FAVOR DE ALIMENTAR A HOLMES Y A HELSING, GRACIAS.



viernes, 29 de octubre de 2010

ULTIMO CAPÍTULO DE LA NOVELA!!!!!!!

12
Amanecer
Los acontecimientos se agolpaban como memorias extraviadas en mi cabeza, como si viera una vieja película a blanco y negro de mi propia vida: estaba yo arremolinada debajo de unas mantas con mi hermana recién nacida en los brazos; luego, sólo estaba yo en los brazos de un policía que me sacaba de casa, con la luna amarilla sobre mis ojos; después, el orfanato, y Margot y yo jugando juntas… Margot, gritándome que me odiaba y desapareciendo en la nada… una muñeca de tela en el suelo… Margot, como una verdadera muñeca, con su vestido teñido de sangre… Yo frente a la luna… las mariposas negras… las manzanas… el reflejo de la luna en el pozo… Vivian… el árbol con los nombres… las niñas con alas en la espalda… Y nuevamente mi hermana, mirándome desde un sitio desconocido y lleno de suave luz.
-Felicidades, Alessa. Lo lograste.
-Margot… -gemí desde lo más profundo de mi alma. Pero estaba tan agotada y tan dispuesta a morir que no articulé sonido alguno.
Entonces, la luz y los sonidos me envolvieron lentamente.
Lo primero que vi al abrir los ojos fueron las copas de los árboles, y un amanecer helado por la débil llovizna que caía en el bosque; lo segundo que vi fue el rostro angustiado del policía que había estado investigando el caso de las niñas desaparecidas. Sus ojos se encontraron con los míos un instante, y después me depositaron en una camilla y miré a los paramédicos que se apresuraron a subirme a una ambulancia. ¿Cómo habían llegado ahí? Quién sabe; seguramente habían llegado al ver las huellas de pies en la gravilla que había dejado el hermano de Vivian…
Y hablando de eso…
-Vivian… -musité. Los médicos se disponían a examinarme, y un leve pinchazo de dolor me dio a saber que acababan de descubrir la herida de mi pierna. Cerré los ojos al mismo tiempo que me ponían una máscara de oxígeno; oí sus voces apagadas y noté los movimientos dentro de la ambulancia mientras se apresuraban a atenderme. Me dejé caer, rendida por las violentas emociones padecidas, esperando que, más tarde quizá, cuando estuviera mejor, podría relatarles lo sucedido…
Desperté en el hospital, con un pequeño monitor conectado a mi dedo y una venda en la pierna, justo encima de donde me había entrado el cuchillo. Moví los dedos del pie, y suspiré aliviada; al menos, seguramente, podría caminar.
En ese instante, se abrió la puerta, dando paso a la pobre señora Castle. En tan pocos días parecía haber envejecido bastante, y sus ojos estaban rodeados por profundas ojeras; las manos y los labios le temblaban violentamente mientras me miraba. Me incorporé ligeramente en la cama.
-Señora Castle… -susurré.
Fue más de lo que los nervios destrozados de la pobre mujer soportaron. Dando un gemido, se abalanzó sobre mí, cubriéndome la frente y la cabeza con besos; me dejé llevar por ésa dulce caricia que no había sentido en tantos, tantos años… La abracé también y dejé que llorara para desahogar la angustia de tres días.
-Estás viva, Alessa… Estás viva… -decía con la voz quebrada.
-Así es, señora Castle. ¿Lo ve? Todo ha terminado.
-¿Todo, Alessa? –asentí.
-Sí, señora Castle. No habrá más pesadillas, ni desapariciones. No morirá nadie más. Y Margot… -suspiré. –Margot está libre ahora.
-¡Ay, Alessa! –dijo la señora Castle con un gemido débil de pesar. –Tú y tu curiosa manera de pensar.
Sonreí mientras la mujer me soltaba por fin y desaparecía de la habitación. Yo seguía algo débil, por causa de las medicinas y el hambre, pero al menos seguía viva…
