntó el rey.

-Nina. Disculpe, ¿es usted el dueño del brazalete? ¿Usted es Odín? –el rey asintió. –Bueno, sólo quería comprobarlo, he visto ya tantas cosas…

-No las suficientes, según parece. –replicó Odín, que miró su brazalete a contraluz. -¿Sabes qué es esto, Nina?

-Un brazalete de oro.

-Es más que eso. Se trata de un objeto perteneciente a una colección exclusiva de bienes cuyos dones mágicos han sido la causa de tantos revuelos. Éste es sólo una de las reliquias de los Ases y los Vanes.

Nina parpadeó sin comprender.

-Perdone, dijo las reliquias…

-Las Reliquias de Ases y Vanes, Nina. Nuestras reliquias dotadas de un poder místico al que nosotros solos no podríamos acceder jamás. No sabes al gusto que me da haber podido recuperar este, y haber logrado salvar del brutal saqueo mi lanza. Éste brazalete –dijo. –puede convertirse en ocho réplicas idénticas cada nueve días. En ellos reside su poder.

-La verdad no suena muy útil. –dijo Nina. –Sin ofender.

-No me ofende. Eso significa que la codicia no hace gran cosa en ti, Nina, y es justamente por eso que necesito hablarte tan seriamente. No sé en qué circunstancias hayas encontrado el brazalete y deseo saberlo.

-Pues fue una situación extraña. –Nina se quedó mirando el bosque, con los codos apoyados en el balcón. –Yo estaba en un lugar muy diferente, un lugar que yo conocía bien. Entonces había un arco, un arco de piedra lleno de runas, y lo crucé…

-¿Cruzaste un arco con runas antiguas sin pensar en sus posibles consecuencias?

-Eh… sí. –Odín le echó una mirada indulgente, y Nina se sintió cohibida. –En fin, cuando lo crucé estaba en un acantilado en medio del mar, y había también un bosque. Caminé por el bosque y me acosté sobre una enorme roca, y debajo de ella, como si se le hubiera caído a alguien, estaba este brazalete. Y entonces salió éste monstruo horroroso que apestaba y traía una porra…

-¿Un ogro? ¿Lograste salvar la vida del ataque de un ogro sin usar ningún arma?

-Fue pura suerte. Me tropecé y caí en la entrada de la casa de unos enanos. Ellos me llevaron adentro y así fue como supe… del brazalete.

-Claro. Ahora entiendo. –Odín asintió. –Quiero contarte algo, Nina. Algo muy importante, y algo muy terrible. –la muchacha dio un respingo, mirando al rey con sumo interés. –Hace algún tiempo, hubo una asamblea en la que los Ases y los Vanes se reunieron con la intención de formar una alianza definitiva que mantuviera la paz en los Nueve Reinos. Entre algunas de las cosas que se decidieron ahí, fue la de poner a resguardo nuestras reliquias, objetos mágicos de gran importancia; me resistí a entregar mi lanza, aunque Thor insistió en que era lo justo, y preferí dar mi brazalete. Todos pusieron algo suyo ahí. Frigga dejó guardadas sus madejas con las que teje las nubes, Freya dejó su collar, su hermano Frey dejó a su jabalí de oro, Thor dejó su martillo, Idunn entregó una manzana dorada, Heimdall su cuerno, y Loki su anillo de fuego.

Nina apenas respiraba, atenta a aquélla historia.

-Todos guardamos las reliquias en un lugar seguro, en el corazón del Recinto Central. Pero no contamos con que entre nosotros había un ladrón, que no tardó en violar el sitio y llevarse todas las reliquias y luego entregárselas a sus peligrosos aliados por todos los nueve reinos. Existen, pues, perdidas aún siete reliquias, y hasta ahora nadie había tenido la suerte de encontrar una de ellas, y mucho menos de devolverla a su dueño.

-Suena espantoso. –dijo Nina. -¿Pero qué sentido tiene, robarlas y no utilizarlas?

-Al entregarlas a nuestros enemigos, nuestras fuerzas se han mermado. Aunque no nos guste admitirlo, Asgard está al borde de la decadencia. Sobrevivimos aún, porque existe un poder mágico lo suficientemente fuerte y protegido como para ser apagado, aún por el experto ladrón que nos despojó de las reliquias, pero no soportará por mucho tiempo al Iggdrasil, y nosotros creemos que el árbol del universo tampoco lo hará. Y eso es lo que tememos. Con cada reliquia, nos acercamos de nuevo a nuestro poderío, pero sin ellas somos vulnerables. Pronto llegará el invierno, y con él yo debo dejar desprotegidas estas tierras, imagina el riesgo que correríamos entonces.