Luego de un día de calma, me enfrenté con el oficial de policía. Lo vi entrar serenamente a mi habitación mientras yo terminaba de comer, y al verme se estremeció, no sé si por la impresión de verme viva, o si por las memorias cruzadas de nuestras discusiones mientras buscaba a Margot. Se sentó en una silla a mi lado y dijo:
-Necesito hacerte unas preguntas.
-De acuerdo. –bajé la cabeza sumisamente sin quitarle los ojos de encima.
-¿Cómo llegaste al bosque?
-No lo sé. –dije con sinceridad. –Estaba dormida y de repente desperté y… estaba en medio de la nada, frente al sendero del que mi hermana me habló.
-¿Y bien? –dijo de pronto, mirándome fieramente.
-¿Y bien… qué?
-Por favor, Alessa, hay un hombre muerto en la mitad del bosque y a pocos metros de él estabas tú con una herida y un tipo que está loco de remate. ¿Qué fue lo que sucedió ahí?
-Vivian no está loco. –gruñí.
-¿Vivian? ¿Sabes su nombre?
-Él me lo dijo. Oficial… -sus ojos se posaron en los míos. –Sé lo que piensa, pero puedo jurarle que Vivian no le hizo daño a nadie.
-Pero los indicios…
-Los indicios indican que las niñas llegaron a la casa de Vivian y permanecieron ahí un tiempo antes de su muerte, oficial, pero no que hayan muerto en la casa y mucho menos que haya sido en manos de Vivian. ¡Examínenlo! –grité. –Es incapaz de lastimar a menos que esté muy asustado o furioso, yo misma lo he visto.
-¿Fue Vivian quien te hizo eso? –preguntó señalando mi herida.
-No. Fue el otro. Peter. Ése hombre era hermano de Vivian; lo sé porque encontré una foto de su familia cuando ellos eran niños.
-¿Entonces qué sucedió ahí?
-Oficial, Vivian tiene algo mal en su cabeza. –dije. –Él no tenía idea de lo que pasaba; Peter, como su hermano, lo había tenido oculto en la vieja casa, poniéndole como condición que atrajera niñas pequeñas al bosque. ¿Para qué? Pues para matarlas. Era Peter y no Vivian, en verdadero asesino. Él mató a mi hermana… y él quería matar a una niña… Dijo que se llamaba Catherine, y que tenía ocho años…
-¿Catherine? –el oficial palideció. –Es… es el nombre de la hija de uno de mis oficiales.
Abrí los ojos desmesuradamente, pero continué con mi relato.
-Entonces, Peter me descubrió y también quiso matarme. Él fue quien me hirió con el cuchillo, no Vivian.
-¿Y cómo fue que él murió?
Tragué saliva.
-Él se abalanzó sobre Vivian para herirlo. Pero hubo un accidente, y cuando Vivian intentó protegerse, tomó el cuchillo y se lo encajó a Peter… Eso fue todo.
El oficial se puso de pie, y comenzó a dar vueltas como un animal molesto. Se frenó bruscamente y me miró.
-¿Tienes idea de lo peligroso que fue? ¿Del gran riesgo que corriste al permanecer al lado de un desequilibrado mental?
-¿Eso qué importa? –dije. –Vivian es bueno. Sufrió mucho y su hermano lo utilizaba para hacer ésas atrocidades. Se lo ruego, no le hagan daño, él no entendía nada…
-Eso nos queda claro. –dijo el oficial. –Pero la ley es muy clara en estos casos. Vivian deberá volver al manicomio.
-¿Al manicomio? –dije, sintiendo un miedo espantoso en el pecho. –Pero él no es peligroso…
-Pero no está bien de su mente, Alessa.
-¿O sea que… ya no podré verlo jamás?
-Quizá.
Me llevé las manos a la cara, meciéndome los cabellos con los dedos mientras el oficial abandonaba la habitación. Así que nunca más vería a Vivian… Yo le había prometido que todo estaría bien, que nunca volverían a hacerle daño… ¿tendría que romper mi promesa, tal y como hice con Margot?
Al menos él seguía vivo… y yo también.
Me dejé caer en la cama, mirando el techo con expresión ausente. No sabía qué sería de mí… ni de él… ni de nada.
Sólo quería cerrar los ojos y dormir, y soñar con un sitio donde todos estuviéramos juntos, donde no existieran los gritos, ni la violencia, ni la muerte, ni el abandono…

Pegué el rostro al cristal, mirando las nubes de nieve que se arremolinaban en el cielo. Alrededor, un camino de árboles conducía al otro lado del lago, donde se perfilaba un bonito edificio de color claro con un muro alto pintado de blanco. A mi lado, Catherine saltaba en el asiento, jugando con su oso de peluche del que luego de tantos años no se había podido desprender. Adelante, conduciendo, iba el hombre que se había convertido en mi nuevo padre; Lewis Adler, un agente de la policía, me había adoptado en señal de agradecimiento por salvarle la vida a su hija, quien a su vez me había adoptado como hermana. Tenía el cabello parecido al mío, solo que de color rubio, y su mirada inocente me recordaba mucho a la de Margot.
-Ya casi llegamos, Alessa. –dijo Lewis.
-¿Puedo ir con ella, papá? –preguntó Catherine.
-No, pequeña. Tu hermana tiene que hacer unas cosas sola.
-¿Pero porqué? Yo quiero ir con ella. –protestó.
-Ni una palabra más, Catherine. –ordenó suavemente Lewis.
Estacionó cerca del edificio y me dirigió una larga mirada cargada de cariño.
-¿Segura que quieres ir sola, hija? Puedo acompañarte hasta la entrada si quieres.
-No gracias, papá. –dije. –Esperen aquí, no voy a tardarme.
-¡Vuelve pronto, Alessa! –me rogó Catherine. Le dirigí una sonrisa y eché a andar por el camino rodeado de nieve. Pequeños copos caían a mi alrededor, cubriendo el paisaje del bosque de Bath con un hermoso resplandor blanco.
Llegué hasta la enorme verja, donde una placa rezaba: “Hospital Mental de Unknow Hill”. Sonreí con melancolía, de no ser por ésa placa habría jurado que el edificio se parecía mucho a Coventry.
Un hombre alto y cubierto con una gruesa chaqueta me dejó pasar, y desde ahí hice un trecho hasta el interior cálido y amable del edificio. Subí las escaleras y busqué entre las habitaciones hasta dar con una puerta. Sin llamar siquiera, entré.
Lo vi, sentado junto a la ventana y mirando el exterior cubierto de copos que trataba de asir con las manos. Le habían cortado el pelo, pero la expresión cargada de inocencia en sus ojos azulados jamás desaparecería. Al verme, sonrió como un niño y dijo:
-¡Alessa!
-Hola, Vivian. –dije, abrazándolo.
-Mira, Alessa. –dijo mostrándome los copos de nieve. –Si los ves de cerca, puedes descubrir que tienen muchas formas. ¿No te gustan, Alessa?
-Son muy bonitos. –dije. -¿Cómo te has sentido?
-Mejor. –dijo sinceramente. –Ellos dicen… dicen cosas muy graciosas. –admitió con dulzura. –Dicen que si sigo portándome bien, quizá, algún día logre recuperarme.
-Eso se nota. –admití con una sonrisa. –Ya no hablas como si fueras un niñito.
-Y… ¿eso te gusta? –me preguntó suavemente.
-La verdad, sí. –dije. –Te ves más feliz y sano. Estoy contenta por ti, Vivian.
Mi compañero sonrió con las mejillas enrojecidas. Luego, su sonrisa resbaló y se miró las manos.
-Perdona, Alessa. Yo no sabía lo que Peter hacía, y cuando me lo dijiste entendí que era algo malo. Lo siento mucho, yo no quería…
-Deja de torturarte con eso, Vivian. –supliqué. Le di un beso en la frente y sus ojos se iluminaron suavemente. –Ya ha pasado, y nunca más volverá a suceder, ¿me entiendes?
Vivian asintió dócilmente, recuperando la paz en su expresión.
-Y cuando todo termine… ¿volverás? –me preguntó.
Tomé un montón de nieve y la coloqué sobre su mano, dibujando con la punta del dedo índice un corazón sobre ella.
-Cuando la nieve se derrita y aparezcan los primeros brotes en los árboles… cuando los pájaros regresen a cantar en tu ventana, entonces volveremos a estar juntos. Pero mientras tanto no te preocupes, siempre estaré contigo.
-¿Cómo, Alessa?
Saqué de mi bolsillo un collar que yo misma había hecho con un listón muy delgado, de cuyo extremo pendía un dije en forma de manzana. Se lo coloqué con sumo cuidado, y repliqué:
-Así siempre estaremos juntos, Vivian. Te lo prometo.
Vivian sonrió, y luego dirigió su mirada a la ventana. Yo lo imité, y ambos nos quedamos ahí, tomados de la mano, mirando silenciosamente la nieve que caía en los confines de Unknow Hill, y más allá, en el bosque, y aún más allá, donde terminaba lo material y comenzaba lo que sólo puede verse en los sueños.

FIN

3 comentarios:

Mar dijo...

Excelente, yo sabía que Vivian no era el malo.

Bueno, en verdad me tuviste pegada al monitor esperando los capítulos. Muy buena historia.

Saludos.

Guerrero dijo...

Que bueno que Vivian tuvo un final feliz, aunque debo admitir que sigo extrañando a Margot =(
Gran historia e insito, deberías publicarlas más allá de un blog.

saludos

Michell Cerón dijo...

Me dio ganas de releer esta novela, y creo que incluso la he disfrutado más que la vez pasada *-*, Lobita Casate Conmigo!!!