-Señor, ¿quién robó ésas reliquias? Los enanos no quisieron decirme.

Una risa amarga salió de boca de Odín. Luego, respondió:

-Tienen motivos para no querer ni mencionarlo siquiera. Ésas reliquias magníficas proceden todas de manos de los enanos, y curiosamente nuestro ladrón fue quien nos las obsequió en primer lugar. Es una historia fastidiosa que no viene al caso, pero te diré lo más importante de todo esto, que él no las robó por simple gusto, sino con un propósito claramente siniestro. Se trata de un pariente nuestro, no de sangre ni linaje, pero de amistad y lealtad, las cuales suele olvidar con tal de jugarnos bromas por demás pesadas y hasta peligrosas.

-¿Bromas?

-Así es. El ladrón de las reliquias no es otro que el decimotercer As, el maestro del engaño, Loki.

-¿Loki? ¡Así fue como me llamaron los guardias! Pero eso no…

-Loki es muy bueno disfrazándose y adoptando otras formas. Uno no sabe que está ahí hasta que se manifiesta, pero eso no es todo. Tiene su poder en el fuego, y como él, puede crear artefactos e ingenios que sirvan para el bien, o para el mal, o simplemente puede destruirlo todo. No dudamos que se haya apoderado de su propio anillo ígneo cuando entregó las reliquias a los monstruos de los nueve reinos, y eso es lo que más nos preocupa. No existe una magia permanente que pueda controlar a ése fuego enloquecido, nada.

Nina tragó saliva y sintió un escalofrío.

-Y es por eso –continuó Odín. –que celebro tu pronta llegada. Haz logrado encontrar una de las ocho piezas faltantes, y es ahora tu deber traer de vuelta a Asgard las reliquias faltantes.

-¿Qué? –gritó Nina, horrorizada.

-Viajarás por los nueve reinos en busca de las reliquias, y las traerás al palacio a donde pertenecen.

-¿Pero porqué yo?

-Porque es tu deber, Nina.

-No. Esto es un error. –dijo ella, retrocediendo. –Yo llegué aquí por accidente, usted mismo lo dijo, yo crucé el arco sin saber de su poder y terminé en un bosque perseguida por un asqueroso ogro y luego en una cueva llena a rebosar de enanos y ahora…

-Y ahora estás aquí. Sana y salva, por lo que veo.

-Yo me siento como si me hubiera arrollado un tren.

-Sólo lo dices porque estás asustada, y lo entiendo. No te mentiré, ése ogro fue cosa fácil en comparación con otros seres que habitan el exterior. Hay gigantes, hay fieras ígneas, hay elfos negros que no sienten compasión alguna por sus víctimas, incluso es posible que en este viaje tengas que enfrentar al peor temor de todos, a la muerte misma.

-No… -susurró Nina en voz tan baja que fue inaudible.

-Pero créeme, Nina. Tú más que nadie eres la persona indicada para una misión como esta. No creas que llegaste al azar, llegaste por un accidente, sí, pero no por el azar. Entraste a este mundo con un propósito, y ése propósito se te ha presentado a la cara con tanta claridad como la del agua cristalina.

-Señor… yo nunca he hecho algo así… ya le dije que lo del ogro fue suerte… también el brazalete, yo no sabía…

-Deja de huir de tu destino, porque al final te alcanzará de una manera o de otra. Deja de pelear contra él y acéptalo como tu amigo. Al final de tu misión encontrarás, muy seguramente, lo que venías a buscar.

-Pero… yo… -Nina clavó los ojos en el suelo, sintiéndose mareada. –No sé si pueda hacerlo, yo…

-Créeme, podrás. Ahora… vienes de muy lejos y dentro de unas horas tendremos un banquete. Debemos celebrar el regreso de la reliquia. Llamaré a unas sirvientas para que te preparen.

-¿Para que me preparen?

-¡Para el banquete! Ése vestido tan raro no quedará nada bien frente a las regias ropas de las diosas, créeme.

Nina se llevó una mano a la cabeza, temiendo sufrir un colapso.

-Éste –dijo. –es el sueño más loco que he tenido en toda mi vida.